estrenos de cine

'La piel fría': el 'bestseller' de Sánchez Piñol naufraga en el cine

Quince años después de la publicación de la novela del escritor catalán, se estrena este fallido drama fantástico y de aventuras que cuenta con Aura Garrido en el reparto

Foto: Aura Garrido es Aneris en 'La piel fría'. (Diamond Films)
Aura Garrido es Aneris en 'La piel fría'. (Diamond Films)

Hace 15 años, el escritor y antropólogo catalán Albert Sánchez Piñol se estrenaba como autor de novela con 'La pell freda' ('La piel fría', 2002), un drama fantástico y de aventuras que se convirtió rápidamente en un 'bestseller' traducido a 37 idiomas, con unas ventas que sobrepasan los 800.000 ejemplares. Un libro ambientado en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial que utilizaba el terror y la fantasía como envoltorio para reflexionar sobre la condición humana, la génesis del miedo, la visceralidad del deseo y la subjetividad de lo monstruoso. Al fin y al cabo, todos somos un monstruo para alguien.

El francés Xavier Gens —'Hitman' (2007)— ha sido el encargado de trasladar la historia de Sánchez Piñol al cine, una misión demasiado ambiciosa que lamentablemente no ha llegado a buen puerto, probablemente por la falta del presupuesto necesario de un proyecto que debería haber tenido una mayor envergadura —en más de una ocasión, la factura resulta pobre— y una mayor pericia a la hora de construir un guion que se queda en la superficie de todas las posibilidades que ofrece la novela. Un doloroso naufragio. Sin embargo, el director sí que consigue atrapar la brutalidad de la naturaleza gracias a su retrato de las localizaciones y los paisajes abruptos e imponentes de Lanzarote e Islandia, que construyen la atmósfera fantasmagórica y romántica de un cuento gótico dibujado por Friedrich. "El paisaje que un hombre ve, ojos fuera, acostumbra a ser el reflejo de lo que esconde, ojos adentro", describió Sánchez Piñol en su novela.

El guion se queda en la superficie de todas las posibilidades que ofrece la novelaEse paisaje fantasmagórico es, precisamente, el eco del interior del protagonista (David Oakes), un hombre que llega a una isla perdida cerca del Ártico para dar el relevo anual al oficial atmosférico allí destinado. En la isla, rocosa, escabrosa y aparentemente vacía de vida, solo hay un faro y una cabaña de madera destartalada como únicas pruebas de la existencia humana. Y el faro, extrañamente, está protegido por estacas afiladas para protegerse ¿de qué? Al adentrarse en el interior de la torre, la tripulación del barco se encuentra con el técnico en señales marítimas, el señor Gruner (Ray Stevenson), en condiciones deplorables, como un ermitaño en proceso de animalización. Del oficial atmosférico, ni rastro. "Tifus", es la única explicación que les ofrece Gruner.


Ray Stevenson y David Oakes, en los papeles protagonistas. (Diamond Films)
Ray Stevenson y David Oakes, en los papeles protagonistas. (Diamond Films)

Tras la marcha del barco y del resto de la tripulación, que tardará un año en volver para traer un nuevo relevo, el hombre, al que Gruner apoda como Friend —amigo—, intenta hacerse al nuevo espacio y a la soledad de su nueva vida, ya que Gruner adopta una actitud hostil contra él. Sin embargo, con la llegada de la oscuridad, Friend entenderá el porqué de las estacas del faro y de la actitud de su compañero: casi cada noche, las profundidades del mar vomitan una horda de seres monstruosos —una mezcla entre humanos y anfibios— que aparentemente buscan acabar con ellos. Cuando Friend recurre a Gruner en busca de protección, se da cuenta de que en la isla impera el sentido de la subsistencia, y que solo la encontrará si el técnico de señales lo encuentra de utilidad.

Casi cada noche, las profundidades del mar vomitan una horda de seres monstruosos que aparentemente buscan acabar con ellosAl amparo de la nocturnidad y de la masa, el enemigo toma forma de marabunta abstracta y el peligro apela a los instintos más primarios. No sabe exactamente qué son esas bestias ni qué quieren de él, pero si quiere sobrevivir a la noche tendrá que acabar con ellas: son lo suficientemente parecidas a él como para desconfiar de las diferencias. Pero esa percepción cambia cuando Friend descubre que Gruner esconde como 'mascota' a una de las bestias, Aneris (una Aura Garrido sepultada bajo capas y capas de maquillaje en una caracterización bastante lograda), con la que además mantiene relaciones sexuales, algo que empezó como un desahogo puramente físico pero que se ha convertido en un juego de dominación y sumisión. Y lo que en un principio provoca repulsión en Friend, poco a poco despierta en él deseo y fascinación. Pero si la caracterización de Aura Garrido está sorprendentemente lograda —las texturas, el brillo de la piel—, los efectos especiales son más propios de un videojuego que del cine: los movimientos y las texturas son demasiado artificiales para integrarse con la imagen real.


Aura Garrido interpreta a Aneris. (Diamond Films)
Aura Garrido interpreta a Aneris. (Diamond Films)

Cuando la masa se materializa en el individuo, es cuando más fácil resulta encontrar los puntos de conexión que de diferencia. Y aquí es donde 'La piel fría' adquiere una lectura antropológica, cuando la película se pregunta quién es el monstruo para quién, si realmente los habitantes legítimos son las bestias —¿pueden llamarse bestias aunque formen parte de una civilización, rudimentaria, sí, pero civilización al fin y al cabo?— y ellos no son más que invasores, extraños, colonos que han tomado esa tierra como suya y que han impuesto su cultura y sus normas como las únicas posibles, sin dejar espacio a la coexistencia pacífica, con la destrucción del otro como única opción para asegurar la supervivencia.

Cartel de 'La piel fría'.
Cartel de 'La piel fría'.

El problema es que el fondo de 'La piel fría' es mucho más interesante que su caligrafía: la evolución de los personajes es torpe y queda relegada y resumida a una secuencia de batallas nocturnas que no dejan espacio ni a la intimidad ni a la pausa reflexiva, más allá de algunas escenas cortas y dispersas. Una película lastrada por la magnitud de la propia novela, por la dificultad y la habilidad que exige condensar algo tan arraigado en el genoma humano como la raíz de la violencia, de las guerras, de la xenofobia, del miedo y del instinto destructor que este provoca. Todo aquello que hoy nos sigue degradando como sociedad y como especie.

Cine

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios