historiador del arte y conservador

El mago de los manuscritos tiene las notas de Miguel Ángel o las facturas de Freud

'La Magia del manuscrito', recientemente publicado en España, reúne una pequeña parte del archivo de Pedro Corrêa do Lago, uno de los coleccionistas más grandes del mundo

Foto: El coleccionista brasileño Pedro Corrêa do Lago
El coleccionista brasileño Pedro Corrêa do Lago

Para Stefan Zweig, el enigma más profundo del mundo era la creación. La naturaleza siempre esquiva a quienes se preguntan por el misterio del nacimiento; el biológico y el artístico. El escritor austriaco se lamentaba en ‘El mundo de ayer’: “Ni siquiera el poeta, ni el músico, podrán explicar cómo las palabras, al elevar su sentido, se han unido en una estrofa, cómo unos sonidos aislados han engendrado melodías que luego resuenan durante siglos”.

El Zweig quinceañero encontró una afición que aliviaba su inquietud por las mentes de los genios: reunir las anotaciones de Bach, Goethe o Beethoven. “Lo único que puede brindarnos una idea de ese proceso incomprensible de creación son las páginas manuscritas, sobre todo las no destinadas a la imprenta, los primeros borradores aún inciertos y sembrados de correcciones a partir de los cuales se va cristalizando poco a poco la futura forma definitiva”.

La pasión de Pedro Corrêa do Lago (Río de Janeiro, 1958) también comenzó en su adolescencia. Cuando tenía doce años, comenzó a enviar cartas a sus artistas favoritos para recoger sus autógrafos. La secretaria de J. R. R. Tolkien rechazó la petición del niño brasileño, pero François Truffaut le envió un ejemplar dedicado de ‘El pequeño salvaje’ justo antes de Navidad. Eugène Ionesco, maestro del teatro del absurdo, respondió poco tiempo después: “Querido Pedro Corrêa do Lago, nunca envío autógrafos. Firmado: Eugène Ionesco”.

Mosaico de manuscritos que revela los métodos de trabajo de Marcel Proust. (Taschen)
Mosaico de manuscritos que revela los métodos de trabajo de Marcel Proust. (Taschen)

Medio siglo después de sus primeros logros, Corrêa do Lago ha reunido una colección de más de 40.000 manuscritos y autógrafos de relevancia mundial. Parte de ella se expuso en la Biblioteca Morgan de Nueva York el año pasado. En abril de 2019, llegó a España a través del volumen ‘La magia del manuscrito’ (Taschen, 2019), que recoge una pequeña parte del tesoro del coleccionista brasileño.

Manuscrito de la ópera 'La chica del Oeste', de Giacomo Puccini. (Taschen)
Manuscrito de la ópera 'La chica del Oeste', de Giacomo Puccini. (Taschen)

Una carta que Ernest Hemingway escribió con 12 años, otra en la que Paul Gauguin lamenta los arranques violentos de Vincent Van Gogh, unas anotaciones de Miguel Ángel, la cubierta de una cantata de Bach… Los documentos tienen distintas edades, pero todos pasaron por las manos de los genios que configuraron el arte, la historia y la ciencia que conocemos.

“Empecé a los doce años. Escribía cartas a gente importante y, cuando volvía a casa, miraba si Joan Miró, Golda Meir o Agatha Christie me habían respondido. Recibí al rededor de 300 cartas en dos años, aunque muchos artistas eran inaccesibles… Picasso nunca contestó”, cuenta Corrêa do Lago a El Confidencial. Su padre era diplomático y a la casa de su infancia llegaron algunas personalidades de Brasil. Entonces, él acudía con un cuaderno para atrapar su letra.

“A los 14 años descubrí que existía todo un mercado detrás de los manuscritos. Me gastaba mi paga de dos dólares en librerías de viejo o tiendas especializadas. Entonces, no era más que una afición de la infancia, como quien colecciona sellos o monedas”, recuerda. A Corrêa do Lago le molesta que lo confundan con un “cazador de autógrafos”. No sólo le interesan las firmas sobre el papel, sino las emociones que esconden los trazos. “Ser el destinatario no previsto de una carta centenaria, 15 minutos congelados de la vida de otro que ahora están en mis manos”.

Cubierta de la edición española de 'La Magia del manuscrito'. (Taschen)
Cubierta de la edición española de 'La Magia del manuscrito'. (Taschen)

Menciona un papel que Miguel de Unamuno escribió retenido por la dictadura de Primo de Rivera o un reporte de Napoleón: “Tengo un comunicado en el que el general ordena el fusilamiento de un hombre porque estaba robando trigo de un depósito. Ese papel significó la muerte de un hombre. Reúno todo tipo de emociones en mis manuscritos: cartas de amor, bodas, compras de casas, nacimientos, nombramientos… Todas las alegrías y tristezas”.

Los archivos de Corrêa do Lago, que guarda en su casa, pesan aproximadamente una tonelada. Entre esos kilos de papel y pergamino, conserva una factura de 20 horas en la consulta de Sigmund Freud (“la descripción del psicoanálisis en un trozo de papel”, bromea) o un borrador de ‘En búsqueda del tiempo perdido’, de Marcel Proust (“se ve que el título que había pensado al principio era ‘Las intermitencias del corazón’, luego lo cambió”).

Lope de Vega, perdido en Brasil

A veces ocurren milagros. El coleccionista se emociona al recordar una llamada que recibió hace doce años. “‘Tengo un manuscrito español que le podría interesar’, me dijo un muchacho al teléfono. Yo estaba ocupado escribiendo un libro, pero le escuché. Cuando me dijo que era de Lope de Vega, no le creí. Resulta que había pertenecido a una familia de la nobleza brasileña que lo conservaba en su biblioteca y me lo ofrecieron”.

Se refiere a un manuscrito autógrafo firmado por el dramaturgo y datado de 1619. El nombre de la obra, ‘Las hazañas del segundo David’. Aunque los expertos conocían su existencia, no localizaron el texto hasta 1985. Se publicó más de 300 años después de que Lope la escribiera.

Otro milagro ocurrió en Madrid, hace más de 40 años. El hermano de Corrêa do Lago, historiador y casado con una española, visitó una librería de viejo que conservaba papeles notariales, facturas y legajos antiguos sin valor. Entre ellos, para bromear con su hermano, compró un papel del año 1490 por un precio insignificante. Para comprobar la data, se lo llevó a su suegro español, un diplomático que conocía la paleografía. El veredicto fue desilusionante: el manuscrito no era de 1490, sino algo más moderno, de 1516.

El documento más antiguo de su archivo es un pergamino del siglo XII firmado por cuatro papas y un santo

“Su suegro podía descifrar la letra antigua y se dio cuenta de que una de las firmas correspondía a un Fernando de Rojas. Siguieron investigando y descubrieron que, en realidad, era el “Bachiller Fernando de Rojas”, de Talavera de la Reina. ¡No creo que hubiera más de uno! O sea, era el autor de ‘La Celestina’”. Hasta entonces, no se conocía ningún archivo ni manuscrito con su firma. Corrêa do Lago lo encontró por casualidad.

En cincuenta años de travesías, compras y subastas, este coleccionista brasileño no ha tenido tiempo para aburrirse. “Mi mente siempre está ocupada con algo”. El documento más antiguo de su archivo es un pergamino del siglo XII firmado por cuatro papas medievales y un santo. “El más remoto que se conserva fuera del Vaticano. A veces, lo extiendo sobre una mesa e imagino a los papas y cardenales rodeándome, con sus túnicas medievales. Es como un viaje en el tiempo”.

El inventario de Van Gogh

No todos sus descubrimientos fueron fruto de la casualidad. Corrêa do Lago encontró en una carta ordinaria de Van Gogh un valor que nadie había leído antes. “Se creía que el único interés de esta carta es que la escribiera unos meses antes de suicidarse, pero había algo más. Resulta que el pintor redactó la carta en Arlés, antes de trasladarse al sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence por sus crisis nerviosas. En ella, detallaba qué objetos de su habitación quería conservar y cuáles no. ¡Así que en ese trozo de papel había un inventario de ‘El dormitorio en Arlés’! Probablemente, la habitación más famosa de la historia del arte”.

Pedro Corrêa do Lago guarda más de 30.000 papeles en su casa. Hasta un legajo en el que Miguel Ángel dibujó una pieza de mármol, unos cálculos de Isaac Newton o el único manuscrito conocido de ‘La biblioteca de Babel’, de Jorge Luis Borges. Las frases inacabadas, las flechas y los tachones plasman el misterio de la creación, aquel que inquietaba tanto a Stefan Zweig. “Soy un coleccionista extraño, no buscaría los autógrafos de Rafael Nadal o Julio Iglesias. Hace unos años, me propuse reunir una enciclopedia universal en mi colección, con las figuras más importantes de la ciencia, el arte, la historia o la filosofía. Es la imbecilidad más grande que uno puede cometer (ríe)”.

Factura manuscrita de la consulta de Sigmund Freud. (Taschen)
Factura manuscrita de la consulta de Sigmund Freud. (Taschen)

“Si creyera en el ‘feng-shui’ y en la doctrina de tirar lo que ya no se usa, mi casa ya estaría devorada por un ‘poltergeist’ o algo así”. Habría que ver a Marie Kondo enfrentándose a las facturas del siglo pasado. En la colección de Pedro Corrêa do Lago no hay una noción del todo, ni una serie que completar. Los huecos del álbum son tantos como creadores, políticos o seres humanos que escribieron en la historia alguna vez.

El coleccionista piensa en Zweig, el “pariente que ha elegido en esto de los manuscritos”. Cincuenta años después de conseguir su primera firma en un cuaderno, concluye: “Al final, creo que he trabajado más para mi placer que para otra cosa. Esta pasión ha orientado mi vida profesional. Fui editor de libros de arte, escribí unos cuantos, dirigí la Biblioteca Nacional de Brasil, tuve una librería de viejo, fui representante de Sotheby’s en mi país durante décadas… Hice cosas variadas y algunas me ayudaron en mi búsqueda”.

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