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La fuerza de un símbolo: de los folios en blanco de China a los juegos del hambre birmanos
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La fuerza de un símbolo: de los folios en blanco de China a los juegos del hambre birmanos

Repasamos algunos de los iconos de las últimas protestas que se han dado en distintos puntos del mundo y analizamos su origen y significado

Foto: Estudiantes de la Universidad de Hong Kong, en apoyo a las movilizaciones contra las políticas restrictivas de China frente al coronavirus. (EFE/EPA/Jerome Favre)
Estudiantes de la Universidad de Hong Kong, en apoyo a las movilizaciones contra las políticas restrictivas de China frente al coronavirus. (EFE/EPA/Jerome Favre)

Toda protesta tiene sus símbolos. Durante el 15-M, fueron las máscaras de V de Vendetta, entre otros. Un icono que también representa al movimiento hacker Anonymous. En la época del estado de alarma en España, los críticos de Pedro Sánchez sacaron cacerolas. El movimiento BlackLivesMatter hincó la rodilla tras el asesinato de George Floyd, un gesto que tuvo un gran eco a la hora de denunciar el racismo sistémico, llegando a producirse en celebraciones deportivas de todo el mundo, no solo de Estados Unidos. Y en el caso de las últimas y más recientes protestas de China contra las estrictas políticas covid cero del Gobierno de Xi Jin Ping, los manifestantes han tirado más de ingenio, apostando por folios en blanco en los que no aparece ninguna inscripción.

"No tenemos voz, pero aun así somos poderosos". Esta es una de las explicaciones que ofrece Hazel Liu, una directora de cine de 29 años que asistió a las protestas, en conversación con The New York Times. Dependiendo de la fuente a la que acudamos, cada persona, cada miembro del movimiento y cada manifestante tiene una explicación personal y particular sobre lo que significa ese papel en blanco. Sin duda, se trata de uno de los símbolos más efectivos a la hora de transmitir un mensaje de reivindicación política, ya que no dice nada, pero a la par, lo dice todo.

El antecedente más inmediato de las pancartas en blanco fueron las revueltas en Hong Kong de 2020, en las que se han inspirado

"La gente tiene un mensaje común", asegura Xiao Qiang, investigador de la Universidad de California en Berkeley, al diario neoyorquino. "Ellos saben lo que quieren expresar, al igual que las autoridades, por lo que no necesitan decir nada. Si sostienes un folio en blanco, todo el mundo sabe lo que quieres decir". Algunos manifestantes anónimos también han apuntado que se inspiraron en un antiguo mito de las protestas durante la época soviética en la que, para no ser detenidos, los ciudadanos repartían folletos en blanco. Pero el antecedente más inmediato del que tomaron este símbolo fueron las revueltas en Hong Kong, que tuvieron lugar en 2020, en las cuales los ciudadanos mostraron una capacidad de resistencia y enfrentamiento a las autoridades inédita en la época reciente de ese punto del continente.

'Hijabs' y mascarillas: movimientos contemporáneos

Un mensaje en el que no hay mensaje. Paradójicamente, ahí reside la fuerza reivindicativa del folio en blanco, sobre todo para una población que ha sido acostumbrada a la fuerza a vivir con la vigilancia estatal más férrea y sofisticada de la historia reciente, implementando avances tecnológicos de vanguardia. Drones, confinamientos forzados en células de aislamiento estatales, test masivos... Cuando pensamos en China nos viene a la mente el escenario más ajustado a una ficción distópica, y en mitad de toda esta coyuntura emerge una protesta sin mensajes, pues de tanta represión, parece que el mayor objeto de denuncia es el propio derecho a denunciar.

Foto:  Un manifestante muestra este miércoles una pancarta de Mahsa Amini durante una protesta enfrente del edificio Reichstag en Berlín. (EFE/Filip Singer)

Estas protestas se han comparado mucho con otras contemporáneas en el tiempo, como por ejemplo la de las mujeres iraníes por la muerte de Mahsa Amini, activista iraní de origen kurdo que fue arrestada y posteriormente torturada hasta la muerte por no usar el hijab. En ambos países sus respectivos gobiernos tienen poca tolerancia a las críticas por parte de los ciudadanos, y por ello y según analizan las crónicas internacionales, hay una muy baja probabilidad de que dichas protestas deparen cambios sustanciales en las políticas de dichos países. En Irán, el símbolo de la protesta ha sido cortarse el pelo, el cual ha sido secundado por mujeres de distintos países en todo el mundo. Sea como sea, cada protesta tiene un icono que sintetiza a la perfección lo que se quiere denunciar.

La clase trabajadora va de amarillo

Jeune, un color, el amarillo, que todo hijo de vecino tiene en el maletero del coche para señalar que ha pasado algo y necesita asistencia en carretera. Fue un técnico de mantenimiento de 36 años llamado Ghislain Coutard a quien se le ocurrió la idea de usar esta indumentaria para protestar por el encarecimiento del combustible en Francia. Al principio contra el presidente Emmanuel Macron, y después por todo lo demás. "Hice este vídeo para quejarme y me vino la idea de usar el chaleco amarillo porque lo uso todos los días en el trabajo", aseveró en una entrevista concedida a Euro News. "Cuando lo puse en el salpicadero de mi coche me di cuenta de lo muy visible que era. Es una idea que surgió sola, a lo tonto, no lo pensé".

¿Qué mejor que una serie sobre un gran atraco para denunciar la corrupción y, por tanto, el robo de la clase política a los ciudadanos?

Días después, toda Francia estaba teñida de amarillo. Los manifestantes pusieron contra las cuerdas a las fuerzas de seguridad, hasta el punto de tomar el Arco del Triunfo. Una de las particularidades que tienen los símbolos políticos es que no dejan un mundo igual al que era antes de usarse como icono de una protesta social. Así, muchos franceses ya no ven esta prenda como una vestimenta auxiliar, sino que contiene en sí misma una reivindicación política muy concreta que a su vez les retrotrae a momentos intensamente vividos en común. Seguramente que los historiadores del futuro vean en un simple chaleco amarillo el objeto que mejor representa a una clase trabajadora empobrecida por el desequilibrio entre un alto coste de vida y salarios bajos.

Series de Netflix contra el capitalismo

En ocasiones, la efectividad de un símbolo para convertirse en icono de la protesta pasa por su reconocimiento social y cultural. Que sea muy transmisible es importante, y en la época dorada de las series en streaming, seguramente todo el mundo haya visto en algún momento las caretas que usan en La Casa de Papel, por ejemplo. Quién le iría a decir a Salvador Dalí que su rostro sería uno de los más usados, primero por la ficción de Álex Pina y luego por manifestantes en países tan dispares como Colombia, Indonesia o Irak, para protestar contra la corrupción de sus respectivos gobiernos. ¿Qué mejor que una serie sobre un gran atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre para representar el robo indirecto de la clase política a sus ciudadanos?

Foto: Soldados de las Fuerzas para la Defensa del Pueblo en el estado Karen, en Birmania. (EFE/Mauk Kham Wah)

Otra de las series de la misma plataforma en streaming que más ha servido de pretexto para forjar un símbolo de protesta es El cuento de la criada, la adaptación cinematográfica de la novela de Margaret Atwood, de contenido expresamente político, en este caso feminista. El vestuario tan prototípico y fácil de reproducir a partir de túnicas rojas con grandes sombreros blancos para ocultar el rostro ha sido el escogido por muchas mujeres para mostrar su rechazo a polémicas reformas legislativas como la derogación del derecho al aborto en Estados Unidos este mismo año. Este tipo de símbolos, a diferencia de los anteriores con un carácter mucho más realista, se sirven de elementos tan conocidos de la cultura popular para transmitir sus demandas.

Los juegos del hambre birmanos

Llama la atención que uno de los países tan desconocidos a ojos del mundo occidental como es Birmania fuera el escenario de una protesta con unos códigos similares a los anteriormente descritos. Los habitantes de Panem, en la región de Myanmar, comenzaron a usar el típico saludo de los tres dedos que realiza el personaje Katniss Everdeen en nombre de la resistencia contra el gobierno fascista-espectacular de Los juegos del hambre (2012), la saga creada por Gary Ross. El 1 de febrero del año pasado, un golpe militar derrocó a la líder política del país elegida democráticamente, Aung San Suu Kyi, desatando la rabia popular en sus calles.

Lo curioso de este símbolo es que se basa en una apropiación todavía anterior de un clásico saludo scout. Para los miembros de estos grupos educativos significa honor y lealtad, aunque en las protestas y en la saga cinematográfica adquiera una significación mucho más política que encarna los valores de "la resistencia" contra el poder (sea cual sea esa resistencia, como movimiento social que se impone al poder constituido y cuyo término se usa en otras ficciones como Star Wars para representar a los rebeldes contra el imperio).

Toda protesta tiene sus símbolos. Durante el 15-M, fueron las máscaras de V de Vendetta, entre otros. Un icono que también representa al movimiento hacker Anonymous. En la época del estado de alarma en España, los críticos de Pedro Sánchez sacaron cacerolas. El movimiento BlackLivesMatter hincó la rodilla tras el asesinato de George Floyd, un gesto que tuvo un gran eco a la hora de denunciar el racismo sistémico, llegando a producirse en celebraciones deportivas de todo el mundo, no solo de Estados Unidos. Y en el caso de las últimas y más recientes protestas de China contra las estrictas políticas covid cero del Gobierno de Xi Jin Ping, los manifestantes han tirado más de ingenio, apostando por folios en blanco en los que no aparece ninguna inscripción.

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