¿ADIÓS A COGERSE CUATRO SEMANAS?

“Madrid es un desierto”: en el resto del mundo flipan con nuestras vacaciones

No hay más que meterse en los fotos de viajes para darse cuenta de que fuera de nuestras fronteras no entienden cómo es posible que todos se cojan días libres al mismo tiempo

Foto: No es 'Abre los ojos', es la imagen que tienen de la Gran Vía en verano. (iStock)
No es 'Abre los ojos', es la imagen que tienen de la Gran Vía en verano. (iStock)

Al principio, vinieron a por las siestas pero, como no nos echábamos la siesta, no hicimos nada. Después, vinieron a por el fin de semana, pero como somos unos 'workaholics', tampoco hicimos nada. Ahora puede ser turno de nuestro vacacional mes de agosto, que fuera de las fronteras de Europa (o mejor dicho, más allá de Francia, Italia y España) es visto como una incomprensibles excentricidad latina. Hay una pregunta que se repite una y otra vez en las páginas de viajes: ¿cómo es posible que el país se paralice por completo durante el mes de agosto?

La última vez ha sido en las páginas de 'The Economist', donde un artículo de la sección 'Te explicamos' resuelve a sus lectores la duda de por qué “los trabajadores de todo el continente se cogen un mes”. Como era de esperar, lo hacen con el ceño un tanto arrugado: “A muchos parece que les cuesta deshacerse de la idea de que el verano es para jugar y no para trabajar”. Es una herencia de los tiempos industriales, señalan, en los que era preferible cerrar por completo las fábricas para librarse de unos cuantos gastos fijos y que hoy se ha trasladado a prácticamente todos los sectores. Incluido el turismo, para la consternación de los viajeros extranjeros.

Me sorprende que un país que vive en el caos durante 11 de los 12 meses del año pueda hacer las maletas e irse de vacaciones todos a la vez

“Es cierto”, escribe Sal DeTraglia en 'Expatica'. “Cada año, cuando el reloj da las dos de la tarde el último viernes de julio, las ciudades españolas pasan de ser bazares urbanos a reventar a algo que se parece a las grabaciones de la NASA de la superficie lunar”. A pesar de vivir en Madrid, no parece tener mucho cariño por las costumbres españolas: “Encuentro divertido que un país que vive en el caos durante once de los doce meses del año sea capaz de hacer las maletas e irse de vacaciones al mismo tiempo”. Sus palabras sintetizan sin eufemismos esa incomprensión extranjera por esta costumbre que tan asumida tenemos.

En España conocemos bien este círculo vicioso en el que es difícil separar qué fue antes, si el huevo o la gallina. ¿Nos vamos todos de vacaciones en agosto porque, total, lo hacen los demás y hay menos clientes a los que atender, o hay menos demanda porque todo el mundo abandona su residencia durante las mismas semanas? Sea como sea, desde hace décadas librar este mes caluroso de vacaciones forma parte de una política de hechos consumados aceptada por casi todas las empresas. Un pacto implícito que funcionaba en una economía local, pero que encuentra sus dificultades a medida que el comercio se globaliza.

Cuando la productividad es la medida de todo

Sean más o menos divertidos, la mayoría de estos análisis están imbuidos de cierta estupefacción, especialmente en lo que concierne a la productividad de los supuestos 'PIIGS'. ¿Cómo es posible que en una sociedad en la que estamos permanentemente conectados al trabajo vía teléfono móvil un país entero se permita cerrar por completo todo un mes? Es lo que se desprende de las palabras de un bloguero, que recuerda que lo de la mejor calidad de vida tiene sus cosas buenas, pero un claro problema: “Una productividad mucho menor”.

La tendencia es evidente, y ya casi nadie suele coger el mes completo, sino como mucho dos o tres semanas durante dicho período

“No puedo evitar dibujar algún paralelismo entre la forma en que las cosas marchan y la caída del imperio romano”, añade. Quizá sea ir muy lejos, pero desde luego que refleja bien la preocupación de países como Inglaterra o EEUU por nuestra productividad. Al otro lado del espectro se encuentran aquellos que consideran las vacaciones de agosto como una tabla de salvación. Es lo que ocurre con Victoria Lambert, que en 'The Telegraph' las celebraba a partir del testimonio de una compañera, que lo consideraba un mensaje al mundo: “Sé que parece raro que cierre mi restaurante durante dos semanas cuando la ciudad está llena de turistas, pero me importa más el tiempo que paso con mi familia/pareja/perro que lo que pueda ganar y más que la presión de tener que estar siempre disponible”.

Todo apunta, no obstante, a que tarde o temprano tendremos que deshacernos de esta costumbre, como ocurre poco a poco con otras relacionadas con horarios y productividad. Cuando 'The Economist' señala que algo no funciona en tu país, bien puedes poner tus barbas a remojar. Al fin y al cabo, la lógica que justificaba el cierre total durante agosto ya no se compadece con una economía digital en la que todo esta abierto 24 horas, los siete días a la semana, y en la que dar por perdido un mes es considerado una importante pérdida de competitividad.

Una turista en la Plaza Mayor de Madrid. (Reuters/Sergio Pérez)
Una turista en la Plaza Mayor de Madrid. (Reuters/Sergio Pérez)

Frente a ello, caben dos posibilidades: o la más razonable, que es intentar funcionar con equipos más pequeños que asuman una producción menor; o la peor para el trabajador, que es que se comprometa para que incluso en su tiempo de descanso siga al pie del cañón. La tendencia es evidente, y ya casi nadie suele coger el mes completo, sino dos o tres semanas durante dicho período. Otra cuestión son las empresas familiares, y hay unas cuantas en España, que no tienen otra alternativa, y que se escudan en la macrofiesta patronal que es el día 15 para minimizar el efecto agosto.

¿Quién sale ganando de verdad?

Lo que no parece tan claro es que esta paralización del país durante un mes sea una solución fantástica para los problemas de conciliación laboral, sobre todo cuando se trata de vacaciones obligadas. A pesar de la idealización que de las mismas se hace en el extranjero, muchos españoles lamentan que sean una obligación impuesta por sus empresas. Sobre todo, teniendo en cuenta que es el mes por excelencia del turismo, en el que más gente viaja y más caros son los precios.

El peligro es que la desaparición de esta costumbre sea sustituida por unas vacaciones parciales, en las que sea imposible desconectar por completo

Como recuerda Dan Rogers, fundador de Peakon, una consultora que mide la motivación de los trabajadores, más importante que las vacaciones en sí son la sensación de autonomía y libertad, que se esfuma cuando se impone que agosto, y tan solo agosto, sea el mes de descanso. “Las queremos cuando nos encajen”, recuerda. “Algunos prefieren irse en invierno y no en verano, otros los pequeños descansos, o incluso irse durante tres semanas a Brasil”. Algo, en su opinión, menos dañino para la productividad de la empresa en un entorno global que cerrar por completo durante 30 días.

¿Y si el modelo de vacaciones de agosto hubiese sido siempre una mala idea que tan solo favorece a los empresarios, que saben que, debido al calor, es el mes menos productivo y, por lo tanto, les conviene que sus empleados descansen entonces y no en otro momento? ¿Una convención que hemos aceptado por costumbre? Así visto, no resulta tan idílico. Asunto muy diferente es que la progresiva desaparición de esta costumbre sea sustituida por unas vacaciones parciales, en las que sea imposible desconectar por completo de la oficina, algo que el cierre absoluto de agosto sí solía facilitar.

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