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Así montó Hitler su propio Hollywood nazi

En los doce años que duró la Alemania Nazi, el Gobierno de Hitler produjo alrededor de mil películas no eran, ni mucho menos, un mero entretenimiento inofensivo

Foto: Nazis en el cine en un momento de 'Hitler's Hollywood'. (Premium cine)
Nazis en el cine en un momento de 'Hitler's Hollywood'. (Premium cine)

Ella es una joven delgada de ojos claros. Él, un teniente de la Luftwaffe. Se enamoran. Hacen planes de futuro. Pero a él lo mandan con la Legión Cóndor a luchar en la Guerra Civil española. Es una misión secreta, así que siquiera puede despedirse. Ella, desolada, decide mudarse. Tres años después, la mayoría de los jóvenes de la ciudad marchan al frente de Polonia. Jóvenes valerosos que se van a sacrificar por su país. Entre ellos el amigo de la infancia de ella, que espera pedirle la mano a la vuelta de la guerra y que coincide en el mismo escuadrón con él. Los dos se hacen amigos, pero no saben que aman a la misma mujer. La película es 'Wunschkonzert' y el espectador lo que quiere es que el amor triunfe y que Alemania triunfe. Que sean nazis es, aparentemente, lo de menos. ¿Puede un drama romántico ser peligroso? "Sí", es la respuesta de Rüdiger Suchsland a través de su documental 'Hitler's Hollywood', un ensayo que analiza el cine —más o menos abiertamente— propagandístico salido de los apenas doce años que perduró la Alemania nazi y que se estrena este fin de semana en España.

Tras 'Desde Caligari hasta Hitler: el cine alemán en la era de las masas' (2014), Suchlands vuelve con la segunda entrega de lo que espera convertir en una trilogía sobre la ideología subyacente en un cine que, aparte de entretener, buscaba adoctrinar a una población que tuvo que asimilar por la vía rápida el ideario nacionalsocialista. Como dijo Mary Poppins, con un poco de azúcar la píldora pasa mejor, y entre canción y canción y romance y romance, la doctrina nazi se digiere más a gusto. La imagen que hoy tiene la Alemania de aquella época está monopolizada por ese collage ominoso de uniformes militares, calaveras, campos de concentración y genocidio. Pero el pueblo alemán también reía, iba a fiestas, tomaba vino caliente y galletas spekulatius en Navidad. "Alemania a mitad de los años 30, un país pacífico a primera vista", presenta la voz en off del actor Udo Kier. "La dominación de Hitler se había establecido y los efectos de la crisis económica eran invisibles [...]. El cine ofrecía una distracción adicional. El cine nazi era una fábrica de fantasía y sueños". Vamos, como Hollywood, pero con la carga política bien maquillada.

Otra imagen del documental 'Hitler's Hollywood'. (Premium Cine)
Otra imagen del documental 'Hitler's Hollywood'. (Premium Cine)

No todo fueron documentales de exaltación patriótica. No todo fue 'El triunfo de la voluntad' u 'Olimpia'. No todo fue una apelación directa a la significación política. No toda la industria del cine alemán —Marlene Dietrich, Otto Preminger, Billy Wilder, Fritz Lang— huyó al otro lado del charco. Entre 1933 y 1945, en Alemania se produjeron alrededor de mil películas. Es decir, el cine nazi se extiende mucho más allá de la obra de Leni Riefenstahl. Más de la mitad de la producción alemana, encabezada por los estudios de la UFA y bajo la supervisión milimétrica de Joseph Goebbels —el gobierno tomó el control absoluto—, eran musicales y comedias, divertimento necesario para evadirse de una realidad terrible.

El cine era el principal medio de comunicación con las masas del régimen de Hitler

Cuenta el documental que el mensaje político del cine nazi se sostenía sobre tres pilares fundamentales: la camaradería, el cumplimiento del deber y el colectivo de soldados como una unidad significativa. "El cine era el principal medio de comunicación con las masas del régimen de Hitler", explica. La producción cinematográfica nazi, además, tenía el ojo puesto especialmente en la juventud, que aparecía retratada de forma "sensual y erótica". Se subraya el misterio, la aventura. Y se apela al deber con la patria, que traerá una recompensa mayor que uno mismo. Por ejemplo, en 'El joven hitlerista Quex', del año 1933,el protagonista, Heini, recibe como regalo-premio de sus amigos un uniforme de las juventudes hitlerianas.

Adolf Hitler y Joseph Goebbels en un momento del documental. (Premium Cine)
Adolf Hitler y Joseph Goebbels en un momento del documental. (Premium Cine)

Muchos de los grandes nombres del cine europeo rehuyeron las producciones de la UFA. Muchos de los que no lo hicieron, acabaron vetados tras la caída del nazismo, como Ilse Werner, la protagonista de 'Wunschkonzert', que durante un corto periodo de tiempo estuvo apartada de forma forzosa de la pantalla. A Ferdinand Marian se le prohibió actuar de por vida por su papel en 'El judío Süss'. Caso curioso es el de Ingrid Bergman, que mantuvo un breve flirteo con el cine nazi que se tradujo en una única película, 'El pacto de las cuatro', de 1938, antes de la invasión de Polonia. En el film, Bergman recorre las calles de un Berlín moderno y efervescente. También resulta sorprendente que en 'La habanera', de 1937, Douglas Sirk, entonces director bajo el nombre no tan estadounidense de Detlef Sierk, eligiese Tenerife como plató mientras España se partía en dos durante la Guerra Civil. Sirk huyó de Alemania en 1937, y su primera película en Estados Unidos, ya con el nombre por el que se le recuerda, fue 'Hitler's Madman' sobre el asesinato de Reinhard Heydrich.

Cartel de 'Hitler's Hollywood'
Cartel de 'Hitler's Hollywood'

"El deseo de un mundo alternativo debía ser inmenso en 1944". Con Alemania ya olisqueando la derrota, las películas de la UFA se convirtieron en un desbarre colorista y exuberante, con números de baile ampulosos y decorados suntuosos. "Había algo de histeria", asegura el narrador. Eran películas "de los días finales apocalípticos". Títulos como 'Opfergang' o 'La mujer de mis sueños' —con número de bandolero sevillano y bailaora incluido— se leen ahora como "el presagio de la caída". En 1945, cuando todo se venía abajo, Alemania rodaba la película más cara de su historia: 'Kolberg', una oda a la resistencia prusiana frente a las tropas de Napoleón. "Ningún amor es más sagrado que el amor a la patria. No hay mayor regocijo que el de la libertad", afirma uno de los personajes. En un momento en el que en el frente ruso los soldados germanos morían como piojos, el film utilizó como extras a 100.000 reclutas de la Wehrmacht. El canto del cisne.

Hasta entonces, el título alemán más caro había sido 'Titanic', rodado un año antes, un film que intentaba desacreditar a los personajes ingleses y el heroismo de los pasajeros alemanes y que acabó costándole la vida a su director, Herbert Selpin. El guionista, Walter Zerlett-Olfenius, denunció a Selpin ante la Gestapo por un comentario contra el régimen y el director apareció ahorcado en una celda antes de que la película estuviese terminada. "Ya no había películas para animar, sino un crepúsculo de los dioses", resume Kier. Por eso, al llegar el final, Suchsland vuelve la cámara hacia el otro lado de la pantalla. Imágenes reales de soldados desplomados en el suelo, de mujeres golpeadas incrédulas, de una Alemania a la que súbitamente habían despertado de sus sueños —más bien delirios— de grandeza.

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