Los planes de China para transformar su mercado laboral en 2030: ¿qué hará España?
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EDUCACIÓN CONTINUA Y RECUALIFICACIÓN

Los planes de China para transformar su mercado laboral en 2030: ¿qué hará España?

Un nuevo informe de la consultoría McKinsey traza una línea de ruta para dar respuesta a los grandes problemas que traerá consigo la automatización del empleo

placeholder Foto: El Distrito Central de negocios de Pekín por la noche. (iStock)
El Distrito Central de negocios de Pekín por la noche. (iStock)

Hasta 220 millones de trabajadores de China, lo que viene siendo el 30% de su fuerza laboral, van a necesitar recualificarse y cambiar de ocupación para el año 2030. Esta es una de las grandes conclusiones que se extrae del nuevo informe de la consultoría global McKinsey presentado a finales del mes de enero sobre el impacto que tendrá la automatización del trabajo y la digitalización de la economía en el país asiático, sin duda una de las grandes superpotencias que ejercerá de punta de lanza de la transformación en el mercado laboral hacia una economía posindustrial basada en un sistema de educación continua que permita recualificar a sus trabajadores para acceder a los nuevos puestos que nacerán con motivo de esta transición.

Los investigadores de McKinsey pronostican que a la desaparición de empleos también le seguirá la creación de muchos otros: la demanda de técnicos en innovación y desarrollo podría aumentar un 46%, seguido de profesionales cualificados (un 28%), personal en el sector servicios (un 23%), trabajadores manufactureros (un 27%) y empleados en la construcción y el sector agrícola (un 28%). A la hora de hablar de habilidades profesionales, las más físicas y manuales podrían caer en torno a un 18% mientras que las más puramente tecnológicas podrían llegar a crecer un 51%. También vivirá una expansión la demanda de competencias más emocionales, como el trabajo en equipo y la empatía, las cuales podrán crecer entre un 18 y un 51%, fundamentales en el sector servicios y a nivel interno de las organizaciones para cumplir objetivos.

"Creemos que el sector privado, no el Estado, tendrá que ser el impulsor de este cambio educativo a través de la inversión en innovación"

¿Cómo han de abordarse todos estos cambios tan sustanciales? "Las políticas públicas, los líderes empresariales y las personas en general deben centrarse en dos frentes", explica Jonathan Woetzel, director del McKinsey Global Institute (MGI) en declaraciones exclusivas a El Confidencial. "El primero consiste en mantener y ampliar los beneficios obtenidos a raíz del crecimiento continuo de la economía y la productividad a partir del dinamismo empresarial, la inversión económica en el sector tecnológico y de la innovación, así como enfocarse en el crecimiento del empleo y crear oportunidades. El segundo trata de abordar los desafíos a los que se enfrentarán las personas y trabajadores, especialmente los que se vean más afectados por esta transición". Es precisamente aquí donde entra el papel de la eduación.

Woetzel subraya que las empresas privadas deben tener la iniciativa para promover este gran sistema educativo que dará formación no solo a los niños, jóvenes y adultos, sino también a los trabajadores que se verán obligados a abandonar sus puestos de trabajo. "Creemos que el sector privado, no el Estado, tendrá que ser el impulsor de este cambio educativo a través de la inversión en innovación", recalca.

Los frentes de China y Europa

Uno de los grandes problemas para China a la hora de implementar esta serie de cambios es que ya viene experimentando una transformación demográfica. En primer lugar, el envejecimiento de la población, que se espera que aumente a medida que vaya avanzando la década, y en segundo lugar la emigración del entorno rural al urbano. Estos migrantes podrían llegar a 331 millones en 2030, según McKinsey. La dificultad añadida es que la mayoría de ellos terminan en empleos mal pagados y poco cualificados, por lo que resultará mucho más difícil formarlos en esta serie de nuevas habilidades sin dejar a nadie atrás.

La población europea en edad de trabajar bajará en 13,5 M de personas en 2030, mientras que 53 M de empleos podrían ser automatizados

Algo parecido sucede en Europa que, además, es uno de los continentes más afectados por la crisis sanitaria, y por ello también quedará resentida su economía una vez esta termine. "Nuestra investigación muestra el gran impacto que ha tenido el coronavirus en los mercados laborales europeos", reconoce Woetzel. "Pueden pasar años hasta que el empleo vuelva a niveles previos a la crisis. Pero no solo la pandemia será lo único que afectará al futuro del trabajo en el continente. También la automatización requerirá que todos los trabajadores adquieran nuevas habilidades, independientemente de si necesitan o no cambiar de ocupación. Si bien algunos podrán encontrar empleos similares, es posible que 21 millones tengan que cambiar de sector".

"Europa puede sufrir una escasez de trabajos cualificados para cuando la pandemia acabe a pesar de la automatización", prosigue el director de la consultoría. "Una razón es la disminución de la oferta de la mano de obra: la población europea en edad de trabajar probablemente se verá reducida en 13,5 millones de personas por el envejecimiento. El 22% de las actividades laborales actuales, equivalente a 53 millones de trabajos, podrían ser automatizadas en 2030. Afortunadamente, una gran parte de estas pérdidas de empleados podría compensarse con el crecimiento en sectores como la innovación tecnológica y la educación".

¿Y en España?

Si extrapolamos las predicciones, análisis y propuestas de McKinsey a España, es evidente que partimos de una situación muy desfavorable respecto a las potencias europeas vecinas. Nuestro país va a ser uno de los que más van a salir perjudicados económicamente de la pandemia, sumado al hecho de que antes de ella el mercado laboral estaba caracterizado por una alta rotación y precariedad. Un informe reciente de Intermón Oxfam predice que cerca de 5,1 millones de personas en España podrían entrar dentro del umbral de pobreza severa después de la crisis sanitaria, muchos a causa del desempleo generado por el cese de actividad o el cierre de los negocios. Mientras tanto, los más ricos ya recuperaron sus pérdidas causadas por la pandemia y continúan adquiriendo más capital. Por ello, la desigualdad es y continuará siendo uno de los grandes problemas de nuestro país, y esto evidentemente afectará muy negativamente a toda esta transformación en el mercado laboral que ya está en marcha.

"Cuanto más robustas sean las instituciones, más se podrá amortiguar el impacto para encontrar nuevas oportunidades y no dejar a nadie atrás"

"El impacto de la transformación tecnológica no es directo, está mediado por cómo son las sociedades, el papel que realizan los agentes sociales, la negociación colectiva...", explica a este diario Carlos Gutiérrez, secretario de Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo del sindicato Comisiones Obreras (CCOO). "Cuanto más robustas sean las instituciones, tanto privadas como públicas, más se podrá amortiguar ese impacto con la aparición de otras oportunidades laborales y la intención de no dejar a nadie atrás. Ya lo hemos visto en Japón o Alemania, dos de las potencias del mundo que más han avanzado en torno a estos procesos y que no han registrado índices de desempleo masivos, sino que ha habido un cambio en la composición de estos trabajos y han sabido adaptarse de manera armoniosa a los cambios".

Gutiérrez repara en los "graves problemas estructurales" que tiene nuestro mercado de trabajo, "con una altísima rotación que desincentiva a las personas a adquirir formación y así encontrar la estabilidad laboral y salir de la precariedad". Para él, el peor escenario posible es que "hubiera un gran colectivo que no se sintiera incluido en esta transformación", de ahí que haga falta por parte de las instituciones, agentes sociales y empresas privadas "hacer un esfuerzo para evitar que la transición deje atrás a los trabajadores más afectados por el cambio".

El sentido de lo colectivo

Mirándolo desde el lado positivo, la tecnología no tiene por qué venir a reemplazar la mano de obra humana, sino solo sustituir ciertas tareas repetitivas dentro de los procesos productivos. Y esto, a su vez, conllevará un importante salto en los niveles de productividad, ya que las empresas serán más eficientes y, por tanto, aumentarán la calidad de sus servicios así como la rentabilidad que obtienen por ellos. "Es algo que no viene desglosado en los datos de este tipo de informes, pero se prevé un aumento notable de la productividad con esta transformación", asevera el secretario. "Lo que habría que hacer sería reflexionar sobre cómo se pueden repartir esos incrementos de beneficios, ya sea para acometer mejoras salariales o reducciones de jornadas".

"No existen salidas individuales, o avanzamos todos o va a ser muy difícil avanzar"

Y luego, obviamente, está el tema de los impuestos. ¿Llegaremos a un escenario en el que las máquinas tengan que pagar un tributo por su actividad? Se trata de un largo y espinoso debate que aún está muy en el aire, pero lo que sí que está claro es que para no dejar a nadie atrás e invertir en programas de formación para la recualificación de los profesionales hará falta una recaudación tributaria potente. Además, es uno de los temas que más fervor ha despertado estos últimos días en las redes sociales a raíz de la evasión fiscal a Andorra que llevan a cabo muchas estrellas de YouTube.

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"No existen salidas individuales, o avanzamos todos o va a ser muy difícil avanzar", defiende Gutiérrez. "Estamos llegando a unos términos de individualismo que no son nada buenos para la sociedad", afirma, en alusión al caso de los 'youtubers'. "Por supuesto que nuestro sistema fiscal tiene grandes problemas, España debería avanzar en su reforma, pero creo que si persiste el individualismo capitalista en el que nos encontramos no llegaremos a nada como sociedad. Hay que profundizar en el sentido de lo colectivo, que por cierto está muy extendido en las sociedades asiáticas, pues no saldremos adelante si no colaboramos todos. Y para ello, hay que hacer una labor pedagógica para educar en el valor de la solidaridad y que todo el mundo contribuya dentro de sus posibilidades para sostener las prestaciones públicas y una serie de medidas para combatir la desigualdad, como viene a ser la renta mínima".

Precisamente, ese individualismo es el que conduce a que tengan más poder e influencia las opciones políticas populistas y más radicales en cuanto a ideología, como reconoce el secretario. Pues como se intuye, no podremos llevar a cabo estas transformaciones en nuestro modelo productivo si existe una fuerte desconfianza en las instituciones. En casos extremos, podríamos caer en el riesgo de devenir en una sociedad más totalitaria. "Presiento que hay una cierta complacencia entre determinados sectores de la población a que los sistemas se conviertan en más autoritarios, como si hiciera falta la figura de ese 'cirujano de hierro' que ponga orden", concluye Gutiérrez. "En estos momentos de cambios tan profundos y drásticos, urge una reforma de las instituciones para dar respuesta a los problemas y aportar seguridad y certidumbre a las personas".

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