La aventura de Demetrio Carceller: petróleo y política en la España de Franco
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La aventura de Demetrio Carceller: petróleo y política en la España de Franco

Enrique Faes, historiador de la Universidad Complutense, acaba de publicar la primera biografía de uno de los grandes hombres de negocios de la dictadura

Foto: En el centro, Demetrio Carceller Segura preside la inauguración de la XII Feria Internacional de Muestras de Barcelona.
En el centro, Demetrio Carceller Segura preside la inauguración de la XII Feria Internacional de Muestras de Barcelona.

Demetrio Carceller fue una figura clave de la economía española durante más de 40 años. Nacido en el seno de una familia trabajadora de Terrassa, se convirtió, en parte por azar, en parte por un instinto inaudito, en uno de los pioneros de la industria petrolera en España durante la época de Primo de Rivera, y luego fue el ministro de Industria y Comercio de Franco en los años de la Segunda Guerra Mundial. Fascinado desde siempre con Estados Unidos, su cultura y la figura de los magnates petroleros, hizo negocios con el Gobierno estadounidense a la vez que los hacía con la Alemania nazi, para intentar dar a España una mínima autonomía económica durante la reconstrucción posterior a la Guerra Civil, mientras él recibía toda clase de acusaciones de corrupción y enriquecimiento gracias a su cargo.

Enrique Faes, historiador de la Universidad Complutense, acaba de publicar la primera biografía de aquel hombre de negocios en la editorial Galaxia Gutenberg: 'Demetrio Carceller (1894-1968). Un empresario en el Gobierno'. Es un trabajo documentalmente muy serio, pero también ameno, que permite no solo conocer al personaje sino la evolución de la economía y la política españolas desde la Restauración hasta la modernización llevada a cabo por los tecnócratas del Opus Dei.

PREGUNTA. El libro arranca con la infancia de Carceller en Terrassa, una ciudad que entonces, en el paso del siglo XIX al XX, crece con la industria, en un momento en que el sistema político de la Restauración empieza a fallar.

'Demetrio Carceller' (Galaxia).
'Demetrio Carceller' (Galaxia).

RESPUESTA. Uno de los valores que quise imprimir al libro es el encaje del personaje en la España del momento. El caso de Carceller muestra cómo el sistema de la Restauración, en crisis y aparentemente tan cerrado, ofrecía oportunidades de ascenso o apertura social. Mi personaje comienza a estudiar con varias becas encadenadas del Ayuntamiento de Terrassa. Su padre quería que estudiara ingeniería textil, y eso es lo que hace. Pero al no prosperar la situación familiar, se pone a buscar trabajo y consigue un puesto nada desdeñable en la única refinería de petróleo que hay en España, en L’Hospitalet del Llobregat. Al principio, está ese azar. Pero a partir de ahí, lo que hay es olfato y competencia técnica. Carceller no está titulado en eso, pero sabe mucho de petróleos. Prueba de ello es que Campsa lo ficha como subdirector técnico en 1928, cuando la empresa apenas está arrancando, e inmediatamente después es uno de los factótums de Cepsa. A partir de ahí su vida estará ligada al petróleo, gracias a un gran olfato y a una impronta muy fuerte en el mundo de los negocios, que le granjeó amigos y enemigos. Es el momento en el que se introduce y despega la industria petrolera en España.

"El caso de Carceller muestra cómo el sistema de la Restauración, aparentemente cerrado, ofrecía oportunidades de ascenso social"

P. En 1923, Primo de Rivera acaba con casi medio siglo de Restauración y monarquía parlamentaria. En aquel momento, el impacto de la Primera Guerra Mundial en la economía española es enorme. Los bancos crecen, se consolidan y se involucran en negocios industriales. Y Primo de Rivera impulsa la creación del monopolio petrolero.

R. Más que la época de Primo de Rivera, podríamos decir que es la de José Calvo Sotelo, su ministro de Hacienda. No del Calvo Sotelo echado al monte que conocemos en vísperas de la Guerra Civil como monárquico ultraderechista, sino, entonces, un conservador burocrático. En ese momento es Calvo Sotelo quien concuerda con el grupo empresarial en el que ya se mueve Carceller, que tiene una pata catalana muy importante. Coinciden en la idea de poner en marcha una especie de capitalismo nacional, donde al mismo tiempo que se crean monopolios, como el del petróleo, también se abre la economía a grandes grupos extranjeros. Es entonces cuando en España empieza a operar la multinacional estadounidense ITT, International Telegraph and Telephone, lo que más tarde será Telefónica. Es algo que resulta un poco contradictorio con el discurso de Primo de Rivera. Pero es interesante esa idea de capitalismo nacional, de emancipación económica de España, en la que participa Carceller.

José Luis Arrese condecora a Demetrio Carceller Segura.
José Luis Arrese condecora a Demetrio Carceller Segura.

P. Carceller estaba vinculado a la política aun antes de su entrada en el Gobierno de Franco después de la Guerra Civil. ¿Cuál era su posición real? ¿Es cierto que se le ofreció dirigir Falange y se negó?

R. Falange surge poco antes de la Guerra Civil, a principios-mediados de los años treinta. Es el propio José Antonio el que le dice a Josep Pla, o al menos así lo refleja este, que le propuso a Carceller dirigir Falange porque creía que era un hombre del pueblo, que sería ideal para conducir un movimiento de masas como aquel. Se lo propuso y él se negó. Yo le doy verosimilitud a esa conversación, pero es cierto que es el único dato que he podido encontrar a pesar de que he removido casi treinta archivos. Creo que Carceller era esencialmente un empresario, y en toda época y lugar los empresarios se caracterizan por dos constantes, su pragmatismo y, en general, la tendencia a adoptar posturas conservadoras. Cuando finaliza la guerra, Carceller se incorpora como delegado provincial de Falange en Barcelona y utiliza ese cargo como una plataforma de lanzamiento hacia nuevas parcelas de poder personal. ¿Fue un conservador? Sí. ¿Fue un conservador elitista? No, fue un conservador de base. ¿Fue falangista? Si consideramos que los falangistas iban a llevar a cabo una revolución nacional-sindicalista que implicaba un altísimo grado de control social en el mundo de la empresa, Carceller no puede estar ahí de ninguna manera. Es cierto que, cuando el enfrentamiento entre las familias del régimen está en sus estadios iniciales, ocupa posiciones en Falange, pero en el momento en que los falangistas pisan el acelerador de la revolución social, Carceller se desmarca.

"En el momento en que los falangistas pisan el acelerador de la revolución, Carceller se desmarca"

Una vez nombrado ministro, tiene que tratar de reconstruir la industria y el comercio españoles, arrasados por la Guerra Civil. Eso le obliga a negociar con la Alemania nazi y Estados Unidos al mismo tiempo, aun cuando los dos países están en guerra. No se le puede llamar ni mucho menos liberal, pero tenía una simpatía mayor por la cultura económica estadounidense.

En 1929 hace un viaje de negocios a Estados Unidos como subdirector de Campsa para buscar yacimientos petrolíferos que puedan surtir a España. Desde los años treinta, antes de la Guerra Civil, Carceller ya tiene en su agenda contactos importantes del mundo petrolífero estadounidense. En algún momento declaró que, en realidad, a él le habría gustado ser considerado uno de los grandes 'tycoons' [magnates] norteamericanos. Estuvo fascinado por Estados Unidos desde el primer momento que lo conoce. Con ese bagaje, y una vez en el ministerio, nunca deja de comerciar con uno y otro lado, Alemania y Estados Unidos. Las etiquetas de aliadófilo o germanófilo sirven en la medida en que nos ayudan a comprender o sistematizar, pero acaban resultando un poco endebles. No creo que Carceller fuera una cosa ni la otra. Probablemente, en su mentalidad era más españófilo.

P. Desde que se hace cargo del ministerio y tiene la posibilidad de decidir quién importa y exporta en España, se le acusa de enriquecerse gracias a su puesto. Es una polémica que ha durado mucho tiempo. ¿Qué hay de cierto en ella?

R. La fortuna de Carceller no se origina en este momento, viene de antes. En el mundo del petróleo había alcanzado una posición y un patrimonio considerables antes de 1936. ¿Qué ocurre en esos cinco años? Por lo que respecta a su enriquecimiento personal, lo más aproximado que he encontrado es un informe secreto y confidencial, que encontré con bastante suerte en Washington mientras buscaba otra cosa. Dice que después de varios meses de investigación conjunta de los servicios de información británico y estadounidense, no se puede probar nada. Lo cual no quiere decir que no ocurriera. Pero después de haberme bregado en treinta archivos, sí creo que esas acusaciones han estado relativamente infladas a lo largo de los años sin anclaje documental y en gran medida se han movido en el terreno de la especulación. Pero, dicho esto, en ese momento hay una dictadura en proceso de institucionalización donde los márgenes para la acción son amplios, donde los intereses privados y los públicos confluyen de una manera que no es la actual. Conclusión: la única certeza para mí es que no hay certeza.

"Carceller recibe un telegrama de Franco con su cese cuando está en un balneario en Zestoa"

P. ¿Por qué Franco se cansa de él y le destituye?

R. La pregunta más interesante es por qué le mantiene durante toda la Segunda Guerra Mundial, con la que está cayendo y con la cantidad de acusaciones que se le hacen a Carceller por su gestión durante la contienda. Pero la respuesta es que deja de resultarle útil. En Europa la guerra termina en mayo, y el cambio de Gobierno se produce en junio y afecta a varios ministros. Carceller no pertenece a ninguna de las familias, no está vinculado ni a Falange, ni al ejército, ni a la iglesia. Ha hecho los deberes manteniendo a flote, dentro de las limitaciones, a la economía española, sobre todo a la industria. Y en ese momento, a Franco deja de serle útil a pesar de todas las conexiones que tiene con Estados Unidos. Salió un poco por la puerta de atrás. A su modo de ver, había dado el pecho en esos cinco años críticos de la Segunda Guerra Mundial, y sin embargo recibe un telegrama de Franco con su cese cuando está en un balneario en Zestoa.

P. Y vuelve a ser un simple empresario.

R. Vuelve a ser el empresario que era, pero con más experiencia vital. Y con una cierta decepción con el sistema político franquista. De hecho, se repliega. Sigue siendo procurador en Cortes, pero apenas ejerce. Es muy plausible que en algún momento hubiera pensado que podía ser ministro de Finanzas o de Economía. Lo que es seguro es que se sintió decepcionado por su salida del poder. En los últimos años de su vida, aparece la figura del empresario que con un pie en el petróleo va pasando desde ahí a otros sectores empresariales. Ya con una reputación, con una posición más que consolidada en el mundo de la empresa. No era un liberal puro y duro.

P. En los años cincuenta, ningún español podía serlo.

R. Por supuesto. Y por eso hay que encajar a Carceller en la evolución de las élites económicas españolas, o de la propia política económica del franquismo. Su apuesta siempre fue dotar a España de una industria pesada que le permitiera tener un alto grado de emancipación económica respecto al extranjero. En ese sentido, desde los tiempos de Calvo Sotelo hasta lo que hizo siendo ministro y más tarde, como empresario, su práctica es coherente. Puede suscitar simpatías o animadversiones, pero es coherente con esa retórica de buscar la emancipación económica de España.

Demetrio Carceller fue una figura clave de la economía española durante más de 40 años. Nacido en el seno de una familia trabajadora de Terrassa, se convirtió, en parte por azar, en parte por un instinto inaudito, en uno de los pioneros de la industria petrolera en España durante la época de Primo de Rivera, y luego fue el ministro de Industria y Comercio de Franco en los años de la Segunda Guerra Mundial. Fascinado desde siempre con Estados Unidos, su cultura y la figura de los magnates petroleros, hizo negocios con el Gobierno estadounidense a la vez que los hacía con la Alemania nazi, para intentar dar a España una mínima autonomía económica durante la reconstrucción posterior a la Guerra Civil, mientras él recibía toda clase de acusaciones de corrupción y enriquecimiento gracias a su cargo.

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