vida y milagros de Whitey Bulger

Mafioso, homicida... y niño mimado del FBI

Un libro y una película de Johnny Depp recuperan al capo que ayudó a acabar con la mafia italiana de Boston a cambio de inmunidad para seguir extorsionando y asesinando

Foto: Johnny Depp en un fotograma del filme
Johnny Depp en un fotograma del filme
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El caso de las niñas de Alcàsser (1993) generó uno de los primeros circos televisivos en España. De entre todas las barbaridades que se dijeron esos días, hay una que se resiste a borrarse de la memoria: las primeras declaraciones televisivas de la madre de Antonio Anglés tras darse a la fuga su vástago.

-¿Qué opina de los rumores que circulan sobre su hijo?

- Mi hijo podrá ser un asesino, pero no es homosexual

Este agudo caso de moral invertida podría ser la respuesta de la España profunda a la célebre cita de Thomas de Quincey: “Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasará a la bebida y a no respetar el día del Señor, y acabará por faltar a la buena educación y a dejar las cosas para el día siguiente”.

Sentencia que parece tener una versión para cada cultura. La de la mafia irlandesa de Boston sería la siguiente: "Mi hijo podrá ser una asesino, pero no es un puto chivato".

He aquí la clave de las peripecias de James 'Whitey' Bulger, capo bostoniano que, a finales del siglo pasado, ayudó al FBI a acabar con la mafia italiana de la ciudad… a cambio de inmunidad para seguir extorsionando y asesinando. Uno de los mayores escándalos de la historia del FBI revisado ahora por partida doble: el libro de los periodistas que destaparon el quilombo (Black Mass, de Dick Lehr y Gerard O'Neil, publicado por Stella Maris) y su adaptación cinematográfica, protagonizada por Johnny Deep, que se proyectó hoy en el Festival de Venecia y se estrenará en España el 23 de octubre.

La idea de que Bulger fuera un soplón del FBI sonaba tan absurda que los dos periodistas del Boston Globe se lo tomaron a chufla en principio.Y eso que la información provenía de fuentes policiales ajenas al FBI: policía local, estatal y DEA. "En nuestra opinión, ese planteamiento era un auténtico disparate... La simple idea contravenía toda la información conocida sobre un gánster con reputación de ser el mafioso definitivo, un jefe del crimen organizado que exigía lealtad absoluta a sus socios. La mentada teoría desafía la cultura del mundo al que pertenecía Bulger, la de South Boston, y la de su acervo cultural, el de Irlanda. Los irlandeses sentían un odio atávico contra los confidentes", cuentan Lehr y O`Neil en el libro. 

 

Los periodistas reproducen un pinchazo telefónico a uno de los "esbirros" de Bulger (John el Rojo) en el que el mafioso le cuenta a su novia su opinión sobre los soplones: "Odio a los chivatos, joder. Son tan asquerosos como los violadores y esos hijos de puta que abusan de los niños".

Dicho esto, John el Rojo procedía a explicar qué haría si un soplón cayera en sus manos: "Lo ataría una silla, ¿vale? Luego cogería un bate de béisbol y le daría un viaje en la cabeza, joder. Me quedaría mirando cómo se le cae de los hombros. Y al final cogería una motosierra y le cortaría los dedos de los pies a ese hijo de mala madre... Ya te llamo luego, cariño".

'Odio a los chivatos. Son tan asquerosos como los violadores y los hijos de puta que abusan de los niños'

Pero resultó que sí: que Bulger llevaba siendo un confidente del FBI desde mitad de los años setenta y todos los intentos de echarle el guante habían sido torpedeados discretamente por el FBI. Hasta que la verdad salió a la luz, Bulger se dio a la fuga y acabó siendo detenido en 2011. 

Un pacto contra natura que, en principio, beneficiaba a ambas partes. El FBI obtenía la información necesaria para dar un golpe maestro a la mafia italiana. Burger, por su parte, se libraba de la competencia. Otra cosa fueron los efectos colaterales: “¿Qué ocurre si, en lugar del FBI, es el confidente quien está al mando, y el FBI lo llama 'el bueno entre los malos'? ¿Qué ocurre si el FBI derrota a los enemigos del confidente y este puede ascender a la cúspide? ¿Y si se acumulan los casos de asesinatos sin revolvernbsp;¿Y si un importante cártel de cocaína burla las investigaciones policiales una y otra vez? ¿Si complejas operaciones de escuchas telefónicas, que cuestan millones de dólares a los contribuyentes, son filtradas y frustradas? Sería imposible que ocurriera algo así, ¿verdad? ¿Que un pacto entre el FBI y un confidente de máximo nivel salga tan mal? Pues eso fue exactamente lo que ocurrió”, explican los periodistas. 
 

Detención de un joven Bulger en 1959
Detención de un joven Bulger en 1959

 

 Un asunto, por tanto, repleto de jugosas paradojas, como el cambio de rumbo del FBI, que había pasado de no priorizar la lucha contra la mafia a saltarse todas las leyes que hicieran falta para fulminarla: 

“Tenían el convencimiento de que todo valía para acabar con la mafia. A lo largo y ancho de EEUU las oficinas de campo del FBI sufrían una gran presión por contactar con confidentes de todo tipo: confidentes de máximo nivel para ganar la batalla contra el crimen organizado. Gran parte de la presión era fruto de la vergüenza que señalaba al FBI por haber tardado tanto en identificar la existencia de la mafia. El problema había sido la intransigencia de J. Edgar Hoover. El por entonces director de la Oficina Federal de Investigación prefería acumular estadísticas sobre los atracos a bancos y dar caza a los comunistas a recabar pruebas contundentes que demostraran la existencia de la organización criminal”.  

'¿Qué ocurre si, en lugar del FBI, es el confidente quien está al mando, y el FBI lo llama 'el bueno entre los malos'?'

Escena típica de todo policial estadounidense que se precie: dos policías llegan a la escena del crimen y se topan con dos agentes del FBI. Lo siguiente es un duelo de cabestros para saber quién manda ahí/quién la tiene más larga. Pues bien, en el caso de Whitey Bulger, los policías de Boston tenían motivos más que de sobra para desconfiar de sus 'colegas' del FBI.

“Resultaba fácil imaginar al FBI y a Bulger celebrando su secreto bien guardado, levantando sus copas de vino y brindando por ser más astutos que la policía estatal, la policía local y los agentes de narcotráfico que habían intentado ganarles la mano sin darse cuenta de que la partida estaba amañada”, zanja el libro.

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