"LOS CONDONES SON NECESARIOS"

Fui a un crucero de intercambio de parejas: una gran experiencia

Rachel Kramer y su esposo decidieron probar algo muy atrevido: tener sexo con otras parejas. Ahora, su relación ha ganado en confianza y seguridad

Foto: Foto: iStock.
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La monogamia ya es cosa del pasado. En el presente, cada vez son más las parejas que optan por mantener relaciones sexuales fuera del ámbito conyugal. No solo eso, sino que a la hora de planear unas vacaciones, muchos matrimonios consolidados se decantan por algo que presumiblemente nos gusta a todos: el sexo. Quizás alguna de las palabras más buscadas por estos intrépidos en Google sea "fiestas swingers".

Esto es lo que le pasó a Rachel Kramer, periodista en 'Redbook', y a su marido. "La primavera pasada, mi esposo y yo estábamos buscando unas vacaciones para celebrar nuestro décimo aniversario", comienza, en un artículo escrito en primera persona en la revista estadounidense. No hay nada más natural que conmemorar la unión matrimonial en una orgía con otras tantas parejas -nótese la ironía. "Vimos un anuncio sobre un crucero con fiestas de baile, áreas nudistas y salas de juego, incluida una mazmorra. Asumimos que hablaban de BDSM, pero no: justo después de reservar el viaje descubrimos que estaba programada para 'swingers'. Aunque no queríamos participar, pensamos que sería una buena oportunidad para ver cómo son estas fiestas por dentro".

Sentí la mano de una mujer acariciando mi pecho mientras besaba a mi esposo. Entonces su marido también comenzó a tocarme

Pero su percepción cambió cuando comenzaron a chatear con otras parejas. "Empezamos a hablar del deseo que yo sentía hacia otras mujeres y acabamos pensando que iríamos allí a disfrutar y pasarlo a lo grande", confirma Kramer. "Realmente, no sabíamos que nos esperaba una vez llegásemos allí, y definitivamente nos quedamos sorprendidos. Muchas personas estaban completamente desnudas, otras solo en topless, otras con atuendos diminutos o vestidas".

Al principio, actuaron con pudor y se presentaron al resto con un sugerentes bañadores. Pronto, se hizo de noche. "La primera velada fue una fiesta de dioses", relata la periodista. "Mi esposo se vistió de gladiador romano y yo de divinidad griega con una toga de tela púrpura. Bailamos con una pareja a la que habíamos conocido online. No nos desnudamos, pero sí que hubo manos sigilosas bajo la ropa. Mi esposo y yo estábamos 'en pleno intercambio', es decir, de acuerdo con la cultura swinger. Es más, sus reglas eran más estrictas que las nuestras, ya que muchos de los asistentes no se besan ni tienen relaciones con otros".

"Después de que acabara la fiesta, nos fuimos todos a la zona de juegos al aire libre", narra Kramer. "Había camas separadas con mesas pequeñas entre ellas. Nos comenzamos a desnudar y a besarnos entre nosotros. Pronto sentí la mano de una mujer acariciando mi pecho mientras besaba a mi esposo. Entonces su marido también comenzó a tocarme".

La intensidad de la fiesta fue subiendo hasta los límites más insospechados. "Hubo un momento dado en el que mi pareja se fue al baño. Mientras, el otro chico se abalanzó sobre su mujer mientras la besaba y jugaba con sus pechos. Luego, nos cambiamos y fui hacia ellos. Cuando mi esposo regresó, observó la escena durante unos pocos minutos y luego se unió a nosotros", explica.

Todos los que conocimos querían lo mismo que nosotros: entablar una amistad, y si nos divertimos sexualmente, pues mejor

"Después de un rato, comencé a hacerle una felación a mi esposo mientras la otra pareja mantenía relaciones sexuales. Había bebido mucho y, por desgracia, se estaba poniendo algo difícil. Lo intentamos un par de veces, pero no iba a suceder. Jugamos un rato, la otra pareja terminó y luego fuimos todos a la zona de los jacuzzis", explica Kramer. "A lo largo de la semana tuvimos otras dos sesiones de juego más con otros matrimonios, incluida una sesión grupal con seis personas. La atracción física es imprescindible en estos casos, y la conexión entre las distintas parejas. Queremos jugar con personas divertidas y con una relación estable".

La periodista y su marido rompieron complejos y prejuicios en torno a este tipo de relaciones. "Antes del viaje, pensaba que los swingers eran personas que tenían relaciones sexuales con cualquiera al azar", incide. "Pero todos los que conocimos querían lo mismo que nosotros: entablar una amistad de ideas afines, y si nos divertimos sexualmente, pues mejor. Ahora, jugamos con los demás como una vez al mes. Desafortunadamente, no hay un club cerca de donde vivimos".

Cada vez que pasamos una noche con otras personas hablamos de la experiencia y tenemos sexo muy apasionado entre los dos

Eso sí, es esencial no bajar la guardia y siempre tomar precauciones. "Los condondes son necesarios", reconoce. "También tenemos un poder de veto, por lo que si mi esposo no quiere jugar con un hombre por cualquier motivo, no lo hacemos. Rara vez organizamos quedadas en nuestra casa, pero si ese es el caso tiene que ser una pareja que conozcamos bien, y nunca en nuestra cama: eso solo es para nosotros.

"Hablamos con varias parejas que conocimos en el crucero de forma semanal. Hay algunas de ellas con las que hemos entablado una gran amistad", afirma. "Tan solo hacemos lo mismo que otras familias, solo que tenemos sexo con otras personas. Ninguno de nosotros tiene verdaderos sentimientos con los otros, somos amigos. Eso sí, hay personas que nos atraen física y emocionalmente, pero el romance y el amor son solo para nosotros".

Para concluir, corrobora lo que también opinan cada vez más parejas que se han apuntado a la corriente swinger. "Esto nos ha ayudado a mejorar nuestra vida sexual, cada vez que pasamos una noche con otras personas hablamos sobre la experiencia y tenemos sexo muy apasionado entre los dos. No sé si seguiremos haciéndolo de forma permanente, pero de momento nos lo estamos pasando en grande".

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