Cuando Roma mordió el polvo en Hispania: la increíble resistencia de la 'galia' numantina
  1. Alma, Corazón, Vida
la tumba de su prestigio militar

Cuando Roma mordió el polvo en Hispania: la increíble resistencia de la 'galia' numantina

Apuntando maneras, Protoespaña fue un hueso duro de roer y los romanos tuvieron que emplear casi dos siglos en someter al 90% del territorio

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Cuando Roma mordió el polvo en Hispania: la increíble resistencia de la 'galia' numantina

-Cuando solo utilizas un martillo, todo se parece a un clavo

Refranero castellano

Fue la guerra más larga que libró Roma contra ninguno de los pueblos que combatió a lo largo de su dilatada historia. Hispania fue la tumba de docenas de legiones y del prestigio militar de Roma. Varios de sus generales pasaron a mejor vida y otros sufrieron una terrible 'Damnatio Memoriae' u olvido en los registros de la historia de este increíble imperio.

Mientras Varo perdía sus tres legiones en los bosques de Teutoburgo contra el caudillo germano Arminio, otra legión la IX, fue aniquilada en Britania por los Pictos - predecesores de los escoceses-, y otro caso irresuelto, sería el de la legión (en realidad fueron 10.000 los cautivos apresados) pérdida por Craso en Carrhae en el año 54 antes de nuestra era, según cuentan Plinio el Viejo y Plutarco. Para el caso que nos trae, fueron tragedias menores comparadas con las terribles pérdidas que Roma sufrió en la península, tumba de su orgullo imperial a pesar de que tras una larguísima guerra de desgaste casi dos siglos y medio (los cántabros no fueron vencidos pero si confinados a las montañas, y los vascos vivían plácidamente en sus inexpugnables bosques) en una noche sin fin en la que el ingenio y talento indiscutible de Escipión, resolvería a favor de los itálicos.

En algún lugar remoto de Hispania

Voraz, el crepúsculo fue cayendo hambriento sobre aquella escombrera de cuerpos mutilados, sangrantes todavía, moribundos algunos, pasto de los perros y buitres otros. Además, a la hora del crepúsculo una lluvia providencial había acudido para purificar los cuerpos de los caídos. Una horda de Iberos cabreados y con el calentón de la batalla librada, iban cercenando con sus falcatas las manos de los caídos como trofeos de combate para así, probar su valor entre sus pares. La carnicería había sido brutal, la bestialidad y violencia del combate había convocado al infierno en pleno ante aquel escenario de miseria humana. La matanza había sido de tal magnitud que hasta los pájaros guardaban silencio. Extinta la breve luz del aliento vital, arrastrados por aquel vendaval de la cólera o indiferencia divina, a aquellos desgraciados les había llegado el desamparo de la larga noche sin fin.

La durísima resistencia de los autóctonos obligaría a Roma a tardar más de 240 largos años en conquistar una docena de pueblos

En el proceso del avance de la dominación romana en sus dos provincias Citerior y Ulterior (en las que había sido dividida la actual España), la durísima resistencia de los autóctonos obligaría a Roma a tardar más de 240 largos años en conquistar a una docena de pueblos que, por lo general, ni se hablaban entre sí, pero que unió a muchos de ellos en una resistencia a ultranza donde la ferocidad de los nativos ocasionó durísimas derrotas al Gran Imperio.

Hacia el 137 a.C., el pueblo romano a través del Senado exigió la elección de Cayo Hostilio Mancino como cónsul con destino en Hispania sustituyendo a Marco Popilio Lenas. Mancino era un plebeyo sin mucha experiencia en el ámbito militar, lo que le suponía una dificultad añadida cuando llegada la hora de la verdad tuviera que mostrar sus credenciales como guerrero, y ahí, apareció un reto de calado; Numancia.

Numancia

Decidido a demostrar su artificial ímpetu militar, quiso atacar la ciudad maldita lo antes posible, y para ello, reunió a su ejército dándoles un vigoroso discurso mal articulado y muy impostado además de poco cautivador. Los soldados no son tontos y saben cuándo un líder lo es. Mientras Mancino hacia sus componendas para entrar en batalla y diseñaba sus estrategias en los cueros de piel vuelta, los numantinos les arreaban a los romanos unas buenas hostias de patente local.

Numancia era como la gota, un karma, una plaga bíblica. Todos los jefes militares y cónsules que habían intentado conquistarla habían fracasado

Así, mientras que los romanos sufrían estoicamente las consecuencias de la pésima preparación de Mancino, este, se comía el “coco” para dar con la tecla. Tras las humillaciones infligidas por los autóctonos, Mancino decidió retirarse a reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo y puso sus dos neuronas a ventilar. Lo único que le sugería su empobrecida masa encefálica, era hacer las paces con aquellos pelmas. De este modo, dicho y hecho, conseguiría una paz duradera y así, fue firmada por las partes.

Pero Mancino, un carcamal sodomita, fue requerido por Roma para dar explicaciones sobre su tibia conducta y a continuación, sería sustituido por un tal Furio Filo que no hacía tampoco mucho honor a su nombre. Mancino fue sometido en la capital imperial a un proceso de degradación y pérdida de títulos propiedades y grado que lo dejó como Dios lo trajo al mundo. Condenado a ser entregado a los numantinos, el Senado romano aprovechaba para anular los tratados de paz. El humillado cónsul, sería traído a Hispania tras el proceso y Furio Filo, llevaría a Mancino hasta la mismísima Numancia, dejando atado al desgraciado a los pies de la inexpugnable muralla. Entonces, los numantinos se mostraron generosos y decidieron darle una vestimenta adecuada y dejarle marchar en agradecimiento a los tratados de paz y la buena voluntad vertida en ellos.

Pero la cosa no acaba ahí

Tras cerca de medio siglo de derrotas una detrás de otra, una interminable lista de generales y más de 100.000 soldados romanos habían pasado a mejor vida; un tributo más que oneroso que se vería obligada a pagar Roma para dominar la Península Ibérica desde que tocaron por primera vez tierra en Ampurias para posteriormente librar sus combates contra Cartago, allá por el siglo III A.C. Durante todo ese tiempo, los celtas peninsulares, los iberos y lusitanos y otros pueblos de menor entidad como los vetones, cántabros y vascos se opusieron con una tenacidad a prueba de bombas contra aquel fabuloso imperio que tantas y tan buenas herencias nos ha dejado.

Numancia.
Numancia.

Los descalabros perpetrados por nuestros incombustibles ancestros, obligarían a Roma a enviar a Hispania a un tal Publio Cornelio Escipión Emiliano (con parentesco con el Escipión el Africano) para pacificar el 'totum revolutum' que ha sido siempre este país en el que curiosamente como una familia mal avenida, la consanguinidad aflora ante las invasiones (véase las romanas, las godas, las árabes, las napoleónicas, etc.).Tiene coj...s el tema, siempre a hostias en lo doméstico y si alguien no toca correctamente la puerta le arreamos de lo lindo unas cuantas obleas todos juntos y en unión; ¡¡qué país!!

Los dirigentes romanos, molestos por la duración del asedio decidieron nombrar al nieto adoptivo de Escipión el africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano para aplicarles un correctivo a los indomables celtíberos. La fama le esperaba al cruzar el umbral de su puerta.

Tras poner firmes a sus relajados legionarios instalados en el Dolce far niente, eliminar a las prostitutas de los campamentos y hacer sudar a la tropa de lo lindo, se dedicó a diseñar recipientes de barro que contenían cal (la cal reacciona con el agua, o con el sudor o con la sangre y quema pudiendo dejarte incluso ciego), a entrenar enormes mastines alanos para la guerra, mastines que destrozaban al enemigo a dentelladas a todo aquel que no llevase la media capa purpurada propia de los legionarios. Además, entrenó día y noche a los honderos baleares hasta alcanzar precisión de tiro nunca vista.

Un ejército siempre es necesario e indispensable en este extraño lugar llamado tierra, pero también es el reflejo del retrato obsceno del alma humana

Originalmente, las contiendas contra Roma se remontan al año 197 a.C.después de que los romanos ocuparan partes del este de Iberia una vez expulsados los cartagineses. Parece ser que al asentar sus posaderas en las fértiles tierras mediterráneas y abrir explotaciones de cobre, oro y cultivos que les eran conocidos por sus prácticas en la península itálica chocaron frontalmente con las diferentes tribus locales que comenzaron a alzarse en su contra.

Una decena de años bastarían para aunar a los habituales de la bronca doméstica. Celtas e íberos reunieron un ejército de más de 33.000 combatientes para hacer frente al bien engrasado engranaje invasor, tal y como afirma el historiador Tito Livio en sus crónicas.

Las contiendas contra Roma se remontan al 197 a.C. después de que los romanos ocuparan el este de Iberia, una vez expulsados los cartagineses

Tanto Tiberio Sempronio Graco como más al noreste en un ataque en pinza junto con Marco Fulvio Flaco, generaron enormes pérdidas a los ejércitos iberos solapados en una join venture durante los diez años siguientes. Entonces, los alzados pactaran pagar a Roma tributos anuales, ceder hombres para sus legiones a cambio de una paz duradera. La humillación alcanzaría a los derrotados de tal modo que también se les prohibió fortificar sus asentamientos.

Pues bien, en el 154 a.C. los tambores de guerra asomaron de nuevo en el horizonte. El detonante fue que los tatarabuelos de los maños en Segeda -actual Zaragoza- se habían puesto farrucos y habían extendido el perímetro de sus murallas en ocho kilómetros adicionales, las murallas en cuestión tenían una envergadura del copón y los romanos atentos a este desafío, armaron la marimorena por el disgusto en cuestión. Interpretado el desafío como una violación de los tratados convenidos años ha con Graco, Roma, ansiosa de épica y follón, intentó afianzar su dominio en aquellos lares. Para escarmentar a los díscolos hispanos se acercó a la demarcación el Cónsul Fulvio Nobilior con 30.000 soldados o cuatro legiones, que es lo mismo.

Asilo en Numancia

Los habitantes de Segeda cuando se apercibieron de la que se les venía encima, solicitaron asilo en Numancia la cual que se había abstenido de llegar a las manos con los romanos. De esta forma, la consolidada urbe se convirtió en un potente núcleo de la resistencia contra Roma. Cercada la ciudad que no tomada, los celtíberos firmaron la paz en el año 152 a.C pagando también un tributo por vivir en paz. Pero poco duró el tema.

La consolidada urbe se convirtió en un potente núcleo de la resistencia contra Roma

El lusitano Viriato y los ancestros de nuestros hermanos portugueses, avivaron la esperanza que llevaría a un nuevo enfrentamiento. Durante las dos décadas siguientes, vendrían desde Roma unos cuantos cónsules a hacer turismo con el objetivo de derrotar a los sublevados a cualquier precio. Pero la verdad sea dicha, eran unos incompetentes puestos en fila.

Con Cayo Hostilio Mancino en el 137 A.C, se desbordó la paciencia del senado romano pues se vio obligado a rendirse ante solo 4.000 numantinos que rodearon su campamento, le privaron de su logística y aprovisionamientos y, además, pusieron contra las cuerdas a aquel aparentemente invencible ejército. La humillación fue de tal magnitud que Roma le haría desfilar desnudo ante las murallas de Numancia.

Pero en el horizonte se cernía el principio del fin. Publio Cornelio Escipión Emiliano, vencedor de Cartago en la Tercera Guerra Púnica ya había visto clara cuál sería la estrategia. En el año 134 a.C. este famoso militar, impuso una severa disciplina a los relajados y mal acostumbrados legionarios en Hispania. Harto del cúmulo de derrotas infligidos a sus antecesores, entrenaría duramente a aquellos que se habían entregado a la molicie.

Para los celtíberos la muerte en batalla o Guerra Sagrada era un suceso personal más que trascendente. Solo existía la victoria o la muerte

Tras conquistar los pueblos próximos a Numancia y desarrollar un arduo trabajo de hostigamiento del socorro de los pueblos aledaños, quemar cosechas, envenenar aguas y concretar un dificultoso trabajo de ingeniería, construyó un enorme cerco amurallado alrededor de esta próspera urbe con el objeto de matar de hambre a sus habitantes. Tras quedarse sin víveres y con cientos de cadáveres de animales en descomposición (unos lanzados con catapultas desde el exterior, otros por la hambruna interna) a los numantinos no les quedó otra que tomar la heroica decisión de matar a sus hijos, mujeres y seres queridos para luego hacerlo entre ellos, la propia milicia.

La capitulación en el 133 a.C. dejaría un saldo de un escaso centenar de prisioneros de un total de unos 7.000 habitantes iniciales. Para los celtíberos la muerte en batalla o Guerra Sagrada era un suceso personal más que trascendente. Solo existía la victoria o la muerte. Para acceder a este honor, en un ritual tremendamente cargado de emotividad, se ofrecía la victoria a los dioses para que fueran magnánimos en lo bueno o en lo malo.

En España ya se apuntaban maneras sobre el futuro de un pueblo apasionado y sanguíneo, amante de sus tradiciones y violento

La sociedad celtibérica daba un protagonismo singular a la guerra y en consecuencia la admiración del guerrero se convertía en algo realmente mitico y perdón por el oxímoron. Una cultura abocada a un ethos entregado en aras de dos alternativas tan definidas y contrapuestas como vida o muerte, era en sí, un paradigma, entendida esta opción como una virtud. Como consecuencia de ello, se desarrolló una faceta muy peculiar que devino en una institución tan característica como la devotio, rito por el cual jamás una unidad de combatientes podía sobrevivir a su líder militar, sistema este que guarda un parangón con el famoso Batallón Sagrado Tebano formado por parejas (en este caso) de homosexuales que actuaban de forma similar aunque con 4.000 kilómetros de distancia y 300 años de diferencia. Asimismo, la costumbre de dejar los cadáveres de los caídos en el combate al albur de los buitres en vez de incinerarlos era muy común pues se veía la clara intención de alinearlos tras rendirles homenaje.

De alguna forma, en aquella Protoespaña ya se apuntaban maneras sobre el futuro de un pueblo apasionado y sanguíneo, amante de sus tradiciones y violento. No hay que olvidar que a Julio César la conquista de las Galias no le dio ni para el aperitivo; sin embargo, aquí, en esta Celtiberia de nuestros amores, tuvieron que pasar los romanos tragos muy duros para someter el 90% del territorio, y en ello, emplearon casi dos siglos y medio. Tela.

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