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De dar 'tomatazos' a Hitler a alzarse contra Allende: el Pato Donald como 'agente cultural' de EEUU
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EL DIBUJO ANIMADO MÁS POLÍTICO

De dar 'tomatazos' a Hitler a alzarse contra Allende: el Pato Donald como 'agente cultural' de EEUU

Este personaje de Disney tuvo un gran papel en el pasado para transmitir ideología: primero contra los nazis y luego contra el socialismo chileno previo al levantamiento de Pinochet

Foto: Fotograma de 'Der Fuehrer's Face' ("El rostro del Führer").
Fotograma de 'Der Fuehrer's Face' ("El rostro del Führer").

A mediados de septiembre de 1973, el escritor chileno Ariel Dorfman observaba con estupor y temor lo que estaba ocurriendo en las calles de Santiago. El golpe militar de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende perseguía y ajusticiaba día y noche a las figuras políticas y culturales que apoyaron al anterior presidente de la República. Una larga lista negra en la que él figuraba entre miles de jóvenes, a quienes las tropas conducían al Estadio Nacional para ser torturadas y asesinadas. Jóvenes como Víctor Jara, a quien cortaron sus dedos para que no pudiera tocar la guitarra antes de matarle a tiros.

Dorfman era uno de tantos que aguardaba escondido mientras los militares tomaban las calles, esperando encontrar una forma de salir del país al exilio. Lo que no se podía imaginar es que, además de los tiros y los gritos, por las calles de Santiago los soldados ultraderechistas vociferaban: "¡Viva el Pato Donald!". Él y su esposa habían recibido amenazas de muerte y sus propios vecinos querían matarlos. "¿Qué habíamos hecho para incurrir en tal enemistad?", se pregunta ahora, tantos años después y ya siendo un anciano, en un artículo publicado en 2018 en 'The Guardian' en el que rememora esos días. Algo tan inocente a simple vista como el hecho de mostrar la cara oculta de uno de los grandes personajes de los cómics y series de Disney: el Pato Donald.

"También era urgente entender cómo nos habían estado vendiendo de manera encubierta un modelo estadounidense de éxito y opulencia como solución falsa a la pobreza"

Solo dos años antes había salido a las librerías 'Para leer al Pato Donald', publicado junto con el sociólogo belga Armand Mattelart, en el que desvelaba los intereses políticos e ideológicos de Estados Unidos en el país sudamericano. Como si fuera un presagio del golpe de Estado, los dos intelectuales alertaron a la sociedad chilena de los valores occidentales, capitalistas e imperialistas, que el gobierno de Nixon quería infundir en la población tras las reformas socialistas que Allende había puesto en marcha en el país, como la más famosa, la nacionalización de la Gran Minería del Cobre.

Foto: Portada del primer número de 'Capitán América'. (Marvel)

"Queríamos que los lectores chilenos se dieran cuenta de que estaban siendo alimentados con valores hostiles a una revolución que pretendía liberarlos de una explotación centenaria: competencia por solidaridad, prejuicio por pensamiento crítico, obediencia en lugar de rebelión, paternalismo en vez de resistencia, dinero como estándar de valor, en vez de compasión", escribía en el diario británico. "Sentimos que no era suficiente cambiar las estructuras económicas y sociales que beneficiaban a una minoría rica y sus aliados corporativos internacionales. También era urgente entender cómo los gobernantes anteriores de nuestra tierra habían presentado este sometimiento como algo natural, normal y benigno; cómo nos habían estado vendiendo de manera encubierta un modelo estadounidense de éxito y opulencia como solución falsa a la pobreza y al mal desarrollo".

"Un manual de descolonización"

Nada más llegar Allende al poder, Nixon declaró la guerra económica a Chile paralizando los créditos del Banco Interamericano de Desarrollo o a través de la CIA, financiando una gran huelga de camioneros. Y, a su vez, infiltró productos culturales en la sociedad como los cómics del Pato Donald, el cual llegó a tener un millón de lectores en todo el país. Entonces, Dorfman y Mattelart se propusieron escribir un largo análisis de los valores nada inocentes que transmitía este personaje de dibujos animados, llegando no solo a los ciudadanos chilenos sino también a los europeos, traduciéndose a más de una docena de idiomas. Una prueba de la gran repercusión que tuvo es que hasta el filósofo británico John Berger lo calificó como "un manual de descolonización".

placeholder Una de las primeras ediciones de 'Para leer al Pato Donald', de Ariel Dorfman y Armand Mattelart.
Una de las primeras ediciones de 'Para leer al Pato Donald', de Ariel Dorfman y Armand Mattelart.

¿Cuáles eran los motivos por los que los dos intelectuales marxistas cargaron tan duramente contra el personaje de Disney? Evidentemente, cualquier producto cultural, aunque se perciba que está hecho para niños, inculca unos valores que marcan las derivas ideológicas hacia el futuro, sean reaccionarias o revolucionarias. De hecho, los personajes, la acción y los 'gags' cómicos de muchas de las películas de la factoría han cambiado notablemente respecto a hace dos décadas, cuando estaban plagadas de princesas que necesitaban ser rescatadas por héroes o príncipes ('La Cenicienta', 'Hércules', por poner dos ejemplos). En el caso del Pato Donald, y a raíz del análisis de Dorfman y Mattelart, la intención de suministrar ideología capitalista e imperialista a la población chilena era mucho más notoria.

Disney y Latinoamérica: una relación compleja en 'Patolandia'

Ahora bien, no era la primera vez que este dibujo animado era usado por Estados Unidos para transmitir ideas políticas. En 1943, tres décadas antes del golpe de estado de Pinochet, Walt Disney estrenó 'Der Fuerher's Face' ("El rostro del Führer"), un cortometraje en el que el Pato Donald ejercía de empleado en una fábrica de la Alemania nazi, reconocido abiertamente como propaganda en plena Segunda Guerra Mundial. Justo después, la mirada de la factoría de dibujos animados viraría hacia Latinoamérica y Sudamérica, ya que Europa había quedado destruida. Al principio bajo intereses comerciales, luego ya ideológicos.

placeholder Portada y cartel de 'Der Fuehrer's Face', de Disney.
Portada y cartel de 'Der Fuehrer's Face', de Disney.

Fue Roosevelt quien, a través de su "política de la buena vecindad", destinada a estrechar lazos con las potencias latinoamericanas (lo que incluía la no intervención en los asuntos internos, algo que hasta la década de los años 30 no se había producido, habiendo invadido países como Cuba, México o Haiti en los primeros años del siglo XX), encomendó al 'tito Walt' la tarea de explotar comercialmente sus cortos y películas. "Disney y 18 de sus colaboradores viajaron a varios países sudamericanos entre agosto y octubre de 1941 para influir directamente y recopilar ideas y material que sirvieran para crear historias que pudieran llegar a resultar atractivas para los habitantes de la región", explica Victoria Catta, en un artículo del medio argentino 'Historia Hoy'.

"No podemos entender cómo esta obsesión por la compra puede hacerle bien a un niño, a quien se le inyecta el deseo de no parar de consumir"

"El embajador norteamericano por excelencia terminó siendo el Pato Donald: en los siguientes años llegó a protagonizar 12 cortos, la mayoría concentrados en las películas 'Saludos Amigos' (1942) y 'Los tres caballeros' (1944), en los que interactuaba con personajes llenos de sabor local como el loro brasileño José Carioca, el gallo mexicano Pachito Pistoles o personas de carne y hueso, como la actriz Aurora Miranda", repasa la periodista. En los años sucesivos, este pato se convirtió en el emblema de Disney en la parte sur del continente americano. Es por ello que intelectuales como Dorfman y Mattelart empezaron a dudar de que su popularidad entre el público fuera un mero asunto de entretenimiento.

¿Un Pato Donald colonialista?

Uno de los hechos narrados en los cómics más polémicos que denuncian los dos autores es la forma de blanquear el colonialismo y camuflar dentro del argumento medidas económicas propias de la política exterior 'yankee' en la posguerra. "Un 47% de los cómics analizados presentan enfrentamientos con 'buenos salvajes' en países como Inestablestán o Atecland", asegura Yohann Koshy en un gran análisis del ensayo sobre el dibujo animado publicado en 'Cronicon'. "Lo más siniestro es lo que sucede cuando llegan al país. Después de ahuyentar a unos estafadores disfrazados de conquistadores españoles, Mickey y su banda reciben como ofrenda rangos en el ejército de una tribu indígena; a cambio, Mickey recompensa a la tribu con el 'derecho para vender sus bienes en el mercado extranjero'". Eso es precisamente lo que haría Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial dentro del contexto del Plan Marshall, asumir la hegemonía económica mundial.

"Disney es el carrusel del consumo. Los personajes están frenéticos por obtener dinero", ya que "concentra en sí todas las cualidades de este mundo"

"Otra de las tiras presenta una banda de revolucionarios parecidos a Fidel Castro que secuestran a nuestros héroes", prosigue Koshy. "El Pato Donald anhela que les salve 'la buena y vieja armada, símbolo de la ley y el orden'. El marco analítico en este caso es profético: el trato benevolente que da Donald a sus amigos infantilizados del Tercer Mundo es 'convencerlos de que no todos los patos blancos son malos'". Otro de los detalles curiosos del dibujo animado es su relación con Daisy (plagada, cómo no, de tramas y escenas que hoy se calificarían como machistas) y con sus revoltosos sobrinos Jaimito, Juanito y Jorgito, a quienes termina adoptando. Tanto ella como estos tres terminarán llevándole por el camino de la amargura en sus primeras películas, adquiriendo ese carácter tan severo y enfadado que siempre le caracteriza, junto con esa voz nerviosa que parece que le estuvieran estrangulando mientas habla.

Evidentemente, 'Para leer al Pato Donald' es el ensayo de dos eruditos versados en Marx que daría pie a muchas reflexiones sobre esa lucha de ideologías presente durante todo el siglo XX a través de la Guerra Fría. Las referencias a Vietnam (el Inestablestán), al consumismo y al respeto a la propiedad privada (en los cómics lo que desata la furia de Donald suele ser mayoritariamente que le roben y lo que más feliz le hace es comprar u obtener dinero a mansalva) o sobre la propia naturaleza del trabajo, muy lejos de la concepción marxista que le otorga un papel fundamental en la vida del hombre y muy cerca de ese trabajo asalariado que no es central, sino un "inocente sufrimiento contrapuesto al ocio": "Cada episodio comienza en un momento tranquilo, en que se enfatiza el aburrimiento y la paz en que están inmersos los protagonistas", escriben. "La aventura finaliza por lo común en el galardón de las vacaciones, en el retorno al reposo, que ahora es merecido al haber sufrido el peso del trabajo desconcretizado".

"El libro fue concebido como un instrumento de liberación de trabajadores por la lucha de un Chile más igualitario"

Por ejemplo, en relación al consumismo: "No podemos entender cómo esta obsesión por la compra puede hacerle bien a un niño, a quien subrepticiamente se le inyecta el deseo de consumir y seguir consumiendo y sin que los artefactos le hagan falta", aseguran los autores. "Por eso, los personajes están frenéticos por obtener dinero. Utilizando las tan manoseadas imágenes infantiles, Disney es el carrusel del consumo. El dinero es el fin último al que tienden los personajes pues logra concentrar en sí todas las cualidades de este mundo". Si el lector quiere seguir indagando en la crítica de Dorfman y Mattleart, en esta página web vienen algunos de sus mejores fragmentos.

Disney y "la guerra por el alma de la humanidad"

Ahora, casi cincuenta años después de aquel golpe de estado, Dorfman hablaba para 'The Guardian' sobre aquellos años y la recepción de su ensayo. "Utilizamos los dibujos animados de Disney para sugerir la sexualidad aséptica y opresiva de la familia Duck, la representación de los nativos del Tercer Mundo como salvajes e idiotas, la forma en la que los trabajadores nunca producían riquezas sino siempre los inversores, y la manera en la que se presentaba a los villanos con prejuicios raciales", aseguraba el escritor. "El libro tenía un propósito práctico. Por primera vez en la historia de la humanidad, el gobierno de izquierdas de Allende tuvo los recursos para producir sus propias historias en los medios de comunicación. Fue concebido como un instrumento de liberación de trabajadores, estudiantes e intelectuales por la lucha de un Chile más igualitario".

"La propia Disney Corporation ha evolucionado por la presión de las minorías y el feminismo, distinguiéndose por defender los derechos LGTB"

Como es obvio, no todos están de acuerdo con esta visión del ensayo ni tampoco con este propósito tan bienintencionado del autor. Fernando Navarro, exdiputado de Ciudadanos, esgrimía en su blog hace unos años que Allende pretendía aprobar una reforma educativa que "se prevía como un intento masivo de adoctrinamiento de la infancia". En este sentido, "Patolandia era un objetivo a conquistar en plena revolución ideológica". Al final, el debate que plantea Navarro bien podría reproducirse en la actualidad con el tema del pin parental en los colegios para que los padres decidan si quieren que sus hijos reciban clases extraescolares sobre temas culturales tan candentes como es el feminismo, la orientación sexual o las teorías de género. Temas que, por cierto, Disney parece haber asimilado o como mínimo adaptado en sus contenidos.

De aquellos barros...

Otro hecho paradójico es que fue en 2018, en plena era Trump, cuando finalmente el libro obtuvo los derechos para publicarse en Estados Unidos, una vez ya había sido traducido a más de una docena de idiomas. "Trato de estar más atento hoy a la complejidad del intercambio cultural", admitía Dorfman. "No todo lo que generan los trabajadores culturales en países como Chile es inspirador y no todos los productos de los medios de comunicación importados, incluso de Estados Unidos, son tan negativos. La propia Disney Corporation ha evolucionado por la presión de las minorías y el feminismo, y se ha distinguido por defender los derechos LGTB". Por tanto, el autor nos da una de cal y otra de arena, pero lo que no niega es que el poder de Disney y su influencia en la industria cultural occidental sigue siendo hegemónica. "Podía haber perdido, pero hasta ahora ha ganado la guerra por el alma de la humanidad".

Como hecho anecdótico, y una apropiada conclusión a este artículo, cabe mencionar el artículo que Dorfman publicó en 'Open Democracy' en el que a propósito de la victoria electoral de Gabriel Boric celebraba la vuelta a la izquierda al poder en Chile, deseándole lo mejor al nuevo presidente.

A mediados de septiembre de 1973, el escritor chileno Ariel Dorfman observaba con estupor y temor lo que estaba ocurriendo en las calles de Santiago. El golpe militar de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende perseguía y ajusticiaba día y noche a las figuras políticas y culturales que apoyaron al anterior presidente de la República. Una larga lista negra en la que él figuraba entre miles de jóvenes, a quienes las tropas conducían al Estadio Nacional para ser torturadas y asesinadas. Jóvenes como Víctor Jara, a quien cortaron sus dedos para que no pudiera tocar la guitarra antes de matarle a tiros.

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