El holocausto desde dentro

Las notas del preso de Auschwitz revelan el infierno que vivieron

Una carta escondida de Marcel Nadjari, un judío griego forzado a retirar los cuerpos de las cámaras de gas, muestra detalles terribles de la vida en el campo de concentración

Foto: Fragmentos. (Instituto de Zeitgeschichte)
Fragmentos. (Instituto de Zeitgeschichte)

En 1944, Marcel Nadjari, un judío griego forzado a retirar los cuerpos de las cámaras de gas de Auschwitz, enterró una carta en un bosque cerca del campo de concentración. El texto fue redescubierto en 1980, aunque era prácticamente ilegible.

A través de una nueva técnica de imágenes, los científicos han reconstruido finalmente el documento, y esta ha proporcionado nuevos y desgarradores detalles del Holocausto, y lo que era ser forzado a trabajar en un campo de exterminio nazi. "Estaban encerrados como sardinas", relataba en una de las páginas.

Cuestión de tiempo

Nadjari sabía que en algún momento la máquina de matar de la Alemania nazi también se cruzaría en su camino. Así que en noviembre de ese año, metió su manustrico de 13 páginas en un termo, lo envolvió en una encuadernación de cuero y lo enterró justo al otro lado del campo de exterminio (Crematorio III), lugar donde permaneció sepultado durante 36 años.

Tal y como reportan los medios 'Deutsche Welle' y 'Spiegel', el esfuerzo de restauración ha estado encabezado por el historiador ruso Pavel Polian, quién ha vuelto a dar vida al texto manuscrito. Fue desenterrado accidentalmente por un estudiante en 1980 a una profundidad de unos 40 cm, pero la mayor parte del texto no se podía leer. Utilizando una técnica denominada como análisis multiespectral, Polian, con la ayuda del experto informático ruso, Aleksandr Nikitjaev, ha logrado descifrar más del 90% del documento.

Nadjari había escrito la carta para que quien la encontrara la entregara a algún representante diplomático y, a su vez, a amigos o familiares

"A menudo pensaba en acabar con todo e irme con los demás para poner fin a todo esto, pero mi deseo de venganza me impedía hacerlo. Quería vivir para tomarme la revancha por la muerte de mi familia", escribía en la carta. El joven de 26 años estaba entre unos 2.200 miembros de Sonderkommando: esclavos judíos de las SS que tenían que acompañar a otros hacia las cámaras de gas, quemar los cuerpos, recoger los empastes de oro y el pelo de las mujeres y tirar las cenizas a un río cercano.

El trabajo del horror

De los miembros de esta unidad de trabajo, que solían ser asesinados y reemplazados por otros recién llegados, solo unos cientos lograron sobrevivir a la guerra. El crematorio era un gran edificio con una gran chimenea y 15 hornos y debajo de un jardín, dos bodegas enormes.

Cámaras de gas, Auschwitz-Birkenau. (iStock)
Cámaras de gas, Auschwitz-Birkenau. (iStock)

“Nuestro trabajo consistía primero en recibirlos, la mayoría de ellos no sabían la razón... la gente que vi tenía su destino sellado. Pero les decía la verdad. Una vez estaban todos desnudos, acudían a la cámara de la muerte, donde los alemanes habían dispuesto tuberías en el techo para hacerles creer que se estaban preparando para el baño. Con los látigos en sus manos, los obligaban a acercarse cada vez más para que pudieran caber lo máximo posible, y entonces las puertas se sellaban herméticamente. Cuando había unas 3.000 personas encerradas, eran gaseadas y después de seis o siete minutos de sufrimiento, morían", describe.

"Los botes de gas siempre se entregaban en un vehículo de la Cruz Roja Alemana con dos hombres de las SS. Dejaban caer el gas por las aberturas y después empezaba nuestro trabajo: arrastrar los cuerpos de esas mujeres y niños inocentes al ascensor y de ahí, al horno. Las cenizas de cada víctima adulta pesaban aproximadamente 640 gramos", señala.

El manuscrito de 13 páginas estuvo enterrado durante 36 años a 40 cm de profundidad


Nadjari había escrito la carta para que quien la encontrara la entregara a algún representante diplomático griego y, a su vez, a amigos o familiares. Leyendo el texto recuperado, está claro que estaba angustiado por la naturaleza de su trabajo e incluso contemplaba el suicidio. Pero eran sus pensamientos de venganza lo que los mantenían con vida.

Auschwitz. (iStock)
Auschwitz. (iStock)

Superviviente

Sorprendentemente logró sobrevivir a su experiencia en Auschwitz-Birkenau, donde alrededor de 1,1 millones de personas, la gran mayoría de ellos judíos, murieron durante la Segunda Guerra Mundial. Regresó a Grecia y finalmente se trasladó a Estados Unidos donde murió (en 1971) con 54 años en Nueva York, antes de que su documento fuera encontrado.

De sus notas se desprende claramente que esperaba morir en el campamento, pero este era su mensaje al mundo exterior. Un mensaje que habría significado la muerte para él si las SS se hubieran enterado. "Todos sufrimos cosas aquí que la mente humana no puede imaginar", concluía el griego.

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