Masacres de la Guerra (III)

El sur en llamas en 1936: el asesinato de Lorca, Granada y la venganza roja de Málaga

En apenas un mes, los días que transcurrieron entre ese 18 de julio y la madrugada del 18 de agosto, todo Andalucía reventó de cadáveres

Foto: El poeta y dramaturgo Federico García Lorca en Granada.
El poeta y dramaturgo Federico García Lorca en Granada.

El 20 de julio de 1936, tras una rocambolesca trama golpista y dos días después de que el alzamiento iniciara la Guerra Civil, la ciudad de Granada, en donde parecía que todo estaba bajo el control de un gobierno ya casi inexistente, los sublevados sumaron la plaza a los rebeldes. En Sevilla, el general Gonzalo Queipo de Llano azuzaba a los derechistas contra los rojos para que se cometieran todo tipo de represalias. En Málaga, la única capital de provincia que no se rebeló, comenzó la represión contraria por parte de los sindicatos anarquistas. En Granada, estaba Federico García Lorca.

En apenas un mes, los días que transcurrieron entre ese 18 de julio y la madrugada del 18 de agosto, todo el sur reventó de cadáveres. Cuando fusilaron al poeta más famoso de la Historia de España, en Granada ya habían caído 3.000. La represión se unía a la del resto de Andalucía, mientras que el terror rojo asolaba también Málaga. Así se gestó la grotesca tragedia del sur durante la guerra, que no terminó hasta 1937, cuando tocó la hora del ajuste de cuentas final 'rojo' en Málaga y los nacionales rindieron definitivamente a la ciudad.

Pocos asesinatos se han investigado tanto como el del poeta, quizás el de J. Antonio Primo de Rivera. Irónicamente, Falange jugó un papel en Granada

Pocos asesinatos de la guerra han sido tan profusamente investigados como el de Federico García Lorca. Quizás el de los mártires del otro bando: Paracuellos, los fusilamientos de la Casa de Campo —en donde cayó entre otros Melquíades Álvarez— y por supuesto, el del líder de Falange, José Antonio Primo de Rivera. Precisamente Falange Española sería una de las claves del asesinato de García Lorca: el poeta se refugió en la casa de los Rosales, falangistas de peso en Granada. No sirvió de nada, como es sabido. Lo que ocurre es que el misterio de donde yace su cadáver ha empañado en las últimas décadas la secuencia de su apresamiento y asesinato y los motivos que llevaron a tanto baño de sangre. La cosa fue más o menos así.

Campins, Franco y Queipo

El día 18 de julio era San Federico y se celebró en Huerta San Vicente, la casa de los padres de Lorca, con cierta normalidad después de que el poeta hubiera decidido salir de Madrid para refugiarse en su ciudad natal. Para entonces, los ecos lejanos del golpe aún no se hacían notar en la ciudad cuyo alcalde, Manuel Fernández Montesinos, era además cuñado de Lorca. El general al mando de la plaza era Miguel Campins y se suponía a la Guardia de Asalto y a la Guardia Civil fieles a la República. En dos días todo se desmoronó: los subalternos de Campins le apresaron y le hicieron firmar un bando de guerra que el general, entre la confusión y el shock y después de haber introducido alguna reducción de los castigos, acabó firmando con un ¡Viva la República! absolutamente desconcertante (Ian Gibson, 'El asesinato de Lorca'). No podía ser más premonitorio de lo grotesco que estaba por ocurrir.

En pocos días, Campins al mando de Granada fue llevado a Sevilla y fusilado por Queipo de Llano a pesar de la intervención del mismo primo de Franco

Al general Campins se lo llevaron a Sevilla, donde ni la intervención de Francisco Franco Salgado Araújo, que era amigo de Campins y primo de Francisco Franco, pudo salvarle del juicio sumarísimo al que le sometió Queipo de Llano —rival de Franco—, que le fusiló de inmediato. Era el comienzo de un drama en el que nadie iba a poder salvar a nadie. De Franco para abajo. Mientras, en Málaga un comité revolucionario comenzó a fusilar a los del otro bando al tiempo que las autoridades republicanas eran incapaces de mantener el orden.

Guerra Civil en Granada.
Guerra Civil en Granada.

El historiador Santos Juliá definió así la terrible represión durante la guerra: "En la zona insurgente, la represión y la muerte tenían que ver con la construcción de un nuevo poder; en la leal, la represión y la muerte tenían que ver con el hundimiento de todo poder". Exactamente lo que ocurrió en Málaga, que Gerald Brennan calificó como delirio y borrachera de toda pérdida de valor moral, aunque atribuyera las muertes a elementos descontrolados que provenían de fuera de la provincia, no de las autoridades de Málaga.

Desde Radio Sevilla, las incendiarias soflamas del general calentaron los ánimos en el resto de provincias: las noticias sobre Málaga se usaron interesadamente, aunque existe literatura de sobra sobre el terror rojo en la ciudad, como la olvidada 'Muerte en Málaga' del estadounidense Edward Norton, el negativo de otro ilustre hispanista, Gerald Brennan, que matizó la situación. Todo eso ya fue después de la guerra. En el calor de la noche, la sangre se derramó en las fosas de unos y otros.

La hora de Falange

Así las cosas, en Granada uno de los grupos más activos en la represión eran las Escuadras Negras de Falange. Pero por extraño que parezca, aunque algunos de esos miembros serían responsables del fusilamiento de Federico García Lorca, Falange intentaría salvar al poeta con la intervención de la familia Rosales. Todo a su tiempo. Lo cierto es que una vez que el golpe triunfó, el cerco comenzó a cerrarse sobre el poeta. ¿Existía algún motivo? Lorca no participaba activamente en política, ni su obra podía calificarse como tal, pero sus simpatías eran claramente republicanas y, además, era homosexual. No parecía suficiente.

Angelina Cordobilla: "Al señorito Federico le dijeron allí dentro maricón, le dijeron de 'to'. Y le tiraron también por la escalera y le pegaron"

El hostigamiento comenzó pronto. Ya el día 9 de agosto comenzaron los registros en su casa de Huerta San Vicente, las vejaciones y los golpes. Según el testimonio de la niñera de la casa, Angelina Cordobilla, que recoge Ian Gibson en una obra menos conocida 'Lorca y el mundo gay' ocurrió así: "Al señorito Federico le dijeron allí dentro maricón, le dijeron de 'to'. Y le tiraron también por la escalera y le pegaron. Yo estaba dentro y 'to', y le dijeron de maricón. Al viejo, al padre, no le hicieron 'na'. Fue al hijo". Según Gibson, los matones que habían ido a Huerta San Vicente eran Horacio y Miguel Roldán, miembros de la familia que estaba enemistada con Federico García Rodríguez —padre de Lorca— especialmente dolidos después de que este hubiera estrenado 'La casa de Bernarda Alba', que hacía alusión a otra familia enemistada. Comenzaba así el rosario de rencillas personales que se iban a llevar por delante a Lorca y por supuesto, a media España.

El poeta y falangista amigo de Lorca, Luis Rosales.
El poeta y falangista amigo de Lorca, Luis Rosales.

El poeta Luis Rosales, amigo de Lorca y entonces falangista en Granada al igual que sus hermanos, le explicó a José María Zavala muchos años más tarde detalles de cómo se decidió proteger al poeta. "Un día Luis -serían los primeros días de agosto-, le dice a su padre: 'Me ha llamado Federico García Lorca para que vaya a verle. Parece que está en dificultades y quiere venirse a casa ¿qué te parece?'. Y tras consultarlo asimismo con la madre y hermanos y sobre todo con Pepe, que en aquellos días era todo un personaje en Granada [José Rosales, jefe de Falange y hermano de Luis], se fue Luis a la Huerta de San Vicente". Así quedó refugiado en la casa de los falangistas.

Al final no fue Falange sino un diputado de la CEDA con el beneplácito del gobernador civil y el permiso de Queipo de Llano: "Dadle café, mucho café"

El día 16 llegaron terribles noticias: habían asesinado a su cuñado, el alcalde de Granada Manuel Fernández-Montesinos, y según relataron los Rosales habían destrozado el piano en la Huerta de San Vicente. Presa del pánico, su hermana Conchita, la mujer del recién asesinado Manuel Fernández, les reveló el paradero de su hermano Lorca en la casa de los Rosales —José María Zavala 'Los expedientes secretos de la Guerra Civil'—.

El diputado de la CEDA

Al final, tal y como investigaron Eduardo Molina Fajardo e Ian Gibson, la orden para llevárselo partió no de otra cabeza de Falange sino de un diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, que tuvo el visto bueno del gobernador civil, Valdés, después de que este pidiera su permiso nada menos que a Queipo de Llano en Sevilla, que respondió aquello de "Dadle café, mucho café". Se plantaron en casa de los Rosales y sin más se llevaron a García Lorca, para declarar en el Gobierno Civil. No bubo nunca orden por escrito.

Ramón Ruiz Alonso, diputado de la CEDA que apresó a Lorca.
Ramón Ruiz Alonso, diputado de la CEDA que apresó a Lorca.

Es imposible desligar, por mucho que se haya hecho antes, el asesinato de Lorca con el clima de la represión brutal. Por muchas rencillas y rencores familiares de la propia Granada, de su aversión a su condición de homosexual, por circunstancias conocidas, no fueron unos exaltados de los Escuadrones Negros de Falange, si no un diputado de la CEDA, un gobernador civil y en la cúspide de todo el virrey de Sevilla, el general Gonzalo Queipo de Llano. Aunque es conocida la aversión que se profesaban mutuamente Franco y él, el asesinato de Lorca, inscrito en un clima de represión, se decidió por uno de los militares rebeldes. Los ánimos de aquel verano eran incontrolables ya que en Málaga seguían también los asesinatos de los que daba buena cuenta el general en sus alocuciones.

En 2005 salió un documento de la Policía de Granada fechado en 1965 en el que se explicaban los motivos para la detención y asesinato

En cualquier caso, cuando se llevaron a Lorca habían asesinado ya a 3.000 personas en el maldito tramo de Víznar, fosa cercana donde acabaría también García Lorca junto al maestro de escuela Diósforo y los pandilleros anarquistas. Baste decir que Lorca pasó con ellos apenas un día en el Gobierno Civil, de allí fue trasladado al palacio de Víznar y en la misma madrugada del día 18 de agosto, a las 04:45 fue fusilado.

'Los últimos días de García Lorca', de Eduardo Molina Fajardo.
'Los últimos días de García Lorca', de Eduardo Molina Fajardo.

El periodista Eduardo Molina Fajardo, investigó con detalle en 'Los últimos días de García Lorca' la cadena de mandos —a muchas de los cuales interrogó— para conocer cómo fueron sus últimos momentos y por supuesto, donde fue finalmente fusilado y enterrado. El hispanista Ian Gibson hizo lo mismo a partir de los sesenta. El caso es que sobre los motivos finales de su asesinato, ya en 2005 salió un documento de la Policía de Granada fechado en 1965 en el que se explicaba cuál había sido el procedimiento. Sin duda, Molina Fajardo tuvo acceso a él. Su libro, a diferencia de los diferentes ensayos publicados por Gibson, pasó al olvido hasta hace pocos años.

Málaga, el final

Cuando asesinaron a Lorca, la represión en Granada estaba en todo su auge. Las fosas repletas. En Málaga, algunos simpatizantes del alzamiento pudieron huir pero otros muchos también fueron asesinados vilmente. Más allá de Andalucía, Madrid se había llenado de las infaustas 'checas', preludio de los temidos paseos por la Casa de Campo y otros lugares. La tragedia de Paracuellos estaba a punto de estallar. La obra final de la represión del sur durante la guerra no terminó hasta un año más tarde, en 1937, cuando las tropas nacionales entraron finalmente en la ciudad.

Antes de eso, el propio Luis Rosales estuvo a punto de ser fusilado también por haber escondido a Lorca, lo que indica que no fue Falange la que protegió al poeta sino simplemente los Rosales. En su obra Eduardo Molina Fajardo lo detalla, al igual que José María Zavala, quién reproduce la carta que tuvo que firmar el poeta Luis Rosales en la sede de Falange, una vez asesinado ya su amigo. Mintió para salvar la vida.

Cuando los nacionales tomaron Málaga comenzó la contrarrepresión. Fue célebre un fiscal que firmó cientos de sentencias: Carlos Arias Navarro

En 1937, cuando los nacionales rindieron Málaga se produjo, primero la penosa huida por la carretera de Málaga, la tristemente célebre 'desbandá': una fila de mujeres, ancianos y niños tratando de salir del cerco y siendo hostigados por las bombas no sólo de la artillería nacional, sino de los aviones alemanes e italianos. Murieron miles. Los que se quedaron sufrieron la represión ahora del enemigo. Siempre la venganza. Se hizo célebre no sólo Queipo de Llano, sino un joven fiscal Carlos Arias Navarro, que firmó unas cuantas sentencias de muerte ejecutadas en el acto, lo que le ganó el sobrenombre de 'Carnicerito de Málaga'. El que fuera el último presidente del gobierno de la dictadura y anunciara muchos años después, con voz trémula y ante millones de espectadores, aquello de: "Españoles, Franco, ha muerto".

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