De 'Years and Years' a Boris Johnson

Por qué las distopías (y los nacionalismos) triunfan en tiempos de incertidumbre

La ansiedad de los tiempos revueltos afecta a muchas cosas. Desde la televisión que vemos a los políticos que votamos

Foto: Boris Johnson. (Ilustración: Raúl Arias)
Boris Johnson. (Ilustración: Raúl Arias)

Vivimos en tiempos de mucha incertidumbre. Tanto en la política como en la economía. Del riesgo de Brexit caótico a la guerra comercial entre China y EEUU y las crecientes tensiones con Irán y Arabia Saudí. Mientras los mercados paralizan inversiones y las empresas se replantean si contratar por miedo a lo que vendrá, la ansiedad de los tiempos revueltos afecta a muchas otras cosas. Desde la televisión que vemos a los políticos que votamos.

¿Realmente vivimos tiempos más inciertos? Es difícil medir de forma objetiva un sentimiento, pero hay algunas pistas al respecto. La incertidumbre en el comercio mundial, por ejemplo, está en máximos históricos, según los cálculos de los economistas Hites Ahir y Davide Furceri, del Fondo Monetario Internacional, y Nick Bloom, de la Universidad de Stanford. Han creado un índice que mide cómo de a menudo se citan palabras como 'incierto' e 'incertidumbre' en relación al comercio en los informes por países de The Economist Intelligence Unit. Y el indicador se ha disparado este año, sobre todo en las economías avanzadas.

Aunque es muy difícil hacer comparaciones de nivel de incertidumbre entre diferentes épocas, para medir el grado de confianza en el futuro los sociólogos utilizan mecanismos como preguntarnos cómo creemos que va a ser la vida de las nuevas generaciones. Una de las preguntas clave es ‘¿crees que tus hijos van a vivir mejor que tú?’. “En la respuesta negativa, se percibe que en Europa y EEUU cada vez hay mayor pesimismo con respecto al futuro”, afirma Pepe Fernández Albertos, investigador del CSIC. “Hay mucha incertidumbre, seguramente vinculada a la volatilidad que percibimos en la época actual, sobre todo si nos comparamos con la segunda mitad del siglo XX, que fue una época especialmente próspera, pero a lo mejor única en la historia”.

El espejo de las distopías

Si crees que tienes problemas, es que todavía no has visto nada para la que se nos viene encima. Podría ser el resumen del enésimo informe que alerta de las consecuencias de un Brexit duro, o del peligro por medidas proteccionistas por la guerra comercial, pero es también la sinopsis de cualquiera de las distopías que tanto triunfan últimamente en las pantallas. No es casualidad que las plataformas de 'streaming' estén produciendo en estos tiempos confusos tantas ficciones sobre futuros alarmantes. ¿Por qué es cuando estas tienen más éxito?

"La incertidumbre es el peor de los miedos", afirma Guillermo Fouce, doctor en Psicología y autor de ‘Psicología del miedo’. “Cuando peor lo pasa un sujeto es cuando no percibe un patrón de respuestas. Si sé que tengo delante una amenaza, me puedo preparar para lo peor, pero para lo desconocido no me sé preparar. Las distopías nos hacen imaginar un futuro, canalizan ese miedo y nos ponen en guardia. Por eso se consumen más ante una sensación de percepción de crisis permanente como la actual”.

Desde el éxito de ‘Black Mirror’ (2011), la serie futurista llena de dilemas sobre los cambios tecnológicos, en Netflix abundan los dramas distópicos: ‘Bird Box’, ‘Altered Carbon’ y ‘3%’, por nombrar algunos. En HBO, triunfan ‘El cuento de la criada’ y, más recientemente, la británica ‘Years and Years’. Esta comienza en 2020 con la reelección de Trump y plantea un Reino Unido cada vez más polarizado en la próxima década. Mientras llegan a las costas británicas cifras récord de refugiados en pateras y la crisis climática se agrava, el Gobierno de la isla se va volviendo cada vez más autoritario. El colapso de las democracias europeas que va relatando es tan gradual que a ratos se antoja hasta realista. Sobre todo cuando tres meses después de su estreno, en el mundo real vimos al nuevo primer ministro, Boris Johnson, decretar en Reino Unido el cierre del Parlamento británico por primera vez en su historia, ante acusaciones de “ultraje constitucional” y estupefacción general. En la serie, estas cosas pasaban con Emma Thompson.

Estas distopías no hablan del futuro sino del presente. Aunque lo planteen desde la ficción, todas reflejan miedos muy actuales

Ya sea la crisis migratoria, la climática o la revolución tecnológica, es obvio que todas estas distopías no hablan del futuro sino del presente. Aunque lo planteen desde la ficción, todas reflejan miedos muy actuales, como pasa en la serie noruega recién estrenada ‘Beforeigners’ con la inmigración. Tambien en HBO, esta serie policiaca plantea una crisis de refugiados temporales. De pronto, empiezan a llegar al Oslo del siglo XXI vikingos y prehistóricos que habitaron esas mismas tierras nórdicas en otros milenios. Todos tienen que aprender a convivir en este mundo paralelo, en el que también hay movimientos antiinmigración de quienes no llevan bien la mezcla de costumbres. Los gritos xenófobos pasan a ser: ‘¡Vuelve a tu época! El presente es para los de ahora’. Para ser ciencia ficción, suena bastante familiar.

La incertidumbre alimenta el nacionalismo

Mucho más inquietante que las consecuencias que puede tener en nuestro consumo televisivo, es la manera en que una prolongada sensación de incertidumbre puede afectar a la democracia. Y entre los efectos que provoca vivir en un contexto de incertidumbre, según los expertos en psicología social, está el riesgo de que calen las ideas populistas y nacionalistas. También es buen caldo de cultivo de los autoritarismos.

Entre los efectos que provoca vivir en un contexto de incertidumbre, está el riesgo de que calen las ideas populistas y nacionalistas

“Cuando la incertidumbre nos inquieta, nos ponemos nerviosos y nuestro cerebro busca certezas para recuperar el control”, afirma Pedro Rey, profesor de Economía del Comportamiento en Esade y editor de Nadaesgratis.Valoramos que nos den las claves para anticipar las variables más inciertas del futuro, aunque sepamos que este no se puede predecir. Ante una situación que se percibe como caótica, al cerebro le atrae más un líder que transmite seguridad que alguien que honestamente te dice que no podemos saber lo que va a pasar, pero que si sigues su consejo a lo mejor las cosas van mejor. La reacción a la incertidumbre se puede medir en un laboratorio y está probado que en contextos de crisis calan más los populismos porque los votantes se vuelven menos racionales”, concluye.

En algunos experientos ya clásicos sobre la incertidumbre, los psicólogos Travis Proulx y Daniel Randles sometían a personas a situaciones inciertas para hacerlas sentir más inseguras inconscientemente y observar sus reacciones. A unos les ponían a leer a Kafka, a otros les daban una baraja de cartas manipulada en la que los diamantes eran rojos y los corazones negros. Y para comparar su reacción con aquellos que no recibían ninguno de estos estímulos, les pedían que buscaran patrones en una sucesión de letras aleatorias: tipo JKKHG o AEIOLY. Quienes habían leído la historia surrealista, igual que los que recibían cartas manipuladas, tenían más necesidad de orden y encontraban más patrones incluso donde no los había, como quien está convencido de ver la cara de la Virgen en una mancha de humedad de la pared.

Quienes habían leído la historia surrealista tenían más necesidad de orden y encontraban más patrones incluso donde no los había

En otro de los experimentos, preguntaban a la gente por sus ideas políticas. Y quienes habían sido expuestos a una mayor ambigüedad, expresaban más fervientemente ideas nacionalistas. Daba igual la ideología de cada uno de los sujetos, es decir, no importaba si eran de izquierdas o de derechas. Estos experimentos concluían que ante situaciones de estrés e incertidumbre, es más probable que polaricemos nuestras ideas.

En su libro ‘Nonsense: The Power of Not Knowing’, el experto en economía del comportamiento Jamie Holmes detalla muchos otros casos en los que las altas dosis de incertidumbre o estrés nos llevan a poner fin cuanto antes a ese malestar. Esa urgencia, explica Holmes, puede llevarnos a sacar conclusiones precipitadas en vez de racionales. Por eso, en situaciones de crisis, a veces ignoramos cualquier información percibida como ambigua para aferrarnos a las respuestas más contundentes. Las cosas pasan a ser blancas o negras porque eso nos permite llegar antes a una conclusión que sacie inmediatamente nuestro deseo de certezas.

En situaciones de crisis, a veces ignoramos cualquier información percibida como ambigua para aferrarnos a las respuestas más contundentes

En otras palabras, se trata de lograr lo que la psicóloga social Arie Kruglanskiel llama "cierre cognitivo". El impulso a buscar respuestas no nos lleva necesariamente a informarnos más y mejor, sino a dar con una historia convincente que nos dé la razón. Lo llama 'cierre' porque en el momento en que tomamos una decisión o nos formamos un juicio, cerramos nuestra mente a la nueva información, aunque encontremos datos que contradigan lo anterior.

De ahí que los bulos en la red que alimentan prejuicios corran más rápido que los desmentidos, porque en situaciones de estrés el cerebro se fía más de la información que da la razón a sus prejuicios. Y cuanto más incierto percibimos que es el mundo, más capaces somos de bajar el listón al evaluar si una información es falsa o verdadera. Lo importante es que nos dé la razón. “Cuando nuestra necesidad de cierre es mayor”, dice Holmes, “tendemos a quedarnos con estereotipos y negar contradicciones”. Otro de los experimentos que menciona ‘Nonsense’ demuestra que, en situaciones de urgencia, el cerebro confía más en la gente de su entorno y menos en los de fuera.

El impulso a buscar respuestas no nos lleva necesariamente a informarnos mejor, sino a dar con una historia convincente que nos dé la razón

“En momentos de incertidumbre y temor al futuro, aparece una mayor necesidad de certezas, y ese sentimiento suele estar vinculado a liderazgos más autoritarios”, afirma Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid. “En Europa Occidental, vivimos una época de elevadísima incertidumbre, porque el orden económico internacional y el contrato social de sostenibilidad del Estado de bienestar están en transformación, por no decir en crisis; además, estamos en medio de unas dinámicas demográficas y un cambio tecnológico que hacen que ni siquiera el concepto de empleo esté claro”.

Según este experto en economía política internacional, si a la coyuntura general le sumamos que tenemos el mundo pendiente de las tensiones con China y Rusia, y que los EEUU de Trump están cada vez más aislados y son más imprevisibles... “Todo esto, lógicamente, suma factores que nos aumentan la incertidumbre sobre el futuro”, apunta Steinberg. “Y una de las respuestas posibles que ya estamos viviendo en Europa es la búsqueda de líderes protectores con ideas simplificadoras”, advierte Steinberg. Y añade: “Simplificar es creer que la culpa de lo que me pasa la tiene el diferente, sea un robot o un inmigrante. Se plasma en los partidos de extrema derecha y, en general, en la promesa de volver a la tribu como solución. De ahí que más gente pueda creerse que la solución a todos los males esté en los populismos o los nacionalismos”.

"Una de las respuestas posibles que ya estamos viviendo en Europa es la búsqueda de líderes protectores con ideas simplificadoras"

La incertidumbre no es necesariamente mala en sí misma. Holmes explica que, bien llevada, puede ayudarnos a ser más creativos. En su justa medida, la aversión a la ambigüedad también es necesaria, porque es lo que nos hace tomar decisiones. Si nuestro cerebro no se sintiera incómodo cuando no sabe qué hacer, nos quedaríamos constantemente petrificados. Pero necesitamos certezas y, por tanto, buscamos patrones que nos permitan hacernos una idea de control sobre lo que viene. Lo peligroso, por tanto, no es la incertidumbre, sino el exceso de ella. Así como la falta de costumbre y de preparación para gestionarla.

“Parte del aumento de las predisposiciones de la población a las actitudes autoritarias tiene también que ver con los 'shocks' económicos que dañan las expectativas de futuro de la gente”, advierte Fernández Albertos, autor del libro ‘Antisistemas’. “El deterioro de las instituciones, como los grandes partidos tradicionales o los sindicatos, también deja a la gente con la sensacion de vulnerabilidad”. Estos organismos, a su manera, ayudaban en las crisis anteriores a saciar en parte esa “necesidad de cierre” porque aportaban a sus seguidores una visión del mundo estable.

Sin embargo, a medida que los pilares del siglo XX se van debilitando, mucha gente se siente perdida a falta de una explicación sencilla de cómo funciona el mundo. “Se acrecienta la sensación de ir a la deriva ante los vaivenes de la sociedad, porque la gente se va quedando sin anclajes que simplifiquen el mundo y les ayuden a sentirse protegidos independientemente de como vaya todo”, afirma este politólogo doctorado en Harvard. Y añade: “Ese desconcierto da fuelle tanto a los partidos antisistema tanto de izquierdas como de derechas. Y si en Europa no logran, salvo excepciones, convertirse en partidos mayoritarios es porque Europa tiene más colchones que dan garantías de seguridad. En parte, por eso es más difícil que un Bolsonaro triunfe en Europa”.

De cómo procesemos estos miedos que alimentan las distopías, dependerá que futuros como el de 'Years and Years' sigan siendo imaginarios

Más realista que esperar a que la incertidumbre se calme, estos expertos aconsejan que nos vayamos acostumbrando a vivir en tiempos imprevisibles. “En Occidente, tenemos que hacernos a la idea de que se nos ha acabado el chollo de liderar el mundo y de ser los más ricos, que es algo que había pasado desde la Revolución industrial”, reflexiona Steinberg. “En EEUU y Europa, llevamos 200 años siendo más ricos y tecnológicamente superiores, pero el ciclo se nos va acabando y es difícil de digerir”. La incertidumbre es, por tanto, un problema muy occidental. “En China y en general en los emergentes, la gente es más optimista sobre el futuro”, advierte Steinberg. “Allí comparan su situación con respeto a sus padres y consideran que vivirán mejor, aquí no”.

En ‘Nonsense’, por si aporta algo de esperanza, Holmes afirma que consumir ficción puede ayudar a sobrellevar la incertidumbre. Si el mundo real nos inquieta, siempre nos quedará en la pantalla el consuelo de cuántas cosas podrían ir peor de lo que van. De cómo procesemos todos estos miedos que alimentan las distopías, dependerá que futuros como la Europa de ‘Years and Years’ sigan siendo imaginarios. Aunque Boris Johnson se haya hecho realidad.

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