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Miedo y asco en el paraíso mormón: un viaje criminal al corazón fundamentalista de EEUU
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Miedo y asco en el paraíso mormón: un viaje criminal al corazón fundamentalista de EEUU

Se acaba de reeditar 'Obedeceré a Dios', el libro de Jon Krakauer que se adentra en un crimen cometido en la comunidad radical mormona y que se convertirá en una serie de Disney +

Foto: Asamblea anual de la Iglesia de los mormones en EEUU. (Getty Images)
Asamblea anual de la Iglesia de los mormones en EEUU. (Getty Images)

En el verano de 1984, un suceso sacudió la pequeña localidad de American Fork, cerca de Salt Lake City, en el estado norteamericano de Utah. Una mujer y su hija de quince meses aparecieron muertas bajo espantosos signos de violencia. El 7 de agosto de aquel año eran detenidos Ron y Dan Lafferty, cuñados y tíos de las dos víctimas. El crimen rápidamente se convirtió en un show televisivo: los dos hermanos pertenecían a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una rama fundamentalista de los mormones, y ambos adujeron que aquello había sido un mandato divino. El primero, autor material de los asesinatos, fue condenado a muerte, el segundo, a cadena perpetua. El primero murió en la cárcel en 2019 sin llegar a ser sentenciado. El segundo aún sigue en ella.

Estos asesinatos y la posterior investigación policial se podrán ver próximamente en la serie ‘Por el mandato de Dios’, que estrenará Disney + y que protagoniza Andrew Garfield como el jefe de policía. Otro drama más de la sociedad estadounidense que parece seguir la estela de 'Dopesick', la serie que retrataba la cruel epidemia de los opioides y que ha dejado ya millones de muertos en el país. En gran parte está basada en la gran investigación que hizo el periodista Jon Krakauer —autor de otras obras magníficas como ‘Hacia rutas salvajes’— y que, más allá de los crímenes, hace un crudo retrato del fundamentalismo mormón en EEUU que rige comunidades —la mayoría en Utah, cerca de Salt Lake City— en las que la poligamia está permitida, las mujeres viven como esclavas dedicadas únicamente a la procreación y no está permitido ningún contacto con el exterior (está prohibida la televisión y el consumo de cualquier medio de comunicación). El libro, titulado ‘Obedeceré a Dios’, se publicó originalmente en 2003 y acaba de ser reeditado por Península.

placeholder 'Obedeceré a Dios', de Jon Krakauer.
'Obedeceré a Dios', de Jon Krakauer.

Krakauer se entrevistó con Dan Lafferty en la cárcel —a la cual consideraba su monasterio y no estaba en absoluto arrepentido de sus actos—, además de con mormones fundamentalistas y con otros que habían apostatado y habían sido expulsados de la iglesia. Todo ello para trenzar una panorámica de una comunidad que tiene millones de seguidores en el país —unas cuantos de decenas de miles entre los más radicales— y que, como dice el propio periodista, supera a la de los judíos. Y eso que es la más nueva: fue fundada en 1830 por Joseph Smith, quien procedía de una familia muy religiosa y supersticiosa —el metodismo y el presbiterianismo estaban muy presentes y todo lo que tiene que ver con temer a Dios—, que un día vio a un ángel que le dictó 'El libro del mormón' con todas las reglas que hoy continúan en la rama más radical. Al periodista le resulta fascinante que todo esto ocurriera “en una sociedad letrada, en la era de la imprenta”. “Gracias a los mormones, hemos tenido una oportunidad sin precedentes de apreciar (con asombroso detalle) la formación de una religión importante”, escribe. Y da bastante miedo.

Como los talibanes

En estos más de 170 años de religión, el mormonismo ha evolucionado. Uno de los avances más notorios fue la eliminación de la poligamia a principios del siglo XX. Sin embargo, hay un reducto que todavía sigue creyendo en ella como lo hacía Joseph Smith, de quien se dice que llegó a tener 48 esposas. Krakauer señala que aún quedan 30.000 mormones polígamos y que la cifra podría llegar a los 100.000. Ellos lo llaman “matrimonio plural”. Sin eufemismos, después de investigaciones y algunos casos muy cruentos, hay jueces que también lo han considerado pedofilia: muchas de las esposas son 'tomadas' cuando todavía son menores de edad.

placeholder Los hermanos Ron y Dan Lafferty, durante el juicio.
Los hermanos Ron y Dan Lafferty, durante el juicio.

Krakauer da cuenta de ello con hechos que sucedieron tanto antes como después de los asesinatos de los Lafferty. Habla así de la época de Rulon Jeffs, al que se consideró su profeta durante décadas. Muchos pensaban que era inmortal, pero murió en 2002. Le sucedió Warren Jeffs, uno de sus 62 hijos, que en 2011 acabó condenado a cadena perpetua por delitos de pedofilia (una de sus esposas tenía 15 años y la otra 12).

“La vida en Colorado City bajo el mando de Rulon Jeffs guarda más una semejanza paralela con la vida en Kabul bajo los talibanes”, escribe Krakauer. Como suele suceder con este tipo de sociedades, lo importante era el control sexual (de las mujeres). La poligamia era fuertemente defendida a la vez que se perseguía la homosexualidad y tener relaciones con personas de raza negra bajo pena de muerte en el acto. Por supuesto, al Estado se le tenía como el gran malvado al que había que defraudar como fuera.

"La vida en Colorado City bajo el mando de Jeffs guarda más una semejanza paralela con la vida en Kabul bajo los talibanes", escribe Krakauer

Y, sin embargo, Krakauer destapa la letra pequeña de la que nunca hablaba este líder, pero sí le beneficiaba: como la poligamia no es legal en EEUU, en realidad, los hombres solo se casaban con la primera esposa y el resto eran “esposas espirituales” que pronto se convertían en madres solteras que obtenían las ayudas públicas reguladas para estos casos. En total, la comunidad radical mormona recibía al año seis millones de dólares procedentes de los fondos públicos. En concreto, los habitantes de Colorado City obtenían ocho dólares por cada dólar pagado en impuestos, mientras que en el resto se percibía un dólar por dólar pagado. Pero el Estado era el gran malvado.

Casos de pedofilia

El crimen de los Lafferty es uno de los más conocidos perpetrados por los radicales, pero no han dejado de acometerse sucesos espeluznantes. Como el del clan Kingston, en el que un padre obligó a su hija menor a casarse con su tío. La historia se conoció después de que ella escapara tras una brutal paliza y llamara a la policía. El tío fue condenado a 10 años de cárcel y el padre a 28 semanas. Esto ocurría en 1999.

placeholder Fotograma de la serie 'Por mandato de Dios', con Andrew Garfield.
Fotograma de la serie 'Por mandato de Dios', con Andrew Garfield.

Aquel mismo año, un hombre de 54 años aparecía en televisión ufanándose de que todas las mujeres con las que se había casado eran solo unas niñas. La más pequeña se había quedado embarazada con 13 años. Y el hombre estaba ahí, en uno de esos programas matinales que son tan consumidos, contando la historia como si fuera normal. Es más, aquella niña era la hija de otra de sus esposas, que también lo veía todo de lo más natural. Por fortuna, el fiscal del condado, David O. Leavitt, vio aquella mañana la televisión y se quedó estupefacto, por lo que decidió denunciarlo por pedofilia. En las investigaciones, además, se supo que Green recibía enormes cantidades de ayuda social: 647.000 dólares, 203.000 dólares como vales para alimentos y casi 300.000 en gastos médicos y dentales. El fiscal ganó el juicio, pero Green solo fue condenado a cinco años de cárcel. Y en cuanto hubo otras elecciones, el fiscal fue despojado de sus cargos.

El libro de Krakauer culmina a finales del siglo XX. Es un gran reportaje sobre a donde puede llevar el radicalismo religioso y cómo puede desquiciar a una sociedad. Hoy los crímenes continúan. Si se accede a la hemeroteca digital hay numerosos casos de abusos sexuales a menores judicializados. Fuera de esta secta, el Tribunal Supremo de EEUU acaba de aprobar que el aborto no un derecho protegido por la Constitución. Todo siempre bajo el paraguas de la obra y gracia de Dios.

En el verano de 1984, un suceso sacudió la pequeña localidad de American Fork, cerca de Salt Lake City, en el estado norteamericano de Utah. Una mujer y su hija de quince meses aparecieron muertas bajo espantosos signos de violencia. El 7 de agosto de aquel año eran detenidos Ron y Dan Lafferty, cuñados y tíos de las dos víctimas. El crimen rápidamente se convirtió en un show televisivo: los dos hermanos pertenecían a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una rama fundamentalista de los mormones, y ambos adujeron que aquello había sido un mandato divino. El primero, autor material de los asesinatos, fue condenado a muerte, el segundo, a cadena perpetua. El primero murió en la cárcel en 2019 sin llegar a ser sentenciado. El segundo aún sigue en ella.

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