Los cinco sentimientos de culpa que las madres experimentan respecto a sus hijos
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una presentadora de tv se confiesa

Los cinco sentimientos de culpa que las madres experimentan respecto a sus hijos

Las mujeres que tienen hijos van pasando por diferentes etapas, pero hay algo que siempre acompaña a todas ellas y que nunca cambia: el remordimiento

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Ser madre es una tarea difícil. Sobre todo por el sentimiento de culpa "terrible e indiscriminado" que experimentan las mujeres. Al menos eso es lo que asegura la famosa presentadora de la cadena de televisión británica BBC Fiona Bruce. Hace unas semanas, confesó en la pequeña pantalla que a menudo siente que se queda corta con respecto a lo que hacía su madre, que dejó de trabajar tan pronto como tuvo hijos.

Ahora, Fiona, de 54 años, y con hijos de 20 y 16 años, reveló que todavía tiene la misma niñera que cuando los niños eran bebés. Mientras que muchas mujeres envidiarían la increíble libertad que da poder pagar a una persona que te ayude en casa, otros sentirán lástima, ya que esa madre no ha podido disfrutar, por estar trabajando, lo que sí otras.

La culpa te sigue como una sombra, desde la primera patada de tu bebé en el útero, hasta más allá de la edad adulta

En retrospectiva, la presentadora recuerda que el sentimiento de culpa siempre la ha acompañado: "Si no era culpa por algo que no estaba haciendo, era el arrepentimiento por algo que había hecho, o la ansiedad de que, en el camino, había hecho algo muy mal o no todo lo 'correcto' que me hubiese gustado...", asegura a 'Femail'.

"La culpa te sigue como una sombra, desde la primera patada de tu bebé en el útero, hasta más allá de la edad adulta", añade, y distingue las cinco etapas de la culpa en las madres en función de la edad de los hijos:

1) "¿Por qué estoy aburrida y sola?"

Años preescolares

"Después del deleite de producir el bebé más dulce del universo, la realidad aparece. He conocido a muchas madres jóvenes enloquecidas por la falta de sueño y el aburrimiento, que se sienten desconcertadas y desanimadas porque la euforia de la nueva maternidad no duró". Y, por supuesto, aparece la culpa, "si realmente no quieres amamantar (o no puedes, como en mi caso) y te sientes intimidado por las enfermeras y el resto de madres".

"Los momentos en que te das cuenta de que estás en una escalera en movimiento y que no hay forma de que puedas saltar. Has sido secuestrada por esta extraña y pequeña criatura que ahora está en tu vida para siempre (debo enfatizar aquí que ninguno de estos comentarios tiene algo que ver con la depresión postnatal, que es un tema aparte, muy serio)".

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Fiona Bruce

2) "No tengo tiempo para mí"

Años de escuela infantil

Las mujeres trabajadoras intentarán por todos los medios ser madres perfectas que preparan buenos almuerzos y disfraces para las obras de teatro de la escuela, se mantienen al día con la aritmética y la alfabetización, organizan las fechas de juego y además son buenas en sus trabajos. "La tensión puede ser terrible".

En esta etapa, cuenta Fiona, ellas comen mal, duermen mal, se preocupan de no ser lo suficientemente juguetonas con los niños, por que jugar te aburra..

"Durante las cañas con otros periodistas, me invadía la culpa por estar en un pub mientras la niñera recogía a mi hijo de la escuela. 'Deberías estar con él, no ella', susurraba la voz de la conciencia. Más remordimientos. Más culpa".

3) "Su mal comportamiento es mi culpa"

Adolescencia

Si te preocupas cuando son pequeños porque no sabes lo que llega a continuación: "La adolescencia de tu hijo puede impulsar a la pobre madre a ser demasiado juguetona, lo cual es vergonzoso".

"La mayoría de los padres conocen el dolor de darse cuenta de que los niños no te necesitan más (no de la misma manera) y quieren su propio espacio. Piensan que no hay nada peor que el hecho de que uno de los padres se baje con los niños, pero no se puede resistir", dice Fiona, que estaba todo el día encima de ellos por si consumían drogas o alcohol.

"Ten por seguro que si tus hijos adolescentes tienen problemas (¿y qué no tienen los adolescentes?), definitivamente te sentirás culpable"

"¿Cómo podemos saber alguno de nosotros si lo estamos haciendo bien? Una cosa de la que puedes estar seguro: la madre de los adolescentes se verá reducida a lágrimas por ellos más veces de las que alguna vez quiera recordar, y la culpa se establece cuando se pregunta si tal vez... Solo tal vez... tus hijos te las están devolviendo por tus fallos del pasado. Pero ten por seguro que si tus hijos adolescentes resultan ser personas encantadoras que lo hacen tan bien como pueden, es porque son realmente maravillosos. Pero si tienen problemas (¿y qué no tienen los adolescentes?), definitivamente te sentirás también culpable".

4) "No me necesitan"

Años adultos-jóvenes

"Alguien que conozco, una madre trabajadora, admitió con tristeza que cuando sus hijos llegaran a la etapa de dejar la casa, los seguiría, casi rogando, para que se quedasen con ella. Para mí, el problema no era que mis hijos realmente se fueran de casa porque nunca me preocupó el "síndrome del nido vacío". Pero sí quería que regresaran, para ver aún el hogar como el centro de sus vidas. Una vez, me vi obligada a enviarle a mi hijo una postal, balbuceando: "Recuerda que tu madre te ama" (o palabras patéticas similares), porque estaba pasándolo muy bien trabajando en Londres y con una hermosa novia y, durante semanas no dio ni una señal".

"En otras palabras, ¡él no sentía la necesidad de mí! Qué hiriente fue eso".

5) "No puedo parar de dar mi opinión"

Años de abuela

Fiona advierte a las jóvenes que la combinación entre amor, responsabilidad, culpa, alegría, deleite y miseria no acaban nunca de sucederse entre las madres, tengan la edad que tengan.

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Fiona Bruce

"A medida que experimentas las diferentes etapas y sientes que has aprendido lecciones de las anteriores, crees que todo el estrés desaparecerá como por arte de magia, pero no es así. Te preocupas por sus relaciones y por cómo tus propios errores pueden haberlos afectado. Sientes angustia si se equivocan (ya sea que abandone la universidad, que empiece a consumir cannabis o alcohol...) y te das cuenta de que no debes dar consejos hasta que te pregunten. De lo contrario, estás en problemas".

"Y si tus hijos adultos se enfadan contigo y te dicen cosas que hieren sus sentimientos, sabes que, al final, tú debes ser quien haga las cosas bien. Porque eres tú quien todavía es el adulto en esta relación. Pase lo que pase".

Ahora Fiona es abuela y ha aprendido, sobre todo, que tiene que aprender a mantener la boca cerrada y que si, por error, hace algún comentario como "cariño, ¿no deberías cortarte el pelo?", debe estar preparada para sobrellevar el enfado o la mala contestación de su hijo ("¡No, mamá! No seas pesada").

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