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Te presento gente por un millón de euros
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MALA FAMA

Te presento gente por un millón de euros

De esos 10,8 M, cinco son para el hombre que sabe chino, latín, cómo se traen toneladas de cosas por el aire desde el otro lado del mundo y cómo se ponen los paquetes boca arriba si son frágiles

Foto: Ilustración: CSA/EC Diseño.
Ilustración: CSA/EC Diseño.
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Como usted trabaja por dinero, cree que trabajar tiene algo que ver con hacerse millonario. Es un error común. Uno se hace millonario esperando el momento justo para trabajar, que suele ser una tarde cualquiera durante cinco minutos agarrado al teléfono. El millonario, fatalmente, está condenado a la incomprensión, y es muy duro no ser comprendido, sí, porque, con tanto cero en la cuenta, de la soledad sale como un eco obsceno, muy desagradable. Hoy he venido con toda mi buena fe a entender a los ricos, sobre todo a los que saben a quién hay que llamar por teléfono una tarde cualquiera.

El caso es conocido y breve de contar, y es bueno verlo todo dibujado en un solo párrafo. No pongo nombres porque esto no es información, sino un caso humano arquetípico que debe servirle a usted para ir a trabajar por 1.400 euros al mes más contento. Mucho más contento.

Es sencillo. A España llega el coronavirus, muere gente por millares y no hay material sanitario. Las administraciones públicas viven desesperadas tratando de conseguirlo. Dicen que lo hay por toneladas en China. Extrañamente, nadie en la Administración pública sabe dónde queda China, cómo se habla con los chinos o cómo se mueve un avión de China a Madrid. Un tipo —esa tarde tonta que les digo— asiste a este espectáculo con enorme sentido patriótico: piensa que puede hacer algún dinero. Sucede que conoce a otro tipo que sí sabe cómo se compran cosas a los chinos. Así que consigue el teléfono de la responsable de Compras del Ayuntamiento de Madrid y le dice eso mismo: conozco a un tipo que comercia con China. Cuelga y gana instantáneamente un millón de euros. Solo podemos decir una cosa: olé.

Foto: Luis Medina. (Getty)

El Ayuntamiento de Madrid gasta 10,8 millones de euros en esa compra masiva de mascarillas y guantes. De esos 10,8 millones, cinco millones son para el hombre que sabe chino, latín, cómo se traen toneladas de cosas por el aire desde el otro lado del mundo y cómo se ponen los paquetes boca arriba si son frágiles. No es poco saber, ese. Otro millón, va dicho, es para el patriota de la llamada de cinco minutos. O sea, más del 50% del dinero gastado en esta compra brutal de material sanitario no abona material sanitario alguno, sino el hecho de que dos personas, si no se les gratifica en esas cantidades, no te van a ayudar a conseguir el material sanitario imprescindible para que dejen de morir a tu alrededor miles de personas en las siguientes semanas.

Es todo impresionante, con un fondo moral, yo diría, luminiscente.

El hombre del millón de euros —al que no cito a) porque no me da la gana, b) porque va a salir libre de cargos con toda seguridad, c) porque todos sabemos que este caso son en realidad decenas de casos que, salgan a la luz o no, ocurrieron en aquellos días—, el hombre del millón de euros, digo, ha concedido varias entrevistas. En la que recogió este periódico no dejaba lugar a dudas sobre la facilidad de su enriquecimiento: “Simplemente, llamé y le dije que podíamos conseguir material sanitario. Eso fue lo único que hice. No hice nada más”. Noten la insistencia en que ustedes entiendan que para ganar un millón de euros tampoco hay que matarse. Es tan sencillo como hacer una llamada.

Noten la insistencia en que ustedes entiendan que para ganar un millón tampoco hay que matarse. Es tan sencillo como hacer una llamada

En esta necesidad verdaderamente conmovedora de ser comprendido, el tipo del millón de euros explica su millón de euros: “Es el 8% del contrato. Es una comisión normal de intermediación, que se cobra muchas veces. Por supuesto, no es ilegal”.

Yo me quedo mucho más tranquilo sabiendo que no es ilegal. Con todo, me apetece darle unas vueltas al asunto.

Primero, tenemos a un señor, hijo de duque y supermodelo, con un tren de vida elevado, que considera “normal” cobrar un millón de euros de dinero público por darle a la Administración la posibilidad de salvar vidas. No se lo ocurre, qué sé yo, hacerlo gratis. A fin de cuentas, no le cuesta nada la llamada, el millón no le saca de pobre dado que es rico y quizá pueda fardar de ello dentro de unos años: soy un patriota, ayudé cuando más se me necesitaba. No. O sea, no.

Foto: Luis Medina. (Gtres) Opinión

Con su millón de euros, ¿cuántas mascarillas, guantes y respiradores podrían haberse comprado? ¿Y con los cinco millones que cobró su amigo?

Por otro lado, tenemos a la Administración pública, una señora en concreto responsable de Compras en el Ayuntamiento de Madrid. Como responsable de Compras, resulta que no tiene ni la menor puta idea de cómo se compran cosas en China, y basta con que cualquier fulano la llame por teléfono para que, muerta de agradecimiento, le dé un millón de euros (y cinco al amigo) del dinero de todos. ¿No hay listados en el ayuntamiento de proveedores de todo tipo? ¿Se esconden bajo las piedras los empresarios españoles que comercian con China? ¿No funcionaba Google en el Departamento de Compras y no se pudieron teclear los criterios de búsqueda siguientes: 'compra-venta con China'? Pues parece que no.

Con un millón, ¿cuántas mascarillas, guantes y respiradores podrían haberse comprado? ¿Y con los cinco millones que cobró su amigo?

Después de este abracadabrante acuerdo comercial donde la mayor parte del dinero (10,8 millones de euros) va a manos de gente que, si no se lo das, deja morir de coronavirus a todo un país si hace falta, viene el estrambote. O sea, el gasto de las comisiones.

Uno sabe que un dinero no es decente cuando se dilapida de forma tan rápida como se ha conseguido. Hay ahí una lógica que ustedes, en efecto, no pueden comprender. Es dinero, sí, pero de otro tipo. Es dinero gratis, llovido del cielo, y debe volver al cielo, a circular por el espacio sideral del lujo. Hay que quemarlo, violentarlo y humillarlo, no es dinero sudado, trabajado, ganado poquito a poco. Es dinero de más, ridículo, gracioso, de exhibirse con putas y champán. De ese dinero hablamos.

Cuando uno roba para comer, es pobre; cuando uno roba para champán, es rico. Y obviamente roba mucho más.

Foto: El empresario Luis Medina, comisionista de la trama, y el alcalde Almeida (EFE/Hidalgo)

Comprar un yate o un Mercedes no se hace por tener un yate o un Mercedes, sino por quitarse de encima un millón de euros. Hay que hacer sitio al siguiente millón de euros, amigos. No lo vas a tener en el banco, no vas a ir puerta a puerta por Pan Bendito dando 5.000 euros a cada vecino miserable. Tampoco tienes agujeros que tapar, como dicen los agraciados navideños. Esta es otra Navidad, otra lotería, otro mundo donde no se llora porque suba la luz. El que cobró cinco millones de euros se gastó un millón de euros en siete coches, del tirón.

Es el mundo maravilloso de los millonarios, automovilístico. Un mundo donde el dinero no significa nada.

Como usted trabaja por dinero, cree que trabajar tiene algo que ver con hacerse millonario. Es un error común. Uno se hace millonario esperando el momento justo para trabajar, que suele ser una tarde cualquiera durante cinco minutos agarrado al teléfono. El millonario, fatalmente, está condenado a la incomprensión, y es muy duro no ser comprendido, sí, porque, con tanto cero en la cuenta, de la soledad sale como un eco obsceno, muy desagradable. Hoy he venido con toda mi buena fe a entender a los ricos, sobre todo a los que saben a quién hay que llamar por teléfono una tarde cualquiera.

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