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'La emperatriz rebelde': una Sissi bulímica e indomable manda a tomar por saco el corsé
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la película del fin de semana

'La emperatriz rebelde': una Sissi bulímica e indomable manda a tomar por saco el corsé

Narcisista y rebelde, la cineasta alemana Marie Kreutzer traza el retrato tenebroso de un icono como el de la emperatriz Sissi, casi siempre edulcorado por el cine y la novela rosa

Foto: La estupendísima Vicky Krieps interpreta a la emperatriz Isabel de Baviera. (Adso Films)
La estupendísima Vicky Krieps interpreta a la emperatriz Isabel de Baviera. (Adso Films)

¡Una corona y un reino para Vicky Krieps! La actriz luxemburguesa —¡vive gente en Luxemburgo!— se dio a conocer para el gran público gracias a El hilo invisible de Paul Thomas Anderson, y para el público más masivo aún gracias a Tiempo, de M. Night Shamalan. También en la pequeña pantalla en la adaptación del clásico ochentero alemán Das Boot, disponible en Amazon. A sus 39 años, Krieps es una de las actrices europeas con más proyección; con un físico camaleónico, una interpretación siempre natural y llena de matices y la posibilidad de actuar en inglés, francés, alemán y luxemburgués.

Y ahora en La emperatriz rebelde —en la que habla hasta húngaro— soporta sobre sus hombros el peso de un icono europeo como lo fue Isabel de Baviera, la emperatriz austríaca Sissi, en una película de una stendhaliana belleza pictórica tal que debería colgar de las paredes del Museo del Prado. Seleccionado con el título original de Corsage —en francés, corsé— en la sección Una cierta mirada, del último Festival de Cannes, este melodrama de época decimonónico desvela las prácticas represivas que eran habituales en las cortes europeas para que sus reinas, como modelos de pasarela, se mostrasen siempre jóvenes, bellas y calladas, de acuerdo al ideal femenino.

Si en el siglo XX tuvieron a Lady Di, en el siglo XIX fue Sissi la princesa del pueblo. Las trayectorias suyas fueron similares: ambas se casaron por amor, ambas tuvieron una relación compleja con la familia real y sus maridos, ambas sufrieron trastornos de alimentación y una malsana obsesión con la imagen propia y ambas se ganaron el cariño de sus súbditos. La directora alemana Marie Kreuzer ha elegido centrarse en los años de madurez de Sissi, que en 1877 iba a cumplir 40 años, la edad que, según el médico real, era la esperanza de vida de las mujeres austríacas de la época.

Para ella, casada con Francisco José I, emperador de Austria (Florian Teichtmeister), desde los 16 años, esta fecha se convirtió, según este biopic, en una tragedia: acostumbrada a la admiración popular de su belleza, en la cuarentena ya pasan a considerarla una anciana. Acostumbrada a ser el centro de las miradas, Sissi no soporta el paso del tiempo y decide esconderse de las miradas ajenas detrás de máscaras, velos y antifaces. Desesperada por mantener el atractivo de su juventud, se obstina en mantener el peso y la figura a base de ayunos y de purgas y de corsetería. "Aprieta más fuerte, aprieta más fuerte", repite una y otra vez a su ayuda de cámara; al parecer, Sissi era conocida por vestir los corsés más ajustados de las cortes europeas.

placeholder La emperatriz Sissi se obstinó en pesar siempre 50 kilos. (Adso Films)
La emperatriz Sissi se obstinó en pesar siempre 50 kilos. (Adso Films)

Alejada de su marido, cada vez menos relevante en el panorama social y descontenta con su papel político —aunque el emperador se empeñe en hacerle ver que su rol es solo representativo—, Sissi vive instalada en la apatía y la desgana, salvo para encontrar esa pequeña parcela de poder en el control y el castigo de su propio cuerpo. En una de las primeras secuencias, la monarca se sumerge bajo el agua de la bañera para aguantar la respiración el mayor tiempo posible y probar sus límites. La obcecación con mantener la línea la lleva a programar ayunos extremos, a mantenerse en constante movimiento —practicaba senderismo e hípica— y a fumar compulsivamente. Marie Kreuzer y Vicky Krieps retratan a una Sissi obsesiva y estricta, que después se dejaba llevar por la bulimia y los atracones a escondidas.

También a una mujer solitaria, muy alejada de la imagen edulcorada y amable que Ernst Marischka introdujo en el imaginario colectivo con la trilogía protagonizada por Romy Schneider en los años cincuenta. Su marido la ignora y, cuando no, la trata despectivamente. Sus hijos reniegan de ella por haberse criado apartados de su madre. Su peso y sus arrugas se han convertido en una cuestión de Estado y nadie le pregunta sobre cuestiones políticas —cuando saca a colación las tensiones que se suceden en Sarajevo a finales del siglo XIX y que acabarán desembocando en una guerra mundial, solo recibe los reproches del emperador—, así que Sissi decide centrarse en las innovaciones tecnológicas —como la invención de una cámara que captura la imagen en movimiento— y en mantenerse en forma.

placeholder Otro momento de 'La emperatriz rebelde'. (Adso Films)
Otro momento de 'La emperatriz rebelde'. (Adso Films)

En su contexto, el de una mujer criada en Baviera en total libertad, encerrada en la corte austríaca, mucho más remilgada e inflexible que el resto, se entiende el carácter reactivo de la emperatriz. Y en la necesidad de cumplir las expectativas de quienes la rodean, el narcisismo tras el que se parapeta. La película muestra la autodestrucción de una mujer a la que, precisamente, tachaban de loca por su inconformismo y su negativa a encorsetarse en el papel asignado.

Aparte de la interpretación de Krieps —que es deslumbrante y por la que recibió el premio a mejor actriz en la sección Una cierta mirada—, la película de Kreuzer es un disfrute para los sentidos gracias a la fotografía suntuosa de Judith Kauffman, al diseño de producción de Martin Reiter y al diseño de vestuario Monika Buttinger. La combinación de colores y texturas con la luz vaporosa de Kauffman traslada directamente a las pinturas de cámara románticas centroeuropeas, más concretamente a la evanescencia de los retratos más conocidos de la emperatriz.

Y el gran hallazgo de Kreuzer es rebelarse ella misma ante las convenciones del género de época, proponiendo a los personajes comportamientos macarras propios de nuestra época y recurriendo a una banda sonora contemporánea que subraya el choque entre tradición y modernidad con el que describe a la protagonista. Aquí la directora recoge el testigo de otra mujer caída en desgracia, la María Antonieta de Sofía Coppola, pero desde un prisma mucho más oscuro e incómodo. No hay rastro de la luminosidad y la alegría de la reina francesa. Y sí hay pasteles, pero estos son un reflejo de la ansiedad y la necesidad de huir de una monarca que acabó asesinada poco tiempo después de un punzonazo en el corazón. Una muerte trágica para una vida igualmente desdichada.

¡Una corona y un reino para Vicky Krieps! La actriz luxemburguesa —¡vive gente en Luxemburgo!— se dio a conocer para el gran público gracias a El hilo invisible de Paul Thomas Anderson, y para el público más masivo aún gracias a Tiempo, de M. Night Shamalan. También en la pequeña pantalla en la adaptación del clásico ochentero alemán Das Boot, disponible en Amazon. A sus 39 años, Krieps es una de las actrices europeas con más proyección; con un físico camaleónico, una interpretación siempre natural y llena de matices y la posibilidad de actuar en inglés, francés, alemán y luxemburgués.

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