LA TRAGEDIA DE PEDRO SERRANO

El Robinson Crusoe español: la increíble peripecia del náufrago que inspiró a Defoe

Este capitán español sobrevivió junto a otro camarada en un banco de arena del Caribe y quedó varado durante años bajo las estrellas hasta que fue rescatado

Foto: Foto: iStock.
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"Yo no quiero poner paz entre mi corazón y mi cabeza, entre mi fe y mi razón, sino que quiero que se peleen y se nieguen recíprocamente, pues su combate es mi vida".

"Mi confesión" -Miguel de Unamuno

El Archivo General de Indias, situado en Sevilla, aparte de ser una enorme caja de sorpresas y de información seria, contrastada y de alto valor documental, tiene a veces revelaciones inauditas que hacen que uno no gane para sustos.

Era el año de 1526 cuando un poderoso huracán fuera de temporada sorprendió a la tripulación de un patache solitario en medio de la inmensidad del océano. La nave era un tipo de embarcación de vela de dos palos, ligera, rapidísima, y de calado muy recortado para poder navegar en lugares inaccesibles para galeones y fragatas. Una especie de mezcla entre bergantín y goleta, que inicialmente tuvo desempeños como barco de combate, destinado como guardacostas, vigía adelantado (en el caso de Lepanto sus informes detallados fueron cruciales) y que también fue usada prolíficamente para viajes transoceánicos como correo o para transporte urgente de valijas de alto valor, pues su afilada proa y capacidad de navegación eran muy superiores a todas las demás.

Su desplazamiento nunca superaba las 40 toneladas por lo general. La Armada española lo usó de manera discrecional durante cerca de cuatro siglos a partir del XIV, dando unos resultados de solvencia inapelables en todas las funciones operativas en las que intervenía.

Banco Serrana

Para el caso que nos ocupa, ante una manifestación de la envergadura a la que tuvo que enfrentarse, era poco menos que una cascara de nuez en medio de olas colosales. Lo que era de temer, ocurrió. Ante la magnitud de aquella fuerza desatada por la naturaleza, los pequeños humanos que tripulaban la pequeña y ágil nave en aquel reto perecerían sin más contemplaciones.

Algunos escritores como Emilio Salgari se inspiraron en la peripecia de este superviviente

Pero, curiosamente, el piloto, Pedro Serrano, se ató con todo lo que tenía a mano a la rueda del timón escamoteándola a la horquilla de sujeción y encomendándose a todos los santos. Una ola encontrada en medio de un mar arbolado lo arrastró hacia la nada. El caso es que tras tres días sobrevivió de forma milagrosa, topándose con un monumental banco de arena en medio de aquella nada total. A 130 millas del archipiélago de San Andrés, al norte de la actual Colombia, estaba el islote donde afortunadamente puso su vida a salvo. Ocho años después del naufragio sería rescatado mientras en España se le daba por muerto por una mera cuestión de sentido común.

El islote no daba para mucho. La vegetación era más que escasa y daba para poder obtener fibra y humedecer la lengua con las raíces para hidratarse o en su defecto construir un albergue que le evitara las contundentes lluvias cuando estas venían de improviso. No había fuentes de agua dulce en el pequeño territorio y hubo que hacer de a poco un vivac acogedor para paliar la erosión psicológica que, obviamente, iba haciendo su trabajo de drenaje del optimismo que le pudiera quedar al náufrago.

Tras tres años viviendo en el banco de arena con toda una mochila de penalidades, recibió la imprevista visita de otro superviviente de un hundimiento acontecido en las inmediaciones. Este último venía más preparado, puesto que había llegado a la orilla en un pequeño bote.

El diablo

El encuentro tal y como lo describe Garcilaso -el Inca-, no tiene pérdida por su hermosura emocional y lirismo con que lo expresa. En el pasaje en cuestión menciona el encuentro con las siguientes palabras tras encontrarse ambos frente a frente conmocionados por la visión en la misma playa…

"Cuando se vieron ambos, no se puede certificar cuál quedó más asombrado de cuál. Serrano imaginó que era el demonio que venía en figura de hombre para tentarle en alguna desesperación. El huésped entendió que era el diablo en su propia figura, según lo vio cubierto de cabellos, barbas y pelaje. Cada uno huyó del otro, y Pedro fue diciendo: '¡Jesús, Jesús, líbrame, Señor, del demonio!".

Tras ser rescatado y regresar a España, se convirtió en un personaje famoso y con dinero conocido en la Corte Española y en varias europeas

Oyendo esto se aseguró el otro, y volviendo a él, le dijo: "No huyáis, hermano, de mí, que soy cristiano como vos", y para que se certificase, porque todavía huía, rezó a voces el Credo, lo cual, oído por Serrano, volvió a él, y se abrazaron con grandísima ternura y muchas lágrimas y gemidos, viéndose ambos en una misma desventura, sin esperanza de salir de ella.

Ambos quedaron totalmente aislados de las rutas de navegación pues por allá no circulaba ni el Tato. Durante los cinco años siguientes diseñaron un remedo de fortaleza, una micro pesquería, una estructura de tejidos para filtrar el agua y dejar la sal para otros menesteres. Durante la larga odisea diseñaron con la pretensión de ser algún día vistos una pequeña torre a base de rocas y pedruscos aderezada de corales, que les serviría adicionalmente de refugio contra los caprichosos vientos reinantes y circunstancialmente, para hacer señales de humo con el fuego obtenido de restos de otros naufragios, pues la escasa y valiosa madera que aparecía por aquellos pagos era puesta a secar para luego quemarla llegado el momento oportuno de llamar la atención.

El hambre agudiza el ingenio

Cuesta creer en la capacidad de supervivencia del género humano, pues estos dos sujetos jamás arrojaron la toalla, y así, con la imaginación por delante, se enfrentaron a la incertidumbre. Aquel banco de arena perdido en la inmensidad ni siquiera estaba entonces registrado en las cartas náuticas. En 1534, finalmente sucedió que la casualidad quiso que la tripulación de un enorme galeón en dirección a La Habana desde Cartagena de Indias avistara las señales de humo que con natural desesperación los náufragos hacían desde su perdido reducto en las aguas del Caribe. Por ende, enviaron una chalupa para socorrerles, y al fin, lo imposible se convirtió en un júbilo desmedido.

Foto: iStock.
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El compañero no llegó a divisar tierra firme tras ser rescatado pues diferentes enfermedades solapadas en un proceso de comorbilidad y un estado febril agudo no le permitieron consumar la liberación de aquella larga pesadilla. Sin embargo, la suerte para Serrano, que conseguiría regresar a España, se tradujo en fama y dinero y lo proyectó como personaje famoso en la Corte Española y en varias europeas, narrando sus peripecias en salones de la alta sociedad, tertulias ávidas de discursos que estaban a años luz de su "Dolce far niente".

Grandeza humana

Antes de traspasar la frontera hacia lo desconocido, redactó unos documentos en los que dejó constancia de las penalidades sufridas, del sufrimiento interminable, y de la angustia de aquellos años abandonado al olvido más radical al que un ser humano puede ser condenado, la locura. Este relato está a disposición de cualquiera en el Archivo General de Indias de Sevilla.

El islote no daba para mucho: la vegetación era escasa y no había fuentes de agua dulce

El Inca Garcilaso de la Vega, probablemente el primer mestizo conocido y documentado en la interacción entre españoles y locales, hijo de madre ñusta inca y de padre español (Sebastián Garcilaso), es considerado el primer representante del mestizaje en Perú. En su obra literaria hay semblanzas claras y menciones varias al mundo cultural hispano e incaico. Tanto Daniel Defoe -el autor de las aventuras de Robinson Crusoe-, como Emilio Salgari sustratan sus escritos haciendo mención o tomando hechos de los acaecidos a este superviviente. La historia de este náufrago es en sí un episodio de la grandeza humana ante las adversidades más extremas. Por definirlo de alguna manera, Pedro Serrano, un caso perdido.

Alma, Corazón, Vida

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