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'Mindhunter': memorias del hombre que se metió en la mente de los asesinos en serie

La editorial Crítica ha publicado en nuestro país el libro del agente del FBI que inspiró la exitosa serie de Netflix

Foto: Ed Kemper, uno de los asesinos más conocidos que entrevistó John E. Douglas.
Ed Kemper, uno de los asesinos más conocidos que entrevistó John E. Douglas.

"Tienes que procurar recrear el escenario del crimen en la cabeza. Necesitas saber todo lo posible sobre la víctima para imaginar cómo pudo reaccionar. Tienes que ser capaz de ponerte en su lugar cuando el agresor la amenaza con una pistola o un cuchillo, una roca, los puños o lo que sea. Tienes que ser capaz de sentir su miedo cuando se le acerca el agresor. Tienes que ser capaz de sentir su dolor cuando la viola, le da una paliza o la corta. Debes intentar imaginar lo que estaba pasando cuando él la torturó para su placer sexual. Tienes que entender lo que es gritar de miedo y agonía, darse cuenta de que no servirá de nada y no lo detendrá. Tienes que saber cómo fue. Eso es una carga muy pesada, sobre todo cuando la víctima es una niña o una anciana".

Así resume John E. Douglas, el hombre que revolucionó las técnicas para estudiar las mentes de los criminales en serie, cómo ha sido su día a día en la oficina los últimos cuarenta años. Agente del FBI desde la década de los 70, Douglas creó y encabezó en aquella época la Unidad de Apoyo a la Investigación desde la que ayudó a resolver centenares de crímenes por todo Estados Unidos.

Para conseguirlo fue esencial el método que él mismo creó y que posteriormente se ha utilizado para atrapar a los criminales más sangrientos de la historia norteamericana. Un sistema que le llevó a entrevistar a decenas de asesinos en serie, y que posteriormente plasmó en una especie de memorias profesionales bajo el título de 'Mindhunter'. El ensayo que Netflix convirtió en serie de televisión en 2017 y que la editorial Crítica acaba de publicar en España con el título 'Mindhunter. Cazador de Mentes'.

Pero para convertirse en una referencia mundial en el ámbito de la psicología criminal Douglas tuvo que sobrevivir a los prejuicios de una agencia en la que la sombra de Edgar Hoover, y sus métodos, seguían muy presentes, a pesar de que el primer director del FBI llevaba varios años muerto. "El perfil psicológico", explica el exagente en el libro "era un concepto borroso y difícil de evaluar para mucha gente dentro de la agencia. Muchos lo consideraban brujería o magia negra, y algunos pensaban que era un engaño".

Douglas (derecha) y el agente especial John Conway en una de sus entrevistas con Ed Kemper.
Douglas (derecha) y el agente especial John Conway en una de sus entrevistas con Ed Kemper.

"Ed Kemper me caía bien"

John E. Douglas apenas había dado sus primeros pasos en la Unidad de Ciencia del Comportamiento cuando se dio cuenta de que sus enseñanzas a otros agentes no eran todo lo formativas que deberían en una entidad de prestigio como el FBI. Y en 1978, en un bar de cócteles de California, llegó la iluminación. "Comenté que la mayoría de tipos sobre los que dábamos clase aún estaban vivos, y la mayoría estarían encarcelados el resto de sus vidas. Podíamos intentar hablar con ellos, preguntarles por qué lo hicieron, averiguar cómo era a través de su mirada".

Portada de 'Mindhunter: Cazador de Mentes'. (Crítica)
Portada de 'Mindhunter: Cazador de Mentes'. (Crítica)

La casualidad quiso que se encontrasen en California, uno de los estados con "una parte exagerada de crímenes extraños y espectaculares" y que fuesen a dar con uno de los asesinos en serie más sádicos que se conocieron en aquella época, Ed Kemper. Los amantes de la serie de Netflix conocen perfectamente el historial de este joven que acabó entregándose a la policía porque se aburrió de esperar a que le atrapasen. Y aunque el buen rollo entre Douglas y el asesino es producto de la ficción, el exagente reconoce que "no sería sincero si no admitiera que Ed me caía bien. Era simpático, abierto, sensible y tenía sentido del humor".

De Kemper, y de todos los que llegaron después, Douglas aprendió a desarrollar el enfoque de comportamiento en la elaboración de perfiles de personalidades criminales y en análisis de crímenes. Detalles que hoy en día parecen obvios pero que entonces eran vistos como algo secundario a pesar de que, por aquel entonces, no era tan descabellado recurrir, cuando ya hacía mella la desesperación, a mentalistas.

Jonathan Groff en el papel de Holden Ford, inspirado en Douglas.
Jonathan Groff en el papel de Holden Ford, inspirado en Douglas.

Motivaciones, coches y costumbres

"Elaborar perfiles es como escribir: puedes darle al ordenador todas las normas gramaticales, la sintaxis y el estilo, y seguirá sin poder escribir el libro", reconoce Douglas en su ensayo. En 'Mindhunter' no encontramos un manual de instrucciones, pero sí diversas claves que, una vez interpretadas, sirven para diagnosticar y resolver muchos crímenes. Aunque otras veces, como el propio autor reconoce, "la única manera de atraparlos es aprender a pensar como ellos".

El exagente no tardó en aprender que las tres motivaciones más comunes de los violadores y los asesinos en serie "eran la dominación, la manipulación y el control". Pero tan importante como esto fue lo que posteriormente denominaron "la triada homicida". Si repasando el pasado de un sospechoso descubrían que siendo niño era cruel con animales pequeños, acostumbraba a provocar pequeños incendios o se meaba en la cama a una edad en la que ya no era normal hacerlo, era bastante probable que se encontrasen ante un asesino en serie. Si además conducía un Volkwswagen escarabajo, o algún modelo de coche similar a los que utilizaba la policía, la posibilidad de error era mínima.

Imagen de la detención de Wayne Williams, conocido por ser el asesino de niños de Atlanta.
Imagen de la detención de Wayne Williams, conocido por ser el asesino de niños de Atlanta.

Nombres ilustres, futuros personajes

A lo largo de cuatrocientas páginas Douglas desvela cómo, a través de la deducción, fueron capaces de establecer las pautas necesarias para focalizar sus investigaciones. A principios de los 80, cuando Douglas gestionaba más de 150 casos al año, el detective trabajaba a partir del material que le proporcionaban las fuerzas de seguridad locales encargadas de cada caso. Informes, fotografías tomadas en el escenario del crimen o la autopsia, permitían a Douglas establecer la edad del agresor, su capacidad económica, su situación personal o sentimental y sus motivaciones. Y para asombro de los agentes, sus deducciones casi siempre eran acertadas, lo que contribuía a reducir notablemente la lista de posibles sospechosos.

Mark Olshaker y John Douglas, autores de 'Mindhunter. Cazador de mentes'. (Crítica)
Mark Olshaker y John Douglas, autores de 'Mindhunter. Cazador de mentes'. (Crítica)

Además de Kemper, y toda la fauna criminal que aparece en la primera entrega de la producción de Netflix, Douglas entrevistó personalidades en el ámbito homicida como Charles Manson, que como Ed "también había tenido una infancia y una educación terribles". Para el detective, Manson "no era el asesino en serie habitual" y reconoce abiertamente que "tuvimos que tragarnos horas de filosofadas y divagaciones" antes de que les proporcionase los detalles más jugosos de los asesinatos por los que fue encarcelado. Pormenores que en realidad eran la base de una dinámica básica de liderazgo y autoridad, que "luego vimos en repetidas ocasiones a lo largo de los años en tragedias posteriores de dimensiones parecidas" como el suicidio colectivo de la secta Templo del Pueblo o en el asedio de Waco.

"Siempre pensé en las entrevistas en la cárcel como si fuera a buscar oro. La gran mayoría de lo que consigues no son más que guijarros sin valor, pero si sacas una buena perla, el esfuerzo habrá merecido la pena", reconoce Douglas antes de explicar que no todas las entrevistas fueron fructíferas. Aunque a lo largo de su carrera, Douglas tuvo la oportunidad de trabajar en crímenes espantosos como el Asesino del Sendero que aterrorizó a la población de la bahía de San Francisco a finales de los 70 y principios de los 80, o el asesino de niños de Atlanta, un caso que llegó hasta la Casa Blanca. Historias que muy probablemente podremos ver en las futuras entregas de la producción, de la que David Fincher ha reconocido que le gustaría hacer hasta cinco temporadas.

Douglas, en una imagen de archivo.
Douglas, en una imagen de archivo.

Cerebro frito

Douglas no nació con la vocación de servicio en el ADN y en las primeras páginas del libro, dedicadas a su juventud, no duda en afirmar que siendo un niño "usaba mi talento para evitar trabajar de verdad". Cuando no hacía los deberes era capaz de asombrar a la clase entera con una sorprendente narración, un pequeño triunfo que, a la larga, le sirvió para aprender que "si puedes vender a la gente tus ideas y mantener su interés, puedes tenerlos de tu parte". También cuando la audiencia está formada únicamente por un asesino en serie.

Sus habilidades narrativas, y de seducción terminaron por ser determinantes porque "los detectives y analistas de escenarios del crimen se dedican a tomar un montón de pistas dispares y en apariencia sin relación para convertirlas en una narración coherente". Y tras varios trabajos en las fuerzas aéreas se decantó por el FBI porque un compañero de gimnasio "insistía en que sería un buen agente especial".

Douglas, el segundo por la izquierda, con parte del equipo de 'El silencio de los corderos'.
Douglas, el segundo por la izquierda, con parte del equipo de 'El silencio de los corderos'.

Su carrera profesional no fue un camino de rosas, y no solo por los seres a los que tenía que entrevistar. En 1983 "se hicieron los preparativos para trasladar mi cuerpo a Virginia y enterrarlo en el cementerio militar de Quantico". La culpa no la tenía ningún asesino, sino una encefalitis viral provocada o complicada por el estrés y su estado general. "En pocas palabras, se le ha frito el cerebro", explicó el médico que le atendió a su familia. Sin embargo, logró recuperarse y continuar con su meteórica carrera, reconocida por muchos de los agentes que tuvieron la oportunidad de recurrir a él cuando las pistas no conducían a ningún lugar. "Me gustaría agradecérselo con sinceridad y ojalá hubiera más John Douglas con la competencia, la capacidad y la habilidad de ayudar como él", escribió el fiscal de un caso al director del FBI tras trabajar con él en Atlanta.

Su fama transcendió el ámbito policial y antes de que Netflix se inspirase en su libro para convertirlo en serie, Douglas fue asesor de Thomas Harris en sus novelas más conocidas, como 'Dragón rojo' o 'El silencio de los corderos'. Pero por mucho que su agenda se llenase de conferencias y compromisos, Douglas nunca ha dejado de trabajar y colaborar con todo aquel que se lo ha pedido para atrapar a los asesinos más peligrosos. Porque como bien sabe "el viaje a la mente del agresor violento sigue siendo una búsqueda constante del descubrimiento. Los asesinos en serie son, por definición, asesinos 'de éxito' que aprenden de la experiencia. Solo tenemos que aprender más rápido que ellos".

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