La invasión de inmigrantes... alemanes
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estreno de 'heimat, la otra tierra'

La invasión de inmigrantes... alemanes

El director alemán Edgar Reitz retoma su prestigiosa saga de ficción sobre la historia de Alemania

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Ningún otro director puede presumir, como Edgar Reitz, de trabajar en una misma obra que se va expandiendo a lo largo de los años. Heimat es una crónica de la vida en Alemania a través de varias décadas contada desde la perspectiva de una familia, los Simon, que habita en el pueblo imaginario de Schabbach, en la comarca de las Hünsruck dentro del estado de Renania.

La primera entrega se estrenó como serie televisiva en 1984 (aquí se pudo ver en televisiones públicas como las de Cataluña y el País Vasco, y acaba de editarse en DVD), y se completó posteriormente con dos nuevas partes Heimat II (1992) y Heimat III (2004), conformando una trilogía que abarca la historia de Alemania a lo largo de casi todo el siglo XX. Ahora nos llega Heimat – La otra tierra, una suerte de precuela del resto de la saga.

Heimat resultó un ejemplo perfecto de televisión de calidad servida desde Europa casi dos décadas antes de que la nueva ficción estadounidense revolucionara la pequeña pantalla. Edgar Reitz concibió cada capítulo de la serie como si fuera un largometraje en sí mismo. De manera que aprovechó las ventajas que ofrece el formato serializado, abarcar duraciones que son impensables en el cine, al tiempo que imprimía a su obra una ambición estética típica de los grandes filmes.

Aunque la idea de Heimat, reseguir la historia reciente del propio país a través de un microcosmos de ficción que resulte fácilmente identificable, se haya repetido hasta la saciedad en series de televisión de medio mundo, casi ninguna ha logrado igualar este modelo en lo que se refiere tanto a la calidad artística como a la complejidad a la hora de tratar los personajes dramáticos y el contexto histórico.

'Heimat' fue un ejemplo de televisión europea de calidad dos décadas antes de que EEUU revolucionara la pequeña pantalla

El Heimat original arrancaba con la figura de un emigrante, Paul Simon que, tras luchar en la Primera Guerra Mundial decidía marcharse a EEUUpara escapar del país que le había conducido al horror de las trincheras. Esta nueva entrega se desarrolla como una epopeya sobre la emigración que nunca abandona la tierra natal.

Un crudo siglo XIX

Reitz nos traslada en este caso a mediados del siglo XIX, a una Alemania (a una Prusia, para ser exactos) todavía rural, atenazada por la pobreza, el recuerdo de las guerras napoleónicas, los privilegios feudales de algunos señores, y enfermedades como la difteria que elevan a índices grotescos la mortalidad infantil (en una de las secuencias más emotivas de la película, la madre del protagonista recuerda con un intenso y sobrio dolor a todos sus hijos que no sobrevivieron a la infancia). Una tierra donde también han llegado, aunque puntualmente, los ideales revolucionaros importados de Francia.

En este contexto crece Jakob Simon, ascendiente directo de la familia protagonista de Heimat que vive, como el resto de generaciones, junto a esa fragua epicentro de buena parte de la serie. Pero el joven, perteneciente a la primera generación de niños que en Prusia recibió la educación obligatoria, presta más atención a sus libros que al trabajo de herrero que ejerce su padre. Jakob sueña con marcharse un día a Brasil, una tierra soñada que se convirtió en el destino de miles de alemanes en aquella época.

Encarnación del espíritu romántico, Jakob vive la emigración como un estado mental y emocional. A través de las lecturas aprende la historia, la geografía e incluso las lenguas de los indígenas del país. Viajar, aunque sea solo a través del pensamiento, al otro lado del Atlántico, significa para el chico una forma de progreso, una manera de dejar atrás la sociedad casi feudal que lo encarcela y limita sus horizontes.

La vocación viajera de Jakob se verá coartada por toda una serie de circunstancias tanto históricas como familiares. El punto de inflexión de la película se encuentra en la espléndida secuencia de la fiesta popular (que recuerda inevitablemente a otro gran filmesobre emigrantes, La puerta del cielo de Michael Cimino) que cierra la primera parte de este filme de cuatro horas. La escena engloba al mismo tiempo el punto de máxima euforia romántica y la pérdida de la inocencia de los protagonistas. Al espíritu ensoñador que preside la primera mitad de la película se opone la fatalidad de las circunstancias de la segunda, que convierten a Jakob en una suerte de héroe romántico trágico que acaba sin embargo asumiendo con estoicismo su destino. Lo que permite llevar a cabo toda una relectura sobre el concepto del amor y de la relación con la propia tierra.

Como en la serie original, en Heimat – La otra tierra, Edgar Reitz rompe con la rigidez de cartón piedra típica de tantas series y películas históricas gracias al continuo uso del travelling en steadycam que otorga fluidez a la narración. La libre alternancia entre blanco y negro y color de la ficción televisiva aquí se reduce a unas leves pero poéticas pinceladas en rojo, ámbar o azul que puntualmente rompen la monocromía de las imágenes filmadas en scope.

La película combina una vez más la grandeza de esos paisajes que evocan la Historia en mayúscula con la intimidad de la vida cotidiana de los protagonistas. Reitz consigue hacernos muy presentes paradigmas propios de la época como el peso del trabajo artesano (la fragua, el molino, o las herramientas de tallar y pulir cobran una densidad mayúscula en el espacio del filme), la vida ligada a las estaciones y el trabajo en el campo o los conflictos de religión.

No por casualidad, en un momento en que Alemania es uno de los estados más ricos y que mayor número de inmigrantes acoge, Edgar Reitz ha decidido volver la vista a una época donde eran sus antepasados quienes soñaban con viajar a otros lugares en busca de una vida mejor. Heimat- La otra tierra es una impecable y emocionante retrato de la emigración como un estado de ánimo que contribuyó a construir la Alemania actual.

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