LA ERA DEL MACHO ALFA ESPAÑOL LITERARIO

Cuando fuimos la fantasía sexual de las inglesas: “El corazón español es primitivo”

El protagonista de las novelas románticas de los años 70 solía ser un macho ibérico guapo, racial y algo retrógrado, que ofrecía una salida a la pérdida de masculinidad 'british'

Foto: 'Verano 70' de Pedro Lazaga presentaba la visión española de las turistas. ¿Y al revés?
'Verano 70' de Pedro Lazaga presentaba la visión española de las turistas. ¿Y al revés?

"—Te gusta poner a prueba mis límites —continuó Vanessa.

—En otras palabras, piensas que soy de la vieja escuela, ¿eh? —sonrió Rafael—. ¿Te parece que el romance es un juego? Es extraño que los británicos se enfrenten a la mejor de las experiencias de forma tan informal, aunque vuestros poetas escribiesen sobre el amor de forma tan intensa.

—Quizá los ingleses se expresan mejor con palabras que con hechos —replicó ella.

—Qué perspectiva para un latino, ¡tener que tomar como esposa a una de esas doncellas de hielo! —se burló el “don”—. ¿Cuán rápidamente se extinguiría este fuego sureño gracias a su hielo norteño? O quizá, ¿terminaría provocando que ella se derritiese? ¡Vaya! Seguro que incluso las inglesas son capaces de derretirse.

—¿Me lo pides o me lo ordenas? —inquirió Vanessa, casi sin aliento".

No es un fragmento de 'Cincuenta sombras de Grey', ni de sus cientos de sucedáneos. Se trata de 'La torre de la cautiva' de Violet Winspear, uno de los grandes 'best sellers' románticos en el Reino Unido de los años 70. Su historia, la de una “vulnerable inglesa” rescatada por el “muy macho” Rafael de Domerique, un español que la retiene en su isla. “En el corazón del español hay un hombre primitivo, y su esposa es su posesión”, escribe Winspear en una de las muchas novelas que la convirtieron en estrella de Harlequin, la editorial por excelencia de novela romántica setentera junto a Mills & Boon.

Estas novelas reflejan la insatisfacción de muchas mujeres con la transformación del modelo masculino

El viril y castigador Rafael es tan solo uno de las decenas de españoles que protagonizan las novelas de la época. Como recuerda María del Mar Pérez-Gil, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, entre los años 60 y los 80, el “héroe macho alfa” arrasó en las novelas románticas. Su nacionalidad era frecuentemente española. 'Una enfermera en Barbazón' de Kathryn Blair, 'Una enfermera en Tenerife' de Pippa Lane (parece ser que las enfermeras eran un subgénero en sí), 'Los besos y el vino' o 'El matrimonio Valdés' de Winspear brindaron a miles de lectoras británicas la posibilidad de fantasear con españoles bronceados, raciales y mucho más retrógrados que sus parejas.

'Nurse in Tenerife' de Pippa Lane.
'Nurse in Tenerife' de Pippa Lane.

“Se trata de hombres atractivos, dominantes, pasionales y muy masculinos”, explica a este medio Pérez-Gil, que acaba de publicar una investigación sobre el tema. “Se acercan, en cierta medida, al modelo de masculinidad tradicional que había entrado en crisis en la década de los 70 del siglo XX”. Un resurgimiento, o los últimos coletazos de un modelo de macho, que se produjo de manera paralela al auge del feminismo de segunda ola, que provocó “que muchos hombres de clase media comenzaran a replantearse el concepto tradicional de masculinidad”.

Lo que las mujeres habían ganado en su lucha, creando hombres que “compartían el cuidado de los hijos y consideraban a la mujer como su igual”, lo habían perdido en sus fantasías: “En un momento en el que los hombres se ajustaron a las demandas de igualdad y liberación, las novelas románticas iban contra la marea idealizando y erotizando el poder fálico del macho alfa”. Latino, exótico y patriarcal, para más señas.

El esquema era repetitivo. La protagonista, generalmente segura de sí misma, viaja al sur de Europa –España, Portugal, Grecia, esos PIIGS— donde conoce a hombres “más atractivos y más masculinos, en comparación con los ingleses” que, poco a poco, vencen sus reservas. Como recuerda el protagonista de 'Olive Island' de Kay Thrope, en Inglaterra “los hombres han dejado de ser hombres”. “Estas novelas reflejan la insatisfacción de muchas mujeres con el modo en que la transformación del modelo masculino pudiera estar conduciendo a una creciente feminización del hombre”, añade Gil.

En las novelas se alude al turismo sexual en España y a que muchas mujeres 'acudían en manada' para hacer realidad sus fantasías

“Lo que varias de las escritoras de la década de los 70 expresaron en sus obras es que el nuevo modelo masculino que estaba surgiendo en sustitución del anterior no terminaba de satisfacerlas”, añade la filóloga. “Ese nuevo hombre más comprometido que consideraba a la mujer como su igual y que en las novelas aparece inicialmente descrito como el compañero ideal no despierta la pasión ni el deseo de la protagonista. El matrimonio con él terminaría siendo monótono y aburrido, como dice uno de los personajes. Por lo tanto, lo que reflejan las autoras es que los cambios en la manera de entender la nueva masculinidad no debían suponer que el hombre renunciara a ser 'muy masculino' o 'muy hombre', o que dejara de seguir tratando a la mujer con cortesía y caballerosidad, pues estos aspectos constituían para ellas parte del atractivo masculino”.

¿Dónde encontraron ese ideal? En España.

La paradoja del amante latino

"Sus dedos apretaron el asa de su bolso para comprobar que la carta en su interior era real, sus palabras grabadas en su mente. 'Mi hermano Ramón desea volver a verte, por lo tanto, tienes que venir a San Solito sin dilación. Yo, Julio Valdez, considero que le debes alguna recompensa por lo que ha sufrido y no aceptaré un no por respuesta'.

'The Valdez Marriage' de Violet Winspear.
'The Valdez Marriage' de Violet Winspear.

Darcy respiró zozobrando. Desde el momento en que abrió el grueso sobre y vio su firma en forma de sierra había sentido una condena. Las palabras y la escritura eran obstinadas, como si Julio Valdez fuese a ir a Inglaterra y forzarla a volver a España si se atrevía a responder que no iba a acatar sus órdenes con la prontitud del resto. ('El matrimonio Valdez' de Violet Winspear)".

Pero ¿por qué españoles? ¿Qué tenían nuestros varones de la Transición (o su versión idealizada) para resultar más atractivos que los de otras latitudes? La explicación quizá se encuentre en dos sencillos factores: el turismo y el proverbial salvajismo español, con unas gotitas de pensamiento colonialista en el mejunje.

Comencemos por la invasión guiri que, desde los años 60, había asolado las playas españolas, convirtiendo a nuestro país en objetivo para ciertas mujeres jóvenes y económicamente independientes. “En algunas de estas novelas se alude abiertamente al turismo sexual en España y a que muchas mujeres inglesas y del norte de Europa 'acudían en manada' a las playas de nuestro país, como leemos en una de las novelas, para hacer realidad sus fantasías sexuales”, explica Pérez Gil. Otro mito, quizá, que no obstante refleja la fascinación erótica que España despertaba.

“Están llenas de estereotipos sobre la masculinidad del hombre español, un hombre atractivo, moreno y 'muy macho', como se llega a decir”, prosigue la filóloga. “Términos como el honor, la pasión, la furia, la cortesía y la virilidad definen a los españoles”. En las novelas de Winspear, se puede leer sobre el “español típico” que “no dudaría en defender su honor cortando hasta el hueso la garganta de sus enemigos”. Flamenco, castañuelas, toros, fiesta, siesta, sol y varones hipersexualizados.

Es arrolladoramente masculino y viril, alto y con un cuerpo espectacular, y su piel, cabello y ojos le dan ese toque de exotismo

Con una llamativa contradicción. Mientras que las novelas que las turistas traían en sus maletas para leer en la hamaca presentaban a los españoles como amantes atemporales, en nuestras ficciones, las “suecas” eran perseguidas por Martínez Soria, Ozores o López Vázquez. No precisamente machos alfa. “Son todo lo contrario: un hombre rico y poderoso que ha llegado a lo más alto en su carrera profesional. Muchas veces es un noble. Si a eso se une que es arrolladoramente masculino y viril, alto y con un cuerpo espectacular, y que su piel morena, su cabello y ojos negros le dan el toque imprescindible de exotismo, ya tenemos el ideal perfecto y soñado”. A Ozores no suena.

Violet Winspear, una de las autoras estrella de la literatura romántica, fue tremendamente prolífica.
Violet Winspear, una de las autoras estrella de la literatura romántica, fue tremendamente prolífica.

Tampoco conviene perder de vista que, aunque este canon suena anacrónico, está determinado por el punto de vista femenino. “Incluso la erotización del cuerpo masculino en algunas de estas obras no deja de tener cierto componente transgresor, pues la mujer pasaba a convertirse en el sujeto que mira, y no en el objeto mirado, como era lo habitual”.

Noble, pero viejuno

"No era justo, pensó Julie, que un momento de iluminación tan maravilloso fuese tan breve. Evidentemente, Felipe no compartía sus propios sentimientos de alegría al descubrir su amor por él.

En su lugar, le habló de Mallorca, y ella le preguntó: “¿Has vivido siempre en la isla?”

—No —respondió él.— El hogar familiar está en Cádiz. Paso las vacaciones aquí con mis abuelos.

—"Qué bien que un lugar tan bello como este traiga recuerdos tan felices para ti", remarcó, envidiando a la isla porque lo había conocido durante más tiempo que ella.

—"Seguro que la isla también traerá recuerdos felices para ti", le respondió suavemente Felipe.

Y Julie se preguntó si recordaría felicidad… o tragedia. ('Hotel Jacarandas' de Katrina Britt)".

Las autoras utilizan la masculinidad del español para criticar su retraso frente al carácter evolucionado de la sociedad inglesa

Lo cortés no quita lo valiente, y lo aristocrático no quita que si las inglesas no viesen a España un tanto rancia, quizá no habríamos despertado tantos sueños húmedos. Eso sí, sin política. “Aunque no aludan directamente al régimen franquista ni a la Transición describen España, en términos generales, como un país letárgico y anclado en sus tradiciones, lo que se refleja en las relaciones de género”. Las únicas excepciones, las cosmopolitas Madrid y Barcelona.

'Hotel Jacarandas' de Katrina Britt.
'Hotel Jacarandas' de Katrina Britt.

Como suele ocurrir con las fantasías, se trata de un viaje con el billete de vuelta comprado de antemano. Que las inglesas soñasen con españoles esculpidos no quiere decir que deseasen vivir en ese mundo: “Las autoras utilizan esa masculinidad alfa del hombre español para criticar de forma etnocéntrica el retraso del país, frente al carácter más evolucionado de la sociedad inglesa”. De ahí que el retorno a la civilización llevase al reencuentro con ese inglés que, en las novelas de Horpe, era descrito como “agradable, fiable y sincero”. Y aburrido, pero una buena novela romántica proporcionaba una oportuna fuga ocasional.

Solo el tiempo terminaría suavizando los rasgos de esos amantes bandidos, a medida que la igualdad entre hombres y mujeres se instalaba en la sociedad y modificaba ligeramente los rasgos del 'macho man' patriarcal. “Tras años de lucha feminista, y para unas mujeres más liberadas e independientes como lo fueron las de los 80, era impensable que un hombre así siguiera siendo un ideal masculino”, concluye Pérez Gil.

Sus huellas pueden rastrearse en las estanterías llenas de polvo de esos hoteles que acumulan novelas antediluvianas, en cuyas páginas aún palpitan los deseos de miles de inglesas en forma de machos ibéricos que nunca existieron más que en su mente poscolonial y protofeminista. El fantasma de una época pasada, pero también, un documento irrepetible sobre la evolución del ideal masculino.

Alma, Corazón, Vida

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