entrevista a andrés neuman

Andrés Neuman: "Desde la misoginia se escribe peor"

El autor hispanoargentino publica 'Fractura', una ambiciosa novela sobre la consolidación del pasado y los peligros de la energía nuclear desde Hiroshima

Foto: Andrés Neuman en la presentación de su última novela. (Efe)
Andrés Neuman en la presentación de su última novela. (Efe)

Andrés Neuman habla de lo lindo. Esto quiere ya decirlo todo: que habla mucho, que habla de cosas bellas y que habla bellamente.

Su hablar se aloja en el hotel de las Letras de Madrid, la Tabarnia de la literatura. Lleno de escritores, editores y agentes —entre otras etnias literarias menos definibles—, sólo le falta la bandera y un presidente simbólico.

'Fractura'. (Alfaguara)
'Fractura'. (Alfaguara)

A lo largo de esta entrevista saludamos (uno, el otro, los dos o ninguno) a cinco sujetos saludables o no tanto. Sólo Rodrigo Fresán, que tenía una charla en la Telefónica, se llevó como obsequio el libro de Neuman.

¿Qué más? Nuestro autor lleva el pelo larguísimo, aunque recogido con una goma, y su novela, 'Fractura' (Alfaguara), es tan femenina y feroz como una cicatriz.

PREGUNTA. Estás metido de lleno en entrevistas consecutivas y promociones agotadoras. Es habitual que un autor se queje absurdamente de esta vida de hoteles y atenciones. ¿Tú cómo lo llevas?

RESPUESTA. Absolutamente de acuerdo sobre la pose o la queja de un autor que además no está obligado a punta de pistola a promocionar su obra. Algunos de los que lamentan realizar tantas entrevistas seguro que luego no dejan de tuitear sobre sí mismos las 24 horas del día. Es verdad que hay una tensión un poco neurótica respecto a querer y no querer exponerse. Pero tienes la libertad de no hacerlo. No conozco a ningún editor que haya ido a casa del autor a sacarle para hacer lo que no quiere.

P. ¿Dirías que desgasta mucho, en todo caso?

R. Es verdad que cuando se van acumulando los días sí que me ocurre una cosa a nivel más bien emocional: empiezas a no creer nada de lo que dices y a sentir que eres un palimpsesto de tus propias ideas. Cuando eso sucede, a mí me ocurre que empieza a darme un bajón de autoestima porque siento que mi palabra es una especie de eco defectuoso de lo que yo alguna vez opiné o creí. Llegado ese punto sí que puede haber algún grado de sufrimiento.

P. Algo que siempre me han dicho sobre ti, y para bien, es que eres un "profesional". Todo lo que haces como escritor es tu trabajo.

R. Depende a qué te refieras. El término profesional me despierta conflictos. Yo estoy aquí por vocación, como todos los escritores que respeto, y si profesionalidad implica que hay razones económicas y no hay ni libido ni pasión ni entusiasmo personal, sino solamente que eres un cumplidor... Es más una cuestión de respeto al prójimo, que no sé si vende como titular pero empieza a ser una originalidad, porque yo tengo la sensación de que hay una esquizofrenia entre el diagnóstico de cómo es nuestro gremio y la realidad que yo veo.

P. ¿A que te refieres?

R. Está muy de moda decir que impera el buenismo y la corrección política, y al decir eso parece que estás diciendo algo inteligente y transgresor. Pero luego cuando te mueves en el ambiente lo que ves es: egos, estrellitas, comportamientos arrogantes, gente que cree que la persona de prensa está a su servicio como si fuera un camarero, no hay un mínimo de escucha cuando estás con un colega, aplastar cabezas es mucho más urgente que leer al compañero... Como veo que lo que impera es eso, y no el buenismo, yo diría que trato de ser más o menos respetuoso con la gente que está trabajando... Soy muy consciente de que la persona que viene a hacerme una entrevista está trabajando, no viene porque te adora. No tiene tanto que ver con la profesionalidad como con el respeto laboral al otro.

Quizá la industria editorial vaya peor que hace diez o quince años, pero no peor que en los últimos dos o tres años

P. Publicaste tu primera novela a finales de los años 90. ¿Cómo ha cambiado el mundo editorial en 20 años?

R. Lo que está pasando ahora con la industria editorial yo lo vivo con amarga normalidad, y cuando iban las cosas bien no salía de mi asombro. ​

P. ¿O sea que va peor?

R. Quizá vaya peor que hace diez o quince años, pero no peor que en los últimos dos o tres años. Las editoriales empiezan a saber cuál es su suelo.

P. ¿Y el futuro de la lectura, con tanto iPad y tantas series y entretenimientos?

R. Yo no sería apocalíptico al respecto. Ahora la gente, mejor o peor, vuelve a estar en contacto compulsivo con la palabra escrita. Que no siempre el acto de la lectura se lleve a cabo en formato libro no quiere decir que los 'millennials' no tengan una conciencia de lectura bastante más aguda de lo que creemos.

P. Contaba Jonathan Franzen que alguien le había llegado a preguntar: ¿tú sigues haciendo lectura lineal? Como que era increíble ya que alguien se leyera un libro entero, sobre todo si era muy largo. Te recuerdo que tu nueva novela tiene 500 páginas...

R. Yo creo que eso tiene que ver con lo que Said llamó "los demasiados libros", no tiene que ver con los tiempos de lectura sino con la sobreproducción. Pero si me das a elegir entre la sobreproducción y los filtros de la censura, prefiero nadar en un mar de confusión y abundancia. Yo trato de tener precaución con este conflicto. Cuando de pronto te empieza a parecer que los jóvenes escriben peor y que tu época entra en decadencia cultural, creo que lo primero que te tienes que preguntar es si estás envejeciendo. La noción de civilización occidental está erigida sobre la mitología de la decadencia, que inmediatamente activa ciertos protocolos de seguridad. Una cosa es un cambio del código de lectura y otro la decadencia de la lectura. Yo lo que veo es que los niños hoy siguen cogiendo libros, sus padres se los dan y ellos los acogen con alborozo; veo adolescentes que dejan de leer, pero los niños que se educan con el iPad no tienen problemas con el objeto libro. Los 'millennials' se educaron leyendo 'Harry Potter', que son sus buenas 2000 páginas. Y los peores 'best sellers' son larguísimos. Es más un asunto de complejidad que de extensión. Cuán desafiante puede ser el nivel lingüístico del libro. La extensión no es tan importante, incluso mi libro más leído es mi libro más extenso.

Los 'millennials' se educaron leyendo 'Harry Potter', que son sus buenas 2000 páginas

P. ¿Escribir un libro largo tiene de por sí prestigio? Como si esfuerzo más talento fuera igual a un libro aún mejor. Te diría que la literatura latinoamericana, cuentos aparte, se basa en el novelón: 'Rayuela', 'Yo, el supremo', 'De héroes y tumbas...'. Pero creo que ahora se lleva más la novela cortita (Zambra, Yuri Herrera, Cárdenas, Ronsino...). Echo de menos esa ambición o ese esfuerzo. Al final lo que consagró a Bolaño fue, de hecho, sus novelones.

R. Creo que sí puede existir el fetiche fantasmagórico o credo o mito de la novela larga, como presunto objetivo que un novelista debe abordar, para probarse. Y es verdad que va incluso contra el propio novelista. Porque Bolaño tiene 'Los detectives salvajes', que me entusiasma, y '2666', que me gusta y me cansa a partes iguales, pero esos libros dejan en la sombra otros como 'Nocturno de Chile', que es una obra maestra, o 'Estrella distante'.

P. ¿Cómo te lanzas tú a una novela larga, como 'Fractura' o 'El viajero del siglo'?

R. Yo te puedo decir que las dos veces intenté hacer una 'nouvelle'. Pero cuando la estás escribiendo ya sabes que va a ser larga, claro. Las primeras ideas eran para un cuento largo, pero le creció un mundo alrededor, a esas ideas le van creciendo ideas satélite hasta que lo que tienes es un plan con forma de galaxia y abordas la escritura del libro. Aquí partí de la idea de alguien que cree que ha extraviado su forma de morir. Yo leí sobre este señor fascinante, el señor Yamaguchi, que había tenido la mejor mala suerte del mundo o la peor buena suerte de la historia: haber estado el 6 de agosto en Hiroshima, haber cogido el tren a tiempo para llegar a Nagasaki, contarle a su familia el horror que acababa de presenciar y contemplar la segunda bomba y sobrevivir a las dos y morir con casi 100 años.

P. Tremendo.

R. Cuando yo leí eso, pensé: qué relación con la mortalidad, qué clase de conciencia fantasmagórica se debe de inaugurar en alguien que debería haber muerto y no muere. ¿Será alguien con más conciencia de la mortalidad que nunca o que tiene una fantasía siniestra de que no van a conseguir matarlo? Mi idea al principio era narrar la historia de un último, alguien que va perdiendo a sus compañeros de generación hasta que tiene toda la sensación de ser el último que vio, por ejemplo, un horror nuclear. Y no sólo la 'nouvelle' se me convierte en novela larga, sino que además me salen 700 páginas y le quito 200 en un intento desesperado de que no sea tan larga. El libro se prueba expandiéndose o comprimiéndose hasta encontrar su medida justa.

P. ¿En qué momento entró como cuestión principal del libro la energía atómica?

R. Al ver el accidente de Fukushima no podías no preguntarte: ¿cómo puedo estar viendo un hongo nuclear en el único país habitado que ha conocido la bomba atómica? ¿Qué tipo de pulsión lleva a los países a fundar tan menudo su futuro sobre aquello mismo que los destruyó? A partir de este suceso todos los países empezaron a revisar sus centrales nucleares y de pronto recordamos o averiguamos que en Garoña, aquí al lado, hay un reactor idéntico al de Fukushima. Se comenzó a discutir no mucho después sobre el basurero nuclear de Cañas, cerca de Cuenca. Y me di cuenta de que en Argentina llevaban 20 años de discusión en la Patagonia sobre si se inauguraba o no el primero basurero de alta actividad nuclear del mundo, que hubiera convertido Argentina —si es que no lo hicieron bajo cuerda, de todos modos— en el basurero nuclear de Francia. La Patagonia estuvo a punto de convertirse en el basurero nuclear de Francia... Y pensé que hay tres fuerzas que no tienen patria: la energía, la economía y el amor. Todos los actos apátridas que se cometen tienen que ver con una, dos o tres de esas fuerzas, que desprecian olímpicamente la estructura geopolítica de la realidad. Me di cuenta de que lo que quería escribir no era sobre Japón o Fukushima, sino narrar hasta dónde llega la onda expansiva de algo que crees lejano, pero acaba por meterse en tu propia cocina.

Andrés Neuman en la presentación de su última novela. (Efe)
Andrés Neuman en la presentación de su última novela. (Efe)

P. ¿'Fractura' es una novela de tesis?

R. Es una novela donde se discute sobre varias cuestiones relativas al medio ambiente. Me interesaba plantear un conflicto. Con la memoria histórica se hace lo mismo en el libro. Hay personas que sostienen que no se puede entender el pasado, que es un fenómeno opaco por definición; otro personaje sostiene que lo que se escribe no prescribe, si de verdad tu objetivo es cerrar un discusión tiene que quedar dicho todo, para poder pasar a otra cosa, la mejor forma de cerrar el pasado es agotarlo en el discurso; y la española, Carmen, tiene una postura, muy frecuente en España, que es que lo pasado pasado está y que insistir en la herida no hace más que replicar el daño. Si me preguntas cuál es mi opinión personal, te hablaría del 'kintsugi', que me seduce mucho como metáfora.

P. ¿Qué es?

R. Es el antiguo arte japonés de reparar los objetos rotos subrayando con polvo de oro el lugar donde se rompieron. Es una reparación cuyo objetivo no es ocultar el punto de ruptura sino realzarlo. Esto creo que tiene consecuencias tanto emocionales como políticas que yo traté de poner en marcha narrativamente. Porque la discusión de la memoria histórica parece que te obliga a elegir entre mirar hacia atrás o seguir hacia adelante. Y el 'kintsugi' es una refutación física y sucinta de esa dicotomía, un objeto reparado mediante el 'kintsugi' es un objeto que se devuelve al futuro, que puede ser útil hoy, pero que recuerda indeleblemente lo que le pasó, y aumenta incluso su valor en el mercado. Si eso lo trasladamos a las cicatrices, físicas, o invisibles...

P. Parodiando el clima mediático actual, te diría por otra parte que tu novela es muy correcta en cuanto a cuotas.

R. Más que correcta: cuatro de los seis personajes son mujeres.

P. Además sus discursos muestran una gran autenticidad. Al igual que en 'Hablar solos', la mujer en tu libro no es decorativa o tópica, sino que tiene fuste y complejidad.

R. Ojalá sea así. Te lo agradezco. Para empezar, hay que distinguir el oportunismo de las inquietudes personales auténticas. A mí este tema me interesa no desde que existe el 'hashtag' #Time'sUp... Las aplicaciones narrativas del pensamiento de género o como llevar el feminismo a la escritura literaria mucho más allá del panfleto, cómo convertirlo en una herramienta literaria. Me interesa mucho el feminismo y su aplicación en ambos géneros, o en todos los géneros que existen, que ya hay más de dos. Me parece que en los libros se nota si deprisa y corriendo, ahora que has visto que hay un 'hashtag' #MeToo, o de pronto conviene, o si llevas toda tu vida investigando al respecto. A mí este tema me ha preocupado desde siempre. Cuando digo este tema me refiero a que he tratado de algún modo de incorporarlo a mi escritura, entre otras cosas, porque creo que desde la misoginia se escribe peor.

Si lo único que hace tu personaje masculino es tomar gin-tonics, irse de putas y escupir de lado a lo mejor tienes una visión limitada de la masculinidad

P. Bueno, te dejaría caer el nombre de Quevedo...

R. Quevedo es previo al paradigma del novelista … No tenía ninguna noción psicologista del personaje... [Risas] Era, para empezar, un genio que no podremos igualar...

P. ¿Cómo trabajas entonces estos personajes femeninos?

R. Creo que aplicar la lógica de género a la escritura no solo pasa por hacer personajes femeninos, pasa por replantear los personajes masculinos. Es decir, si lo único que hace tu personaje masculino es tomar gin-tonics, irse de putas y escupir de lado a lo mejor tienes una visión limitada de género también con la masculinidad. Lo primero que hay que entender es que el feminismo no sólo tiene que ver con hablar de tías, tiene que ver con poder deconstruir tu género también. Que consiste simplemente en ser crítico con la manera en que nos han educado a hombres y mujeres. Creo que desde la miopía de género se escribe peor porque hay ciertos automatismos ideológicos de los que no eres consciente y por lo tanto eres víctima de ellos. Para empezar, creo que es emancipador a nivel creativo. Además, creo que las mujeres, aunque sistemáticamente hayan sido oprimidas por el patriarcado, tienen una sola ventaja creativa, no material, una ventaja que es: nacen en un mundo narrado por los hombres y eso las convierte involuntariamente en alguien capaz de adelantarse en cierto modo al discurso de su congénere masculino. Por entrenamiento. No porque sean mas sensibles ni más listas ni ninguno de estos elogios condescendientes y paternalistas que ninguna mujer inteligente debería aceptar. Que la mujeres son más sensibles y más inteligentes: no hay idea más machista que sea. Lo que son es más versátiles en la interpretación del género opuesto.

P. ¿Y qué nos pasa a los hombres?

R. Que toda la historia de nuestra educación nos ha confirmado en nuestro propio género, y evidentemente nos cuesta mirar más hacia los costados, por muy listos que nos creamos. Si tú te inicias en la lectura del feminismo, y sobre todo en la crítica de tu propia construcción de género, creo que te vuelves un narrador más versátil y más consciente de tus propias limitaciones. Me parece que el feminismo es emancipatorio tanto para los hombres como para las mujeres en la medida en que te permite leer mejor los principios en los que has sido educado y elegir otros si es el caso. Además hay muchos feminismos inclusivos que son verdaderamente interesantes. Estoy leyendo el último libro de Rebecca Solnit, la del 'mansplaining', que se llama 'The mother of all questions'. Empieza con que ella está dando una charla sobre Virginia Woolf y nota que el mayor interés del público es preguntarle por qué Woolf no fue madre, que es la madre de todas las cuestiones: ¿por qué no fue madre la madre del feminismo? Tiene un capítulo desternillante que se titula 'Los hombres me explican Lolita'. Pero lo mejor, y creo que te iba a gustar, es que ella no divide el mundo entre hombres y mujeres sino entre individuos que son conscientes de su educación de género y los que no. El feminismo no tiene nada que ver con guerra de sexos sino con esta toma de conciencia.

P. Pero hay algunas feministas bastante violentas y vacías, no me lo negarás.

R. Si alguien aprovecha esa causa legítima para dar cauce a sus filias o fobias no es problema de la causa. Creo que hay menos feministas que me incomodan que gente de izquierdas profundamente irritante. En todo caso, vivo con una feminista muy activa. Por lo que en casa el debate al respecto es una costumbre diaria. Tengo la impresión de que muchos de los debates más necesarios sobre este asunto no están teniendo lugar en las redes ni en los grandes medios, que son cajas de ruidos, sino dentro de cada familia, cada pareja, cada casa. Cualquier transformación real y razonada pasa por el diálogo sobre todo en ese ámbito, me parece.

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