ASÍ ES EL sexo químico

"Si hubiera seguido así, ya estaría muerto": el efecto del 'chemsex' en los jóvenes

Es cada vez más común entre los mayores de 30, aunque también afecta a personas más jóvenes. Los aficionados a esta práctica nos explican sus costumbres y los riesgos

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Sexo, alcohol y drogas, amigos y enemigos de las grandes fiestas. Ahora hablan de chemsex, pero este trinomio acompaña a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Hombres, mujeres, heterosexuales u homosexuales se han dejado llevar en cualquier época por los efectos de las drogas y el alcohol, probando nuevas sensaciones, estados mentales y desinhibiciones con los que sobrepasar los rutinarios límites del sexo. Estas fiestas desenfrenadas de sexo y drogas, que están especialmente de moda entre algunos hombres de la comunidad gay, preocupan mucho a los profesionales sanitarios, ya que está aumentando exponencialmente el riesgo de contagio de ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) y desencadenando graves problemas de adicción a las drogas.

Altas horas de la madrugada, muchas horas de fiesta y un grupo de amigos, todos chicos homosexuales, se lo están pasando en grande. Miguel (nombre ficticio) había bebido algo, estaba con su pareja y entre todos decidieron ir a casa de uno de los amigos a “terminar la noche”. Acudía sin saberlo a su primera sesión, a un chill out. “Mi pareja antes y después de estar conmigo fue escort (prostituto que mantiene relaciones sexuales con hombres), se movía en un ambiente promiscuo, con muchas drogas, y fiestas muy radicales”.

No estaba muy acostumbrado a drogarme a esos niveles. En ese momento te da igual, luego ya te arrepientes al día siguiente

Frecuentó estas sesiones siempre con él, habían decidido tener una relación abierta, pero solo mantendrían sexo con otras personas en presencia del otro, así que las sesiones eran un lugar apto para la pareja. “Él tenía más experiencia, yo soy más retraído para esto, me cortaba mucho. No estaba muy acostumbrado a drogarme a esos niveles y a veces iba muy desfasado”. Reconoce que ha tenido muchas relaciones de riesgo, en los chill no se utiliza preservativo. “En ese momento te la pela todo, luego ya te arrepientes al día siguiente”.

Las sesiones pueden surgir de manera esporádica, como cuenta Miguel, unas horas más, después de una noche de fiesta, en las que varios amigos y conocidos se juntan en una casa para tomarse la última copa “y lo que surja”. Otras se organizan con más tiempo, y en la mayoría de ocasiones vía Grindr o Scruff, aplicaciones móviles para conectar chicos gais. “Scruff es más para follar, Grindr para más cosas. La gente suele tener todas en su teléfono. Si conectas Scruff en la plaza de Lavapiés (Madrid) un martes por la noche puedes ver como a tu alrededor hay cinco sesiones al mismo tiempo. Hay todos los días a todas horas”. Habla Carlos (nombre ficticio), un chico homosexual que acabó mudándose fuera de Madrid cuando se dio cuenta de que este tipo de prácticas podrían acabar con su vida.

Cuando estás colocado tu límite de preferencias físicas se amplía bastante y llega un punto en el que todo te da un poco igual

“Tenía mi trabajo, me iba bien y me enganché con esta mierda. Perdí mi curro y casi me muero. Tuve que irme de Madrid. Me llevé muchas veces al extremo, si hubiera seguido, ya estaría muerto”. Llevaba muchos años, y muchas sesiones. “A veces iba con gente que conocía y otras con gente que no conocía de nada. Dejas de ver a tus amigos, pierdes el trabajo, gastas mucho dinero..., lo que antes hacía el viernes o el sábado, de pronto te ves haciéndolo un miércoles y piensas: ¿Cómo cojones he llegado yo aquí?”.

Algunas de estas fiestas duran días, suelen ser en casas particulares, aunque se pueden organizar en hoteles o en casas rurales. Miguel cuenta que un día fue a una en un hotel en la que habían contratado a un amigo suyo escort. “Me dijo que no le quedaban cervezas, ni comida y que estaba agotado. Me pidió que le llevara comida. Eran las cinco de la tarde de un día de diario. En la habitación del hotel había 5 personas en una cama manteniendo sexo. Cuando yo llegué él se salió y me pidió que entrara en la habitación a darle un poco de cancha. Pero entré, vi aquello y le dije que no. Le di un poco de apoyo moral y me fui”, recuerda.

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El número de participantes no suele ser mayor de diez. A veces se reúne solo una pareja, empieza, y va llamando a más gente. Lo anuncian en Grindr o Scruff y a quien le apetece y reúne los requisitos, se apunta. “Edad, condiciones físicas, tamaño del pene..., cada uno pone las condiciones que quiere”, cuenta Miguel. Carlos habla claro, “el físico importa siempre, sin foto no vas a ningún lado. Yo mismo no invitaría a nadie sin verle”. Aunque la realidad, comenta, “es que cuando estás colocado tu límite de preferencias físicas se amplía bastante, llega un punto en el que te da todo un poco igual”.

En una sesión de diez tíos es frecuente que haya tres manteniendo relaciones y otros siete drogándose y charlando

“La fantasía de todo el mundo es que tu casa se llene de activos y pollones. Pero luego ni hay tantos activos, ni tantos pollones, ni nadie es tan guapo, la gente es normal”. Se buscan más activos porque el consumo de drogas a veces dificulta la erección, así que el activo se convierte en un bien muy preciado. “Al final por mucha Viagra que tomes, si no comes en dos días es muy complicado que el cuerpo reaccione”.

Cada uno adapta las fiestas a sus preferencias, hay algunas en las que se especifica que nada de 'slam' (drogas inyectadas por vía intravenosa) o se especifican la preferencia por el 'fisting' (introducir el puño por el ano) y se organiza en torno a ello. “Si a ti te gustan las cosas que son un poquito más especiales lo avisas antes de que nadie vaya a la sesión, si no, imagínate que no te gusta el scarf, vas a una casa y está hasta arriba de mierda. Pues te marchas”, explica Carlos. En una sesión de 10 hombres es frecuente que haya tres manteniendo relaciones y 7 drogándose, charlando o enganchados con el teléfono. Suele haber buen ambiente, aunque el consumo de drogas a veces produce paranoia.

El problema es que estar colocados y acostarse con 5 tíos es genial, y como es genial, no lo quieres parar de hacer

Lo más frecuente es que los participantes tengan más de 30 años, aunque la tendencia cada día acoge a los más jóvenes. “A lo mejor es porque buscan algo diferente, dar una vuelta de tuerca”, dice Miguel, que achaca parte del éxito de estas fiestas a la hipersexualización en el entorno gay. “Me parece que todo se está llevando a lo superficial, a lo físico. No eres nadie si no te sacas tu selfie con tu torso desnudo, o si no tienes el cuerpo perfecto. En mi ciudad cada vez veo menos locales de ambiente para bailar y cada vez más de sexo: de cruising, saunas...”.

Los problemas de las drogas

Como cualquier adicción lo que comienza como un evento puntual, una fiesta que se alarga más de la cuenta, poco a poco se va convirtiendo en un hábito. “Al principio lo controlas, te parece divertido ir a un chill a follar, estás siete horas o las que sean, te vas a tu casa, duermes y ya está”. Carlos tiene claro que el éxito de estas fiestas lo tienen en gran parte las drogas.

El viernes se murió un amigo mío. Se lo encontraron muerto y solo, pero es probable que estuviera con otro cuando falleció

“Las drogas son estupendas, si no lo fueran ninguno nos engancharíamos a ellas”, afirma. “A mí siempre me han gustado, y además siempre he tenido muy baja la autoestima y he tenido problemas de autodestrucción. De esta manera mataba dos pájaros de un tiro”. Una problemática oculta que reconoce en sí mismo y en su entorno: “Muchos nos enganchamos a las drogas porque no estamos bien, o porque queremos escapar de algo. Creo que hay mucha homofobia interiorizada”. Estas sesiones se convierten en una evasión perfecta, “te metes un día y medio en una casa y es un día y medio en el que no estás pensando en nada, ni siquiera en comer”.

Las tres drogas estrellas son la mefredona, la metanfetamina y el GHB, que se alternan con otras de uso común como la cocaína, el éxtasis, y por supuesto el alcohol. Problemas de adicción y otros tantos de salud psicológica, a los que se suman otros de igual o mayor gravedad por enfermedades de transmisión sexual. “Al final algo te pillas, estas cosas son siempre a pelo, y si no vas a pelo, pues no vengas”, cuenta Carlos. “Yo soy VIH positivo, he tenido hepatitis C, sífilis, gonorrea, clamidia, ladillas... de todo”. Miguel confirma que la gente ha perdido el miedo, todas las enfermedades se curan, algunas con tratamientos relativamente rápidos, la única que no se cura es el VIH. “Tienes VIH y te tomas tus pastis y estás estupendo, te vas a morir de viejo como todo el mundo”, añade Carlos.

Las ITS están controladas y se ha bajado la guardia, dejando la puerta bien abierta a un consumo de drogas, que como cuenta Carlos, va en aumento. “El viernes se murió un amigo mío. Se lo encontraron muerto y solo, pero es muy probable que estuviera con alguien cuando murió. Estaba drogándose”. Carlos está realmente afectado, no es solo este amigo, cada mes se entera de la muerte de dos personas que conoce, en la mayoría de los casos por un consumo excesivo de drogas. “Esto tiene que acabar, se está muriendo la gente. Parece que en ciudades como Madrid o Barcelona se empieza a tomar conciencia sobre este problema de Salud Pública. Espero que la información vaya llegando a la gente para que todo frene. Que no sigamos haciendo este tipo de cosas de una manera tan enfermiza y tan nociva. No podemos permitirnos que mueran tantos jóvenes”.

En la web de Apoyo Positivo hablan también de chemsex, y las razones por las que los chicos suelen acudir. No distan de los testimonios de Carlos y Miguel: sentirse sexualmente liberado, disfrutar de mejor sexo y durante más tiempo, como respuesta a la propia homofobia interiorizada, querer superar problemas del pasado, como el abuso, por influencia del grupo, etc. “Si ahora me encontrara con un chaval que está a punto de ir a una de esas sesiones le diría que no fuera. Si va a ir seguro, le diría que tuviera cuidado, que comiera algo y que avisase a sus amigos si va a estar mucho rato desconectado, para que no se preocupasen”, concluye Carlos.

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