ARCO no defrauda: de la reivindicación del 'Gernika' de Ibarrola a un visón disecado
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ARCO no defrauda: de la reivindicación del 'Gernika' de Ibarrola a un visón disecado

La feria abrió ayer para los coleccionistas una edición con menos galerías, sin mucha polémica y con las obras extravagantes de todos los años

placeholder Foto: La versión del 'Guernika' de Agustín Ibarrola (EFE)
La versión del 'Guernika' de Agustín Ibarrola (EFE)

Para los que no somos duchos en arte contemporáneo, ARCO nunca defrauda. Siempre hay algún objeto extravagante y sorprendente. ¿Esas sandías en la escultura de Tony Matelly de la galería Malborough son de verdad? ¿Y esos monopatines de la galería Wilde qué pintan? ¿Y esa cosa colgada como con cinturones, también en Wilde, qué es? Sucede con pandemia y sin pandemia, con más aforo o con menos, como este año en el que se nota más espacio, más sosiego -y se agradece. ARCO siempre es ARCO. Por ahí hay también algunos Picasso, Antonio Saura, María Blanchard, Maruja Mallo… esos artistas que, con un poco de cultura general, sí se tienen ubicados. Y, luego la polémica nuestra de cada año, aunque esta vez hay poco que llevarse a la boca para un periodista: no hay ni Francos ni reyes ni presos políticos. La galerista Helga de Alvear sí ha llevado unas fotos de Santiago Sierra sobre ex combatientes en guerras, pero esta vez no darán ni medio titular.

Sin los sospechosos habituales para crear controversia, el papelito (porque tampoco es para tanto) le ha tocado al ‘Guernika gernikara’ de Agustín Ibarrola, que se expone en la galería José de la Mano, nada más entrar al pabellón siete a la izquierda. Fue una pieza que creó el artista vasco en 1977 para pedir que el mítico cuadro de Picasso, que se encontraba en el MoMA de Nueva York, se expusiera en Gernika. En la obra se pueden ver imágenes de manifestaciones, la represión policial y, como cuenta el propio galerista De la Mano a este periódico, “los barrotes de la cárcel que representan el sonido que escuchaba Ibarrola, que estuvo en prisión por su militancia de izquierdas, cada vez que pasaban los guardias y daban con la porra en los barrotes todas las noches. Ese sonido se le quedó grabado”. En 1981, cuando el ‘Guernika’ regresó, pero al Casón del Buen Retiro, en Madrid, Ibarrola guardó su pieza en su taller y no se ha vuelto a sacar hasta ahora en ARCO. El precio no se ha querido hacer público. “Es secreto de sumario porque hay tres instituciones interesadas y lo estamos valorando”, es lo único que confirma el galerista.

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Fotografías de Santiago Sierra, de la Galería Helgar de Alvear (EFE)

Siguiendo por el pabellón siete, entre piezas llamativas y cuadros que dan una sensación de deja vu, una se topa con artistas que valen su peso en oro. O, mejor dicho, en unos cuantos miles de euros. Por ejemplo, en la galería Guillermo de Osma hay obras de Esteban Vicente, Richard Serra, de Maruja Mallo (48.000 euros) y María Blanchard (80.000 euros); en la de Leandro Navarro figura un pequeño (por la dimensión) Picasso, ‘Verre, paquet de tabac, carte a jouer’ (1919) que cuesta 780.000 euros. Esto es de lo más caro que debe haber por aquí, ¿no?, le digo a una de las personas que trabajan en la galería. No, no, debe haber obras de más de dos millones por aquí, contesta. De hecho, 1,3 millones de euros es el precio de '2a blanca (Gran escultura blanca nº2)', de Jesús R. Soto. La pieza, un soporte blanco en forma cuadrangular, está realizada en pintura, nylon y metal sobre madera, y forma parte de la Galería Cayón. En Lelong hay una cabeza de Jaume Plensa (otro que no falta nunca a la feria) por 400.000 euros. Esto es ARCO también.

Cabeza de sandía

Siempre que hay un corrillo de gente pienso que ahí hay algo importante porque la gente que va a ARCO sabe de arte contemporáneo y de nuevas tendencias. Esto ocurre en Malbourough, una de esas galerías por las que siempre hay que pasar. Hay mucha gente -muchas mujeres, por cierto- y en medio una escultura griega adornada con una sandía a modo de cabeza y varias rodajas por el suelo. Todo parece comestible. Pero me explican que no. Es una obra del artista Tony Matelly, mano de derecha de Jeff Koons, el creador del Puppy del Guggenheim entre otras conocidas piezas de óxido inoxidable que parecen hechas con globos. La escultura se llama ‘Hera’, como la diosa, y juega a contraponer lo imperecedero con lo perecedero. Todo es de resina. No se come. Se admira y se compra por unos 200.000 euros.

placeholder Mandy 2020, de Rebeca Akroyd
Mandy 2020, de Rebeca Akroyd

Cerca de allí, en la galería Pere Projects, de Berlín, hay otra escultura que hace girar los ojos. Es ‘Mandy 2020’, de la británica Rebeca Akroyd. Es enorme. Casi tan grande como el ‘Señor afeitándose’, de Rafa Macarrón, artista madrileño que antes fue ciclista y que ahora se rifan las galerías de San Francisco, Miami y Nueva York. Su señor afeitándose con cuadro-espejo incluido y que parece una pieza para una película de animación cuesta 60.000 euros en la galería Juan Silió. Hay que decir que en ARCO puede haber piezas pequeñas, pero si hay algo relevante siempre es gigante.

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'Señor afeitándose', de Rafa Macarrón

Cuando se está a punto de abandonar el pabellón siete aparece la galería austriaca Georg Karl Fine Arts. Un toque muy vienés con la obra del artista estadounidense Mark Dion al que le interesan los conceptos zoológicos, el mundo natural… y el mundo natural muerto. MIrada etnográfica hacia patos y visones. ¿Es real? Sí, claro, pero muerto, disecado. Ah, ok.

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La visiones sobre la naturaleza en el arte de Mark Dion

Las creaciones durante la pandemia

La pandemia y los meses de confinamiento también se han dejado notar en las nuevas creaciones. Por ejemplo, en la galería alemana Pere Projects se expone un lienzo del mexicano Manuel Solano que a muchos y muchas recordará a cuando buscaban un vídeo en YouTube con una clase de pilates (o de yoga o de zumba o de GAP). Colocaban la esterilla (o una suerte de ella) en el salón y los 30 minutos de ejercicio. Eso es ‘Pilates 2021’ de Solano. La curiosidad es que este artista es ciego tras una complicación de una enfermedad debido al VIH. Como explican en la galería, pinta gracias a la memoria y a una aplicación que le va indicando. Y el resultado es realmente asombroso.

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Pilates, de Manuel Solano

Otra pieza pandémica, ya en el pabellón nueve, es el cuadro de Simeón Saiz Ruiz en la galería F2 a partir de una fotografía de Chema Barroso publicada en Madridiario el 4 de mayo de 2020. Tampoco se olvidan aquellas imágenes. En esta aparece una muchedumbre de personas -con y sin mascarilla- cruzando el puente de Segovia en Madrid. El título de la obra lo dice todo: “Madrid durante el primer fin de semana después del confinamiento”. La calle y aquellos paseos interminables y el darnos cuenta de cuántos habitamos esta ciudad.

placeholder 'Madrid durante el primer fin de semana después del confinamiento', de Simeón Saiz Ruíz
'Madrid durante el primer fin de semana después del confinamiento', de Simeón Saiz Ruíz

Casi también como una obra icónica de ARCO es la cabellera roja de la galerista Juana de Aizpuru, que está sentada charlando amigablemente en su galería (aunque ha dicho que esta edición de ARCO no se debería haber celebrado). Allí se pueden encontrar obras gráficas desde los 100 euros, una miseria en ARCO. Precios populares para celebrar los 50 años en el negocio del arte. Y luego están los transeúntes. Vestidos iconoclastas, casi como una obra andante. Ya desde el metro una reconoce quién, con toda seguridad, va a la feria. Dicen que ha empezado todo bastante bien, que hay ventas, y que la gente quería venir ya a una feria presencial, que había cansancio de pantallas. Hay un informe, el de McAndrew de 2021, que lo atestigua: el 48 % de los coleccionistas encuestados estaban dispuestos a asistir a ferias presenciales en los primeros seis meses de 2021, el 68 %, en el tercer trimestre del año y el 80 % en el cuarto. Para finales de año ya hay unas cuantas (Art Basel en Basilea, por ejemplo) programadas.

placeholder La artista Mónica Mura con la obra 'La nueva armadura', en la edición de Arco 2021
La artista Mónica Mura con la obra 'La nueva armadura', en la edición de Arco 2021

Ayer, ARCO en Madrid se convirtió en la segunda en abrir en Europa. Lo hizo con los cambios debido al coronavirus pero con esa sensación de que, de alguna manera, la vida sigue igual.

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