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SE QUEDA CON DIPUTACIONES Y ALCALDÍAS MENORES

Un órdago a destiempo en el lugar menos creíble: así arrolló el PP a Cs en los pactos

En febrero de 2016, cuando Pedro Sánchez y Albert Rivera firmaron el pacto del abrazo, uno de los puntos que acordaron fue suprimir las diputaciones, entonces una de las banderas de Ciudadanos. Poco más de tres años después, las diputaciones son de las pocas cosas que ha conseguido el partido en su negociación con el PP. Ciudadanos ha dado al PP más poder local del que tenía, ha reforzado a Casado con los gobiernos de Castilla y León y Murcia, a los que se sumarán, previsiblemente, Madrid y puede que Canarias, y conserva casi todas sus capitales. A cambio, los populares han entregado Palencia y Granada y dos años en Badajoz. También habían apalabrado Burgos y Huesca para Ciudadanos, pero Vox y PP rompieron la disciplina de partido y no la consiguieron. Los populares han arrollado a Ciudadanos, que ha pagado su timorata estrategia.

La negociación entre PP y Ciudadanos ha sido un partido de profesionales contra juveniles. Aunque Pablo Casado y Teodoro García Egea no llegan a los 40 años, han demostrado que Nuevas Generaciones sí prepara para estas cosas. Hace un mes, en Génova nadie habría podido imaginar que con las cartas que recibieron el 26-M iban a conservar todo el poder autonómico, recuperar la alcaldía de Madrid y Zaragoza y mantener casi todas sus capitales sin entregar prácticamente ninguna plaza a Ciudadanos.

Iban a conseguir Palencia, Burgos y Huesca, pero Vox y PP no cumplieron y solo reciben ya Palencia

El cambalache empezó bien para ellos cuando Ciudadanos descartó rápidamente pactar con el PSOE. Rivera había cerrado claramente esa puerta a Sánchez para las generales, pero aún había dudas de si en lugares como Castilla y León o Murcia no podrían desalojar al PP con los socialistas con el argumento de la regeneración. Castilla y León es la tierra de Casado y Murcia la de García Egea. Castilla y León y Murcia son cantera del PP, que las han gobernado desde hace 32 y 24 años. Las nueve provincias de Castilla y León, con sus diputaciones y delegaciones de la Junta, son un enorme granero de poder territorial, de puestos y asesores. El PP llegó a temer que Ciudadanos los mandase a la oposición e inmediatamente pescase entre sus cuadros para robarle talento. Era infundado.

Ciudadanos no permitió ni plantear ese escenario. Ni siquiera como farol. La negociación la dirigió desde Madrid un grupo próximo a Albert Rivera: Villegas, Hervías, Espejo, Páramo. El candidato en Castilla y León, Francisco Igea, sí estaba dispuesto a negociar con los socialistas pero se lo impidieron. Al final, Igea dio su apoyo al PP a cambio de las alcaldías de Palencia y Burgos, para lo que necesitaba a Vox, y diputaciones como la de Segovia. En Palencia y Burgos, el PP dejó que Ciudadanos buscara en solitario el apoyo de Vox, por lo que allí ni pudieron eludir la foto de la negociación. Al final, hubo un pacto nacional por el que Vox apoyaría estos ejecutivos, pero en Burgos lo rompió y gobernará el PSOE. Al menos hasta que una moción de censura los desaloje.

Ciudadanos solo negoció en Castilla y León con el PP. (EFE)

Hace una semana, el PSOE de Murcia propuso a Ciudadanos darle sus votos para que gobernase la capital, la séptima ciudad de España, para lo que necesitarían a Podemos, a cambio de la comunidad. La oferta era como para pensarla. O como para simular que se lo pensaba y poner en aprietos al PP. Pero Ciudadanos la despachó sin más. La oferta fue el sábado y el martes, cuando Fran Hervías, negociador nacional, fue allí, el líder del PSOE se le acercó para preguntarle si tenía respuesta. Hervías le dijo que no sabía nada de la alcaldía y que no le parecía una oferta seria. Los socialistas le ofrecieron hacérsela llegar a través de Ábalos, pero no hubo manera. No estaban interesados ni en hablar de ello.

Así que Ciudadanos pactó darle al PP Castilla y León y Murcia (en gobiernos de coalición, claro) a cambio de las presidencias de los parlamentos regionales sin llegar a considerar al PSOE, sin llegar a simularlo siquiera, sin que el PP llegase a dudar que fuera a mantener sus dos feudos. Hervías defendió en Twitter los pactos en Murcia. Publicó una foto en la que salía él con el equipo de Ciudadanos en la región: "Los 6 diputados y todo un gran equipo detrás para conseguir el cambio que la Región de Murcia necesita. Fue un auténtico placer acompañaros ayer. Aunque a algunos (paniaguados incluidos) les pese, el cambio viene de la mano de Ciudadanos".

Hervías ha defendido sus acuerdos: "Aunque a algunos (paniaguados incluidos) les pese, el cambio viene de la mano de Ciudadanos"

A eso se sumará previsiblemente la Comunidad de Madrid, donde Ignacio Aguado e Isabel Díaz Ayuso habían dejado claro antes de las elecciones que no planteaban otra opción y Rivera pidió que gobernara el más votado. Junto a Vox suman. Madrid es el lugar menos propicio para romper con el PP y se daba por descontado que habría acuerdo. Casado jamás entregaría la Comunidad, una Administración con 22.000 millones de presupuesto y en la que se jugaba su futuro. Madrid ha sido la agencia de colocación del PP en los malos tiempos. Los despedidos de la moción de censura a Rajoy, los descolocados de Valencia, incluso Santiago Abascal, todos acabaron con cargos en la Comunidad.

El cóctel resultante fue que antes incluso de constituir los Ayuntamientos, el PP tenía garantizado el apoyo de Ciudadanos en Murcia y Castilla y León y Canarias y prácticamente decantado en Madrid. Solo después de eso, y de forma errática, Ciudadanos lanzó su órdago. Quería que Begoña Villacís fuese alcaldesa al menos dos años, compartiendo mandato con el popular José Luis Martínez Almeida.

Antes incluso de constituir los Ayuntamientos, el PP tenía garantizado el apoyo de Ciudadanos en Madrid, Murcia, Castilla y León y Canarias

Era la plaza menos propicia para hacerlo. La constitución del Ayuntamiento era inminente y el PP se puso serio. "Es Almeida o Carmena. Si le damos dos años a Villacís, Vox querrá ocho meses. No es serio, que hablamos de la capital de España". El PP descubrió el farol. No consideró creíble que Ciudadanos fuese a hacer alcaldesa a Carmena (ya no sería gobernar con el PSOE sino darle el Ayuntamiento a la antigua candidata de Podemos). Ciudadanos había desperdiciado Murcia y Castilla y León para apretar al PP a cambio de la alcaldía de Madrid y amenazaba en el último momento y en el peor lugar. Demasiado poco. Demasiado tarde. Si quería que Villacís fuese alcaldesa tenía que haberlo jugado fuerte desde el principio. La operación Rodríguez Sahagún, que llegó a alcalde de Madrid pese a que el CDS era el tercero en la capital, fue derrotada antes de ponerse en marcha.

Ciudadanos solo ha apuñalado al PP en Ciudad Real y Albacete, donde compartirá el poder con el PSOE, y en Melilla, donde una amplia coalición desbancó con bronca a Imbroda. Huesca iba a ser para Ciudadanos, pero un concejal del PP no lo apoyó. Huesca y Burgos quedan pendientes de mociones de censura. En total: Melilla, Granada y Palencia más dos años en Badajoz, Ciudad Real y Albacete. El partido de Rivera gana mucho poder porque en 2015 decidió no entrar en los gobiernos. Ahora estará en ejecutivos de coalición, en ayuntamientos, en la presidencia de parlamentos regionales y en diputaciones y podrá empezar a tejer un partido más allá de Madrid y Barcelona. Pero en casi todos lo hará en segunda fila y con las cartas con las que partía, en la silla central de la política española y con casi todos los Gobiernos dependiendo de ellos, sabe a poco incluso internamente.

En medio, el partido ha firmado un acuerdo en Andalucía con el membrete de Vox, PP y Ciudadanos y ha negociado con ellos. Albert Rivera ha optado por sustituir al PP, pero sin sangre, de forma poco traumática, dándole el poder y asistiéndole. Busca una especie de sedación paliativa indolora que, de momento, ha devuelto el buen color a los populares.

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