SERIE DE LA BBC

Opositores muertos, atentados sin resolver: las cloacas más sucias de la Rusia de Putin

La serie documental 'Putin: de espía a presidente', disponible en Movistar+, analiza los aspectos más oscuros de un político que ha protagonizado una deriva autocrática

Foto: Un carné del Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi) de la época de Putin como espía en Dresde. (BBC)
Un carné del Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi) de la época de Putin como espía en Dresde. (BBC)

Cuando Vladímir Vladímirovich Putin llegó al poder en Rusia, muchos tuvieron que buscar su nombre en las hemerotecas. ¿Quién era ese hombre de ojos alicaídos que, salido de la nada, había conseguido el favor de un Boris Yeltsin tan decadente que pasaba más tiempo levantándose de traspiés —físicos y simbólicos— que erguido en su puesto de presidente de la todavía adolescente Federación Rusa? Veinte años después de su llegada al poder, ya nadie discute el peso de Putin, cuyo país ha conocido más tiempo bajo su gobierno que sin él. Su sombra es alargada, no solo en el ámbito nacional, sino también en el internacional, donde su forma autoritaria y oscura de mando ha vuelto a poner a Rusia en el tablero geopolítico el un rol principal. Varios documentales han explorado el reverso de su biografía oficial, entre ellos el de 'Putin's Witnesses', del documentalista ucraniano Vitalu Mansky, quien acompañó con su cámara al político durante su primera campaña y el primer año de mandato. Hoy, como muchos de aquellos que ascendieron junto a Putin en sus primeros años, permanece a la misma distancia de seguridad preventiva que muchos de sus opositores.

Veinte años después de llegar al poder, Putin podría estar solo a mitad de su mandato. A pesar de que la Constitución rusa prohíbe —prohibía— que un presidente permaneciese más de ocho años seguidos en el cargo —por lo que tuvo que dar el relevo a Dimitri Medvédev de 2008 a 2012—, el pasado julio, en plena pandemia, Rusia votó a favor de una reforma constitucional que abre la posibilidad de que Putin continúe en el cargo hasta 2036. Las acusaciones de su injerencia en las elecciones estadounidenses, el Brexit, la guerra de Siria han colocado a quien comenzó su carrera política como asesor del alcalde de San Petersburgo en un marionetista que ha creado una nueva forma de hacer política y que ha dado lugar a sosias del estilo de Erdogan y Duterte, y ha hecho que el peso del 'poser' se escore hacia Oriente.

Mansky es solo una de las voces que participan en la serie documental de la BBC 'Putin: de espía a presidente', disponible en España a través de Movistar+ y cuyo último capítulo se ha emitido este jueves. Desde la perspectiva que da la distancia —espacial y temporal—, la serie cuenta con los testimonios de muchos de sus conocidos caídos en desgracia y que ahora viven en el exilio, como Marina Litvinenko, viuda de Alexander Litvinenko, envenenado con polonio en un café de Londres en 2006. Entre imágenes de archivo y testimonios a cámara, la serie traza un retrato del hombre más influyente de Rusia, un hombre hecho a sí mismo que nació en el seno de una familia muy pobre de Leningrado, actual San Petersburgo.

Una foto de archivo de Putin. (Movistar)
Una foto de archivo de Putin. (Movistar)

"Me pasó dos veces y exactamente de la misma forma. Estaba en Moscú y, de repente, empecé a encontrarme mal. Me vi totalmente incapacitado", cuenta Vladimir Kara-Murza, periodista y opositor, quien tiene la suerte de haber sobrevivido a dos intentos de envenenamiento en los últimos cinco años. "No podía respirar, mi corazón iba a mil y mis órganos vitales empezaron a fallar uno a uno. Recuerdo que las dos veces pensé: 'Es el fin'". "En las últimas dos décadas ha habido una mortalidad sospechosamente alta de personas que se han opuesto al régimen de Putin: periodistas, activistas proderechos, personalidades políticas y de la sociedad rusa, una mortalidad que ningún modelo estadístico normal pueda explicar".

No tuvieron tanta suerte como él la periodista Anna Politkóvskaya ni el magnate Borís Berezovski, quienes murieron en extrañas circunstancias. La mayoría de quienes aquí le retratan lo definen como un autócrata de carácter vengativo, un hijo de su educación, que no es otra que la de un agente secreto del KGB. En su juventud, Putin trabajó como espía de la KGB-Stasi en Dresde, Alemania Oriental.

En las últimas dos décadas ha habido una mortalidad sospechosamente alta de personas que se han opuesto al régimen de Putin

Una de las anécdotas que mejor resume la compleja personalidad del mandatario tuvo lugar el mismo día de su elección como presidente. Fue un 26 de marzo de 2000, cuando las urnas dieron como ganador a Putin, sucesor designado de un Yeltsin que había abogado —inexplicablemente para muchos analistas entonces— por él. Como recuerda Tatyana Yumasheva, hija y asesora de Yeltsin, cuando su padre quiso felicitar a Putin por su victoria no consiguió que el nuevo presidente le cogiese el teléfono. Y nunca le devolvió la llamada. Ni siquiera esperó un día para apuñalar a su padre político.

Una foto familiar de Putin antes de llegar al poder. (Movistar)
Una foto familiar de Putin antes de llegar al poder. (Movistar)

Fue al poco de llegar a la presidencia cuando Putin mostró públicamente su falta de compromiso con la verdad, según analistas y políticos que participan en la serie, cuando tuvo que gestionar el hundimiento del submarino Kursk, que acabó con 118 marineros muertos tras negarse Rusia a aceptar ayuda extranjera para reflotar la nave. El documental indaga en la forma de hacer política de un hombre que se ha perpetuado en el Gobierno como ningún otro mandatario de las principales potencias elegido democráticamente. Muchos de los entrevistados lo acusan de haber replicado las maneras de la mafia dentro del Kremlin, con un control absoluto del aparato —como dice el dicho ruso, "el pescado se pudre de la cabeza a la cola"—, amañamiento de las elecciones y tácticas criminales para acabar con voces disidentes. Putin se ha rodeado de antiguos compañeros del servicio secreto y es en su dirección adonde apuntan los dedos acusatorios de, entre otras muertes, como la del ex vice primer ministro ruso Borís Nemtsov, muy crítico con Putin, que falleció acribillado a balazos cerca del Kremlin en 2012.

Hay dudas sobre la autoría de los atentados en varias ciudades rusas en 1999 que justificaron la intervención en Chechenia

También se plantean dudas sobre la autoría de una serie de atentados que tuvieron lugar en varias ciudades rusas a finales de 1999, cuando Putin ostentaba el cargo de presidente del Gobierno de Rusia —una especie de primer ministro— y que justificaron la intervención del Ejército ruso en Chechenia. El hallazgo de restos explosivos en uno de los edificios planteó la posibilidad de que la autoría, en realidad, fuese de los servicios secretos rusos, el FSB, en una operación de falsa bandera.

La deriva autocrática de Rusia queda patente en 'Putin: de espía a presidente', y plantea los retos a los que se enfrenta un país en el que apenas existe libertad de expresión —ni en relación con los medios ni a las manifestaciones populares— y en el que "ha desaparecido el Estado de derecho", ya que la Policía y la Judicatura no gozan de independencia, como se ha demostrado en el caso de la muerte de Sergei Magnitsky, un abogado al que encarcelaron, torturaron y asesinaron en prisión, para después procesarlo por un caso de evasión fiscal que podría haber sido orquestado para quitar del medio a Bill Browder, antiguo dueño del principal fondo de inversión del país. Sin embargo, y a pesar de todas las acusaciones, Vladimir Putin sigue codeándose con la élite política y con el expediente limpio. Y, al parecer, lo seguirá haciendo durante muchos años.

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