mito y realidad

La loca familia de los Franco: historia de una saga extravagante

En la guerra reciente por el Valle de los Caídos al Gobierno se ha enfrentado una familia ya en decadencia pero que marcó el destino de España: esta es su historia

Foto: Fotografía de la familia Franco
Fotografía de la familia Franco

Cuando Pilar, el cura y un médico entraron al piso de la calle Fuencarral en Madrid para asistir al agonizante anciano de 84 años, exigieron a la mujer con la que vivía desde hacía tres décadas que esperase en otra estancia de la casa porque no se la consideraba digna de estar presente ante una eventual confesión o incluso en el acto de la extremaunción. El moribundo no era precisamente católico practicante, pero había traspasado ya el umbral en el que inevitablemente los vivos deciden las exequias de la propia muerte. No fue el último, ni el mayor oprobio que había de sufrir Agustina Aldana, maestra de secundaria, que a ojos de los enviados de El Pardo, no pasaba de concubina viviendo en pecado, en la mejor de las versiones.

Así, aquella tarde-noche de febrero de 1942, mientras en El Pardo se afilaban ya los cuchillos contra el 'cuñadísimo', Ramón Serrano Suñer, hasta entonces todo poderoso ministro de Exteriores, iba a estallar el verdadero gran drama familiar del dictador Francisco Franco. Agustina, la "prostituta indecente", según la versión de los hijos, había avisado que el padre del Jefe del Estado, Nicolás Franco Salgado-Araujo, se moría (Paul Preston, 'Franco', Debate).

[Franco no ordenó su entierro en el Valle: la tumba se improvisó en tres días]

Como le ocurriría al propio Franco después, cuando se ignoraron sus últimas voluntades y las de su viuda Carmen Polo, que dijo expresamente que el dictador había previsto descansar en el mausoleo de Mingorrubio y no en el Valle de los Caídos —que coincide con lo que ha dictado esta semana el Tribunal Supremo—, ni Nicolás, ni su pareja durante 35 años, Agustina, pudieron decidir sobre cómo debían ser sus últimas horas, ni el lugar del enterramiento. Nicolás Franco Salgado-Araujo acabó enterrado con su primera mujer, a la que había abandonado y repudiado en 1907, la adorada madre del dictador, Pilar Bahamonde.

'Paquito es tonto'

Al piso de la calle Fuencarral se había traslado Pilar Franco, hermana del dictador, para hacerse cargo de las últimas horas de su padre siempre según las indicaciones precisas del generalísimo. El título grandilocuente y el poder omnímodo de 'Paquito' se estrellaban precisamente en aquel piso de la calle Fuencarral, verdadero reducto del anti franquismo, donde su padre, Nicolás, le llamaba de todo. Al pater de familia no solo no le impresionaban los logros de su hijo, el hombre más poderoso del país, sino que le dedicaba públicamente un trato despreciativo hasta extremos inusitados; "De mis tres hijos, el más inteligente era Ramón; Nicolás es un petardista, y Paquito sigue siendo tonto" y en otro de sus arranques: "Paquito, Jefe del Estado! ¡Paquito, Caudillo! ¡No me hagas reír!" *.

Ramón Franco había seguido los pasos de su padre: tuvo dos mujeres y una hija que también fueron apartadas cuando falleció en 1938

Franco se comportó fríamente de puertas afuera y más aún, con cierta crueldad. La historia la recoge Preston de la sobrina del dictador, Pilar Jaraíz Franco ('Historia de una disidencia') y de su madre Pilar ('Nosotros, los Franco'). Ordenó que le vistieran con el uniforme de gala de oficial de la marina en el mismo momento del último aliento, para que fuera trasladado inmediatamente nada más fallecer a El Pardo, donde le velaría la familia, es decir, el propio Franco y sus hermanos. Por supuesto, ni Agustina, ni la sobrina de la maestra que vivía con ambos, pudieron acompañar al cadáver. Franco había repudiado a su padre casi desde que abandonara a su mujer, Pilar Bahamonde en 1907 —la madre del Caudillo— y prohibió además a Agustina y a su sobrina que acudieran al entierro en el panteón familiar del cementerio madrileño de la Almudena.

El hermano "descarriado"

Este era el verdadero mausoleo de los Franco, antes de Mingorrubio y mucho antes aún del de la Catedral de la Almudena en el centro de Madrid, donde ahora quiere la familia del dictador que descansen los restos cuando sean exhumados del Valle de los Caídos. Una propiedad que fue adquirida por la hija Carmen Franco en 1989, más de diez años después de la muerte de Franco y cuando su madre Carmen Polo descasaba ya en el de Mingorrubio desde 1988.

"Mi todopoderoso hijo te ignorará. Te harán el mismo vacío que, influido por Carmen, le hicieron siempre a Engracia, la mujer de Ramón"

Al igual que ocurrió con su hermano Ramón, héroe del Plus Ultra, el destacado aviador que luchó a su lado en la Guerra Civil pese a su ideología claramente republicana, Franco no acudió al entierro, tan solo siguió al féretro hasta las puertas de El Pardo. Si su padre fue una decepción, su hermano no fue menos. Muchos años después, con motivo de la detención del hijo de un ministro del régimen, Franco le confesó a su primo el teniente general Francisco Franco Salgado Araujo, 'Pacón': "Esto para el ministro es muy lamentable, pero sucede en muchas familias que salga un chico descarriado ignorándolo los padres. El caso de mi hermano Ramón es uno de ellos" ('Mis conversaciones privadas con Franco', Planeta).

Ramón Franco el día de su boda con Carmen Díaz Guisasola
Ramón Franco el día de su boda con Carmen Díaz Guisasola

El motivo estaba claro: además de las veleidades republicanas de Ramón, que por otra parte acabaría sumándose al alzamiento, se encontraba lo que a ojos del general constituía una vida licenciosa, lejos de los ideales católicos y puritanos inculcados por su madre Pilar. Lo chocante era la fantasía de Franco respecto a la familia, puesto que ignoraba frente a su primo "Pacón" que no se trataba de un hijo descarriado, sino también de su mismo padre. Este por su parte, antes de morir, habría prevenido a Agustina sobre su familia: "Mi todopoderoso hijo te ignorará. Te harán el mismo vacío que, influido por su mujer, le hicieron siempre a Engracia, la mujer de Ramón". (Enrique González Duro, 'Franco una biografía psicológica', Raíces).

'Arrabalera de rompe y rasga'

Ramón había seguido en el aspecto sentimental los pasos de su padre Nicolás: tuvo dos mujeres y una hija que también fueron convenientemente apartadas cuando falleció en 1938 en un accidente de avión en Mallorca sobre el que se arrojó la sospecha de haber sido un sabotaje intencionado, nada menos que por obra de la masonería de la isla, tal y como se encargó de difundir Pilar Franco en sus memorias de 1980 publicadas por Planeta, 'Nosotros, los Franco'.

En su libro "Nosotros, los Franco", la hermana del dictador, Pilar, brindó su particular visión sobre las dos mujeres del aviador

El aluvión no se quedó en los ataques contra la masonería, sino también en la descripción, un tanto a la ligera, de la primera mujer de su hermano, Carmen Díaz Guisasola, conocida como 'Carmenchu', que como respuesta co-escribió unas memorias junto al periodista Jose Antonio Silva Do Porto, tan solo un año después y también publicadas por Planeta, 'Mi vida con Ramón Franco', en la que no solo desmentía la versión de Pilar, sino que aportaba detalles de su vida marital y de las infidelidades de Ramón, que acabaron con su divorcio —en tiempos de la República, cuando todavía era legal—, al que siguió las nuevas nupcias por lo civil del menor de los Franco con otra mujer, Engracia Moreno Casado.

Franco, el vendedor de libros

'Carmenchu', descrita como "arrabalera de rompe y rasga" por Pilar era en realidad una niña bien, hija de un ingeniero industrial, Pedro Díaz Larrauri, que vivió en Francia donde fue educada en un colegio de monjas del Sagrado Corazón, según explica el periodista Fernando Orgambides. El aluvión de recuerdos familiares, desmentidos y anécdotas que siguió fue de tal magnitud que 'Mi vida con Ramón Franco', editado por la misma editorial que las memorias de Pilar, Planeta, recibió el premio 'Espejo de España' de un jurado formado nada menos que por Manuel Fraga, el teniente general Manuel Díaz Alegría y el mismo José Manuel Lara, fundador y dueño de Planeta. Lara afirmó entonces que "Franco era el mejor vendedor de libros de España".

Lo más increíble de todo el follón familiar resultó ser que el propio hermano de 'Carmenchu', Juan José Díaz Guisasola, piloto de la aviación republicana, habría estado a los mandos del Douglas DC que llevó al exilio francés nada menos que a Juan Negrín, presidente del gobierno republicano. Como fue Franco quién anuló los divorcios de la Segunda República, el hermano de su cuñada. Así, el primer marido de Carmen, Ramón Franco, bombardeó a los republicanos y su hermano, a los nacionales.

El único entierro de la familia directa al que acudió Franco fue al de su madre Pilar Bahamonde, de quien la práctica totalidad de sus biógrafos han destacado la mayor influencia moral y espiritual del dictador en ausencia de la figura paterna. Precisamente la lectura del testamento de su madre habría sido una de las últimas veces en las que se habrían visto. Un encuentro que resultó desagradable habida cuenta del desprecio de Nicolás hacia su hijo, cuando todavía no había estallado la Guerra Civil. Por entonces, Franco era ya un distinguido y afamado militar, no menos que su hermano Ramón quién había completado ya el viaje del 'Plus Ultra'.

La segunda mujer, Engracia, había sido artista de cabaret y antes de casarse tuvo una relación con un "tragasables" llamado 'Kanisca'

Sin embargo, el benjamín de la familia, que rivalizaba con 'Paquito' por el cariño de su madre, había caído ya en desgracia en la familia. Se había casado en 1924 en Hendaya con 'Carmenchu', pero apenas unos años después la había dejado por otra mujer, Engracia Moreno, sobre la que corrieron otra serie de fantásticos rumores y maledicencias. A diferencia de 'Carmenchu', Engracia encajaba mejor en la obsesión familiar por desprestigiar los segundos matrimonios.

El dato definitivo lo propició el historiador José María Zavala, quién publicó una biografía sobre Ramón, ('Franco, el republicano', Altera) en la que recogía un informe de la policía que aseguraba que Engracia había sido artista de cabaret y que antes de arrejuntarse con Ramón estuvo con un artista circense, un "tragasables" llamado 'Kanisca', que además ingería bombillas que iluminaban su interior... El informe, que el propio Zavala consideraba falso, a pesar de que hubiera datos reales sobre Engracia, habría sido encargado por el propio Franco. El objeto era dar la validez de que la hija de ésta, Ángeles Leoncia, no era de Ramón, sino de Kanisca.

Crueldad intolerable

La rocambolesca historia es también puesta en duda por otro de los biógrafos de Ramón, el escritor y aviador Francisco Escarti ('Ramón Franco, el aviador'), quién señala que las vicisitudes de Engracia antes de su matrimonio carecen de importancia, mientras que la relación con los Franco de su hija, que murió prematuramente en 1976, fue inexistente, a pesar de ser la familia. Cuatro años antes de que la viuda de Nicolás Franco padre fuera ninguneada y apartada, fueron Engracia y Ángeles, las que desaparecieron, tal y como había advertido Nicolás padre a Agustina.

Lo que no se sospechaba entonces es que el círculo de la familia se iría estrechando y no solo a las segundas mujeres de Nicolás y Ramón. La propia Pilar Franco, hermana del dictador, sufrió el vacío a la muerte del Jefe del Estado por parte de lo que se denominaría el 'Clan de El Pardo', la otra gran historia que entronca con los herederos actuales. Lo explicó sin tapujos cuando presentó su libro de la mano del periodista Emilio Romero, legendario director del diario 'Pueblo': "Nos fue prohibida la entrada en La Paz a Nicolás y a mí. Solamente dejaron a entrar, de la familia, a la mujer, a la hija y a los nietos. Todavía no sé por qué nos hicieron eso. Fue una crueldad terrible, algo inhumano..."

*Los exabruptos están reproducidos en varias biografías sobre Franco, aunque la principal fuente es 'Historia de una disidencia', el relato de la sobrina del dictador, Pilar Jaraíz Franco, hija mayor de Pilar, publicadas tan solo un año después de las de su madre 'Nosotros, los Franco'. También se hace eco Juan Luis Cebrián en 'Primera Pagina', Ed. Debate, sobre una anécdota relatada por su padre, Vicente Cebrián, quien fue director del diario falangista 'Arriba'.

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