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'En la Vía Láctea': ¿cuándo dejamos de quererte, Kusturica?

Emir Kusturica se copia mal a sí mismo en este delirio autoindulgente en que el director se imagina adorado por Monica Bellucci en plena guerra de la ex Yugoslavia

Foto: Kusturika y Bellucci protagonizan 'En la Vía Láctea'. (Surtsey)
Kusturika y Bellucci protagonizan 'En la Vía Láctea'. (Surtsey)

¿Cuándo se nos rompió el amor, Emir Kusturica? Uno de los pocos directores que pueden presumir de haber ganado dos veces la Palma de Oro en Cannes, el serbio marcó el cine de finales del siglo pasado con títulos como 'Papá está en viaje de negocios' (1985), 'Underground' (1995) o 'Gato negro, gato blanco' (1998), que plasmaban la vida en la antigua Yugoslavia desde una exultante idiosincrasia balcánica.

Europa cambió de milenio. El cine de Emir Kusturica, no. A partir de su primera película de ficción entrado ya el nuevo siglo, 'La vida es un milagro' (2004), el director se ha refugiado en el imaginario que cultivó en las obras que le dieron fama internacional. Sus películas, también 'En la Vía Láctea', siguen situándose en algún lugar remoto de los Balcanes al que no ha llegado el siglo XXI. Este repliegue histórico va acompañado de una repetición de recursos estilísticos que a estas alturas se nos presentan desgastados por el exceso de uso.

Monica Bellucci y Emir Kusturica, en un fotograma de la película. (Surtsey)
Monica Bellucci y Emir Kusturica, en un fotograma de la película. (Surtsey)

'En la Vía Láctea' tiene lugar una vez más en un rincón profundo de algún país de la antigua Yugoslavia durante una guerra. La referencia histórica es más que identificable, pero la película no se adentra en los pormenores políticos o humanos del conflicto, más allá de algún comentario obvio sobre el papel de la ONU. El conflicto bélico queda reducido a un paisaje de fondo en el que el director inserta una historia romántica presuntamente naíf. La que vive Kosta (interpretado por el propio Kusturica), un lechero que ha convertido su particular trauma a causa de la violencia en una suerte de coraza que lo aísla de la realidad, con una refugiada italiana, Nevasta, a quien da vida Monica Bellucci.

Llegamos a este improbable encuentro amoroso con el filme ya sobresaturado de estímulos. Por el protagonismo de los animales, que subrayan el tono de fábula del relato: los gansos que se bañan en sangre, el asno que trajina al protagonista, el halcón que ejerce de amigo fiel y protector de Kosta, la serpiente símbolo de las amenazas que acechan a los personajes, los borregos víctimas de las minas, la gallina sin dirección que no para de contemplarse en el espejo... Por esos secundarios, remedos de los tipos humanos que nos hemos cansado de ver en sus filmes anteriores.

Otro fotograma de 'En la Vía Láctea'. (Surtsey)
Otro fotograma de 'En la Vía Láctea'. (Surtsey)

Tenemos desde la abuela gitana de armas tomar a la mujer estupenda de energía desbordante, pasando por el supuesto héroe de guerra que parece escapado de una pintura de Otto Dix hasta el coro de locales que te montan una verbena balcánica a la mínima que corre un poco de alcohol. Todos estos personajes se inscriben en la primera parte del filme en un registro entre la comedia costumbrista, el 'slapstick' demasiado estirado (en ninguna filmografía se dan tantos trompazos los personajes como en la de Kusturica) y la fábula supuestamente entrañable.

El filme se mueve en un registro entre la comedia costumbrista, el 'slapstick' demasiado estirado y la fábula supuestamente entrañable

También se repiten, claro, los disparos de metralleta al aire a modo de celebración a lo bestia, la pequeña estación de ferrocarril, aquí con un reloj de engranaje diabólico, como escenario encantador, el bar con paisanos que comentan la jugada, las escenas de comicidad hipervitaminada, la música de aires cíngaros que ahora compone su hijo Stribor... Pero ya nada respira y avanza con la naturalidad de las películas de antaño, hasta el punto de que 'En la Vía Láctea' parece una caricatura grotesca de la filmografía del cineasta.

Kusturica y Bellucci. (Surtsey)
Kusturica y Bellucci. (Surtsey)

En su primer filme, '¿Te acuerdas de Dolly Bell?' (1981), Emir Kusturica llevaba a cabo una radiografía de la juventud en la Bosnia de los años sesenta a través de un muchacho que se inicia en la madurez compensando el contacto con la dura realidad de su entorno con la fascinación escapista por la música y el cine italianos, sobre todo por '24 mila baci', ese rock'n'roll pionero en sus aires mediterráneos que se marcaba Adriano Celentano. Esta huella de la cultura popular italiana en la educación también del propio Kusturica explica en parte la presencia de Monica Bellucci en 'En la Vía Láctea'.

Bellucci rinde homenaje a través de su figura a esa comedia 'all'italiana' de estrellas como Sophia Loren o Gina Lollobrigida

A su manera, la actriz rinde homenaje a través de su figura a esa comedia 'all'italiana' que protagonizaron estrellas como Sophia Loren o Gina Lollobrigida, una tradición cinematográfica que mantendría contactos con la obra del serbio. Su personaje, sin embargo, recuerda 'a priori' a un filme que se desmarcaba de esta tendencia, 'Stromboli' de Roberto Rossellini, donde otra actriz espectacular, Ingrid Bergman, encarnaba un rol similar, el de extranjera refugiada a causa de la guerra que irrumpía en un pueblo perdido de la Italia profunda huyendo de un destino peor.

Otro fotograma de la película. (Surtsey)
Otro fotograma de la película. (Surtsey)

Pero si la Karin que encarnaba Bergman a las órdenes de Rossellini era un personaje de carne y hueso con su propio conflicto personal, la Nevasta de la Bellucci no escapa de ser un mero objeto del deseo al servicio del ego de Kusturica. Porque el director se ha convertido en el protagonista de su propia película para que se enamoren de él no una sino dos mujeres espléndidas, Bellucci y la explosiva lugareña a la que encarna Sloboda Micalovic, con la que se supone su personaje debe casarse.

Cartel de 'En la Vía Láctea'.
Cartel de 'En la Vía Láctea'.

La segunda parte del filme despliega la huida romántica de los dos protagonistas, perseguidos por un antiguo pretendiente de ella y víctimas todavía de los vestigios de la guerra. Kusturica tiñe todo este segmento de un realismo mágico que también utilizaba en cintas anteriores, pero que aquí rechina con especial estridencia hasta alcanzar algunos momentos de vergüenza ajena. Lejos de presentarse como un oasis de resistencia en un mundo dominado por la crueldad, la ingenuidad del protagonista que encarna Kusturica en 'En la Vía Láctea' deviene así una burda excusa para justificar un distanciamiento infantiloide del mundo real (recordemos, los Balcanes asolados por la guerra) y volcarse en una fantasía autoindulgente más propia de un púber.

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