VENTAJOSO, ¿SOLO PARA EL EMPLEADO?

El modelo sueco: trabajar menos y cobrar lo mismo. ¿Debemos copiarlo?

El experimento escandinavo que intenta descubrir si es posible una jornada laboral de seis horas diarias sigue adelante, y tiene buenas noticias para trabajadores y jefes

Foto: Hoy salimos una hora antes. (iStock)
Hoy salimos una hora antes. (iStock)

Como ocurre en otros ámbitos, en Escandinavia se están llevando a cabo algunos de los experimentos más reveladores relacionados con el mundo del trabajo. De todos ellos, el más célebre es la jornada laboral de seis horas, que ha sido objeto de diversas pruebas por parte del laboratorio de políticas públicas sueco, en colaboración con distintos ayuntamientos. Estas pruebas intentan comprobar la viabilidad de la reducción de la jornada de trabajo, entendida como una manera de distribución de la renta y de reducción del paro.

Entre las instituciones que han puesto a prueba esta reducción se encuentra el hogar de mayores de Svartedalens, uno de los conejillos de indias que han decidido someter a sus trabajadores al más dulce de los experimentos. En el caso de este centro, situado en la zona sudoeste de Gotemburgo (el Ayuntamiento que con más ímpetu está realizando estas pruebas), se trata de trabajar seis horas al día en lugar de las ocho que conforman su jornada habitual, sin que ello repercutiese negativamente en su sueldo

Los trabajadores reportan un 20% más de satisfacción y el absentismo se ha reducido a la mitad

El pasado mes de abril, como explicaba un reportaje publicado en 'The New York Times', un informe señaló que durante el primer año de implantación del programa se había “reducido significativamente el absentismo y mejorado la productividad y la salud de los trabajadores”. El periódico francés 'Libération' añade ahora unos cuantos datos contantes y sonantes: en comparación con los colegas que aún seguían trabajando 40 horas semanales, el sentimiento de bienestar era un 20% mayor. Además, su salud cardiovascular era mucho mejor y su masa muscular se había reforzado. Como asegura el rotativo del país vecino, “el jefe también ha ganado”, ya que el absentismo se ha reducido a la mitad que en la otra empresa.

¿Todo el mundo contento?

La historia de Arturo Pérez recogida por 'NYT' resume bien el cambio que han experimentado los trabajadores del hogar de mayores. En su caso, las ocho horas cuidando a personas mayores, a menudo con severos deterioros cognitivos, podían ser agotadoras. En apenas una semana se había recuperado, aseguraba: “Lo bueno es que ahora somos felices. Y un trabajador feliz es también un mejor trabajador”. Esa es la argumentación que suelen esgrimir los defensores de la reducción de jornada: que el tiempo cronológico no influye necesariamente en la productividad. Más vale un minuto de trabajo feliz que veinte de trabajo desesperado. Como confirmaba Jennie Anntila, otra enfermera de dicho centro, el resultado ha sido el que esperaba: “Tengo más energía en mi tiempo libre y además soy más activa en mi trabajo”.

La fábrica de Volvo de Gotemburgo. (Reuters)
La fábrica de Volvo de Gotemburgo. (Reuters)

Gotemburgo ha seleccionado diversos negocios y empresas para poner a prueba su jornada de seis horas, y el hogar de mayores de Svartedalens es tan solo uno de ellos. Un taller de Toyota de Mölndal, una localidad cercana a Gotemburgo, fue hace 13 años la pionera de este sistema, que también ha implantado el Hospital Universitario de Sahlgrenska. Como explicaba Daniel Bernmar, el líder del partido progresista del ayuntamiento de la ciudad sueca, “hemos tenido durante 40 años una semana laboral de 40 horas, y ahora tenemos una sociedad con más bajas por enfermedad y jubilaciones más tempranas. Queremos que se hable en Suecia de cómo debería ser la vida laboral para mantener un buen estado del bienestar durante los próximos 40 años”.

También en Estocolmo, como en las urgencias del hospital Karolinska-Huddinge, donde sus empleados pueden elegir trabajar tan solo 32 horas a la semana, en lugar de 38. Como explicaba a 'Libération' una de sus trabajadoras, Kia Andersson, “ahora soy mucho, mucho más feliz en mi trabajo, tengo mucha más energía, ¡es como estar en casa!” Muchos de los entornos donde se ha empezado a implantar esta medida pertenecen al sector de la salud, y hay una buena razón para ello: son ambientes muy estresantes, con una fuerte carga de trabajo, donde la relación con los pacientes es parte esencial.

En el caso del hogar de ancianos de Svartedalen, se han debido crear 17 nuevos puestos de trabajo para compensar las horas perdidas

No todo el mundo comparte los beneficios del sistema. Mejor dicho, no todos los empresarios y políticos. El argumento de los detractores de la reducción de horario pasa, sobre todo, por una pérdida de competitividad por parte de aquellas empresas que se adelanten a aplicarlo; ya que la jornada de 30 horas es opcional, puede perjudicar a las firmas que la adopten antes de tiempo, consideran sus propietarios, que no pueden competir con aquellas que pagan lo mismo a sus empleados pero obtienen mucho más. Algo que se agrava en el mercado internacional, que no entiende de avances sociales. O al menos eso afirman los que se oponen a la medida.

Como explica Maria Rydén, la líder de la oposición en el Ayuntamiento de Gotemburgo, “es la clase de pensamiento económico que ha llevado a otros países europeos a problemas”. ¿Estará pensando en los países mediterráneos, donde tan queridas son las largas jornadas de trabajo y el presentismo? La política ha encabezado una campaña para acabar con todos los experimentos de reducción de jornada, argumentando que el sector público no debería entrometerse en el privado y que, además, resultan muy costosos. En el caso del hogar de ancianos de Svartedalen, se han debido crear 17 nuevos puestos de trabajo para compensar las horas perdidas, con un coste de alrededor de 700.000 euros. En Sahlgrenska se gastaron unos 110.000 dólares al mes para reducir la jornada de 89 médicos y enfermeras.

Una mujer dona sangre en un hospital de Estocolmo. (iStock)
Una mujer dona sangre en un hospital de Estocolmo. (iStock)

Quizá se refería a Francia, otro país europeo que se ha acercado a esta clase de medidas, después de que en 2000 el gobierno socialista impusiese una jornada laboral de 35 horas. Cinco más que en las selectas empresas suecas y que, en realidad, se terminan traduciendo en la práctica en prácticamente 40. Los detractores de la reducción de jornada de trabajo señalan que ningún país en su sano juicio elegiría que su mano de obra fuese menos productiva y más cara que la de sus vecinos. Aquellos a favor señalan que más tiempo en el trabajo no equivale a mayor productividad, y recuerdan que el bienestar del empleado es un factor esencial para que las cosas marchen bien… para todos.

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