HISTORIA

La 'Stasi' de El Pardo: así espió un Franco paranoico a don Juan y los monárquicos

Los boletines inéditos del propio dictador salen a la luz ahora con la publicación de 'Don Juan contra Franco’', de los periodistas de ABC Jesus García Calero y Juan Fernández-Miranda

Foto: Francisco Franco y don Juan de Borbón
Francisco Franco y don Juan de Borbón

En la soledad de su despacho el dictador repasa minuciosamente los informes de una red de informadores, soplones, espías e infiltrados que le tienen al tanto de cada movimiento de la conspiración interna que quiere restaurar la monarquía. Resulta irresistible imaginárselo por la noche, bajo la luz de un flexo en el palacio de El Pardo, aunque bien podría haber sido entre interrupciones de sus ministros, en alguna comida o incluso en algún consejo. La imagen no deja de ser desconcertante por el año de los informes: 1948.

Casi diez años después de la guerra, el dictador sigue minuciosamante cada movimiento de una conjura que prácticamente ya ha fracasado

Casi diez años después de la guerra Franco sigue obsesionado y pendiente de una conjura que prácticamente ya ha fracasado. Los boletines inéditos subrayados con lápices de color azul y rojo y con anotaciones del propio dictador salen a la luz ahora con la publicación de ‘Don Juan contra Franco’, Plaza y Janés, de los periodistas de ABC Jesus García Calero y Juan Fernández -Miranda, que han estado en El Confidencial para explicar su libro. Se agradece que entren en la arena, no rehuyan ninguna pregunta aunque se salga estrictamente de lo que narra el libro y que incluso abran un debate entre ellos mismos en algunos momentos.

La 'Stasi' de El Pardo

Lo mejor son los documentos inéditos del servicio de Información de Falange, que ofrecen la visión de un Franco en constante alerta. Lo explica Fernández-Miranda: “Lo especial es que son boletines periódicos y tienen un objetivo común, que es vigilar la conspiración monárquica”. Los papeles afianzan una de sus tesis y que la mayoría de los biógrafos de Franco han tratado como algo secundario: incluso en los coletazos de la conspiración, ya en 1948, siguió muy pendiente, hasta el punto de tener un maquinaria que recuerda a la Stasi de la RDA de los 70 y 80. “Rescatamos del olvido entre 15 y 20 dosieres que están numerados del doscientos al doscientos y pico, así que es un dinámica que funcionaba desde mucho antes y que siguió funcionando después”, prosigue Fernández-Miranda.

"Los boletines son especiales: un servicio que redacta que han escuchado a alguien criticar al régimen y que se envían todos los días"

Para entonces, 1948, el espionaje de Franco en el círculo monárquico era abrumador y constaba de muchas fuentes, como han constatado los historiadores del periodo. Jesús Calero remarca sin embargo que los boletines eran muy detallados, “son un servicio en toda regla de información: hay un señor que escribe si escucha a alguien criticar a Franco y sabe que lo va a leer porque va directamente al dictador”.

¿Toda la información es de calado y tenía un gran valor? “Es verdad que hay muchas cosas que son un tanto pueriles, es un espionaje de andar por casa, pero da una idea de hasta donde había llegado ya Franco”, responde Fernández-Miranda.

Fragmento de uno de los Boletines de Falange
Fragmento de uno de los Boletines de Falange

La réplica es obligada: si el espionaje era pueril, la propia conspiración también, con pocas o nulas posibilidades de éxito, según ha recogido la historiografía. Es fácil jugar a favor de los acontecimientos, pero es necesario inquirir sobre ello. Los autores demuestran prudencia y valor en su argumentación. Fenández-Miranda reconoce que en cierta medida sí fue ingenua, dadas las circunstancias del enorme poder que ya había acumulado a esas alturas Franco: disponía de la red de un estado, de informadores, policía y espionaje pero también que "si había alguna posibilidad pasaba por Don Juan, por eso le preocupó".

La Transición inexistente

Calero relativiza el concepto de ingenuidad de la conjura: “Es verdad que ellos quieren creer que lo que están haciendo es más serio de lo que probablemente es en algunos momentos”, pero remarca que fue importante porque sentó las bases de lo que sería la Transición 40 años después: “Por primera vez hay un rey (sic) que establece que hay que contar con todos. Habría podido coronarse con Franco, que se lo ofrece: sea usted el rey falangista. Lo rechaza y continuamente incide en que tiene que haber un consenso”.

Aquí está la verdadera gran tesis del libro, más peliaguda: un Don Juan de Borbón que se presenta como garante de una monarquía parlamentaria y alternativa a la dictadura. Un rey dispuesto a aunar todas las tendencias políticas "de las derechas y de las izquierdas", como remarca Calero. Antes de eso y cuando Don Juan ni siquiera era el heredero, se había presentado para luchar en el bando nacional enviado por su padre Alfonso XIII, que era el rey en el exilio.

Don Juan se presentó a luchar en el bando nacional sin ser aún el heredero y Franco lo envió de vuelta con el mensaje de que no era su guerra

Era conocido y el libro lo recoge, pero es muy revelador de lo que fue la rebelión militar: básicamente Franco le vino a decir al hijo del rey, por medio del general Fidel Dávila, que se volviera a su casa que esa no era su guerra. Escogió sus palabras: “Su lugar no está en el frente sino en el futuro de España". Se lo recordaría en el intercambio epistolar que mantuvieron en 1943, durante la ofensiva monárquica: “Precisamente V.A. pareció comprender esta necesidad [los principios del Movimiento] cuando dejándose llevar de su hacer natural y siguiendo el impulso de la juventud española se presentó a combatir en nuetras filas a raíz de nuestro alzamiento, vistiendo camisa azul y tocándose con la boina roja" tal y como recoge Jesús Palacios en 'Las cartas de Franco', La Esfera de los Libros (2005).

Errores y virajes políticos

Entre ese apoyo inicial de la Casa Real en el exilio al bando nacional de Franco, que no era precisamente el de todos los españoles y el final de la guerra, es verdad que maduró un joven que pasó a convertirse en heredero designado por Alfonso XIII, que murió en 1941.

'Don Juan contra Franco'.
'Don Juan contra Franco'.

Lo que ocurre es que la progresiva maduración y modulación de su discurso, fue paralela a los fracasos. Sumarse a los nacionales primero para que la guerra consistiera en una restauración monárquica y después convencer a Franco para que cediera amablemente el reino. Había fracasado ya todo lo demás. Es entonces, a partir de 1946, con Don Juan en Estoril, Portugal, cuando comienza a coordinarse el movimiento monárquico que acabará en un pacto con más fuerzas que incluye al socialista Indalecio Prieto.

"Con inteligencia y malicia fue capaz de ir modulando las respuestas a medida que se desarrollaba la alternativa de Don Juan"

Es la parte más polémica porque Don Juan decidió pactar con Franco en el famoso encuentro en el Azor en agosto de 1948, acabando con el intento. Unos meses antes Franco había ordenado detenetr a los conspiradores. La excelente narración se resiente un poco de la decisión editorial de prescindir de notas, lo que obliga al lector a un acto de fe, ya que hay párrafos en los que se desconocen la procedencia de las afirmaciones: quién dice qué o cuál es la fuente. No significa que no este bien documentado. Se nota en ‘Don Juan contra Franco’ un gran trabajo de investigación, empezando por los papeles inéditos, además de las citas, pero exige un cierto esfuerzo para quien quiera contrastar lo que sus autores razonan.

Las llaves del reino

Tiene la virtud de recordar que hubo una resistencia interna tras la guerra, aunque fuera débil, que obligó a Franco maniobrar. Según Calero actuó "con inteligencia y malicia y fue capaz de ir modulando las respuestas a medida que se desarrollaba la alternativa de Don Juan”. Fernández-Miranda añade la habilidad que desplegó para conseguir la consolidación del régimen: “En ese proceso de institucionalización está el espionaje. Sabe que para que el caiga tiene que llegar otro y el único que puede llegar es Don Juan. Consigue frenarlo disponiendo de toda la información posible”.

Renuncia de Don Juan de Borbón
Renuncia de Don Juan de Borbón

El otro aspecto relevante está en los comienzos: Franco no lideró el golpe de Estado de 1936 tal y como escriben. Si acaso lo hizo cuando este fracasó en los días siguientes y comenzó la Guerra Civil. De forma oficial a partir del 27 de septiembre de 1936, después de menos de tres meses de guerra, cuando la Junta de Defensa Militar de la que formaba parte, le designa jefe de todos los ejércitos. Es importante porque uno de los protagonistas esenciales de ‘Don Juan contra Franco’, es el general monárquico Alfredo Kindelán, el artífice del nombramiento y también impulsor de todas las conspiraciones para derrocarle desde 1941 a 1948.

Franco se hizo en 1936 con la jefatura del Estado de los sublevados a petición de los monárquicos. Sólo se opuso el republicano Miguel Cabanellas

Calero reconoce que de hecho fue el propio Kindelán quién organizó y convenció al resto de los generales para nombrar a Franco como jefe de todos los ejércitos con el objetivo de un mando único. Está en el libro, pero hay un obligado recordatorio: en ese texto que redactó Kindelán junto a Nicolás Franco, le nombraron además “Jefe del Gobierno del Estado”. La réplica de Calero es rápida: “Sí, pero incluyeron expresamente “mientras durase la guerra”. Lo que ocurre es que en apenas tres días ya había desaparecido el matiz, según explica Luis Suárez en su biografía sobre Franco. Cuando se publicó en el Boletín Oficia la frase ya no estaba. Desde el minuto uno iban por detrás.

El sueño de la restauración

Por otra parte, la rebelión militar del 18 de julio de 1936 nunca tuvo como objeto expreso restaurar la monarquía, por mucho que los militares favorables a la restauración se sumaran. El complot militar dirigido por el general Emilio Mola estableció vagamente que la forma del nuevo régimen "no sería una monarquía sino una dictadura republicana" -Stanley G.Payne, 'El camino al 18 de julio', Espasa (2016), aunque el contenido político era prácticamente nulo.

Después se confiaron a Franco y le dejaron las puertas abiertas. El único general que se opuso en la Junta de Defensa a otorgarle semejante poder en septiembre de 1936 fue Miguel Cabanellas, que era republicano. Según Paul Preston, el veterano general advirtió del peligro: "Ustedes no saben lo que han hecho (...) va a dársele en estos momentos España, va a creerse que es suya y no dejará que nadie lo sustituya en la guerra ni después de ella hasta su muerte", -'Franco', Ed. Debate (2015)-.

Tanto Calero como Fernández-Miranda reconocen que en ese momento Kindelán y otros como el duque de Alba -otro protagonista esencial del libro a favor de Don Juan- dieron prioridad a la guerra y no pensaron en lo siguiente. La cuestión es que Franco sí lo hizo. Para más señas, todos sus movimientos políticos durante la guerra, aunque cautos, enviaban señales claras de que lo que habría si alcanzaba la victoria se fundaría un nuevo estado, no una restauración. Fernández-Miranda reconoce que “desde el mismo 36, cada minuto que pasa Franco está cada vez más instalado, en ese sentido siempre hubo un componente de ingenuidad”.

"La desconfianza entre los conspiradores es total, porque están también los socialistas, pero son capaces de firmar el Pacto de San Juan de Luz"

Aunque la gran aportación del libro rebela que la conjura siempre mantuvo la atención del dictador, el momento probablemente más delicado para Franco fue en sus comienzos. En 1943 los generales monárquicos le entregaron por mano del general Enrique Varela -no de Kindelán- un manifiesto en el que le pedían que se echara a un lado. El régimen franquista no se había consolidado y había un connato de disidencia en el seno del propio ejército. Según Calero "las peticiones de sus generales le motivan a instittucionalizar el régimen y buscar mecanismos legales para sustentarlo".

Desconfianza total

Terminada la Segunda Guerra Mundial, la oposición era muy desigual y reinaba la desconfianza. El historiador Paul Preston recuperó en su biografía sobre Franco las impresiones de Gil Robles, que ya en 1943 escribió en sus diarios sobre Kindelán y los otros generales como Aranda: “estos fervorosos monárquicos cuya a lealtad a don Juan no les impide aprovecharse del tinglado franquista, son el mayor enemigo que tiene la Monarquía”. El político era entonces el consejero de Don Juan.

"Nadie se fía nadie de nadie, porque ni Indalecio Prieto se fía de Gil Robles ni éste de Kindelán, ni el duque de Alba de Aranda. Siempre fue difícil"

Está también presente en el capítulo que divide el libro y lo explica Calero: “Es verdad que es es una conspiración que tiene siempre más posibilidades de fracasar que otra cosa, porque es muy difícil, están todos muy dispersos y significa mezclar agua y aceite: los tradicionalistas con los socialistas y cosas así. Nadie se fía nadie de nadie, porque ni Indalecio Prieto se fía de Gil Robles ni éste de Kindelán, ni el duque de Alba de Aranda. Hay una desconfianza total, pero son capaces de sobreponerse a todas esas diferencias, sentarse a hablar y firmar finalmente, aunque inútilmente el Pacto de San Juan de Luz, que es de clarísima y neta inspiración democrática”.

El mentor de Juan Carlos I

'Don Juan contra Franco', recupera un capítulo importante de la historia de España por sus implicaciones posteriores con el atractivo de una nueva documentación. Detalla además una parte del proceso de consolidación del franquismo, que no estuvo exento de amenazas y explica los pormenores y los personajes que intervinieron en el intento de la restauración monárquica en todas sus fases.

"Juan Carlos I culminó la tarea que no pudo hacer su padre, es una falacia que se diga que la Transición y su reinado son fruto del franquismo"

Otra cuestión es el calado de esa conjura y sus contradicciones. Don Juan, el aspirante que nunca reinó, acabó sacrificando la corona en favor de su hijo después de pactar con Franco. ¿Destierra la tesis que se esgrime en ocasiones de que Juan Carlos I es el heredero de Franco? “Absolutamente”, remarcan prácticamente al unísono. “Juan Carlos I culminó la tarea que no pudo hacer su padre, es una falacia que se diga ahora que la Transición y el propio rey son fruto del franquismo”.

En realidad, el principal escollo para los monárquicos es que todo comenzó en 1936, no en 1941 y entonces el recuerdo de la monarquía era el del reinado de Alfonso XIII. La guerra tuvo un precio que muchos de sus impulsores, a pesar de sus esfuerzos no pudieron revertir después. Franco murió siendo el jefe del Estado que le habían puesto en bandeja los generales monárquicos y Don Juan tuvo que renunciar en favor de su hijo.

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