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'Handia': un gigante euskaldún en la España y la Europa del siglo XIX

Relato de tintes clásicos sobre la leyenda del gigante de Altzo, la nueva película de los responsables de 'Loreak' navega con acierto y humanidad entre los conflictos del siglo XIX

Foto: Fotograma de 'Handia', ganadora del premio especial del jurado del pasado Festival de San Sebastián. (A Contracorriente)
Fotograma de 'Handia', ganadora del premio especial del jurado del pasado Festival de San Sebastián. (A Contracorriente)

Todo un descubrimiento, al menos para quien esto escribe, la figura de Joaquín Eleizegui, el gigante de Altzo, un guipuzcoano que padecía acromegalia y se hizo popular en toda Europa en pleno siglo XIX como una de las personas más altas de la época. Y todo un acierto la forma en que Jon Garaño y Aitor Arregi abordan su memoria, su persona y su leyenda en 'Handia', su siguiente película después de 'Loreak', que firmaba también Garaño, en ese caso junto a José María Goneaga.

De hecho, 'Handia' no se centra directamente en Joaquín (Eneko Sagardoy) sino en su hermano mayor, Martín (Joseba Usabiaga), y en la compleja relación que se establece entre ambos a partir del momento en que el segundo regresa de la guerra y descubre que el primero ha empezado a crecer de forma desmesurada. Como forma de ganarse la vida, el caserío del padre no da para mucho, y guiados por una especie de empresario del espectáculo, ambos hermanos abandonan su pequeño pueblo en Guipúzcoa y emprenden un exitoso viaje por España y por Europa exhibiendo la 'singularidad' de Joaquín.

'Handia' arranca situándonos en el fragor de los cambios propios del siglo XIX. Resulta muy potente cómo la película se mueve por el contexto histórico en el País Vasco, la España y la Europa del momento. Sin caer en polarizaciones reduccionistas, transita por el imaginario que representan conceptos 'a priori' antagónicos y a menudo entrelazados como rural y urbano, carlista e isabelino, conservador y progresista, tradicional y moderno, euskaldún y castellanohablante. A su manera, Joaquín representa el personaje ligado a su tierra natal. Desde joven, expresa su deseo de quedarse en el caserío y cuidarlo junto a su hermano. Su destino no parecía otro hasta que se manifiesta, con ya 20 años, la enfermedad. Joaquín ni siquiera habla castellano, lo que despierta un comentario muy ilustrativo por parte de la reina Isabel II, cuando inquiere si el muchacho es retrasado porque no la entiende. Y en ningún momento acaba de encontrarse cómodo como 'fenómeno' de feria, por mucho que lo reciban reinas y nobles. El gigante euskaldún encarna a quien no se considera 'normal' por no encajar en la hegemonía vigente.

Eneko Sargadoy es Joaquín, el gigante de Altzo, en 'Handia'. (A Contracorriente)
Eneko Sargadoy es Joaquín, el gigante de Altzo, en 'Handia'. (A Contracorriente)

A su lado, Martín personifica justo lo contrario, las ansias de abandonar la casa paterna y hacer las Américas. Su anhelo de libertad topa con los designios de su padre, quien le niega el adelanto de la herencia para costearse el trayecto en barco y lo envía a la guerra. Como en el caso de Joaquín, Martín tampoco se mueve por objetivos ideológicos. Lucha con los carlistas porque es el bando que le toca. Una vez ya de gira junto a su hermano, los directores del filme presentan con una ironía cariñosa su voluntad de encajar en los ambientes mundanos de Madrid y señalan el desprecio clasista de las élites de la capital que se ríen de sus esfuerzos. En ese deseo nunca colmado de marcharse a América, Martín recuerda al protagonista de la última entrega de 'Heimat', la gran saga sobre la historia de Alemania firmada por Edgar Reitz que, por momentos, parece haber servido de modelo a 'Handia' a la hora de buscar ese difícil equilibrio entre micro y macrohistoria.

'Handia' sorprende por su capacidad para discurrir como un relato de porte clásico sin caer en el academicismoSi la anterior, 'Loreak', suponía un filme insólito en su interés por explorar la perdurabilidad del amor y del luto, 'Handia' sorprende por su capacidad para discurrir como un relato de porte clásico sin caer en el academicismo. A través del personaje de Joaquín, Garaño y Arregi se acercan al género sin renunciar al realismo. Al fin y al cabo, sobre toda la narración planea la pregunta que constituye el nacimiento del fantástico moderno, ¿qué define la naturaleza del 'monstruo' y, en consecuencia, la del propio ser humano?

Joseba Usabiaga es Martín en 'Handia'. (A Contracorriente)
Joseba Usabiaga es Martín en 'Handia'. (A Contracorriente)

Porque 'Handia' presenta a Joaquín como figura singular, pero sobre todo como persona. Así, la película pone de manifiesto los dolores físicos que acarrean su condición, su frustrada vida sexual y sentimental, sus propias aspiraciones y límites, y la asunción de hasta qué punto su diferencia es objeto de mercantilización por parte del hermano. Que el destino de su cuerpo una vez muerto se vea envuelto por el misterio y entre en el terreno de la leyenda tiene algo de justicia poética.

Cartel de 'Handia'.
Cartel de 'Handia'.

'Handia' también representa otra posibilidad de modelo en lo que a un cine español de vocación comercial se refiere. Durante las dos últimas décadas, se ha instalado la idea de que la única forma de llevar a cabo películas con proyección internacional consistía en reproducir los referentes dominantes anglosajones, rodar en inglés y eliminar cualquier marca de cultura propia de las películas. 'Handia', como la también reciente y muy diversa en tono 'Errementari: el herrero y el Diablo', de Paul Urkijo, demuestran que también se puede ofrecer un cine de género convincente y sin complejos que se construye desde un imaginario con raíces propias.

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