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La orquesta ucraniana que toca en la cena de la OTAN: "Putin ha usado la música como arma"
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en el museo del prado

La orquesta ucraniana que toca en la cena de la OTAN: "Putin ha usado la música como arma"

Horas antes de actuar en la cumbre de la OTAN, los músicos de la Orquesta Sinfónica de Kiev han participado en un encuentro con alumnos de la Escuela Reina Sofía

Foto: Un músico de la Orquesta Sinfónica de Kiev. (Darius Kulesza)
Un músico de la Orquesta Sinfónica de Kiev. (Darius Kulesza)

Cuando los músicos de la Orquesta Sinfónica de Kiev hablan de la guerra que asola su país, lo hacen desde el oído. "Aprendes a reconocer cada sonido, porque a veces tu vida depende de ello", comenta uno de ellos. Saber reconocer una alarma, dónde ha caído un misil o cuán cerca está una explosión. En muchos casos, la guerra suena y hay que saber escucharla. Sentados unos frente a otros en un aula de la Escuela de Música Reina Sofía de Madrid, coinciden en que el estruendo, como la música, también guarda un ritmo. "Después de disparar, la artillería emite un sonido parecido al de la 'trembita' [un instrumento de viento ucraniano, parecido a la trompeta]". Quien habla es Oleksii Pshenychnikov, un joven delgado, de pelo largo y rubio, que ejerce de segundo violín en la Orquesta Sinfónica de Kiev. Junto al resto de la formación y su director, acaba de llegar a Madrid para tocar en la cena de la cumbre de la OTAN, en el Museo del Prado. Al poco tiempo de iniciarse los ataques rusos, estos músicos ucranianos han llevado las obras de compositores ucranianos a las salas más importantes del mundo, en una gira benéfica llamada 'La Voz de Ucrania'.

Los jóvenes han participado en un encuentro con alumnos ucranianos de la Escuela Reina Sofía, unas horas antes de tocar ante los líderes mundiales reunidos en Madrid por petición del Gobierno de España. "Una guerra también es cuestión de sonidos. Desde mi casa, escuchaba helicópteros, misiles, bombas... De todo", recuerda Oleksii ante el resto de músicos. "Fuera del conflicto, es difícil replicarlo. Cuando estaba en Alemania, había un puente con una pequeña separación al llegar a tierra. Los coches pasaban y se golpeaban. Si cerraba los ojos debajo del puente, podía volver a aquello". El resto de jóvenes asienten al escuchar el relato. Cuando estalló el conflicto, la mayoría se encontraban en Kiev, estudiando o viviendo de la música. Cinco meses después del primer ataque, ni el estruendo ni la música han vuelto a ser lo mismo.

placeholder La orquesta sinfónica. (Darius Kulesza)
La orquesta sinfónica. (Darius Kulesza)

Oleksii le pregunta a otra joven si sus padres "están evacuados y vivos". Olga Syniakova le responde desde el otro lado de la sala: habla con ellos casi a diario, por teléfono. Estudia canto lírico en la Reina Sofía y llama de Madrid a Dnipro, una ciudad ucraniana cercana a la frontera rusa. "Es que mis padres se sorprenden por la tranquilidad que escuchan al otro lado del teléfono. Me dicen: 'Qué bien se escucha, aquí tenemos el ruido constante de la guerra'. La gente no tiene descanso mental ni físico, les duele el alma y todo el cuerpo. Incluso a mí me salieron canas, es una situación de mucho estrés".

Ante los líderes de la cumbre de la OTAN, la Orquesta Sinfónica de Kiev interpretará un programa íntegramente ucraniano. La primera Sinfonía de Maksym Berezovsky y la 'Melodie en do menor' de Myroslav Skoryk. "La sinfonía de Berezovsky fue una de las primeras piezas oficiales escritas en estilo clásico. Fue contemporáneo de Mozart y estudió con uno de sus maestros. Me parece significativo tocar esta pieza ante los líderes de la OTAN, porque muestra la estrecha relación entre la música clásica occidental y el papel de Ucrania en ella desde sus inicios", explica el director de la Orquesta, el italiano Luigi Gaggero. "Esto nos hace pensar que, antes de dar cualquier respuesta política, es necesario preguntarse quiénes somos, cuáles son nuestros valores y tradiciones. Creo que una de las primeras respuestas esto, y especialmente en situaciones de crisis, está en el arte. Tenemos que escuchar nuestra música y, después, decidir hacia donde queremos ir".

Desde que comenzó la invasión rusa, Gaggero y los músicos de la Sinfónica de Kiev no han dejado de tocar. Y, ante un conflicto que ocupa la mente de todos ellos, todos se han volcado en su 'guerra' particular: la de mostrar al mundo la tradición musical de su país. "La mayoría de las familias de mis amigos músicos están en peligro de muerte o han muerto. Lo que me ha sorprendido es que, en el momento del ensayo o del concierto, todo esto no es un obstáculo para la concentración. Ellos llevan todas las preocupaciones a cada sonido. Creo que ha sido una terapia para todos, porque la música ha transformado el miedo y el dolor individual en algo simbólico, universal, que nos toca a todos".

"Escuchar a Tchaikovski me da malas sensaciones"

La Orquesta Sinfónica de Kiev no incluye en su programa a compositores rusos en este momento. "Hay una anécdota en la que Nikita Kruschev le confesó a la famosa bailarinia Maya Plisétskaya que, cada vez que escuchaba 'El lago de los cisnes', le daban náuseas porque soñaba con tanques y bailarinas. Incluso él relacionó la música de Chaikovski, que se usaba en todo acto oficial, con la guerra. Este no es el momento para nosotros de interpretar compositores como Chaikovski. Sobre todo, porque Putin ha usado la cultura como su arma y su coraza", opina la directora artística de la orquesta, Liubov Morozova.

Foto: Pedro Sánchez y Joe Biden. (EFE/Ballesteros)

"Cuando escucho a Chaikovski ahora, no tengo buenas sensaciones. No es por su música, sino por el significado imperialista que se le ha dado", apostilla otro de los músicos. Para Iuliia Nieporoahnieva, violista de la Sinfónica de Kiev, llevar la música de su país al resto del mundo es su "misión como músicos ahora mismo". "Si un país no tiene música o tradición no es lo mismo. Ahora estamos luchando por nuestra independencia y libertad, así que es nuestra manera de proteger nuestro país: mostrando nuestra música y nuestros compositores".

Para el director de la orquesta, esta gira de conciertos es una oportunidad para ligar ética y estética, y dar una respuesta artística al conflicto. "Pero esto no debería reducirse a una situación de guerra. Lo que he aprendido de mis músicos es la necesidad real de tocar en una emergencia. Esto cambiará mi vida para siempre".

Cuando los músicos de la Orquesta Sinfónica de Kiev hablan de la guerra que asola su país, lo hacen desde el oído. "Aprendes a reconocer cada sonido, porque a veces tu vida depende de ello", comenta uno de ellos. Saber reconocer una alarma, dónde ha caído un misil o cuán cerca está una explosión. En muchos casos, la guerra suena y hay que saber escucharla. Sentados unos frente a otros en un aula de la Escuela de Música Reina Sofía de Madrid, coinciden en que el estruendo, como la música, también guarda un ritmo. "Después de disparar, la artillería emite un sonido parecido al de la 'trembita' [un instrumento de viento ucraniano, parecido a la trompeta]". Quien habla es Oleksii Pshenychnikov, un joven delgado, de pelo largo y rubio, que ejerce de segundo violín en la Orquesta Sinfónica de Kiev. Junto al resto de la formación y su director, acaba de llegar a Madrid para tocar en la cena de la cumbre de la OTAN, en el Museo del Prado. Al poco tiempo de iniciarse los ataques rusos, estos músicos ucranianos han llevado las obras de compositores ucranianos a las salas más importantes del mundo, en una gira benéfica llamada 'La Voz de Ucrania'.

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