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Nuevos métodos para luchar contra el trastorno obsesivo compulsivo
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Nuevos métodos para luchar contra el trastorno obsesivo compulsivo

Además de los tratamientos convencionales —como la psicoterapia y fármacos—, la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a tratar los casos más severos de TOC

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El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por un patrón de pensamientos y miedos no deseados e incontrolables —las obsesiones— que se acompañan de ansiedad y provocan comportamientos repetitivos o compulsiones. Su intensidad puede ser leve, moderada o grave, suele ser un trastorno crónico y empeorar en periodos de estrés. Aunque puede surgir a cualquier edad, este trastorno suele diagnosticase a principios de la edad adulta.

“De un caso a otro pueden variar los comportamientos”, explica el doctor Salvador Somaza Peñuela, neurocirujano en el Instituto de Neurociencias Teknon. "En general, podemos señalar las siguientes preocupaciones como posibles signos de TOC”:

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  • Tener miedo excesivo a contaminarse o coger una infección, así como a estar en peligro o que otros lo estén.
  • Verificar varias veces todo lo que se hace.
  • Necesitar seguir rituales, como contar siguiendo patrones, acumular cosas, lavarse las manos…
  • Necesidad irracional de mantener un orden exacto.
  • Tener dudas excesivas.
  • Repetir frases en voz baja mientras se cuenta o se hace algo.

Aunque, en mayor o menor medida, todos podemos manifestar antes o después alguno de estos síntomas, debemos preocuparnos cuando interfieren en las actividades de la vida diaria y causan un gran sufrimiento emocional.

En cuanto al origen, continúa el especialista, “no está claro, pero las teorías apuntan tres posibles causas: cambios en la bioquímica del organismo o de las funciones cerebrales, factores genéticos y factores de riesgo como enfermedades infecciosas, acontecimientos estresantes de la vida o trastornos de ansiedad”.

De todas formas, lo más probable es que no haya una sola causa del TOC, sino que la aparición del trastorno sea multifactorial. Así, a las alteraciones genéticas se suman otras alteraciones en un neurotransmisor, la serotonina, que también se encuentra alterado en la depresión y la ansiedad. De ahí que la mayoría de los fármacos prescritos hasta el momento utilicen como diana de tratamiento este neurotransmisor.

Tratamiento convencional

Para el diagnóstico del TOC, habitualmente se emplean los criterios establecidos a nivel psiquiátrico para los trastornos mentales, lo que implica una evaluación psicológica sobre pensamientos, sentimientos, síntomas y patrones de conducta. Aunque no hay ninguna prueba de laboratorio que pueda dar un diagnóstico de TOC preciso, también se realiza un examen físico y análisis de sangre de rutina para evaluar la condición general del paciente.

En cuanto al tratamiento, incluye la psicoterapia, terapia farmacológica o una combinación de ambas.

  • Psicoterapia: “La de tipo cognitivo-conductual es la terapia psicológica de elección más habitual para tratar el TOC”. También se puede plantear la terapia de exposición con prevención de la respuesta (EPR), que implica una exposición gradual a los miedos de forma controlada para aprender a controlar obsesiones y compulsiones.
  • Terapia farmacológica: “La pauta puede incluir antidepresivos como la fluoxetina. Es muy importante mantener el tratamiento, aunque mejoren los síntomas, y seguir la pauta de revisiones periódicas programadas con el especialista”.
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Sin embargo, aproximadamente un 10% de los pacientes con TOC tienen formas crónicas muy incapacitantes de la enfermedad, resistentes a las terapias conservadoras actuales, lo que conlleva un deterioro significativo para su calidad de vida. Para ellos, puede ser de utilidad la estimulación cerebral profunda (ECP) o ‘deep brain stimulation’.

Una nueva alternativa

“Se trata de un tratamiento quirúrgico que consiste en implantar un aparato similar a un marcapasos en puntos específicos del cerebro. Seleccionando estos puntos, se han conseguido beneficios terapéuticos para enfermedades resistentes al tratamiento, el dolor crónico, la enfermedad de Parkinson, el temblor esencial o la distonía. Básicamente, lo que se consigue es cambiar la actividad cerebral de una manera controlada, y sus efectos son reversibles. La experiencia ha llevado a expandir el uso de la ECP a otras áreas. Tal es el caso del uso cada vez mayor en el tratamiento del TOC resistente a tratamiento médico”. Veinte años después de su primer uso en un paciente con TOC, los resultados confirman que la ECP es un tratamiento prometedor para los pacientes con formas graves y resistentes del trastorno.

La máxima reducción de los síntomas se alcanza en la mayoría de los pacientes que responden al tratamiento en los primeros 12-14 meses tras la implantación. Los informes indican una tendencia consistente a que esta mejora temprana se mantenga a medio y largo plazo para la mayoría de los pacientes. “Aproximadamente, un 50% de los pacientes tienen una respuesta buena y sostenida a la ECP, un 23% responden en forma parcial aliviando la sintomatología del TOC y un 27% no responden”.

Además, según explica el Dr. Somaza, “un reciente estudio, que analiza a través de una revisión sistemática la experiencia mundial de los últimos 20 años, ha mostrado que existe una mejoría significativa de los síntomas depresivos y de la funcionalidad global, normalmente en paralelo a una mejora de los síntomas obsesivos. En relación con los efectos adversos de la ECP, estos son leves y transitorios y mejoran tras ajustar los parámetros de estimulación”.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Instituto de Neurociencias Teknon

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por un patrón de pensamientos y miedos no deseados e incontrolables —las obsesiones— que se acompañan de ansiedad y provocan comportamientos repetitivos o compulsiones. Su intensidad puede ser leve, moderada o grave, suele ser un trastorno crónico y empeorar en periodos de estrés. Aunque puede surgir a cualquier edad, este trastorno suele diagnosticase a principios de la edad adulta.

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