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Porno eres y en porno te convertirás
  1. Cultura
un ensayo analiza su historia y su actualidad

Porno eres y en porno te convertirás

Jorge Fernández Gonzalo analiza en su ensayo 'Pornograffiti. Cuerpo y Disidencia' el origen y el futuro de la pornografía así como su importancia

Foto: Un fotógrafo retrata una de las actuaciones del Festival Internacional de Cine Erótico (EFE)
Un fotógrafo retrata una de las actuaciones del Festival Internacional de Cine Erótico (EFE)

Cuando uno escucha la palabra pornografía su mente vuela e imagina las pasiones más ocultas e inconfesables. Aquellas capaces de excitar y que satisfacen nuestra pulsión escópica. En la pornografía vemos aquello que normalmente no podemos o no nos dejan ver.

En la actualidad el mundo del porno ha quedado vinculado al de internet, con miles de canales que emiten todo tipo de vídeos disponibles para el usuario en cualquier momento. La pornografía está más viva que nunca, pero no es un fenómeno recién nacido, sino con siglos de antigüedad y con mucho futuro.

El porno no es sólo el vídeo o la revista que uno ve, sino que hay mucho más detrás. Tras la pornografía hay implicaciones políticas, económicas, artísticas, subversivas y hasta filosóficas, sólo hay que pararse a mirar con detalle.

Ese objetivo, el de ver más allá de las simples imágenes sexualizadas, es el que se ha propuesto Jorge Fernández Gonzalo en Pornograffiti. Cuerpo y disidencia (Libros de Ítaca) un ensayo en el que se analiza su pasado, presente y futuro así como su vigencia y vinculación con otras muchas áreas.

Un término que une la pornografía con la palabra y con el arte callejero. Un nombre acuñado por el autor que escribe lo siguiente: “Si el graffiti se escribe sobre los muros y el tatuaje sobre la piel, en Pornograffiti se afirma que la revolución comienza cuando son los cuerpos los que realmente se escriben, ya que su poder estriba en la capacidad de transformarse en inscripción, espectáculo, graffiti, hasta consolidar un nuevo escenario político de insurgencia mediática a través de herramientas como el posporno y la teoría queer”.

Jorge Fernández Gonzalo, Doctor en Filología Hispánica, se apresura en establecer la diferencia entre dos términos que siempre se confunden: erotismo y pornografía. Marca desde sus primeras páginas el territorio sobre el que desarrolla su ensayo para no inducir a error. La pornografía no es más que un tipo de erotismo. “Una manera de entender la corporalidad y sus representaciones”, escribe Fernández Gonzalo que advierte que lo que ahora vemos como pornografía no hubiera entrado en esa categoría en otras épocas.

Y es que la palabra se registra por primera vez en 1739 en un escrito de Restif de la Bretonne donde se definía como la gestión del burdel y desde ese momento su concepción no ha hecho más que cambiar. Incluso antes del siglo XVIII ya hay constancia del termino 'Porné', que en griego antiguo significaba 'prostituta'. Un término destinado a ir adaptándose a cada momento histórico.

Pornocapitalismo y futuro

Pornograffiti. Cuerpo y disidencia intenta trazar un árbol genealógico de la pornografía a la vez que tiende puentes con sus repercusiones en los modelos de organización económico-mediáticos actuales en un concepto que el autor define como pornocapitalismo.

Sólo entendiendo la importancia de la pornografía y sus vinculaciones con la sensación de poder y de superioridad uno podrá entender cómo es posible que se siga rodando y produciendo contenido pornográfico a pesar de que todo ha sido ya imaginado y consumido.

Para el autor el éxito del porno tiene que ver con las promesas cumplidas. “Siempre nos hace entrega justamente de aquello que nos niega, es decir: nos asegura que el infinito acaba ahí, justo en la pantalla del televisor. Frente a la desazón que deja el libro ante su cierre, como si no aceptáramos que el destino de los personajes o las peripecias más nimias concluyeran en ese punto, el porno se cumple, y el orgasmo y su correlato masturbatorio levantan acta de esa clausura. El porno afirma que ya no habrá más promesas, más expectativas, y es ésa la forma más pura de una promesa”, dice Fernández Gonzalo.

Vivimos en una sociedad pornocapitalista, en la que el matrimonio entre pornografía y capitalismo, publicidad e industria del porno, a pesar de ser relativamente reciente siempre ha sido beneficioso. El consumismo extrae su materia prima del principio del placer.

En este contexto la pornografía ha demostrado ser una economía perfecta, circular e infinita en la que “los objetos no se desgastan por el uso y los soportes de producción facilitan el juego de infinitas reproducciones”.

¿Y cómo ve el futuro de la pornografía el autor de Pornograffiti?: “Hay más porno en la red del que nadie jamás pueda llegar a consumir, y pronto habrá (si no los hay aún) más felaciones que monólogos dramáticos en el teatro europeo, más desnudos femeninos que relatos mitológicos, más erecciones que sonetos”, explica el autor en la web de la editorial. El futuro es del porno.

Cuando uno escucha la palabra pornografía su mente vuela e imagina las pasiones más ocultas e inconfesables. Aquellas capaces de excitar y que satisfacen nuestra pulsión escópica. En la pornografía vemos aquello que normalmente no podemos o no nos dejan ver.

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