hoy jueves se falla

Ahora o nunca, Mr. Roth: por qué el Nobel debe premiar ya al gran escritor americano

Bien está que el Nobel de Literatura nos abra ventanas el segundo jueves de octubre de cada año a las más exóticas literaturas. Pero este 2016, seamos serios, deben dárselo de una vez a Philip Roth

Foto: Philip Roth, en Nueva York en 2010. (Reuters)
Philip Roth, en Nueva York en 2010. (Reuters)

Un año más, comienza el baile. Este jueves, la Academia Sueca falla el Nobel de Literatura, el más mediático de sus galardones (con permiso de ese premio tantas veces estrafalario que llaman "de la Paz"). Los días previos al anuncio son como los que preceden a una gran cita electoral, con sus cuchicheos, supuestas filtraciones, deseos más o menos inconfesables e incluso sus 'encuestas a pie de urna' ejecutadas por las casas de apuestas. ¿Cómo van este año los pronósticos? Pues como siempre.

En Ladbrokes, el japonés Haruki Murakami (paga 4-1) que todos los años ronda el primer puesto ocupa en esta ocasión la segunda posición, y aunque no es imposible que su ceñuda insistencia acabe algún año por dar sus frutos, sí es improbable que ya haya llegado su momento. En tercera posición encontramos otro aspirante habitual, Adonis, el poeta sirio residente en Francia (paga 6-1). Es un buen poeta y hace ya cinco años que el género no merece el premio, la guerra pesa, pero su furibunda posición antiislamista parece demasiado políticamente incorrecta para los siempre pulcros académicos suecos. Y en cuarto lugar asoma el postmoderno norteamericano Don DeLillo.

A la primera posición se ha aupado en los últimos días la carta exótica —y desconocida— que siempre agrada tanto al Nobel, el nigeriano Ngugi Wa Thiong'o. Podría ganar perfectamente -que toca ya un Nobel africano- pero juega en contra suya la también exótica premiada del año pasado, la bielorrusa Svetlana Aletxievich, exótica en su caso no tanto por su procedencia como por su actividad principal, el periodismo. ¿Y en el quinto lugar?

'Simply the best'

En el quinto lugar está él, 'the best'. Philip Roth (Newark, Nueva Jersey, 1933) podría disputarse la medalla de oro de la literatura mundial con apenas un puñado de nombres. Tal vez Coetzee (ya tiene el Nobel), Vargas Llosa (también lo tiene), Naipaul (ídem), DeLillo, Oz, Pynchon... poco más.

Hace más de 20 años que un estadounidense no abre el baile de honor el 10 de diciembre en Estocolmo ante la atenta mirada de la familia real sueca. La última fue la afroamericana Toni Morrison en 1993. La mejor literatura del mundo apelotona inmejorables postulantes (DeLillo, Pynchon, ¿Bob Dylan?) mientras lánguidos escritores franceses (Modiano en 2014) se saltan la cola sin contemplaciones. Son todos muy mayores, no les queda mucho tiempo y, si uno de ellos lo recibe, ningún otro lo tendrá. Roth, a sus 83 años y retirado voluntariamente de la escritura, queda ya más allá del bien y del mal, así que en realidad tanto da que se lo den o no. Su prestigio poco más puede mejorar ya, pero sí mejoraría sustancialmente la media de las últimas temporadas del galardón.

El prestigio de Roth poco más puede mejorar ya, pero sí mejoraría sustancialmente la media de las últimas temporadas del galardón

Pero la nacionalidad o la edad son, a fin de cuentas, asuntos de escaso interés cuando de lo que se trata es de literatura. Roth separó las aguas de la narrativa estadounidense con 'El lamento de Portnoy', su novela más célebre y un festival del humor en una biografía literaria no precisamente taciturna: las procaces confesiones del joven judío Alexander Portnoy a su psicoanalista sirven todos los elementos del canon 'rothiano': la peripecia contemporánea de los judíos estadounidenses, el monólogo interminable, reflexivo e hipnótico, y el sexo, mucho sexo, sexo torpe, cómico, intelectual, impotente y casi pornográfico. El gran protagonista de la obra de Roth es... él mismo, en forma de diversos álter ego entre los que se alza el principal: Nathan Zuckerman. Más o menos desencadenado, Zuckerman protagoniza algunas de las mejores novelas de la segunda mitad del siglo XX: 'La contravida', 'Pastoral americana', 'Me casé con un comunista', 'La mancha humana'...

Esto ya ha durado demasiado. Es ahora o nunca, Philip. Suerte.

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