'Tiempo': no pierdas el tuyo en la última película de Shyamalan
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'Tiempo': no pierdas el tuyo en la última película de Shyamalan

Basada en la novela gráfica ‘Sandcastle’, publicada en 2010 por Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters, la película cuenta el periplo de una familia de vacaciones en una playa muy especial

placeholder Foto: Fotograma de la última película de Shyamalan. (Universal)
Fotograma de la última película de Shyamalan. (Universal)

Desde que el espectacular éxito de ‘El sexto sentido’ (1999) lo puso en boca de todo Hollywood, M. Night Shyamalan ha seguido una trayectoria definitivamente errática. A cada una de sus películas que ha tenido éxito puede oponérsele al menos otra que ha fracasado de forma estrepitosa a nivel artístico y financiero y, entretanto, a lo largo de su carrera ha dado la sensación de ser un hombre en busca constante, y del todo vana, de reeditar efímeras glorias pasadas. Nunca ha perdido la habilidad para generar emociones y sensaciones con apenas un movimiento de cámara, pero tampoco la mala costumbre de llenar sus guiones con diálogos obvios, personajes unidimensionales, boquetes argumentales y exhibicionistas giros finales. Todos esos vicios están presentes en ‘Tiempo’.

Tráiler de 'Tiempo'

Basada en la novela gráfica ‘Sandcastle’, publicada en 2010 por Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters, la película se inicia con la llegada de una familia de clase media-alta a uno de esos resorts tropicales para turistas donde te ofrecen un cóctel incluso antes de que hayas entrado por la puerta. Poco después, y tras seguir los consejos del gerente del establecimiento, se encuentran compartiendo un ‘shuttle’ con otros clientes de camino a una playa al parecer fabulosa y a lo que promete ser una relajante excursión. Lo que no imaginan, y que descubren poco después de poner los pies sobre la arena, es que en aquel lugar el tiempo pasa increíblemente rápido. Una vida entera puede transcurrir en 24 horas. Los niños desaparecen durante media hora y regresan convertidos en adolescentes, y los rostros de sus padres van arrugándose sin pausa. Las enfermedades —y muchos de los visitantes sufren alguna— avanzan a un ritmo trepidante, y los cortes y heridas cicatrizan con rapidez alarmante. Por supuesto, ‘Tiempo’ es una película de Shyamalan y, por tanto, eso significa que no hay forma de salir de la playa; lo impide una fuerza invisible, y tan vagamente explicable como el motivo por el que los personajes más jóvenes envejecen a mucha más velocidad que los adultos.

placeholder Gael García Bernal y Vicky Krieps, en 'Tiempo'. (Universal)
Gael García Bernal y Vicky Krieps, en 'Tiempo'. (Universal)

De por sí, una premisa como esa plantea ideas provocativas, como lo poco que los seres humanos valoramos los años de vida que tenemos o la obsesión de los niños por hacerse mayores, que los lleva a desperdiciar su infancia. En lugar de prestar verdadera atención a esos dilemas, sin embargo, Shyamalan prefiere dedicar sus esfuerzos a ofrecernos una colección de sorpresas y golpes de efecto. Si varios de ellos funcionan es gracias al eficaz manejo que Shyamalan hace de los encuadres y los paneos, y a su tendencia a ocultar los rostros y los cuerpos de los personajes lo más posible antes de revelar de forma inesperada cómo han envejecido.

A la hora de dotarlos de verdaderos contornos, en cambio, la película resulta menos efectiva. Shyamalan asigna a cada uno de los protagonistas exactamente un rasgo destacado y definitorio. Uno de ellos trabaja como evaluador de riesgos para una empresa de seguros, por lo que siempre habla en términos de probabilidad; otro es una terapeuta que adorna sus diálogos con jerigonza psicológica, y así. Los personajes no tienen oportunidad de adquirir hondura porque están demasiado ocupados enfrentándose a la constante sucesión de acontecimientos impactantes y a menudo ridículos. Tal es la sobrecarga de momentos supuestamente asombrosos que, en la práctica, se anulan entre sí y ninguno de ellos logra un verdadero impacto.

placeholder Thomasin McKenzie, junto a Alex Wolff, protagonista de 'Hereditary'. (Universal)
Thomasin McKenzie, junto a Alex Wolff, protagonista de 'Hereditary'. (Universal)

Entretanto, el director vuelve a dejar constancia de lo mal que se le sigue dando escribir diálogos. Como en muchas de sus películas previas, aquí los personajes no hablan como la gente normal, sino que recurren a un lenguaje forzado a base de excesos explicativos, psicología de andar por casa, declaraciones emocionales frontales, frases cursis y un montón de obviedades. “Algo sucede con el tiempo en esta playa”, deduce brillantemente uno de ellos, mucho después de que los adultos hayan empezado a acumular patas de gallo y sus hijos inicien la veloz carrera hacia la pubertad.

Y así, vehiculada por momentos impactantes y diálogos toscos, ‘Tiempo’ avanza hacia un final que se esfuerza demasiado por explicar el estúpido motivo que se oculta tras las propiedades sobrenaturales de la playa, a pesar de que lo más sensato habría sido dejar esa pregunta sin contestar. Y quizá lo más decepcionante es que en el proceso no incluye más que dosis puntuales del tipo de tensión y suspense que Shyamalan suele ser capaz de generar incluso a partir de las situaciones aparentemente más simples. En buena medida por eso, y pese a tratarse de una película sobre la importancia de aprovechar la vida al máximo, sentarse frente a ‘Tiempo’ no es precisamente la forma más rentable de usar 108 minutos de nuestra existencia.

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