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El enigma más loco: ¿por qué hace mil años hubo multitudes que empezaron a bailar hasta morir?
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HISTORIA

El enigma más loco: ¿por qué hace mil años hubo multitudes que empezaron a bailar hasta morir?

"¿Tú sabes que esto ya pasó en el siglo XIII? ¿Tú sabes que en el siglo XIII, de repente, cientos de personas se pusieron a bailar?". El sociólogo Robert Bartholomew explica por qué

Foto: Un grabado que representa un episodio de coreomanía. (Wikimedia)
Un grabado que representa un episodio de coreomanía. (Wikimedia)

En el primer capítulo de la serie La ruta, el protagonista, un DJ de la ruta del bakalao, cuenta la historia de un extraño suceso que ocurrió en el año 1278 en algún lugar de Alemania. "¿Tú sabes que en el siglo XIII, de repente, cientos de personas se pusieron a bailar? Estaban encima de un puente, en el río Mosa, y eran tantos y bailaban tan fuerte que el puente se vino abajo. Pero ninguno de ellos intentó nadar: siguieron bailando, hasta que se ahogaron. Y a algunos los cogieron y los llevaron hasta san Vito, a una capilla. Y es por eso que se llama así, el baile de san Vito". Las crónicas de la época relatan cómo los afectados se arrancaban la ropa y bailaban desnudos en la calle. Cómo algunos gritaban y pedían que los lanzaran al aire. Cómo las mujeres aullaban y hacían gestos obscenos, mientras que hombres vestidos con ropajes llamativos chillaban como alimañas. Otros se revolcaban en el fango. Otros pedían que les fustigasen en las plantas de los pies. Los relatos más dramáticos aseguraban que algunos se murieron de la risa; es decir, que rieron hasta morir.

El del río Mosa fue uno de los múltiples casos documentados de frenesí bailongo en la Europa medieval. Durante más de cuatro siglos, de tanto en cuanto, los estallidos de coreomanía —así decidieron llamarla— se produjeron en distintos puntos de Alemania, Italia, Holanda, Abisinia —actual Etiopía—. En el tratado de 1844 Epidemias de la Edad Media, el médico alemán Justus Hecker describe un episodio ocurrido en Aquisgrán en 1374: "Grupos de hombres y mujeres (...) unidos en un delirio común exhibieron tanto en las calles como en las iglesias el siguiente espectáculo. Formaban círculos cogidos de las manos, habiendo perdido, aparentemente, todo el control de sus sentidos, y bailaban ignorando a los mirones durante horas, en un delirio salvaje, hasta que acababan derrumbándose en un estado de total agotamiento. Después se quejaban de una presión extrema y gemían como si agonizasen de muerte, hasta que los envolvían con paños apretados alrededor de sus cinturas, hasta que se recuperaban y recuperaban la normalidad hasta el siguiente ataque". Hechos similares se propagaron hasta Estrasburgo y por la cuenca baja del Rin.

Grupos de hombres y mujeres (...), unidos en un delirio común, formaban círculos con las manos y empezaban a bailar durante días o semanas

Pero, ¿qué provocó aquellos ataques? ¿Por qué aparecieron en el siglo XIII, se sucedieron durante 400 años para, finalmente, desaparecer? ¿Por qué, según cuentan las crónicas medievales, hubo grupos de gente que bailaron hasta morir? ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de literatura en el relato de aquellos extraños brotes? El sociólogo neozelandés Robert Bartholomew, especialista en histeria colectiva y pánicos sociales y profesor titular honorario de la Universidad de Auckland, responde a El Confidencial desde las antípodas.

"Normalmente se ve como una enfermedad psicogénica de masas, provocado por el estrés —suele ocurrir después de un brote de peste negra o una hambruna o unas inundaciones—, o como casos de intoxicación por cornezuelo —un hongo parasítico—, que es un hongo que contaminaba los cereales después de lluvias fuertes y que provocaban que la gente actuase de forma extraña", explica Bartholomew. "Son las dos principales tesis que siempre se han manejado para explicar los estallidos de coreomanía, conocida más popularmente como el baile de san Vito, en los que la gente bailaba desenfrenadamente para, supuestamente, hacer desaparecer los síntomas tanto del estrés como de la intoxicación. Pero yo no me lo creo".

Estos brotes ocurrían en periodos de epidemias, hambrunas, inundaciones o pestilencias, durante los que la gente buscaba el favor divino

La mayor parte de los tratados que estudian los brotes de san Vito dan por hecho que la mayor parte de los enfermos eran mujeres, un rasgo habitual en las enfermedades psicogénicas masivas. Pero Bartholomew, para su tesis Desviaciones exóticas: una medicalización de los modismos culturales. De la extrañeza a la enfermedad (University Press of Colorado, 2000), comprobó que la proporción, según las crónicas de la época, era paritaria. "Estos brotes ocurrían en periodos de epidemias o inundaciones o hambrunas o pestilencias —enfermedades epidémicas contagiosas—, durante los que la gente buscaba el favor divino. Había gente que iba en peregrinación, particularmente hasta lugares consagrados a san Vito [que es un santo auxiliador], y buscaban la merced divina para el año siguiente y la protección de los peligros que pudieran ocurrir".

Foto: Foto: Wikimedia

Los peregrinos eran gente que iba de ciudad en ciudad, buscando santuarios, gente que venía de otros lugares, tenía diferentes creencias y que, a ojos de la gente de aquellos vecinos, se comportaba de manera extraña. "Pero, simplemente, estaban mostrando diferentes creencias y ritos culturales", resume. "No eran brotes espontáneos en los que un grupo de gente se volvía loca y se ponía a bailar frenéticamente. No, había una estructura. Se levantaban por la mañana, se bañaban, comían y luego bailaban. En muchos de estos rituales se recurría al consumo de vino. Para buscar este favor divino se reunían en los santuarios para bailar durante días, hasta el agotamiento. Y tenían alucinaciones —las descripciones de algunas de estas alucinaciones son muy salvajes—. Algunas de estas reuniones acababan convirtiéndose en orgías masivas. Creo que muchos han malinterpretado estos exabruptos como enfermedades psicogénicas masivas, pero que simplemente eran rituales de cultos religiosos diferentes a los que estaban acostumbrados. Son, claramente, comportamientos rituales".

En su tratado, Hecker describe convulsiones epilépticas, desplomes, jadeos, dificultad para respirar, espumarajos por la boca y contorsiones. Posteriormente, empezaban a bailar contorsionándose. En las crónicas Canonicus ultrajectinus, et Wilhelmus Heda, praepositus Arnhemensis, de episcopis ultraiectinis, escritas en el siglo XIV, el cura e historiador holandés Johannes de Beke describe los brotes de la siguiente manera: "se expandieron a lo largo del Rin, como una extraña plaga en la que personas de ambos sexos, en grandes masas, bailaban y cantaban dentro y fuera de las iglesias hasta que estaban tan cansados que se desplomaban". Otra crónica del siglo XIV del historiador alemán Caspar Hedio habla de "una extraña enfermedad de san Juan que ataca hombres y mujeres y niñas y niños".

La plaga era de personas de ambos sexos que bailaban y cantaban dentro y fuera de las iglesias hasta que se desplomaban

Respecto a la idea de que la gente bailase hasta morir, Bartholomew lo discute. "No era habitual. Eran casos puntuales y extraños. Pero todo el mundo se centra en esos casos. La realidad es que antes la gente moría mucho más que ahora. Una infección era mortal y la esperanza de vida estaba por debajo de los cincuenta. En la Edad Media la gente moría a puñados", insiste. Al agotamiento de bailar durante días habría que sumarle el alcohol y las emociones fuertes, además de las posibles infecciones o enfermedades o hambrunas que habían asolado previamente el lugar. Morir de un infarto no parece tan descabellado. Además, insiste Bartholomew, los bailes no eran continuos. La gente bailaba, se agotaba, paraba y se recuperaba. Y eso no concuerda con un episodio de histeria colectiva o, como insiste Bartholomew, enfermedad psicogénica de masas.

Foto: Fuente: iStock.

"La gente les daba de comer y de beber y se implicaba con ellos", prosigue. De esa manera se ganaban la vida, itinerantes, de pueblo en pueblo. Pero, ¿de dónde venían estos peregrinos? "La mayoría eran de orígenes bohemios y checos y las descripciones de los brotes coinciden con rituales tradicionales de dicha zona en dicha época. Para mucha gente, estos rituales demostraban todo tipo de comportamientos inmorales, como enseñar los pechos, participar en actos sexuales, mostrando una moral laxa. En esa época, los checos y los bohemios eran conocidos por sus “comportamientos inmorales”. Eran conocidos por tener una sexualidad más liberal y porque la prostitución estaba más tolerada". Además, a pesar de la creencia común, la coreomanía no desapareció abruptamente, sino que se fue apagando, olvidándose gradualmente, "como desaparecen las tradiciones".

Esto sí que es psicogénico

En oposición, Bartholomew explica otros casos que sí fueron resultado de enfermedades psicogénicas masivas. Como el de "las monjas maulladoras". "A lo largo de la Edad Media hubo varios casos, en conventos de Europa y, particularmente, en Francia, de novicias a las que habían metido a la fuerza en el convento, obligándolas desde muy jóvenes a guardar los votos de pobreza y castidad. Y a pasar tiempo con algunos curas", apunta. "En la Edad Media, la gente consideraba a los gatos como familiares del demonio. Los temían. Las novicias, que sufrían con estos cambios muchos picos de estrés y de ansiedad, entraban en estados de trance y alucinaciones. Y las alucinaciones suelen reflejar los miedos de la época. Así que hubo muchos casos muy documentados de monjas que maullaban, como si estuviesen poseídas. Entraban en estados alterados de conciencia. Hubo tantos casos famosos que Aldous Huxley describió uno de ellos en su novela Los demonios de Ludón".

Las novicias entraban en estados de trance y alucinaciones y empezaban a maullar

En los años 50, también en Francia, en un pueblo pequeño hubo un aviso de contaminación del pan con cornezuelo. "La gente empezó a volverse loca. Tenían que atarlos a la cama. Gritaban, alucinaban. Había niños que se comportaban rabiosos, gritando y chillando. Pero, después de unas horas, volvían a la normalidad. Eso sería como beberse una botella de tequila, actuar como un borracho absoluto y, de repente, estar absolutamente sobrio".

También hubo un caso de enfermedad psicogénica en Estados Unidos, después del 11-S. "¿Recuerdas cuando tuvieron lugar aquellos envíos de cartas con ántrax?", pregunta. "Hubo un tipo de Maryland que entraba en el metro e iba rociando a los pasajeros con un spray. Más de una docena de personas empezaron a experimentar mareos, dificultades respiratorias, dolores de cabeza, vómitos, y los trasladaron rápidamente al hospital. Cuando arrestaron al tipo, analizaron el contenido del bote y era limpiacristales. Era inocuo".

Foto: Dos mujeres Masai con su traje tradicional hablando entre ellas en Tanzania (Fuente: iStock)

Más recientemente, en Nueva Zelanda, también ha documentado un caso similar. "En una escuela del norte de Wellington, la capital de Nueva Zelanda, en 2017, ocurrió el caso de que un avión voló muy bajo, cerca de los terrenos del colegio. A las aulas empezó a llegar un extraño hedor. Un niño dijo que había visto caer una especie de polvo desde el avión. Inmediatamente, tres docenas de niños se pusieron malos. A algunos los llevaron al hospital. Las autoridades investigaron el avión y al piloto, y no encontraron ninguna particularidad. Pero sí descubrieron que había lanzado un pedido a una granja de setas que estaba al lado del centro y que el hedor venía de allí. Fueron una serie de casualidades desafortunadas que desencadenaron un brote psicogénico".

Y Bartholomew cree que algo similar ocurre con los pinchazos en las discotecas. "Hay un estado de alerta generalizado por las informaciones sobre las violaciones. Por los casos en los que hombres han metido droga en las bebidas de las chicas. Las mujeres salen con su grupo de amigas. Tomas unas cuantas copas. La gente no suele tener una percepción clara de la cantidad de alcohol ingerida, normalmente. Empiezan a encontrarse mal. Y recuerdan haber hablado con algún chico. Y piensan en la posibilidad de que les hayan pinchado. Se miran los brazos y encuentran cualquier marca. Y van a la policía y no encuentran nada. Porque es muy difícil, por no decir imposible, clavarle a alguien una aguja a oscuras, entre la gente, e inyectarle una droga. Estos casos de enfermedad psicogénica masiva se producen por una sobreestimulación del sistema nervioso relacionada con las expectativas. Y se dan una serie de circunstancias en un momento que hace que se produzcan este tipo de brotes. Son producto de su tiempo".

En el primer capítulo de la serie La ruta, el protagonista, un DJ de la ruta del bakalao, cuenta la historia de un extraño suceso que ocurrió en el año 1278 en algún lugar de Alemania. "¿Tú sabes que en el siglo XIII, de repente, cientos de personas se pusieron a bailar? Estaban encima de un puente, en el río Mosa, y eran tantos y bailaban tan fuerte que el puente se vino abajo. Pero ninguno de ellos intentó nadar: siguieron bailando, hasta que se ahogaron. Y a algunos los cogieron y los llevaron hasta san Vito, a una capilla. Y es por eso que se llama así, el baile de san Vito". Las crónicas de la época relatan cómo los afectados se arrancaban la ropa y bailaban desnudos en la calle. Cómo algunos gritaban y pedían que los lanzaran al aire. Cómo las mujeres aullaban y hacían gestos obscenos, mientras que hombres vestidos con ropajes llamativos chillaban como alimañas. Otros se revolcaban en el fango. Otros pedían que les fustigasen en las plantas de los pies. Los relatos más dramáticos aseguraban que algunos se murieron de la risa; es decir, que rieron hasta morir.

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