Dolor de espalda: por qué no debes hacer reposo ante una lumbalgia
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Dolor de espalda: por qué no debes hacer reposo ante una lumbalgia

El movimiento es una de las claves para la recuperación del dolor lumbar. Si quieres evitar que se reproduzca, deberás fortalecer la musculatura y evitar el sedentarismo

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Foto: Pexels.

Si alguna vez te has quedado en el sitio, 'con la espalda clavada', sabrás lo dolorosa e invalidante que es esa sensación. Y no solo lo sabes tú: eso que conocemos habitualmente como lumbago, y que antes pensábamos que era algo propio de la edad avanzada, es en realidad la mayor causa de discapacidad en el mundo, muy por encima de cualquier otra enfermedad, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Queensland (Australia). Las cifras no dejan lugar a dudas: la Encuesta de Salud del Sistema Nacional de Salud apunta que aproximadamente el 80% de la población ha tenido o tendrá alguna lumbalgia durante su vida, y hasta el 70% de los jóvenes la ha sufrido alguna vez.

Se trata de un dolor que se localiza en la zona baja de la espalda, "en la región comprendida entre la última costilla y el sacro. Se trata de una sensación dolorosa más o menos intensa que se modifica con las posturas y con la actividad física", explica el doctor Carlos de Teresa, responsable de Medicina Funcional del Hospital Quirónsalud Málaga.

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Detrás de una lumbalgia, a menudo encontramos causas relacionadas con nuestro estilo de vida: malas posturas, traumatismos repetitivos, contracturas musculares… Pero también se puede deber a algún movimiento repentino y de gran intensidad que provoca una distensión de los ligamentos. Desde un estornudo fuerte a un resbalón o a un estiramiento excesivo para bajar algo del maletero: cualquier acción de este tipo puede desencadenar esa sensación de pinzamiento.

La idea es, por tanto, trabajar la prevención. Para ello, el especialista señala que “es recomendable hacer ejercicio o, al menos, evitar el sedentarismo y mantenerse físicamente activo; también es importante cumplir las normas de higiene postural destinadas a realizar las actividades cotidianas, de forma que la espalda soporte la menor carga posible”. Asimismo, es muy interesante fortalecer la musculatura de esa zona, de forma que pueda afrontar una situación de riesgo sin resentirse.

Habitualmente, un cuadro agudo de lumbalgia se presenta de forma repentina y su duración puede ir de una semana a tres meses. Si nos ocurre, debemos recordar que el reposo absoluto, aunque tentador, puede ser contraproducente. De hecho, diversas investigaciones han concluido que el miedo a moverse es una de las causas de que se siga perpetuando el dolor lumbar crónico. Por eso, se recomienda un reposo relativo que evite que nos anquilosemos y convirtamos ese problema agudo en un problema permanente.

En los primeros momentos, cuando el dolor es más intenso, nos interesará hacer ejercicios de respiración para aliviar la tensión muscular; con cuidado, ya que un movimiento articular mal realizado puede traernos problemas. Después, se trata de ir poco a poco intentando recuperar la movilidad de la articulación sacroilíaca con estiramientos suaves y movimientos de balanceo pélvico. Pero siempre con suavidad y evitando cualquier acción brusca.

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Foto: Pixabay.

Si el problema se alarga en el tiempo, hablamos ya de lumbalgia crónica, “una patología incapacitante en muchos aspectos de la vida de los pacientes”, advierte el doctor De Teresa. Cuando el dolor se prolonga más allá de los tres meses, “termina convirtiéndose en una de las principales causas de baja laboral. Es, de hecho, el segundo motivo de visita al especialista, por lo que queda patente la necesidad de un tratamiento efectivo para su remisión”.

Tratamiento farmacológico

En la actualidad, se dispone de diversos y eficaces tratamientos para calmar el dolor. Pero no se trata de matar moscas a cañonazos, sino de seguir el escalón terapéutico para actuar de acuerdo con la severidad.

  • Fase 1: en un primer momento, y especialmente si el dolor no es muy intenso y solo afecta a la espalda, sin irradiación a brazos o piernas, se recomienda usar analgésicos.
  • Fase 2: si los analgésicos no son eficaces, se deberá valorar su sustitución por antiinflamatorios no esteroideos. En general, no se recomienda su uso más de 14 días seguidos.
  • Fase 3: si tampoco son suficientes para controlar el dolor, el especialista deberá valorar añadir una tanda corta de relajante muscular, durante menos de una semana.

Si la medicación no basta, hay también que valorar otras opciones, pero siempre será imprescindible un diagnóstico preciso. Se trata de ver cuál es la causa de ese dolor que no responde al tratamiento, de comprobar si hay estructuras osteoarticulares lesionadas. A partir de ahí, se puede pensar en técnicas de fisioterapia o, incluso, puede que llegue ser necesaria una cirugía.

Recientemente, se ha incorporado una nueva técnica al tratamiento de esta patología. Se trata de la medicina bioelectrónica, una técnica no invasiva que puede ayudar a la disminución del dolor, la mejora de la funcionalidad y el beneficio en otras variables, como el sueño o la calidad de vida. Así se observa en una investigación publicada en la revista 'Journal of Clinical Medicine', y llevada a cabo por, entre otros, un equipo multidisciplinar de investigadores del Hospital Quirónsalud Málaga.

"Este campo está en constante evolución y, en la última década, los avances en el conocimiento sobre vías de transmisión neuronales, mecanismos de acción y señales bioeléctricas han sido enormes. Trabajamos para que, día a día, nuestros pacientes se beneficien de todos estos avances", concluye el doctor Carlos de Teresa.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Quirónsalud Málaga 

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