ENTREVISTA

Rodrigo Fresán: "Cuando el escritor se politiza escribe peor"

Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) acaba de publicar en Literatura Random House 'La parte recordada'

Foto: Rodrigo Fresán. (J.C.)
Rodrigo Fresán. (J.C.)

Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) acaba de publicar en Literatura Random House 'La parte recordada' (Literatura Random House), cierre de un ambicioso proyecto literario iniciado en 2014 con 'La parte inventada' y proseguido tres años más tarde con 'La parte soñada'. Si juntamos los tres libros damos con uno solo de más de dos mil páginas en forma de verdadero torrente de ideas, narrativa siempre al borde del abismo y una radiografía muy consciente de distintas facetas de nuestra época.

'La parte recordada'. (Random House)
'La parte recordada'. (Random House)

Al saludarnos le comento cómo al final del volumen sentía una especie de paralelismo con la última parte del Lp 'The Dark Side of the Moon' de Pink Floyd a partir de una disolución tanto del personaje como de esta particular odisea entrelazada por los tres tomos de manera inexcusable por las alambicadas conexiones entre sus páginas repletas de ese marchamo donde la alta cultura se mezcla con la devoción pop y una voz propia imprescindible no sólo a nivel latinoamericano.

PREGUNTA. 'La parte recordada' cierra el ciclo.

RESPUESTA: Sí, pero los tres conforman no una trilogía, que sería más bien 'El señor de los anillos', que para mi debiera durar veinte páginas, porque bastaría con subir a las águilas, volar sobre el volcán, tirar el anillo, volver a casa y ahorrarse la batalla, la muerte y todo lo demás. Gandalf en realidad es el escritor. Me gusta decir que es un tríptico, que se pliega de diferentes maneras. Todo el tiempo se revisita desde puntos de vista diferentes, pero sí hay un camino, una historia y un proceso dentro de la odisea del protagonista que no soy yo, digámoslo claro.

P. Lo dices en algún momento sobre Proust, la ficción como autobiografía, no la autobiografía como ficción.

R. Esa es la gran enseñanza de Proust, leer la ficción como autobiografía. De un tiempo acá somos víctimas de la autobiografía como ficción, es horrible lo que está pasando.

P. Y en el libro haces hincapié sobre esta cuestión.

R. La irritación que siente el personaje en mi es falta de interés, en su caso es porque no puede hacerlo, debería contar lo que hizo con sus padres.

P. Pero creo que es una cuestión de criterio, independencia y autenticidad.

R. Sí, pero creo que todavía deben existir vidas dignas de convertirse en libro y sean interesantes para el lector.

P. Al existir tanta autobiografía que anula la ficción se genera una realidad irreal.

R. Exactamente, ese es el efecto. Todo lo que se anda se desanda, esta sobreexposición de lo íntimo es una consecuencia de las redes sociales, los reality shows…

P. Ya no son los quince minutos de gloria de Warhol, ahora puedes ser todo el rato famoso en tu micromundo.

R. Pero a nosotros lo de los quince minutos generaba una fama envidiable y deseable, la fama de todo el tiempo es algo más bien raro.

El escritor argentino Rodrigo Fresán en Barcelona en 2017. (Efe)
El escritor argentino Rodrigo Fresán en Barcelona en 2017. (Efe)

P. En el libro a partir de la memoria parece como si nuestro tiempo fuera un apóstol de la amnesia.

R. Tenemos las herramientas para no olvidarnos de nada, pero menos memoria que nunca. En la práctica y el ejercicio de la memoria está implícito siempre lo que decidimos olvidar para establecer criterios de que merece recordarse o incluso que no quiero acordarme nunca en la vida. Me sorprende mucho que los políticos estén tuiteando y arrepintiéndose para luego borrarlo. Antes en la política en todas las películas se cerraba la puerta del despacho y se escuchaba un murmullo.

P. Antes existía una generación de la espera, algo que también repercute a nivel literario.

R. Esperabas, extrañabas. Cuando era niño me encantaba volver al colegio y encontrarme con personas que no sabían que había hecho durante los dos meses de vacaciones; en cambio ahora el primer día del colegio ya saben todo, antes podías inventarte cualquier cosa, mentías y nadie podía comprobar si las historias eran ciertas.

P. Y tú lo vinculas con el mismo tríptico.

R. Sí, bueno, en realidad lo vinculo con la idea de lo que era escribir un libro, traer algo al mundo que no estaba en otra parte y sólo puede ser contado mediante determinadas herramientas.

P. El libro casi como una elaboración secreta y artesanal. A partir de los fragmentos vas mencionándolo, de hecho comparas la parte final del Tiempo recobrado de Proust con el mundo literario de la actualidad.

R. Sí, y quizá debería ser más como Proust en su habitación, escribiendo en la cama entre esas paredes insonorizadas de corcho. Por cierto, antes me dejaste intrigado con lo que me dijiste de golpes y bofetadas que el libro reparte.

P. Mientras leía el libro asentía porque retratas varias tendencias más bien obscenas, como la de ciertos programas televisivos culturales.

R. Donde todo siempre es fantástico. Es como si no pudieran ofrecerse programas desde el reposo y la reflexión, como el de Bernard Pivot. Hablabas de tendencias, y por ejemplo no puedo entender que a todo el mundo le haya gustado 'Solenoide', de Mircea Cartarescu. Es un buen libro, pero no creo que pueda gustarle a todo el mundo.

P. O Knausgard.

R. Que es algo más prefabricado. Si mis libros le gustaran a todo el mundo estaría aterrorizado del mundo en que vivimos.

Cartarescu, y lo mismo ocurre con Proust, Joyce o 'Moby Dick', no le pueden gustar a todo el mundo.

P. No creo que eso pueda pasar, y es sano que no pueda pasar.

R. Sería un mundo como de Philip K. Dick.

P. Otra reacción en cadena relacionada con lo que hablamos es que mañana se falla el Nobel, y de repente todos serán expertos de los ganadores.

R. Nadie dice algo de lo que pasará mañana, que es que uno va a ser el peor de los dos, es casi una discusión entre Miss Simpatía y Miss Universo.

P. Con lo que decías de Cartarescu es como si se quisiera generar una unanimidad del gusto en gustos que no pueden ser generales.

R. Y esa es una de las virtudes de Cartarescu y lo mismo ocurre con Proust, Joyce o 'Moby Dick', no le pueden gustar a todo el mundo.

P. Y hay libros que te traban, al personaje le pasa con 'Ada o el ardor', de Vladimir Nabokov.

R. Y es algo humano que nos pasa a todos. He leído todo Nabokov hasta la última línea, pero no puedo con 'Ada o el ardor'. Son cosas que pasan. He leído todo Cortázar y tampoco puedo con 'Rayuela', pero quizá no es un libro para mi, hay que confiar en esas posibilidades.

P. La parte recordada es un libro intensivo, torrencial, no accesible a todo el mundo y quizá un desafío a su tiempo tanto por su extensión como por su exigencia.

Soy un completo defensor de que debe haber una exigencia en la lectura, porque también lo hay en la escritura. Javier Marías sacó un artículo en contra de las campañas de lectura, diciendo que todas estaban erradas porque la correcta sería usted no es digno de leer, para motivar y negar la complacencia.

P. El libro es muy extenso, y ahora mismo hay un soniquete en el sector sobre la conveniencia de los libros cortos.

R. Una de las virtudes del quehacer literario es que nadie ha podido depurar la fórmula del éxito. Hay libros hechos para ser exitosos que son un fracaso, y con otros sucede lo contrario.

Rodrigo Fresán. (Efe)
Rodrigo Fresán. (Efe)

P. En los últimos años libros voluminosos han cosechado muchos triunfos.

R. A veces gustan los coches más grandes. En el libro se parte de la base de que todo cada vez dura menos a partir de la obsolescencia programada, cuando las cosas deben crearse para durar y permanecer, y para que incluso si no son apreciadas en su momento lo sean al cabo de cuarenta años y así ser redescubiertas.

P. La buena literatura suele conseguir lo que dices.

R. Lo solía, hasta ahora sí. 'Moby Dick' es enaltecida casi medio siglo después. Ahora estamos en tiempos breves. Hace poco leía una biografía de Maxwell Perkins, editor de Scribner, a quien llamaron para modernizar el sello y contrató a Hemingway, Scott Fitzgerald y Thomas Wolfe. En el libro se cuenta cómo a estos escritores les daba una oportunidad de cinco libros. El no éxito no volvía malo al editor, desarrollaba el autor y no importaba el fracaso, ahora si eso sucede nadie te dará cuatro libros más.

P. Y hablando del pasado se mencionan las agendas de escritores o los post-it, a priori formas de permanencia volátiles, pero con más cuajo que los formatos actuales.

R. Guardo agendas de hace quince años y es la lectura de una novela y me pregunto que pasará en el próximo episodio. Ahora nadie tiene agendas, y sigue fascinándome abrirlas, ver una cita con R y preguntarme quién narices era R.

P. Y las agendas son una selección de memoria.

R. El olvido es una decisión estética tan importante como lo que decides recordar.

P. Con el olvido hay algo literario mencionado en el libro sobre cómo los diálogos narrativos suelen ser sin tacha, exentos de amnesia, hasta demasiado precisos.

R. Es una gran paradoja de los grandes realistas, como Anna Karenina, lo más irreal del mundo, la vida no está tan organizada. Robert Altman revolucionó lo que dices en el cine porque sus personajes hablaban todos al mismo tiempo. Efectivamente nadie habla con oraciones perfectamente configuradas. No soy mucho de diálogos, no los odio, pero no terminan de gustarme.

P. En el tríptico los diálogos entorpecerían el desarrollo de ideas hasta ser un obstáculo.

R. Los tres libros están escritos en tercera persona, pero todo el mundo está convencido que es en primera persona cuando lo recuerda, y los desmiento, aunque es una tercera persona en primerísima.

Los tres libros parten del concepto que los tres motores de la narración pasan por inventar, soñar y recordar a través de distintas ecuaciones

P. Puede ser porque la prosa de los tres volúmenes te hace entrar en una especie de sensación de bucle.

R. Los tres libros parten del concepto que los tres motores de la narración pasan por inventar, soñar y recordar a través de distintas ecuaciones.

P. Dices que inventar es recordar hacia delante, soñar recordar hacia arriba o abajo y recordar inventar hacia atrás. ¿ Ahí está la esencia?

R. Creo que sí. No he descubierto nada, pero está puesto con claridad meritoria.

P. Recordar es inventar hacia atrás. ¿Siempre generamos una ficción de ficciones?

R. Seguro, si vives cosas con otra persona al mismo tiempo el relato de ambos va a ser completamente distinto. El caso típico es cuando una pareja habla de cómo se conocieran, cada cual te contará algo distinto.

P. Los momentos, míticos, los jalones de la trayectoria mental de cada uno.

R. Sí, y por ejemplo la infancia es una construcción adulta, todos los valores que le adjudicamos son posteriores.

P. Cuando tratas del pasado y hablas de The Beatles los tratas de eternos porque son mutantes y los reinterpretamos continuamente.

R. Cuando sale una biografía buena de The Beatles la vuelvo a leer como si se tratara del ciclo artúrico, porque es un relato completamente mítico, cuatro personalidades muy complejas juntas, un milagro, y sigue siendo la banda más vendida del siglo XXI.

P. Al final con ellos lo más objetivo son sus libros de declaraciones, pero sin documentos así manipulamos su recuerdo.

R. A Ringo en una entrevista le preguntaron cómo es ser un Beatle, y él respondió que cómo es no ser un Beatle, no tenía noción de otra cosa, y yo mismo no sé como es no ser yo. El apellido que se adjetiviza es sinónimo de triunfo, pero The Beatles no podían decir vamos a hacer algo beatlesco, es el todo y la nada, cuando no les quedó nada que inventar se separaron, era algo inédito que se separara un grupo.

P. 'Revolver', 'Abbey Road', 'The White Album', 'Rubber Soul'. Sí, todos son suyos, pero todos distintos.

R. Lo único que hicieron mal fue llamarse The Beatles, que es un nombre absurdo. A mi lo que más me impresiona es que estuvieron juntos seis años y en dos años y medio se sacaran de la manga el ciclo 'Sgt. Pepper', 'Magical Mistery Tour', 'White Album', 'Let it Be' y 'Abbey Road'.

P. Ellos son la diferencia en cada álbum, pero por ejemplo Nabokov afirma otro paradigma a partir de encontrar desde muy joven la fórmula del libro deseado.

R. Sólo él podía hacer eso tan bien, es interesante como concepto de obra, los autores que más me gustan son los que escriben siempre el mismo libro, como Nabokov, Vila-Matas, Banville, y hasta si me apuras Philip K. Dick.

Rodrigo Fresán firma libros en Barcelona durante la diada de Sant Jordi en 2017. (Efe)
Rodrigo Fresán firma libros en Barcelona durante la diada de Sant Jordi en 2017. (Efe)

P. En el caso de Patrick Modiano, a quien se acusa de escribir siempre el mismo libro, si juntas todas sus novelas tienes una sola, la obra.

R. Y en Borges o en Aira se reproduce ese mismo proceso.

P. Ahora la obra no se estila, a veces se quedan con un libro y no con un autor.

R. Sí, y en este caso recuerdo cuando era pequeño y descubrí 'Sandokán' con el añadido de saber que no era el único libro, como si existiera un cajón donde había muchos más de la serie y el mismo autor. No leía Sandokán y terminaba, aparecía en otros libros y era una felicidad orgásmica. Qué linda es la vida con eso. Los grandes booms editoriales de los últimos tiempos, sobre todo en la literatura española, tienen lo contrario. Se saca un título y me imagino la autora atemorizada pensando si el siguiente va a resultar igual o caerá en el olvido.

P. Y si miramos al pasado títulos de hace un siglo en lo más alto de las listas hoy ni siquiera son papel para la trituradora.

R. Y Sí, hay los Dickens y los seudo Dickens, quizá de esos sólo quedó Wilkie Collins, pero había millones de escritores de esa cuerda. Ahora seguro que ocurre lo mismo, es una forma de memoria y una forma de amnesia que el tiempo crea, además de un acto de justicia.

P. Sin ir más lejos en un libro sobre el Goncourt de Proust se muestra cómo el finalista de ese premio ha caído en un olvido brutal.

R. Y Marcel siempre seguirá ahí. Antes decías que la literatura buena es como un corredor de fondo, pero tampoco es así, porque no es una carrera. Al fin y al cabo se trata de escribir porque no puedes hacer nada más. Aprendí a atarme los lazos de los zapatos a los treinta y cinco años.

P. Yo a los dieciocho.

R. No hay plan B. No quise ser Batman ni corredor de Fórmula Uno. El único plan B sería ganar el Euromillón, que estos días da más dinero que el Planeta. Nunca me presenté a ningún premio, los que gané me los concedieron trabajándolos, por trayectoria, sin que estuvieran en mi agenda. Ni siquiera conspiré para ellos. No lo esperaba.

P. Hace poco leía un libro sobre Pier Paolo Pasolini. Tras su asesinato se publicó 'Petróleo', un libro considerado como uno de los últimos que apostaron por la literatura como riesgo. Desde mi punto de vista tu sigues esa senda.

R. Cuando salió el primero del tríptico, la idea de los tres fue posterior, Alan Pauls dijo que había hecho un gesto. Me gusta esa idea. Ahora es un gesto por tres, pero esa frase da pie a pensar si es un buen o un mal gesto, puede caer bien, mal o en la indiferencia, pero se hizo.

Cuando el escritor se politiza escribe peor, son dos fuerzas opuestas.

P. Hacia el final del volumen aparece el desierto. En un primer momento parece un obstáculo, pero luego suena como una oportunidad.

R. La parte maníaco referencial del libro, los materiales y cosas externas son mecanismos de defensa del protagonista para no verse, no mostrarse y no desnudarse a sí mismo, pero al final lo hace y transcurren en un presente total, absoluto y muy sentimental sin referencias literarias.

P. Cuando avanza el libro hacia el final me recordó a '2001', como una disolución.

R. De hecho la última frase del libro es la de '2001'.

P. Cuando parece que el protagonista se vaya a fundir con el universo es por la queja de la exigencia actual de politizar a los escritores.

R. Cuando el escritor se politiza escribe peor, son dos fuerzas opuestas. El escritor es burgués, solipsista y egoísta. Se indigna con las injusticias, pero no dejará de escribir.

P. Y ahora el escritor politizado no es Albert Camus.

R. Desde luego no escribirá 'El mito de Sísifo'. Se exhibe. Ahora es muy fácil estar comprometido.

P. Y es de cartón piedra.

R. Sí, y en muchos casos del pasado quizá también lo era. Ahora todo se formula a través de tópicos demasiado manidos, e incluso a veces por lo políticamente correcto cae en estas problemáticas hasta perpetuar determinadas irrealidades.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios