¿QUIÉN NO LO HA PENSADO ALGUNA VEZ?

Bourassa, el mayor falsificador, explica cómo estafar 250 millones y escapar de la justicia

Pese a que es una buena guía del (casi) perfecto falsificador, fácil y para toda la familia, se recomienda no intentarlo en casa

Foto: Frank Bourassa en una entrevista para 'GQ'.
Frank Bourassa en una entrevista para 'GQ'.

“Un loco maestro hacedor de millones”. Así es como se define a sí mismo Frank Bourassa, uno de los mayores falsificadores de dinero de la historia de Estados Unidos.

Todo comenzó en 2008 cuando, al volante de su coche, se le encendió una bombilla en su cabeza, que debió ser roja, como el color del semáforo que tenía delante. “¿Por qué no hacer mi propio dinero?”, pensó.

Desde bien joven, Bourassa aprendió a buscarse la vida. Sus actividades al margen de la ley empezaron durante su adolescencia, cuando robaba ropa o algunas joyas y las vendía. A los 15 años dejó la escuela, abandonó el hogar familiar y empezó a trabajar como mecánico. Pero pronto, este trabajo derivó hacia la venta de coches robados.

Eligió el dólar estadounidense porque "no le gusta ni el Gobierno ni la gente de Estados Unidos"

Pasada la adolescencia, al cumplir los 20, decidió tener un trabajo dentro de la ley, así que abrió una fábrica de pastillas de freno. Sin embargo, esta le obligaba a hacer jornadas de 20 horas al día, hasta que tuvo un ataque de ansiedad y decidió que nunca más volvería a trabajar tanto. Comenzó a vender marihuana, pero fue detenido y pasó tres meses en la cárcel. Al salir, se topó con ese semáforo, esa bombilla que se le encendió; "¿para qué voy a molestarme en buscar un producto, y venderlo para conseguir dinero si podría fabricar mi propio dinero?", explica el propio Bourassa en ‘Business Insider’.

El siguiente año y medio fue de continuo aprendizaje en el arte de la falsificación. Frank dice que eligió el dólar estadounidense porque "no le gusta ni el Gobierno ni la gente de Estados Unidos", aunque confiesa que también se debe a que cuentan con unos billetes fáciles de falsificar. Las webs oficiales del gobierno detallan cuáles son los elementos de seguridad de los billetes, lo que le facilitó el trabajo.

El proceso de impresión

Para copiar con éxito los billetes, era necesario, por un lado, conseguir el papel del que están hechos los originales (una mezcla de algodón y lino que solo se distribuye para la producción de divisas en los organismos oficiales) y, por otro, contar con un software y un equipo informático y de impresión, especialmente costosos.

(iStock)
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Para ello, debía buscar una imprenta que se prestara a esos servicios, o que se dejara engañar, así que eligió llevarse el negocio lo más lejos posible; cuanto más lejos esté, mayor será el desconocimiento y más posibilidades de realizar el engaño. Alemania fue el destino elegido. Se hizo pasar por email por una compañía de inversión que quería emitir bonos y asegurarse de que no podían saltarse la seguridad de los mismos. Las marcas de agua y la cara del presidente resultarían más difícil de justificar; sin embargo, la empresa alemana no pareció sospechar nada.

Para cuando llegó la plancha de papel de Alemania, Frank ya se había hecho con una imprenta propia y estaba listo para terminar de realizar el diseño de los billetes. Se decidió por el billete de 20 dólares, más fácil de falsificar y menos sospechoso que los de 50 $. Tras jornadas ininterrumpidas de 16 horas de trabajo para imprimir billetes, cuando estuvo todo a punto hizo las pruebas en varias cafeterías, donde coló los billetes con éxito.

De repente, millonario

En total, Bourassa tuvo que hacer una inversión inicial de unos 330.000 $. Puede parecer caro, pero al final del proceso y en esta remesa, tuvo entre manos una cantidad de billetes por valor de 250 millones de dólares.

Frank ya contaba con el dinero necesario para vivir a todo tren sin tener que trabajar nunca más, pero aún quedaba una dura tarea. Blanquear el dinero para poder emplearlo en lo que quisiera.

Una de las bandas con las que había establecido relaciones resultó estar siendo vigilada por la policía desde tiempo atrás

Él mismo explicaba en ‘GQ’: “si quiero un coche de lujo hay algunos que puedo comprar, pero para la mayoría de cosas que compraba tenían que pasar por otra persona”.

Decidió, para blanquear, hacer contactos con diferentes organizaciones criminales, a las que “vendía” el dinero por el 30% de su valor.

Sin embargo, una de esas bandas con las que había establecido relaciones resultó estar siendo vigilada por la policía desde tiempo atrás. Pese a que siempre puso especial cuidado en asegurarse que sus socios eran de confianza, un agente infiltrado resultaría ser el talón de Aquiles de Bourassa.

60 años de cárcel

El policía infiltrado le hizo entonces, previa reunión, un pedido de 100.000 dólares, que el falsificador aceptaría gustoso. Al volver a la imprenta, la policía le siguió y, cuando hicieron el intercambio de dinero, tuvieron pruebas suficientes contra él.

(iStock)
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Cuando le detuvieron, registraron su casa y la imprenta, y encontraron armas de fuego, marihuana, metanfetamina, hachís y 949.000 dólares en billetes falsificados. La policía quedó satisfecha cuando incautó todo aquel material, por el que Frank podía enfrentarse a 60 años de cárcel.

La policía catalogó los billetes como “copias prácticamente indetectables a simple vista” en un comunicado de prensa en 2014.

Lo que no sospechaban es que Bourassa tenía, a buen recaudo, otros 200 millones de dólares escondidos.

El mejor abogado del mundo

Frank contaba con que ese dinero podía ser su pasaje a la libertad, así que le contó de la existencia de ellos a su abogado, que Frank define como “el mejor abogado del mundo”. “Perplejo me dijo, ‘¿estás bromeando?’ Le dije ‘no’, y salió corriendo al juzgado”.

Allí hablaron de la existencia del dinero y, siendo conscientes de que un alijo de billetes falsos tan grande podía suponer un problema, consiguieron hacer un trato: Bourassa entregaría los 200 millones a cambio de su libertad, aunque tuvo que pagar una multa de 1.350 dólares canadienses por las drogas que le habían sido incautadas.

"He decidido reinventar por completo mi actividad de falsificación y convertirla en una oportunidad positiva para ayudar a la gente"

En 2014 acabó este periplo para Frank, que salio indemne, pero afirma que “nunca volvería a dedicarme a la falsificación, la posibilidad de ir a la cárcel 60 años fue un factor disuasorio importante”.

Una nueva vida

Ahora, el que consiguiera imprimir con éxito 250 millones de dólares se encuentra totalmente reinsertado y lleva un negocio dentro de la legalidad. Aprovechando los conocimientos adquiridos durante sus actividades delictivas, montó un servicio de consultoría para empresas e instituciones que tratan de evitar la falsificación de sus productos.

"He decidido reinventar por completo mi actividad de falsificación y convertirla en una oportunidad positiva para ayudar a la gente. Aunque la vida es complicada para mí ahora; una gran cantidad de personas no están contentas con el resultado de mi situación. Hay mucha gente siguiéndome de cerca, esperando que cometa un error”.

Ahora, su periplo como falsificador será plasmado en una novela escrita por Harper Collins, y el propio Frank está negociando con estudios de Hollywood sobre la posibilidad de llevar al cine esta gran historia.

Alma, Corazón, Vida

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