EL LADO OSCURO DE LA LIBERTAD

La jornada laboral de ocho horas se ha acabado, pero lo que nos espera es peor

¿Quién no querría poder disponer de su tiempo como quisiera y cuando quisiera? Debajo de la promesa de la independencia de horarios se ocultan grandes problemas

Foto: Pasar la jornada organizándote para trabajar en tus ratos libres. (iStock)
Pasar la jornada organizándote para trabajar en tus ratos libres. (iStock)

Cada poco tiempo volvemos a oír hablar de la “gig economy”, economía colaborativa o del final de los trabajos a tiempo completo como una revolución que proporcionará más libertad al trabajador y mayor flexibilidad a la empresa. Por supuesto, hay ocasionales referencia a los evidentes efectos negativos, como la precarización del empleo. Sin embargo, pocas veces en este discurso optimista (ya que sugiere que uno podrá trabajar de lo que quiera, cuando quiera y como quiera), se para a analizar las consecuencias del fin del horario, tanto para el trabajador como para la empresa.

Una de las más recientes discusiones sobre el tema dejan entrever esta agridulce paradoja. Se trata de una de las charlas de 'Salon Talks', que reúne a Micheal Woodward, experto en trabajo de 'Psychology Today', y a Courtney Spritzer, cofundadora de la agencia de 'social media' Socialfly. El primero no tiene ninguna duda: el final de la jornada convencional es toda una oportunida.: “La gente que en la universidad empiezan a trabajar de 'freelance' o haciendo bolos para sacarse la carrera de repente piensan 'puede que haya una opción mejor que encontrar un trabajo de nueve a cinco más convencional”.

Siempre le pregunta a los candidatos en una entrevista si van a seguir teniendo esos otros empleos: "¿podrán centrarse en tan solo uno?"

Este último es un concepto que se repite a menudo: lo “convencional” como algo despectivo, sinónimo de “conservador”o “carca”. En otras ocasiones, como ocurre en un artículo de 'Forbes', incluso se habla de “necesidad” por parte de los 'millenials', que son los que, en teoría, exigen esta nueva organización del tiempo. De lo que cabe poca duda es de que el proceso es irreversible, incluso aunque no se cumplan las previsiones enunciadas por Woodward en referencia a una investigación realizada por Intuit que aseguraba que el año 2020 el 40% de los puestos de trabajo estadounidenses serán cubiertos por autónomos.

Más reservas tiene, no obstante, su compañera empresaria, que reconoce que “hay una preocupación respecto a si pueden centrarse en un trabajo a tiempo completo”. Spritzer señala que las preguntas que hace siempre a sus candidatos es “¿por qué buscas un trabajo a tiempo completo?” y “¿vas a seguir teniendo esos otros trabajos si te contratamos?” Toda una irónica paradoja: frente a una flexibilidad que en principio tenía el objetivo de adaptar el esfuerzo de la fuerza de trabajo a las necesidades empresariales, ahora las empresas empiezan a temer que la flexibilidad no sea otra cosa que dispersión y desvinculación.

Estresada a tope, pero en casita. (iStock)
Estresada a tope, pero en casita. (iStock)

Dejando aparte las múltiples implicaciones del final de la jornada convencional de las que hemos hablado con anterioridad –de la perpetua inestabilidad a la extinción de los mandos intermedios pasando por la desaparición de la frontera entre trabajo y vida personal– hay otra realidad que, tarde o temprano, nos afectará a todos, y es convertirnos en los organizadores de nuestra jornada laboral. Lo explica Woodward, de manera positiva, en el vídeo: “Las empresas no quieren pagar por tu tiempo, sino por el valor que proporcionas”.

A simple vista, parece atractivo. Si podemos hacer el trabajo que normalmente desempeñamos en cinco horas en lugar de ocho y ahorrar el resto, eso que salimos ganando. Adiós, por lo tanto, al presentismo. También puede ocurrir lo opuesto, es decir, que tengamos que destinar más de ocho horas a alcanzar los objetivos. Hay otro factor del que apenas se habla, salvo (muy significativamente) en artículos sobre bienestar personal: compatibilizar varios trabajos (y con ellos, horarios, jefes y necesidades) obliga a gastar un tiempo adicional en organizarse. Un tiempo y esfuerzo que en el pasado era asumido por la empresa (y los cargos intermedios), ya que eran las encargadas de gestionar sus recursos, lo que ahora recae en el individuo.

Una parte importante de mi vida consiste en conseguir que mi trabajo, mis hijos, mis amigos, mi novia y mi vida personal encajen

Como explica en 'Fast Company' el dueño de una pequeña firma, su trabajo ya no consiste únicamente en trabajar, sino básicamente, en hacer encaje de bolillos con las 24 horas del día. “Algo que he aceptado sobre mi vida y trabajo es que soy básicamente un 'coordinador'. Me siento como si pasase una parte importante de vida organizando cosas”, explica. “Al principio me volvía loco. Pero ahora me doy cuenta de que una parte importante de mi vida consiste en encajar mi trabajo, mis hijos, mis amigos, mi novia, mi vida personal...” Se trata de un artículo escrito por Cali Williams Yost, responsable de Tweak It, una de esas organizaciones cuyo objetivo consiste, básicamente, en ayudar a las personas a organizarse.

Una vida al alcance de pocos

Lo explica la propia experta. “La vida era más simple cuando trabajábamos de nueve a cinco en la misma oficina, los mismos días, y teníamos las tardes y los fines de semana para cuidar las otras partes de nuestra vida”, escribe en el artículo. “Hoy, la mayor parte de nosotros trabajamos desde diferentes lugares y en distintas zonas horarios y, si no tenemos cuidado, otras prioridades pueden echarse a perder”. A pesar de que hay que realizar un “esfuerzo extra”, el discurso sobre las nuevas jornadas sigue vendiéndose como algo positivo (joven, flexible, innovador) ya que se adapta a las necesidades de las nuevas generaciones (que, por lo general, aún no tienen hijos ni padres de los que cuidar).

Es fácil encontrar multitud de ejemplos. Un artículo publicado en 'Small Business Trends' el pasado mes señalaba que “no solo más y más gente está encontrando trabajos independientes en el sector de la economía compartida, sino que están reportando altos niveles de satisfacción con su trabajo”. La razón principal es la flexibilidad, “un plus para muchos, al mismo tiempo que la independencia que proporciona el autoempleo”. También ocurre en otros rincones del mundo. Por ejemplo, 'Technet' recoge el testimonio favorable de Ahmed, un licenciado egipcio de 23 años: “En lugar de buscar un trabajo a tiempo completo, ha construido una red alrededor del planeta, y está listo para enchufarse a donde quiera que se encuentre el trabajo, sin dejar su hogar en El Cairo”.

Si quieres familia y casa: de nueve a cinco. Si te gusta hacer tus cosas y no preocuparte por las deudas, Uber

Lo que no queda tan claro es si habría podido hacer lo mismo de no tener 23 años o ser licenciado. Es como lo que explica un trabajador de (¿para?) Uber en un hilo de Reddit: “Conduzco día y noche. Lo disfruto. No trabajo de nueve a cinco. No me gusta que una alarma me despierte. Pero nunca me voy a casar o voy a tener mi propio hogar. Tienes que considerar cuáles son tus deseos de futuro. Familia y casa: de nueve a cinco. Si te gusta hacer tus cosas y no preocuparte por las deudas, Uber”. Ese sea quizá lo que nadie cuenta de los nuevos horarios, que bajo su apariencia de juventud e innovación promueven ventajas tan solo para una parte muy pequeña de la población. Al fin y al cabo, la delimitación de la jornada laboral tenía un sentido muy claro, que era garantizar los derechos del individuo a disfrutar de su tiempo libre y desarrollar su vida personal y familiar.  

Alma, Corazón, Vida

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