INÉS DE LEÓN, DIRECTORA DE '¿QUÉ TE JUEGAS?'

"Nada te asegura una carrera en el cine. Pienso: ¿acabaré debajo de un puente?"

'¿Qué te juegas?' es la ópera prima de Inés de León, que tras una década en el circuito del cortometraje se lanza a la piscina de la mano de Leticia Dolera y Javier Rey

Foto: Inés de León en la presentación de '¿Qué te juegas?'. (Efe)
Inés de León en la presentación de '¿Qué te juegas?'. (Efe)

Inés de León es uno de esos nombres que vienen precedidos de ruido antes incluso de hacer una primera película. Cualquiera que se haya movido por el circuito del cortometraje, cualquiera que haya querido hacer un 'fashion film' y haya buscado referencias visuales, cualquiera que haya participado en el rodaje del videoclip del último grupo de moda de Malasaña ha oído hablar de Inés de León o ha visto su característica melena pelirroja zigzaguear entre ceferinos, banderas y difusores. Más de una veintena de cortos, una 'webserie' ('Inquilinos') y, ahora, su ópera prima, '¿Qué te juegas'?, una comedia urbana protagonizada por Leticia Dolera, Javier Rey y Amaia Salamanca que llega este viernes a la cartelera. De León tiene la energía del demonio de Tasmania. Se mueve mucho y habla y ríe y gesticula a borbotones.

PREGUNTA. ¿Qué es lo que más te ha costado de dar el salto del formato corto al largo? ¿Ha habido vértigo?

RESPUESTA. He descubierto que es el mismo esfuerzo rodar un corto que una película. son las mismas interacciones, con la diferencia que durante siete semanas, que es lo que ha durado el rodaje, tenía un puzle inacabado en mi cabeza y eso me daba desasosiego, el pensar cómo iba a quedar la película, porque hay muchos factores que pueden alterarla: llueve y ya no puedes rodar los exteriores, un actor se pone enfermo y hay que quitarle tres días de rodaje… muchas cosas que pueden fallar. Ha sido un proceso que he tenido que aprender a llevar, un desasosiego que he tenido que aprender a controlar. Y luego la capacidad de liderazgo y de concentración, el humor, el buen talante, la energía… que tienes que extenderlos durante mucho tiempo.

P. El no dormir...

R. Tres horas dormía yo de media al día. Porque yo me meto en todo: la estética de la película me parecía muy importante. La fotografía, el vestuario, la decoración también. Estaba en todos los emails, en todas las reuniones y no me quería perder nada. También intenté portarme bien con mi cuerpo lo máximo posible: llegar a casa o al hotel y al terminar de trabajar desconectar de verdad, comer bien, hacer un poquitito de ejercicio…

P. Llevas más de una década dirigiendo, ¿había habido ya alguna intentona previa de sacar adelante un largo?

R. El productor es Santiago Segura y él hace mucho tiempo que descubrió mi trabajo y me dijo que quería producirme una película, porque le gustaba mucho mi manera de entender la comedia. Yo le dije: “Vale, pero mientras tanto vas a salir en mis cortos y en mi webserie”. Hace unos años hubo un guión que yo estuve preparando y que Santiago intentó mover, pero no era una época buena para levantar proyectos y no pudo ser.

Amaia Salamanca y Leticia Dolera en '¿Qué te juegas?'. (A Contracorriente)
Amaia Salamanca y Leticia Dolera en '¿Qué te juegas?'. (A Contracorriente)

P. ¿Por qué has apostado por una comedia urbana, ahora que funciona tan bien en taquilla el humor costumbrista y la comedia regionalista?

R. Ya que la película habla del choque de dos mundos —por un lado hablamos del 1% de la población, los ultrarricos que tienen yates y jets y controlan el mundo, y por otro de los artistas que vivimos en la ciudad e intentamos sacarnos unos cuartos para poder comer y que somos más idealistas— me apetecía retratar el mundo que yo conozco: el bar donde Isabel hace monólogos, el Picnic, es el bar al que yo voy siempre, mi bar de referencia. Brays es uno de mis mejores amigos así que me encargué de que hubiera un personaje para él. Mariam es amiga mía también. La ropa del personaje principal, de Isabel, mucha ha salido de mi propio armario. He retratado de manera cómica y más exagerada mi vida real.

P. Es un tipo de comedia muy basada en los diálogos y en el juego de los encuadres, más que en lo físico, ¿no?

R. Lo primero que intenté es darle mi impronta a los diálogos. Hay una película que me ha marcado mucho que es ‘Ser o no ser’ [Lubitsch], que es de 1942, en la que los diálogos son tan rápidos e irónicos, y cuyos personajes tienen su propia idiosincrasia. Yo quería esa rapidez. Esa sensación de estar riéndote y tragarte tu propia risa para poder escuchar el siguiente chiste. Por otro lado la animación me ha influido mucho. La manera en la que se mueven y gesticulan los personajes, cómo levantan la ceja, cómo entran y salen de cuadro... está todo medido. Para mí era importantísimo. A mí me parece que el vestuario, la decoración, el arte, la fotografía y los encuadres cuentan mucho. Me gusta mucho la simetría en el encuadre, y eso hace que se pueda ralentizar el rodaje, por eso lo llevo muy claro.

La comedia ayuda mucho a reflexionar sobre la sociedad porque lo hace de una forma menos obvia y agresiva

P. ¿Era importante para ti que tu comedia contuviese cierto discurso de clase y de género?

R. Creo que la comedia ayuda mucho a reflexionar sobre la sociedad porque lo hace de una forma menos obvia y agresiva. Yo he querido hablar de la lucha de clases y la lucha de sexos, del machismo, pero con una visión cómica. La película tiene también otro mensaje: no hay que sacrificarlo todo por tus aspiraciones profesionales. Yo he querido hacer una película, algo que me hace inmensamente feliz, pero cuando la estrenamos en Málaga, cuando bajé las escaleras y abracé a mi familia, ese fue el momento en el que sentí la mayor felicidad. Si lo consigues todo y no tienes con quien compartirlo… Que parece algo de taza de Mr. Wonderful, pero…

P. ¿Qué piensas de aquello de que "la segunda es la más difícil de hacer"?

R. Estoy intentando disfrutar de este momento. Se lo debo a la Inés de León quinceañera que no sabía cómo iba a hacerlo pero que quería ser directora y que pensaba “yo no soy Julio Médem”, “yo no soy Amenábar”. Intento disfrutarlo, pero también pienso si seré capaz de hacer una segunda película, y me da agobio, porque es una profesión muy dura, porque consigas lo que consigas, siempre vuelves a la casilla cero. Nada te asegura una carrera. Y pienso “¿Me moriré de hambre, acabaré debajo de un puente, la gente pensará que soy una ‘homeless’, moriré al lado de un cartel de una reposición de ‘¿Qué te juegas?’? Es un sentimiento rarísimo. Pero si no, la suerte es que siempre puedo volver al ‘underground’, porque tengo cosas que contar.

Amaia Salamanca e Inés de León en la première de 'Qué te juegas?'. (Efe)
Amaia Salamanca e Inés de León en la première de 'Qué te juegas?'. (Efe)

P. Como cineasta novel y directora mujer, ¿te has encontrado con problemas a la hora de imponerte?

R. Hay un problema de la sociedad, que espero que cambie, y que creo que el arte puede ayudar a cambiarlo. Hace cinco minutos vivíamos en el franquismo y seguimos teniendo los clichés en la sociedad y en el cine y en la literatura de que los hombre son los jefes. Yo llegaba a localizar y nunca nadie pensaba que yo era el director. Cuesta mucho que acepten que una chavala que viste como una moderna y se pinta los labios de rosa y es pelirroja y con pecas tiene ideas válidas y puede dirigir una película que cuesta 2,7 millones y lo puede dirigir y la peli puede ir bien. Esto es el machismo inconsciente y lo tenemos grabado a fuego.

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