la influencia de chimamanda ngozi adichi

La escritora nigeriana que convirtió a Beyoncé en feminista

Su discurso viral sobre los derechos de la mujer se convirtió en un clásico gracias a la célebre cantante. Ahora se publica en forma de libro

Foto: La novelista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie
La novelista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie
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Supera los dos millones de reproducciones en Youtube. Beyoncé lo sampleó en su canción 'Flawless'. Lo han descrito como "un manifiesto para el feminismo en el siglo XXI". Hablamos, claro, de la Ted Talk más influyente del año 2012. Dura media hora, pero en ese breve tiempo consigue sacudir a quienes lo escuchan. Random House publica ahora la charla en modo panfleto, sesenta y cuatro páginas de pequeño formato.

Su autora es Chimamanda Ngozi Adichie, brillante novelista nigeriana de 38 años, que ya ha firmado al menos dos obras maestras: 'Medio sol amarillo' (2007) y 'Americanah' (2013). La primera recibió el prestigioso premio Orange y la segunda el del Círculo de críticos de Estados Unidos. Su potente discurso combina honestidad, claridad y sentido del humor, esta vez aplicados a denunciar la supervivencia del machismo en nuestros días.

Injusticia escolar

En vez de recurrir a fríos datos, se basa en experiencias personales: "Cuando yo era estudiante de primaria en Snukka, una ciudad universitaria del sudeste de Nigeria, mi profesora nos dijo que al empezar el trimestre nos iba a poner un examen y que quien sacara la nota más alta sería el monitor de la clase. Ser monitor no era moco de pavo: todos los días apuntaba los nombres de quienes armaban jaleo, lo cual implica un poder embriagador, pero es que además mi profesora te daba una vara para que la llevaras en la mano mientras patrullabas la clase en busca de alborotadores. Por supuesto, no se te permitía usar la vara. Para una niña de nueve años como yo, sin embargo, era una perspectiva emocionante".

"Tenía muchas ganas de ser monitora de clase y saqué la nota más alta. Entonces, para mi sorpresa, la profesora dijo que el monitor tenía que ser un chico. Se le había pasado por alto aclararlo, ya que daba por sentado que era obvio. La segunda mejor nota la había sacado un niño. Y el monitor sería él". Estamos ante una de esas afrentas, pequeñas-pero-matonas, que se te quedan grabadas toda la vida. Allí comenzó Adichie su trayectoria como feminista.

Maridos y pintalabios

La escritora explica su militancia con humor cáustico. Cuando publicó su primera novela, 'La flor púrpura' (2003), un periodistas aprovechó una entrevista para darle un consejo no solicitado: la historia sonaba feminista y debía aclarar que ella no lo era, ya que las feministas son mujeres infelices que no encuentran marido. Adichie decidió hacerle caso a medias y comenzó a presentarse como una "feminista feliz". Por la misma época, una académica nigeriana le comentó que el feminismo no pertenecía a la cultura africana, ya era una corriente importada de los libros occidentales.

Soy una feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombresLa escritora pasó a describirse entonces (con bastante ironía) como una "feminista feliz africana". Tras una tromba de comentarios similares, llegó a la siguiente fórmula aclaratoria: "soy una feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres". Casi no cabe en una tarjeta de visita. "La palabra feminista está sobrecargada de connotaciones negativas", denuncia.

Estilo demoledor

Para situarnos, Adichie ha triunfado en el mercado literario global gracias a un estilo demoledor. Su especialidad es escribir novelas de sentimientos, llenas de sexo y tormentas emocionales, pero que no evitan enfrentarse a los conflictos políticos de nuestra época, desde el consumismo a la rapiña corporativa de recursos de África, pasando por el racismo rampante. Con una sola respuesta pulveriza la visión de África que domina la literatura occidental : "Hoy abundan los libros que reducen mi continente a niños muertos de hambre y facciones siempre en guerra. Poco a poco, esos tópicos se superan, pero todavía persiste el estado mental que los ha creado. Me explico: ¿se han fijado en que las editoriales se apresuran a avisarnos de que una novela africana es 'no sólo un libro sobre África, si no de interés universal'? Es como si 'África' y 'universal' fueran términos excluyentes. Esa precisión no se hace nunca con novelas británicas o estadounidenses porque ya se da por hecho que son universales".

"También podemos recordar ¨El corazón de las tinieblas´, de Joseph Conrad. Allí África es una especie de continente ajeno, subhumano, donde los occidentales vienen a poner a prueba su valentía. Me parece una actitud típica de muchos libros. La diferencia hoy es que a los personajes africanos se les da una especie de dignidad políticamente correcta. Nadie nos llama salvajes, pero el contexto sugiere que lo somos. Me preocupa que autores como Ryszard Kapuscinski sean elevados al estatus de 'voz definitiva sobre África' cuando muchos africanos estarían en desacuerdo con esa descripción", denunció en 2009.

Machismo y dinero

Adichie está en camino de convertirse en una celebridad en Estados Unidos: escribe en el 'New York Times', Beyoncé recomienda su obra y Hollywood rueda una película sobre su última novela con Lupita Nyong'o como protagonista. A pesar de su enorme éxito, no ha rebajado el voltaje antiimperialista de su discurso. "Por un lado, Occidente señala que los africanos hemos tenido líderes horribles. Por el otro, oculta el hecho de que todo el dinero que esos dirigentes han robado al pueblo está a buen recaudo en bancos del Primer Mundo. Nos dan lecciones sobre libre comercio los mismos países que subvencionan a sus agricultores y granjeros para que sus precios sean más bajos que los nuestros y no podamos competir. Tampoco me gusta el enfoque de la ayuda humanitaria. Los africanos no tenemos por qué depender de sus regalos", afirma.

Tampoco me gusta el enfoque de la ayuda humanitaria. Los africanos no tenemos por qué depender de sus regalosEn 'Todos deberíamos ser feministas' intuye que la solución a algunos problemas grandes puede comenzar por gestos pequeños: "La forma en que criamos a nuestros hijos les hace un flaco favor. Reprimimos la humanidad de los niños. Definimos la masculinidad de una forma muy estrecha. La masculinidad es una jaula muy pequeña donde metemos a los críos. Enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Les enseñamos a ocultar quiénes son realmente, porque tienen que ser, como se dice en Nigeria, hombres duros. En secundaria, una chica y un chico salen juntos, sin apenas dinero en el bolsillo. Sin embargo, es el chico quién tiene que pagar siempre la cuenta, para demostrar su masculinidad. ¿Y si no enseñáramos a los chicos a vincular masculinidad y dinero? ¿Y si la actitud no fuera 'debe pagar el chico', sino 'que pague quien más tenga'?", propone en la página treinta y dos.

 

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