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Ayer era feminista... ¿hoy 'terf'? Así cayó Chimamanda Ngozi Adichie en la trampa trans
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Ayer era feminista... ¿hoy 'terf'? Así cayó Chimamanda Ngozi Adichie en la trampa trans

Se convirtió en un icono mundial con el ensayo 'Todos deberíamos ser feministas' pero ahora es tachada de tránsfoba tras señalar que los derechos de las mujeres están amenazados por los de las personas trans

Foto: Chimamanda Ngozi Adichie en el Hay Festival de Cartagena de Indias en 2019 (EFE)
Chimamanda Ngozi Adichie en el Hay Festival de Cartagena de Indias en 2019 (EFE)

Estamos en un mundo en el que una declaración, un tuit, un ensayo o una novela te pueden colocar en el lado malo de la historia. O en el bueno, según quién te mire y te interprete. Todo va de hermenéutica y de dualidades. Hoy eres una woke, mañana eres una TERF. Hoy estás integrada y mañana eres apocalíptica. Hoy eres alma y mañana cuerpo. Y ya no hay hechos porque todo es alternativo y subjetivo. Todo es mi yo. Qué dirían los primeros románticos si levantaran la cabeza y vieran a las hordas despezadar al otro sin miramientos.

La última en sufrir tamaño ejemplo de nuestros días ha sido la escritora nigeriana Chimamanda Ngozie Adichie (1977), autora de novelas como Americanah (2009, 2013 en España), un alegato contra el racismo en EEUU, y el ensayo Todos deberíamos ser feministas (2013, 2015 en España), un libelo pre #metoo en el que la autora llevaba el feminismo al siglo XXI y la convertía en un icono feminista mundial al restañar los cambios que debían ejercerse en la educación, tanto de niños como de niñas, para que la igualdad fuera la bandera que envolviera los derechos de todas las personas.

En 2012 tras una charla TED se convirtió en un icono feminista mundial comparada con Judith Butler y Silvia Federici

Este pequeño ensayo, que había salido de una charla TED de 2012, obtuvo críticas muy positivas por todas partes. Así lo describía El País de la mano de Carlos Pardo: “La Kirkus Reviews dijo de Todos deberíamos ser feministas que era una lectura obligatoria para estudiantes y profesores. Lo es como invitación a pensar en la vigencia del feminismo. Y si uno quiere una lectura más profunda de la estructura violenta del género o de la base machista de nuestra cultura, puede continuarlo con Judith Butler (Dar cuenta de sí mismo) o Silvia Federici (Calibán y la bruja)”. En Suecia se lo tomaron al pie de la letra puesto que fue declarado obligatorio para todos los chavales de 16 años. Adichie era, de repente, la gran escritora de la Generación Z y milennials, quienes más implicados se han mostrado con las cuestiones de género y todo el asunto queer que ya fomentaran en los noventa otras feministas como, precisamente, Judith Butler.

Pero eso era antes de que llegara el discurso trans. Un discurso que lo trastocó todo y ha ido dejando algunos “cadáveres” en las redes sociales por el camino, como J.K Rowling, paradójicamente la creadora de Harry Potter, quizá los libros que más han leído esta generación. Una especie de matar a la madre, pero además por la espalda.

Fuego amigo desde 2017

Adichie, declarada demócrata y que apoyó a Hillary Clinton, a Kamala Harris y a Obama, tuvo que empezar a bregar con el primer fuego amigo en 2017 tras una entrevista en Channel 4 en la que le preguntaron que si una mujer trans que había crecido identificada como un hombre, disfrutando los privilegios de ser un hombre, ¿era menos que una mujer real? Con naturalidad, ella contestó que “las mujeres trans son mujeres trans. Si has vivido en el mundo como un hombre, con los privilegios que el mundo concede a los hombres y luego cambias de género, es difícil para mí aceptar que entonces podamos equiparar su experiencia con la experiencia de una mujer que ha vivido desde el principio como una mujer y que no ha recibido los privilegios que los hombres tienen". Y añadió: "No creo que sea bueno decir que los temas de las mujeres sean iguales a los temas de las mujeres trans, porque no creo que sea cierto".

placeholder La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi posa para los medios gráficos en Barcelona en 2017 (EFE)
La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi posa para los medios gráficos en Barcelona en 2017 (EFE)

Y el mundo se paró. Chimamanda Ngozie Adichie, el gran icono feminista, había cruzado la línea -¿cómo, que había mostrado sus dudas con la autodeterminación de género? ¿Qué tenía, al menos, un argumento? - y empezó a ser llamada tránsfoba, TERF y toda una retahíla de insultos. Todavía estábamos en 2017 y la escritora quiso salir al paso en un post de Facebook dolida por este tipo de apelativos. "Una mujer trans es una persona que nació hombre y una persona que, antes de su transición, fue tratada como un hombre por el mundo. Lo que significa que experimentaron los privilegios que el mundo le reserva a los hombres. Esto, no obstante, no desecha el dolor que trae consigo y las complejas dificultades de cómo se sienten viviendo en un cuerpo que no les pertenece", escribió mostrando lo que, a priori, parece empatía con el sufrimiento de una persona trans. No todo el mundo lo entendió así.

De hecho, otra novelista, Akwaeke Emezi, comenzó a escribir textos en redes sociales contra Adichie, además de enviarle emails muy agresivos, ya que antes habían mantenido cierta relación tras un taller que dio Adichie y al que acudió una entregada Emezi. En 2021, cansada de las críticas, también de las que recibió Rowling por su ensayo ‘TERF wars’, tuvo que volver a salir al paso. Primero, afirmó que el ensayo de la británica era “perfectamente razonable”; y segundo, manifestó que “Rowling era una mujer progresista, que claramente defiende y cree en la diversidad. La ortodoxia, la idea de que se supone que hay palabras que debes pronunciar ¡es tan aburrida!. En general, los seres humanos son lo suficientemente inteligentes emocionalmente como para saber cuándo algo viene de un lugar equivocado”.

La entrevista de The Guardian

Noviembre de 2022. Ha vuelto a ocurrir con una entrevista publicada en el periódico The Guardian, de línea progresista, el pasado martes. La escritora acudía a Reino Unido para, otra paradoja más, una conferencia en la BBC sobre la libertad de expresión, una hecho que aprovechaba el diario para encontrarse con ella. Adichie ya venía preparada para las preguntas sobre las mujeres trans y esta vez decidió contestar desde el punto de vista, precisamente, de la libertad de expresión y la persecución que se sufre -que no crítica, que eso es otra cosa y es aceptable- cuando no se comparte una opinión. Lo más interesante es que la propia entrevista se convirtió en un ejemplo de lo que Adichie denunciaba.

A la escritora, comenzó, le preocupaba que no se pudiera decir que el sexo biológico es inalienable sin desatar una tormenta. Y puso un ejemplo muy básico para explicar las críticas ridículas de terfismo. “Imagina que mi hermano -un tipo alto, con barba- dice, “soy una mujer”, y entra en el baño de mujeres donde una mujer le dice, “perdona, pero se supone que no debes estar aquí”. ¿Eso es transfobia?”. La interpretación más lógica es que está hablando de sentido común, lo cual, sin embargo, no es así entendido por la entrevistadora, que prosigue: “Sería diferente si pareciera una mujer”. Adichie no se amilana y contesta: “Esa es la cosa. Ahora puedes lucir como quieras y decir que eres una mujer”.

Son "los derechos de las mujeres los que están amenazados por los derechos de las personas trans” no las mujeres

La periodista le habla de la dignidad y la escritora comenta que existe algo llamado verdad y hechos objetivos, cosa que la periodista niega -es un poco raro que una periodista niegue que no existen los hechos objetivos, ¿alternativos entonces? ¿posverdad?- aduciendo que no se puede decir objetivamente que todas las mujeres están amenazadas por las mujeres trans, ya que ella no ha sentido tal amenaza. Y ahí es cuando Adichie le da el golpe final: “Claro que no. Es que eso es diferente a decir que los derechos de las mujeres están amenazados por los derechos de las personas trans”.

La entrevista no tardó en viralizarse y, si bien Adichie tuvo sus defensores - por cierto, no procedentes de la derecha radical- volvió a ser tachada de TERF, tránsfoba e incluso hubo quien le quitó la etiqueta de feminista y la relacionó con el fascismo. Lo siguiente es que alguien le hubiera dicho que la echaran del trabajo.

Precisamente, ayer la escritora volvía sobre el tema en la conferencia ofrecida en la BBC, preocupada por la “epidemia de autocensura” que se ha instalado entre nosotros. De hecho, que levante la mano quien no ha borrado algún tuit por lo que pueda pasar o se ha callado alguna observación sobre determinadas leyes. “Hay una diferencia entre las críticas válidas, que deberían ser parte de la libre expresión, y este tipo de reacciones violentas, feos insultos personales, escribir direcciones de casas y escuelas de niños en las redes o tratando de que la gente pierda su trabajo (...) Es una barbarie desmesurada. Es una acción de vigilancia virtual cuyo objetivo no es solo silenciar a la persona que ha dicho algo sino que crea una atmósfera vengativa que disuade a otros de hablar", manifestó llevando el asunto de la autocensura al terreno que mejor conoce, la literatura.

"Es una acción de vigilancia virtual cuyo objetivo no es solo silenciar a la persona sino que crea una atmósfera vengativa que disuade a otros de hablar"

“Hoy se ve más a través de lentes ideológicas que artísticas. Nada demuestra esto mejor que el reciente fenómeno de los 'lectores sensibles' en el mundo editorial, personas cuyo trabajo es limpiar manuscritos inéditos de palabras potencialmente ofensivas. Y, esto, en mi opinión, niega la idea misma de la literatura", recalcó aduciendo que hoy una novela como Los versos satánicos no sería publicada.

Pese a todas las críticas recibidas -y que seguirán-, la escritora antes-considerada-icono-feminista- no piensa doblegar su pensamiento ni, sobre todo, entrar en las batallas de las redes, lo cual considera “una pérdida de tiempo absoluta”, como dijo en una entrevista en El País en 2019. “No me gusta estar en las redes. Ser feminista pública atrae hostilidad. Soy muy peleona. Me pasaría peleando todo el rato”. Y sí, es verdad que con las cosas que son de cajón, es muy cansado y no lleva a ninguna parte.

Estamos en un mundo en el que una declaración, un tuit, un ensayo o una novela te pueden colocar en el lado malo de la historia. O en el bueno, según quién te mire y te interprete. Todo va de hermenéutica y de dualidades. Hoy eres una woke, mañana eres una TERF. Hoy estás integrada y mañana eres apocalíptica. Hoy eres alma y mañana cuerpo. Y ya no hay hechos porque todo es alternativo y subjetivo. Todo es mi yo. Qué dirían los primeros románticos si levantaran la cabeza y vieran a las hordas despezadar al otro sin miramientos.

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