REFLEXIÓN SOBRE LA COLONIZACIÓN

Conquista de América: los españoles fuimos menos bárbaros que los aztecas

La conquista de América no se puede banalizar como una historia de buenos y malos. Es erróneo llamar indios a los Tainos o Mexicas, aunque así ha quedado para la posteridad

Foto: Foto: Wikipedia
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"El tiempo es una imagen móvil de la eternidad".

-Platón

Como en la treintena de variaciones Goldberg de Bach, llenas de mareantes contrapuntos y fugas a tutiplén. Colón, en primera instancia, en su presumible deseo de ir hacia Catay y Cipango (India y Japón), en el extremo oriente actual (no en el de entonces), y soslayando la posibilidad de que no engañó a la reina con una milonga (vamos a creer que su engañifla o sueño volador impulsó sus delirios de grandeza como con el primer corte musical que comienza por una seductora aria). La tonalidad en sol mayor no era otra que la de hacerse con el mercado de especias que controlaban los venecianos a través de los yemeníes de entonces y los indios indostánicos, a los que los portugueses habían arreado una manita importante cerca de Goa con sus naos de alto bordo. Pero Colón, además, quería ver cómo eran "los chinitos" de aquel entonces ¿o quería echarle el guante a unos cuantos avanzados inventos para facilitar la navegación? ¿O quizás tenía guardada una carta en la manga?

Cristobal Colón
Cristobal Colón

Ocurrió en principio que aquellos pagos del oeste no eran tan idílicos como hoy nos los pintan las agencias de viajes y esas fotos de promoción primorosamente elaboradas incluso con Photoshop incluido, pues tenían algunas zonas trucadas.

De camino hacia las islas de las especias, las cosas se torcieron un poco cuando los primeros exploradores se dieron cuenta de que no había ojos rasgados por ningún lado. Es más, había algunos sujetos más bien dados a la barbacoa humana; no porque humanizaran la gestión e ingesta del animal, sino porque en las merendolas en cuestión se trapiñaban entre pecho y espalda a los humanos que pillaban desprevenidos. En Román Paladino, canibalismo sin ambages. Más tarde, sin comerlo ni beberlo, nos dimos de bruces con el Holocausto Azteca, el canibalismo y los sacrificios humanos como formas de locura que rozaban el paroxismo.

Dicen algunos cronistas que una noche de luna llena antes de que desembarcaran los españoles, miles de perros aullaron sin motivo aparente

Pero lo más fue cuando saltamos de las islas al continente. Aquello era el acabose. Estaban muy desarrollados en una especie de sistema fordiano de destrucción en el que miles de almas eran capturadas en las famosas guerras floridas de los Mexicas o Aztecas y ora les igualaban el cuello a los futuros interfectos en un pis pas, ora jugaban al futbito con las cabezas de los finados. Y luego dicen que los ingleses inventaron el futbol.

Pronto nos dimos cuenta de que la cosa iba en serio y que no íbamos a cambiar espejitos y chucherías por porcelana china.

Las predicciones de la colonización

Ya habían advertido los astrólogos locales de que la cosa se iba a poner fea cuando vinieran del este, sí, de allá por donde amanece, unos señores barbudos con malas pulgas a hacerles una pupita gorda. En fin, el caso es que todas aquellas gentes que se emplumaban con penachos y banderolas se dieron cuenta tarde de la que se les avecinaba. El terrorífico Imperio Azteca pasó a la historia un 19 de agosto de 1521 cuando los españoles, aliados con los Tlaxcaltecas, Totonacas y Txitximecas (pueblos indígenas castigados por las razias, tributos, entregas de jóvenes para el sacrificio y vírgenes de buen ver), les tomaron la medida junto a un Hernán Cortes amparado en un surtidor de estrategia; pues eso es lo que era el extremeño, un militar intuitivo y muy dosificador con sus fuerzas. La resistencia mexica se convirtió en humo y una algarabía inmensa invadió todas las periferias de aquel brutal imperio.

Dicen algunos cronistas que, una noche de luna llena antes de que desembarcaran los españoles, miles de perros aullaron sin motivo aparente. La tragedia estaba servida. Una poetisa española de actualidad llamada Miriam Carrera dice en uno de sus versos algo así como: "Hay un halo en las despedidas que tiene perfil de verdugo". Pues eso, que los malvados Aztecas de aquel entonces que hacían perrerías sin cuento, pagaron una factura muy cara tras tantos años de someter a sus vecinitos a los más horripilantes experimentos .

Cortés sabia como buen estratega, que si ganas tu ataque inicial, puedes sucumbir a una muerte mutua, lo cual no es una buena idea. Por ello, puso en marcha el plan B, el C y otros varios que en su fértil imaginación brotaban casi espontáneamente. Los Mexicas o Aztecas sólo estaban preparados para una “Blitzkrieg” o, lo que viene a ser lo mismo, para una batalla de un solo golpe. Su hándicap radicaba en que no estaban preparados para una guerra de desgaste y, sobre esa fisura, se coló la imaginación del extremeño. No tenían planes de contingencia, se lo jugaron todo a una carta.

Lo primordial de la conquista española radicaba en surtirse de aliados fiables. En el caso de Cortés, los Totonacas y Txitximecas cumplían los requisitos

Los Aztecas tuvieron una actitud totalmente cruel hacia la vida humana, pues sus guerras eran guerras de entrenamiento contra enemigos que solo ansiaban vivir en paz. Cuando tocaron su puerta los españoles, desperdiciaron a sus hombres como si no tuvieran valor alguno y, lamentablemente para ellos y afortunadamente para los peninsulares, la tecnología y la disciplina ante el riesgo evidente de ser pasaportados por aquella turba los obligaría a hacer piña. Hay un proverbio finlandés que reza así: “Todo el mundo es capitán cuando hay buen tiempo". La verdadera capacidad de un comandante se mide cuando las cosas se ponen francamente difíciles: los españoles luchamos como lo que fuimos, el mejor ejército del mundo en aquel crucial momento.

El ímpetu Mexica acabó agotándose cuando vieron que sus enormes huestes no definían en combates en los que la superioridad numérica parecía suponerlo todo. Cuando tuvieron que ponerse a la defensiva, no lo hicieron con solvencia. Desde que Cortés tocó tierra, los años siguientes fueron de lucha desesperada contra un adversario que sabía cómo impedir que ganaran.

Cuando el sol se puso, ya era tarde

Los españoles no se pusieron a matar “indios” sin más. No tenían capacidad para ello desde un punto de vista de masa crítica, independientemente de los buenos recursos tecnológicos que manejaron; pero la enorme limitación numérica de los mismos les hizo actuar con gran prudencia. Por eso Cortes se cabreó con Alvarado por la matanza que ocasionó gratuitamente en Technotitlan y que precedería a la famosa “Noche Triste”. Además, según Gibson y Preston, no tenían interés alguno en liarla parda.

Lo primordial de la conquista española radicaba en surtirse de aliados fiables; en el caso de Cortés, los Totonacas, Txitximecas y Txascaltecas cumplían con excelencia estos requisitos, pues tenían hambre de venganza. Estos aliados les proporcionaban intérpretes, les indicaban las costumbres locales, la coyuntura política y los recursos a los que podían acceder. Asimismo, necesitaban que trabajaran para ellos y, puntualmente, que pelearan encastrados en sus filas. El genocidio, tan cacareado por los que podrán tener sus razones para verlo desde otra óptica, era contraproducente para la Corona.

La idea fue siempre tratar de entablar relaciones correctas, intercambiar, explorar y conocer el terreno. Tanto Hernán Cortés como Francisco Pizarro no habrían sido prácticamente nada sin Felipillo ni la denostada Malinche. Fueron los aliados indígenas los que contribuyeron a ampliar y dominar aquellos vastos territorios con los limitados recursos con los que contaban estos señalados adelantados y otros conquistadores.

Hernán Cortés
Hernán Cortés

Aunque bien es cierto que en las Antillas muchos indios se suicidaron por la dureza del trabajo en las Encomiendas, también fue cierto (como es el caso de los Tainos) que en la creencia de que los españoles eran más o menos unos dioses, podían usarlos contra sus adversarios, por lo que se sometieron de buen grado a los peninsulares. A ciencia cierta se sabe que muchos caciques indígenas se rebelaron, pero las enfermedades ya los habían debilitado enormemente más allá de la merma de hombres muertos en combate.

Curiosamente, las culturas agrarias y aquellas jerarquizadas y con jefaturas claras fueron mucho más fáciles de conquistar que las que estaban más atrasadas, tales como las de cazadores recolectores. La política de los españoles era básicamente la de aliarse o someter a los caciques díscolos y tras un escarmiento lo más cinematográfico posible, perdonar y ser magnánimos con el resto de los indígenas para obtener así la sumisión y el control de los vastos territorios que se llegaron a conquistar en menos de un siglo. Bien es cierto que existieron Alvarados y Aguirres, auténticos sádicos, pero ni de lejos representaban la idea del mestizaje que se fue implantando paulatinamente. Estaba en la lógica más simple el hecho de que aquel que tratase mejor a sus indígenas obtendría a buen seguro mejores resultados.

Los españoles no eliminaron en combate a 55.000 adversarios. Otra cosa es el infierno vírico que llevábamos dentro, como la varicela o el sarampión

La conquista de América no se puede banalizar como una historia de buenos y malos. Es erróneo llamar indios a los Tainos, Caribes, Mexicas, Guaraníes o Mapuches aunque así ha quedado marcado en la posteridad. ¿Hubo abusos? Sí. Pero acusar de genocidio (más allá de la tragedia de las infecciones víricas que causaron verdaderas mortandades entre los autóctonos) es como cuestionar lo que ocurría cuando un pueblo proveniente de un ordenamiento superior o más avanzado, como es el caso de los romanos o los musulmanes en sus invasiones de la península, causaban entre los locales. Es la guerra, nadie la quiere, pero es así de cabrona.

Muchas culturas desaparecieron. Por ejemplo, los mayas tardíos en plena decadencia fueron rematados por la sentencia de la historia y devorados por la selva en una desaparición que aún hoy genera incógnitas sin resolver, aunque bien es cierto que entre ellos hubo tremendas guerras civiles. Hubo muchos pueblos indígenas que plantaron cara su vida a los españoles, destacando de entre ellos los mapuches. La paradoja es que se calcula que en el siglo XX, solo en Brasil, los sucesivos gobiernos locales se merendaron íntegramente más de 100 diferentes clanes o etnias en la Amazonia con sus propias normas y reglamentos sociales bien asentados.

El revisionismo

El revisionismo es bueno o mejor que las medias verdades miedosas; todo es cuestionable o discutible cuando no enriquecedor, y no hay que rasgarse las vestiduras para crecer y ser mejores.

Los españoles en todo el proceso de conquista, colonización, descubrimiento o como quiera que se le llame, nunca eliminaron en combate más de 55.000 adversarios y esto incluyendo la batalla más salvaje librada en toda la historia militar del continente americano, Otumba. Otra cosa bien distinta es hacer mención al infierno vírico que llevábamos dentro como la varicela, el sarampión o la sífilis, entonces tal vez haya que entonar un mea culpa castigados contra el rincón. ¿Debemos de asumir la responsabilidad de los ocho, diez e incluso según que historiadores cerca de veinte millones de muertos ocasionados por esta terrible tragedia invisible? Desde mi punto de vista es cuestionable el concepto de responsabilidad, pero es de rigor y de humanidad lamentar el dolor ajeno.

Finalmente, debemos los españoles a México, Argentina, Uruguay, Venezuela y otras grandes naciones de Centro y Sudamérica nuestro agradecimiento por haber cobijado a nuestros emigrantes y exiliados políticos. Nuestra hermandad en el lenguaje es un vínculo que nos da mucha grandeza como colectivo idiomático. Ojalá que ese nexo nos mantenga política y emocionalmente unidos por los siglos de los siglos y no las insignificancias que distorsionan esta hermandad de pares que somos los latinos e iberoamericanos en general. Quizás Colón tenía otros propósitos, pero su descubrimiento creó una hermandad y eso, no debemos de olvidarlo. Las afinidades culturales, y una visión brillante de un mestizaje cuyo logro nos tiene que enorgullecer a ambos lados de las orillas del Atlántico, debe de abrirnos el gran angular que la historia solo permite a los visionarios.

Alma, Corazón, Vida
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