hacia un mundo de adictos

Por qué aunque lo intentes no puedes comer solo una patata

¿Por qué la comida basura es adictiva? ¿Lo saben sus fabricantes? Y, más importante que todo eso, ¿hay alguna posibilidad de combatirlo con fuerza de voluntad?

Foto: Foto: iStock.
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Admitámoslo, todo sería mucho más fácil si la comida rica (e insana) no lo estuviera. Si en lugar de hincharnos a donuts nos hincharamos a zanahorias no anhelariamos tener los cuerpos de los modelos que nos observan en las marquesinas de las paradas de autobuses. Pero la vida no la hemos inventado nosotros y, por tanto, por mucho que nos empeñemos, los donuts seguirán engordando. Sobre todo si nos comemos todo el paquete.

Pero ¿por qué sucede? Nadie suele decir: "Me siento fatal porque ayer me di un atracón de hojas de lechuga". Sin embargo hay otro tipo de alimentos, como las patatas fritas (y quien dice patatas también dice helado o pizza o chocolate) que nos es mucho más difícil dejar de comer cuando empezamos. Llega la onza de la discordia, y luego todas las demás, entonces culpamos a nuestra incapacidad para decir basta. "No tengo fuerza de voluntad", te dices, y vuelta a empezar con el arrepentimiento eterno.

¿Culpa de nuestros antepasados?

Los alimentos procesados y la comida rápida son adictivos. Es así. Sin embargo, volviendo a la duda de por qué no te aficionas a las zanahorias, la respuesta es más antigua de lo que podíamos imaginar. Informa el doctor Darria Long en 'CNN': "Para nuestros antepasados ​​cavernícolas, el azúcar, la sal y la grasa eran necesarios para la supervivencia, por lo que evolucionaron para desearlos. Pero como esos alimentos no eran comunes, nuestros ancestros no necesitaban mucha fuerza de voluntad para restringírselos. Es por eso que la región de nuestro cerebro que regula la fuerza de voluntad es evolutivamente más joven y es fácilmente anulada por la región más primitiva impulsada por el deseo".

Se suministró azúcar a unos ratones y después se les restringió. Tuvieron temblores y otros síntomas relacionados con el síndrome de abstinencia

Sin embargo, en los últimos 200 años se han dado muchos cambios que no hemos sabido procesar, entre ellos todos los relacionados con nuestra alimentación. Nuestros cuerpos aún no han evolucionado para hacer frente a lo gratificante que es la comida basura. Esta, al igual que el alcohol o las drogas, desencadena en nuestro cuerpo la felicidad. Cada vez que comes azúcar tu cerebro libera dopamina.

¡No lo hagas!
¡No lo hagas!

De la misma manera, si dejamos de tomar azúcar es muy probable que experimentemos síndrome de abstinencia. ¿Te ha pasado alguna vez? Las bajadas de glucosa pueden perjudicar la atención, la memoria y el aprendizaje. La dopamina es un neurotransmisor, al fin y al cabo. Y los estudios han demostrado que los adictos al azúcar tienen una configuración de sus receptores parecida a los adictos al tabaco, al alcohol y/o a la cocaína. De hecho, practicando con ratas a las que se les suministraba azúcar y después se les privaba del mismo, se observó que experimentaban temblores y descensos de movilidad.

A día de hoy, prácticamente todos los productos tienen azúcares añadidos, por eso es muy difícil prescindir de ellos en nuestras comidas

Las empresas fabricantes de comida saben todo esto. De hecho, gastan millones en encontrar el "punto de felicidad", que es la relación irresistible de azúcar, sal y grasa. Esos alimentos están concebidos para evitar nuestros mecanismos normales de plenitud, por lo que puedes comerlos durante todo el día y no sentirte satisfecho. Con el tiempo, el cuerpo se vuelve menos sensible a los alimentos, por lo que debes comer más para obtener la misma dosis de dopamina y sentir abstinencia si no la ingieres.

¿Cuál es el otro problema? Como nuestros cerebros aman el azúcar, prácticamente todos los alimentos tienen un agregado. Hoy en día, el 74% de los alimentos de las tiendas comestibles tienen edulcorantes agregados, que incluyen aderezos para ensaladas, salsa barbacoa y salsa para pasta. Los alimentos específicos para niños tienen un promedio de 85% más de azúcar que las versiones para adultos.

¿Cómo hacer frente?

Parece imposible escapar de ellos si prácticamente todos los productos tienen azúcar agregada, ¿no? Está claro que empezar resistiéndose a la caja de donuts quizá sea muy complicado. Así lo señala el doctor: "No intentes hacer frente al cookie que te apetece comerte. Reduce primero los azúcares ocultos en tu dieta y, con el tiempo, te volverás más sensible a los dulces y los necesitarás menos".

¿Significa que te tienes que convertir en un detective de los dulces? Sí. A veces, los etiquetados no son muy fiables, y aunque nos dicen que no tienen azúcar agregada, no es verdad. Según Long, otra clave es "abrazar" nuevos sabores a los que no estamos acostumbrados: "Tomamos azúcar y sal en grandes cantidades, pero nunca nos acordamos del amargo, el ácido o el umami" (en japonés 'sabroso', y considerado por ellos otro sabor fundamental en nuestro paladar).

"Estos tres sabores tienen un umbral de saciedad más bajo, lo que significa que te sentirás lleno más rápidamente. Prepara carnes o verduras con sabores umami (verduras en escabeche, carnes curadas, champiñones, pasta con tomate o quesos duros como el parmesano) para un sabor delicioso. Con el tiempo, notarás que los antojos salados comienzan a caer".

Por supuesto, también debes controlar las porciones, sobre todo si nos referimos a comida basura. No dejamos de comer este tipo de alimentos cuando estamos llenos, paramos cuando la comida que tenemos delante se acaba. ¿Solución? Piensa en tus antepasados cavernícolas. Coge una porción pequeña y nada más, y mastica bien cada bocado. Escucha a tu cuerpo hasta que te diga que está lleno.

Alma, Corazón, Vida

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