Lluvia dorada en El Prado
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El museo desvela al Tiziano más carnal y erótico

Lluvia dorada en El Prado

El Museo del Prado expone tres pinturas del maestro veneciano, reconocidas como "absolutamente maestras de la historia de la pintura occidental"

Foto: La visión de Dánae, incluida en la colección Wellington, que el Museo del Prado ha atribuido a Tiziano.
La visión de Dánae, incluida en la colección Wellington, que el Museo del Prado ha atribuido a Tiziano.

“Regreso a casa con una pintura nueva”, explica a este periódico visiblemente emocionado el heredero de la fortuna del duque de Wellington. No es para menos, antes de entrar en el gabinete de restauración del Museo del Prado, Dánae estaba sucia, repintada y desvirtuada, era considerada una copia del tema que popularizó Tiziano a mediados del siglo XVI. Ahora, Lord Douro Wellington colgará en las paredes de Apsley House una “pintura nueva”, luminosa, erótica, carnal, puramente veneciana, y creada por el propio Tiziano.

La historia del patito feo convertido en cisne, termina como los cuentos del mercado del arte: “Ha pasado de tasarse por un valor de un millón de euros a 55 millones”, tal y como asegura uno de los conservadores del museo a El Confidencial. Ha nacido una obra para incluir en el catálogo razonado del maestro veneciano.

Este es el segundo regalo del reino español a la estirpe de los Wellington. El primero sucedió, justo ahora, hace 200 años, cuando el general comunicó por carta al rey Fernando VII el paradero de las obras interceptadas por su batallón, en Vitoria, cuando José I Bonaparte se daba a la fuga con el mayor saqueo del patrimonio español.

A la primera carta el displicente rey ni contesta, y dos años más tarde Wellington vuelve a preguntar. “Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables”, le escribe el conde Fernán Núñez. Los ingleses lo llamaron The Spanish Gift (El regalo español) y aquí se sigue entendiendo como una reacción absurda producto de la desidia. “Toda España estaba muy agradecida a mi antepasado, le habían concedido todos los honores y este regalo sólo era una pequeña parte de lo que poseía. Fue un regalo totalmente justificado”, explica Lord Wellington, dueño de Dánae, ahora sí, de Tiziano.

Elisa Mora ha sido la encargada de devolver a la vida al cuadro de los Wellington, con el patrocinio de Iberdrola, y explica que la obra estaba completamente oscurecida, con betún para tapar pérdidas en varias zonas. Mora conoce la exquisita técnica de Tiziano, que aplica el color a golpe de veladuras, superponiendo tonos. La sutilidad de la técnica, poco a poco, fue dejando paso a obras menos relamidas y trabajadas. Ese es el contraste que existe entre la Dánae inglesa y la Dánae española. “La evolución técnica de Tiziano es muy importante, porque crece en frescura, deja zonas sin rematar y le empiezan a sobrar veladuras, como en el cuadro del Prado. Tiziano camina hacia el impresionismo”, cuenta la restauradora.

El Prado se calienta

La carambola de cambio de atribución no acaba ahí: la famosa Dánae del Prado deja de formar parte de la serie de seis “poesías”, que Tiziano hizo para Felipe II, entre 1553 y 1562, y que ha pasado como el conjunto mitológico más influyente de la história de la pintura.La firma de Tiziano en la obra de la pinacotecaes indiscutible, pero ahora sabemos que no se la encargó el entonces príncipe español.

Cuenta Miguel Falomir, jefe del Departamento de Pintura Italiana y Francesa (hasta 1700) del Museo del Prado, que poco se conoce del mecenas de este cuadro, salvo que tuvo que pagar mucho para lograr que el maestro se centrara en la obra, sin contar con ayudantes, para subirle los colores y los calores a la mítica escena. Dánae recibe con placer y entrega a Júpiter en forma de lluvia dorada. "Es de un clarísimo contenido erótico y casi pornográfico", dice Falomir.

El mito de Dánae suele interpretarse como la riqueza que compra el amor –o el sexo- “y el gesto diligente de la celadora enfatiza este significado, pues parece estar, o bien aceptando el soborno de Júpiter, o bien recibiendo la parte que le corresponde como alcahueta”. Pero Falomir aclara que reducir la pintura a esta interpretación sería “muy empobrecedor”, pues hay otra alusión, que queda subrayada con la incorporación de la anciana en el cuadro de Wellington, mientras recoge con avaricia las monedas: “Incluso los más humildes desean beneficiarse de esa cascada vivificadora”, explica.

La última de las tres obras incluidas en la pequeña sala 40 del edificio Villanueva es la Venus y Adonis, pintada en 1565, también del Prado. “Estamos ante tres obras absolutamente maestras de la historia, la expresión máxima de la pintura veneciana gracias al color y su sensualidad”, cuenta el responsable. Es posible que sea la exposición más pequeña de la historia, pero tampoco hubo otra con más calidad por centímetro cuadrado.

Apenas una esquinita, con banco para sucumbir al gozo de la pintura de Tiziano a pleno rendimiento, tratando de superar a la escultura y a la figura de Miguel Ángel. El pintor reivindica su papel de artista capaz de recrear la sensualidad de la pasión y la carne, pero también de escritor que altera las leyendas de los mitos y crea nuevas escenas. “Tiziano es el nuevo Apeles, el nuevo Ovidio”, un artista de imaginación y técnica desbocada.

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