entrevista

Jorge Martínez (Ilegales): "Yo sé cómo matar a tiros, un pueblo debe aprender a defenderse"

Uno de nuestros rockeros más lúcidos publica 'Rebelión', un disco a la altura de sus clásicos

Foto: Jorge Martínez, líder de ilegales. (EFE)
Jorge Martínez, líder de ilegales. (EFE)

Hace tiempo que los asturianos Ilegales no tienen nada que demostrar. En sus treinta años de vida, mantuvieron un altísimo nivel en los directos, no publicaron un disco malo y lograron sobrevivir a todas las modas del planeta rock. Jorge Martínez (Avilés, 1955) acude a la cita media hora tarde, haciendo su clásica entrada triunfal. “Venía pensando en qué excusa ponerte, por ejemplo que me habían recetado un supositorio pero que no encontraba ninguno del tamaño necesario”, explica. Su personaje brota de manera natural, como el orgullo al hablar de ‘Rebelión’, un disco contundente y elegante, que nos llama a enfrentarnos a la extrema desigualdad de nuestras sociedades. “No se sostiene el arte puro a lo Juan Ramón Jiménez. No existen torres de marfil, ni muros para aislarte de la realidad, solo el conflicto existencial de siempre”, proclama a los pocos minutos de charla.

PREGUNTA: Su disco es un alegato contra la mansedumbre.

RESPUESTA: La mansedumbre nos traído donde estamos; la mansedumbre y la autocomplacencia. El primer disco de Ilegales se publica en 1982, un año donde apenas había censura, los derechos laborales estaban más fuertes que nunca, se ampliaban las posibilidades de educación de las clases bajas y además teníamos sanidad universal. No somos un grupo de dar la matraca con discursos políticos, ni de vivir en la eterna pataleta, pero hemos llegado a un punto en el que hay que decir ‘basta’. Quien no se rebele contra la situación actual es un cretino y un hijo de puta. Y además es un idiota. Ser manso es resignarse a que te maten.

P: A que te te maten o a matarte, que es un problema que trata otra canción del disco.

R: Vivimos una época de muchos suicidios. Asturias y Galicia son las zonas de España donde más suicidios hay. Desde hace muchos años, se ha tratado muy mal a los trabajadores.

Jorge Martínez, de Ilegales.
Jorge Martínez, de Ilegales.

P: En su primer disco ya intuía que la situación social iba empeorar, pienso en la canción “Yo soy quien espía los juegos de los niños”. La letra habla de obreros llevados al límite, esperando en “la plataforma de suicidio colectivo”.

R: Ahora mismo hay una balanza: en un platillo están proyectos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y en otro, la Plataforma de Suicidio Colectivo. Yo piso mucho la calle y encuentro cada vez más gente desesperada. Me apropio de lo que dicen para dar amplificación. He oído muchas veces la frase ‘cuando mis hijos pasen hambre, los tuyos chorrearán sangre’.

P: En otra canción antigua, se habla de la autodefensa como solución: “Si surgen problemas, empuño mi arma/ ella es mi ángel de la guarda”. La revista The New Yorker publicó el año pasado un artículo donde se afirmaba que la creciente desigualdad iba a provocar una insurrección violenta.

R: Si damos armas a la gente de Estados Unidos, ya se sabe lo que van a hacer con ellas. Seguirán a cualquier loco que nos líe una muy gorda. En lo que sí creo es en el derecho a aprender a manejar armamento. Antes teníamos el servicio militar, el ejército de leva, que es una aportación de la Revolución Francesa. Yo sé cómo matar a tiros, con bombas, con bayonetas y con ráfagas de ametralladora. Un pueblo debe aprender a defenderse. El problema es que tenemos una generación hedonista que mira un uniforme y dice “no, esto que lo haga otro”; todo por pura comodidad. Estamos renegando del derecho a la autodefensa. Cualquier día privatizan el ejército y dan la concesión a Coca-Cola. La violencia es una constante en la especie humana y sería idiota negarlo para caer simpático. Quitémonos la venda de los ojos y afrontemos lo que somos.

P: Describe la cultura actual como hedonista, lo que nos lleva a otra canción del nuevo disco, titulada “No tanta, tonto”. ¿Estamos abusando de las drogas?

R: Cada copa y cada droga que tomas te alejan de la persona que quieres ser. Entiendo perfectamente el impulso que nos lleva a hacerlo, por eso mi mensaje es que no seas idiota y no te metas tanta. Hay un momento en el que hay que cortarse. Una cosa es tomarse unas vacaciones químicas y otra convertir tu vida en eso. Las vacaciones, reales o artificiales, tienen que terminar en algún momento. ¿Sabes por qué los gobiernos son partidarios de la prohibición? Primero, porque existe presión social de la derecha, luego porque hay muchos metidos en el ajo, pero lo más interesante es el tercer motivo, que consiste en que si ponen heroína barata y de alta calidad en las farmacias, un montón de gente va a decidir que esa vida es preferible a sufrir este mercado laboral. No pueden dar esa posibilidad a tantas personas. En otra de las canciones del disco, 'Mi copa y yo', intento hacer una mirada glacial al alcoholismo. Siempre he sido partidario de afrontar los problemas, de mirarlos de frente. No todo el mundo es capaz de encarar un espejo y aguantar la imagen que le devuelve.

P: La canción 'Mi amigo Omar' trata sobre homosexualidad, un asunto que ya no debería ser polémico, pero sin embargo lo es. Parte de la prensa se escandaliza porque Arcadi Espada llame “mariconazo” a Gabriel Rufián en una columna o porque una ministra del PSOE llame “maricón” a Grande-Marlaska, en una conversación privada.

R: Yo siempre he tenido amigos homosexuales. Paraba mucho por La Santa Sebe, un bar de Oviedo que regentaban dos amigas lesbianas. Era un sito donde encontrabas gente muy distinta, en las paredes no había colorines, ni arcoiris, ni hostias. Lo que propone la canción es que no se creen guetos. El colectivo homosexual ha sufrido injusticias desde hace cientos de años, se les. ha demonizado al máximo. Han vivido literalmente enjaulados, pero ahora que su situación se normaliza hay un sector que quiere volver a meterles en guetos de colores. Eso me parece una tontería y un retroceso, como lo sería hacer barrios para rockeros. Cuando voy de gira a México me junto con gente de allí, no solo con otros músicos españoles, como hacen algunos compañeros. Es importante mezclarse con gente distinta, que te puede aportar cosas. Seguramente lo del gueto gay sea una cuestión comercial, de empresarios que les quieren a todos juntitos, pero a mí me parece temerario y estúpido. Por cierto, la portada del disco también es un homenaje a los homosexuales: la estatua del Ángel Caído de El Retiro es donde antes se hacían las ‘chapas`. Me parece un lugar fascinante, que está justo a 666 metros sobre el nivel el mar.

Los gays han vivido enjaulados, pero ahora que su situación se normaliza hay un sector que quiere volver a guetos de colores

P: ¿Cuál es la mayor rebelión que ha visto en su vida?

R: Una que provocó un concierto nuestro en el Estadio Modelo de Guayaquil, en Ecuador. Nosotros estábamos tocando y después iban Hombres G. Aquello fue una estafa: los promotores metieron demasiada gente, algunos hacinados detrás y otros cómodamente en sillas en las primeras filas. Serían unas mil quinientas sillas. La policía patrullaba con sus cascos blancos y sus caballos. Las clases menos pudientes se sintieron ofendidas, con razón. El resultado fue noventa y nueve heridos y gente fuera de sí apuñalando a los perros de los agentes, además de que pulverizaron las vallas y robaron de todo. Mi actitud fue felicitar al público por lo que habían hecho: noventa y nueve heridos entre 45.000 personas me parece muy poco, en las condiciones que habían impuesto allí. Fue una revolución exitosa. Nuestra actitud fue tocar muy seguido para mantener la atención en el escenario. La frustración del público era tener delante algo que querían ver y no poder disfrutarlo, así que tocando les decíamos que no perdieran la esperanza. Al final, consiguieron verlo en condiciones.

P: ¿Algún tumulto más?

R: He estado en cargas policiales de todo tipo. Recuerdo un concierto en Gijón, en los años ochenta, donde al acabar me pillé un ‘puestazo’ de anfetaminas terrible, pero muy bien. Era sulfato dextroanfetamina, que entonces era legal, estaba todo medido y era mucho mejor. Me encontré con un amigo, que tenía una carnicería pero luego la perdió y había terminado metido en la heroína. Estaba pidiendo en la puerta de una iglesia y me dijo “tengo este puesto”, como si fuera un trabajo. Le conté que me iba a la manifestación de los astilleros y decidió acompañarme. La cosa fue violentísima y mi amigo mendigo era el que más cosas rompía. Yo he ido a apoyar a muchas manifestaciones, pero me niego hacer conciertos por ellos porque una vez acepté y es increíble lo mal que lo organizaron. Además pretendan que todo el mundo implicado -me refiero al personal- lo haga sin cobrar, algo que no me parece aceptable. Son capaces de que toquemos gratis y perder dinero. La música es un sector muy complicada y no todo el mundo vale.

P: ¿Cuál ha sido su mayor rebelión contra la industria donde trabaja?

R. Ahora mismo estoy en rebelión contra SGAE. Parece que es posible que este gobierno tenga el valor de hacer algo, aunque no sé si podrá contra tantos intereses creados y tantos grandes grupos de comunicación. Lo que yo diría a quien se atreva a afrontar lo de SGAE es ‘disparad contra nosotros, que el enemigo está dentro’. La SGAE está poblada por una legión de ladrones, esa es la realidad. A mí me parece bien que los autores cobren, incluso Shakira, que no es santa de mi devoción ni es santa en absoluto. El problema es que hay un reparto fraudulento de los votos. Hace falta reescribir los estatutos y revisar las cuentas para ver a quién se ha llevado dinero.

P. Para terminar, ¿qué opina del ascenso de la extrema derecha en Europa?

R. En tiempos de crisis, de crisis tan dura como esta, la gente está desesperada y es capaz de votar cualquier cosa. Incluso a Adolf Hitler. Las campañas de infantilización del ciudadano siguen funcionando a pleno rendimiento. De hecho, se han perfeccionado mucho con las nuevas tecnologías. Lo que veo distinto es que hoy los bancos no confían en los actuales partidos de extrema derecha europea. Las reglas del juego están diseñadas para que la banca siempre gane y los líderes que tiene la nueva derecha son demasiado imprevisibles como para asegurar eso. Llevamos ya muchas décadas en que los bancos nos dicen, a cara descubierta, que la política debe someterse a los mercados. Da igual lo que votemos, los bancos deciden quién gobierna.

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