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'Annabelle: Creation', las muñecas diabólicas ya no dan más de sí

Del universo Expediente Warren (es decir, James Wan) vuelve la muñeca Annabelle en segunda parte que funciona como precuela y a la que previsiblemente seguirá una secuela

Foto: Un fotograma de 'Annabelle: Creation'. (Warner)
Un fotograma de 'Annabelle: Creation'. (Warner)

Parece que definitivamente el universo Expediente Warren —es decir, James Wan— aspira a convertirse en el nuevo universo Marvel —pero demoníaco—construyendo una red de precuelas, secuelas, spin-offs y lo que surja, conectados entre sí de una manera u otra y hasta el infinito. Wan ha sido un soplo de aire fresco para el cine de terror, un género agarrotado y falto de ideas, aferrado como un clavo ardiendo a cada sus clichés más manidos y que había agotado su capacidad para sorprender a un público acostumbrado a encontrar en cualquier telediario actual una dosis de terror y casquería superior a la de cualquier ficción fantástica. Con 'Saw' (2004), 'Expediente Warren: The Conjuring' (2013) e 'Insidious' (2010), el director malayo renovó el género en Hollywood con un pulso elegante, una buena dirección de actores —sobre todo de niños— y una utilización atípica de los recursos del género, lo que le ha valido el título del "nuevo genio del terror". Pero si la mano de Wan en la dirección es siempre una garantía, como encargado de la prodicción —con dos, tres, cuatro proyectos al año— parece más el coordinador de una cinta de fabricación en cadena.

Para 'Annabelle: Creation', Wan eligió al sueco David F. Sandberg en la dirección, seguramente por sus buenas credenciales como responsable de 'Nunca apagues la luz' (2016) y una serie de cortos que le hicieron popular entre los seguidores del cine de género. Sin embargo, en la secuela de 'Annabelle' (2014) Sandberg ha tenido que lidiar con un guión previsible —tan previsible que a ratos parece una parodia— y que utiliza hasta la extenuación los arquetipos y las estructuras más resobeteadas del cine fantástico. Incluso los diálogos son tan obscenamente manidos que el espectador comienza pensando que es un ejercicio deliberado y machacón de sobreutilización de los clichés para después subvertirlos, aunque pronto se da cuenta de que no existe el después.

David F. Sandberg dirige 'Annabelle: Creation'. (Warner)
David F. Sandberg dirige 'Annabelle: Creation'. (Warner)

En 1943, Samuel Mullins (Anthony LaPaglia), un fabricante de muñecas de un pequeño pueblo de Estados Unidos, vive apaciblemente, misa de domingo incluida, junto a su mujer Esther (Miranda Otto) y su hija pequeña Bee (Samara Lee). Doce años después, Samuel Mullins, un ex fabricante de muñecas de un pequeño pueblo de Estados Unidos, vive encerrado en su decadente casona victoriana, con su mujer postrada en una cama y sin su hija. Mullins —en una decisión que a medida que avanza la trama se revela como cuanto menos irresponsable, cuanto más incoherente— se presta a acoger a un grupo de niñas huérfanas en su casa, comandadas por la Hermana Charlotte (Stephanie Sigman). Desde el mismísimo momento de la llegada del grupo, en la casa comenzarán a ocurrir sucesos paranormales, que irán volviéndose más peligrosos para los habitantes de la casa cuando una de las protagonistas, Janice (Tabitha Bateman) encuentre escondida y confinada en un armario la muñeca que pertenecía a la hija de los Mullins.

Janice encuentra escondida y confinada en un armario la muñeca que pertenecía a la hija de los MullinsEl terror es inversamente proporcional a su concreción y, sobre todo, cuando el director no tiene muy claro el tono en el que se mueve. La película funciona en unos primeros compases en los que lo paranormal no se materializa, sino que se queda en las sombras. Precisamente, el éxito de los 'Expediente Warren' de Wan reside en la capacidad de crear una atmósfera sugestiva y esperar hasta casi la resolución de la película para presentar el terror en su forma física. En 'Annabelle: Creation', sin embargo, Sandberg quema tantos cartuchos tan pronto que al final se ve empujado a condensar la presencia demoníaca de la casa de cualquier manera, incluso saltándose la coherencia interna de un relato plano que al final sólo funciona como una cadena de sustos, sin profundizar en los personajes o su contexto. No hay capas. No hay metáforas ni alegorías más allá de la obviedad.


Philippa Coulthard y Grace hulton en 'Annabelle: Creation'. (Warner)
Philippa Coulthard y Grace hulton en 'Annabelle: Creation'. (Warner)

Aun así, Sandberg recurre eficazmente a la estética del gótico sureño para retratar un ambiente encerrado en sí mismo, volcado en el pasado, aislado y de fuertes creencias religiosas, caldo de cultivo ideal para una historia de terror árida y opresiva. El mayor hallazgo de la película se encuentra a nivel fotográfico, gracias a una escenografía cuidada y evocadora y a un trabajo con las posibilidades de la luz y la oscuridad para conseguir una atmósfera que empuja a la sugestión.

Sandberg recurre eficazmente a la estética del gótico sureño para retratar un ambiente encerrado en sí mismoEl director obliga en más de una vez al espectador a aguzar la vista y a dudar, igual que las protagonistas, de sus propios sentidos, mientras pasea su cámara por las habitaciones de una casa con un encanto decadente, que representa esa ambigüedad entre lo bello y lo temible de aquellos lugares y objetos antiguos que han tenido una vida pasada y que guardan consigo parte de lo que fueron sus dueños. Como, por ejemplo, la muñeca que da nombre a la saga.


Talitha Bateman y Stephanie Sigman en 'Annabelle: Creation'. (Warner)
Talitha Bateman y Stephanie Sigman en 'Annabelle: Creation'. (Warner)

Y aunque Sandberg comienza con buen pie —muy interesante el encuentro con la muñeca bajo la sábana—, poco a poco se sucederán uno detrás de otro una serie de incidentes cuya capacidad de generar tensión acaba diluida por culpa de un esquema obvio y repetitivo: la música ambiental se hace más presente, en el último término de la imagen hay un punto de luz frente al que pasa una sombra desenfocada o poco visible, una niña desorientada da vueltas sobre sí misma, mira a la oscuridad antes de que algo corra hacia ella, momento en el que la banda sonora vibrará a todo volumen; después se hará el silencio, parecerá que todo ha pasado, que todo ha sido un mal sueño, para dejar paso al susto final, que llegará bruscamente y acompañado de un ruido ensordecedor.

Cartel de 'Annabelle: Creation'
Cartel de 'Annabelle: Creation'

Pero Sandberg sí demuestra su talento para dirigir actores infantiles —en particular Tabitha Bateman, la protagonista—, que añaden al relato la credibilidad que le roban los agujeros de guión, que no son pocos. El director tampoco consigue redondear un final que resulta precipitado y absurdo, pero que le sirve para entroncar, a través de una elipsis temporal, directamente con los momentos previos al comienzo de la 'Annabelle' de 2014. Como parte de una saga obligada a generar beneficios, con un universo ya construido y sin mucho margen de movimiento, era esperable que el filme acabase siendo lo que es: un producto de cine palomitero sin más pretensiones que apelar a los miedos más básicos e instintivo . Eso sí, un producto de cine palomitero que consigue arrancar más de uno, de dos y de tres aullidos de la butaca.

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